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INTRODUCCIÓN
El desarrollo de la sociedad en cuanto ésta
sea considerada como un sistema, como una totalidad, donde los
elementos que la componen se hallan en interacción recíproca,
suponen el desarrollo de las distintas instituciones sociales.
La sociedad tiene
diversos agentes y procesos, a través de los cuales asegura su
permanencia y desarrollo, su estabilidad y sus cambios. La
existencia y desarrollo de la sociedad parece depender de manera
fundamental de la presencia de un conjunto de valores
compartidos socialmente. Es a través del proceso de
socialización, como proceso de influjo mutuo entre las personas,
que tiene por consecuencia la aceptación de las pautas de
comportamiento socialmente aceptadas, es a través de este
proceso, decía, como la sociedad asegura su estabilidad al hacer
actuante su esquema valorativo referencial. A través del mismo
proceso es como logra, para su desarrollo modificaciones a dicho
esquema valorativo.
Un agente
importante en ese proceso es el sistema formal de educación, del
cual la universidad ocupa un lugar y función eminentes.
Valgan estas
palabras de introducción a nuestro tema: la universidad y el
desarrollo.
Quiero, antes de
continuar llamar la atención de las limitaciones y peligros que
nos imponen las necesarias generalizaciones, cuando pretendemos
hablar de América Latina o de la Universidad Latinoamericana;
como así también de la inevitable decisión que se debe adoptar
al tratar tema tan amplio y complejo, respecto a una visión
comprensiva que permita la visión del todo, o una visión más
analítica que, dado el tiempo disponible sólo permita abarcar
algunos aspectos aunque de manera extensa.
Trataré de
equilibrarme entre ambas opciones.
1. CONCEPCIONES
DEL DESARROLLO Y LA UNIVERSIDAD
1.1 Concepciones
iniciales
Parece ser que ante la pluralidad de
sociedades y culturas en situaciones diversas y al mismo tiempo,
se trató de buscar algún principio que permitiera reducir a la
unidad, agrupar, clasificar esas diferentes realidades.
Con fundamento en distintos criterios
económicos, sociales, antropológicos, etc., se construyó un
índice de acuerdo al cual se ordenaron las diversas sociedades.
Si no nos
equivocamos, parece ser una característica muy notable de los
índices hasta aquí usados el organizarse alrededor de ciertos
fenómenos, como el industrial, la funcionalidad de la
organización social y la urbanización; considerando estos
fenómenos tal cual se dan en la cultura occidental y dentro de
ella en los países más industrializados, funcionalizados y
urbanos.
Creemos no errar
si decimos que hay un modelo referencial permanentemente unido
al concepto de desarrollo desde los inicios.
De ahí a la
polarización desarrollo-subdesarrollo, no hay más que un paso
lógico.
1.2 La
universidad y la elaboración del concepto de desarrollo
No pretendemos analizar cuáles hayan sido
los agentes del concepto de desarrollo en esta época inicial.
Sí, por el contrario, nos interesa señalar que la universidad en
América Latina no intervino en la gestación de ese concepto. El
proceso de conceptualización la inquietud sistemática y
perseverante ante el problema, parece acontecer fuera y al
margen de la universidad de este continente.
La actitud
generalizada, salvo excepciones que desconozco, si existen por
parte de las universidades latinoamericanas es la de adoptar las
concepciones y los modelos de desarrollo elaborados en el
exterior de ellas y casi siempre en el extranjero, o por grupos
aculturizados fuera de América Latina, lo que en definitiva es
lo mismo.
1.3
Evolución
posterior del concepto de desarrollo
Posteriormente al parecer, ante las
excesivas sectorizaciones de variables e indicadores, surgió la
necesidad de que dicho concepto fuera calificado de integral,
armónico, total, con el fin de enfatizar la intención
omnicomprensiva del concepto de desarrollo.
Así como al
comienzo se anotaron implicaciones valorativas al elegirse el
modelo referencial con el cual se construyó el índice, así
también en esta evolución posterior, donde se valoriza la
totalidad de las funciones en conjunto por encima de cualquiera
de ellas consideradas aisladamente, podemos notar la existencia
de implicaciones valorativas.
Por otra parte,
la protesta surgida de aquellos países situados en la desmedrada
posición de subdesarrollados, con las consiguientes implicancias
valorativas negativas del término, a la cual se sumaba la
necesidad de una posibilidad de análisis que no excluyese el
tiempo y el dinamismo, dieron origen al nacimiento de las
denominaciones de países “en vía”, “en proceso”, “en
desarrollo”. Denominación más vaga, menos ofensiva y, al
parecer, más compleja en cuanto permitía asumir dinamismo y
tiempo.
1.4 La
universidad como difusora de “modelos” ajenos
Decíamos anteriormente que la universidad
era ajena a la construcción del concepto de desarrollo, ahora
nos toca hacer observar que la universidad de América Latina no
sólo adoptó los modelos ajenos, sino que se convirtió en un
agente transmisor, difusor de esos modelos. Ya sea a través de
investigaciones que implicaban la aceptación de ese modelo, ya
a través de la docencia y formación de los profesionales
referidas a dicho modelo. Tan notable es esa enajenamiento, que
la misma estructura de la universidad y el desarrollo previsto
para esa estructura eran fruto de una imitación de modelos
universitarios extranjeros. Si la universidad para sí misma
había adoptado modelos extranjeros ¿qué dificultad tendría para
adoptar modelos para la sociedad global donde se daba?
1.5 Objetivos
del desarrollo e implicancias ideológicas
Así como hay un
aspecto analítico del desarrollo que se basa en índices que
tienen como referencia un modelo determinado del país
desarrollado, hay también objetivos para el desarrollo, que se
inspiran en “modelos normativos”. Sin pretender ser exclusivo,
creo oportuno recordar algunas de las diversas concepciones del
desarrollo, donde aparecen claras las implicancias.
A veces
parece que el desarrollo sería simplemente la entrada de los
países subdesarrollados al circuito comercial mundial, otras
veces el desarrollo sería el medio de mantener en la esfera de
influencia de los países desarrollados a ciertos países
independientes o semiindependientes.
Para algunos parece ser la
ocasión de crear dificultades al contrario o al enemigo y de
hacer adoptar a los pueblos subdesarrollados una doctrina y unos
métodos presentados como de valor absoluto.
Por el lado de los países
deseosos de desarrollo parece que se trataría de alcanzar los
modelos y el nivel de vida de los países ricos, sin que se note
muchas veces una seria consideración de los medios necesarios
para alcanzar dicho objetivo, ni de la factibilidad de éste.
No deja de estar presente una
concepción del desarrollo restringido a las capas altas y
favorecidas de la estructura social y que consecuentemente deja
de lado a las clases pobres o sólo las considera en cuanto
obstáculos o instrumentos.
En otros casos se concibe el
desarrollo como el esfuerzo de romper con el pasado y liberarse
de costumbres consideradas como incompatibles con el progreso.
Inversamente hay quienes piensan
que se requiere conservar del pasado el mayor número de valores
reconocidos como auténticos.
No faltan quienes consideran que
el subdesarrollo es el resultado de una explotación directa o
disfrazada de los países desarrollados y que el desarrollo se
dará automáticamente si cesa esa explotación.
En otras ocasiones se advierte
que nos hallamos ante una penuria de recursos y que es necesario
obtener un mejor rendimiento de los disponibles gracia a una
ayuda de los países ricos o técnicamente más adelantados.
Todo lo anotado anteriormente
parece señalar que en cualquier concepción del desarrollo hay
claras implicancias ideológicas, hay valores comprometidos.
Sin embargo no se escapará,
quizá, a ninguno de ustedes que hay ciertos agentes de indudable
eficiencia, que tratan de socializar, de hacer pensar, que el
desarrollo y las actividades orientadas a obtenerlo son
neutrales ideológicamente, valorativamente, etc.
1.6 La
universidad y el “neutralismo ideológico”
Si se
analiza en términos generales la política universitaria
declarada de la universidad de América Latina, parece
desprenderse que esta neutralidad ideológica del desarrollo es
un supuesto implícito, que se halla reforzado por la concepción
de que la ciencia y la tecnología también son neutrales
ideológicamente y valorativamente.
Sin embargo, un análisis que
vaya más allá de las declaraciones, nos muestra que hay
implicaciones valorativas, aunque no siempre coherentes entre
sí.
En virtud de ciertos sucesos
relacionados con la investigación social , ha comenzado a
destruirse el mito de una neutralidad de la universidad y de sus
actividades vinculadas al desarrollo y cobra cada vez más fuerza
la convicción de que no hay un desarrollo neutral.
Pero hasta el presente, y
ustedes juzgarán sobre la corrección de nuestra observación, ¿no
es verdad que aparece como un ideal el que la universidad se
desprenda de todo contacto ideológico o valorativo? ¿No es un
ideal la universidad neutral, aséptica de valores? Si lo
anterior es cierto, tendríamos derecho a pensar que la
universidad favorece el neutralismo ideológico y que
consecuentemente lo proyectará como un supuesto y un fin de su
actividad investigadora, docente y en la formación de los
profesionales.
1.7 Crítica
a la concepción neutral del desarrollo
Si hacemos
una observación atenta, podremos comprobar que los mismos países
o sociedades, que son agentes difusores de la concepción de un
desarrollo neutral, están haciendo esfuerzos para recuperar el
dominio, por ejemplo, del sistema económico que se erigió en
fuerza autónoma, tratando de que vuelva a ser un sector más de
los que forman un sistema social integrado. Ello implica
decisiones valorativas, ideológicas, implica hacer más complejo
el sistema de valores orientador de la acción, permitiendo la
presencia en dicho sistema de valores extraeconómicos. En
definitiva cambiar una ideología economicista del desarrollo por
otra más compleja.
Lo anterior nos está demostrando
que el modelo de desarrollo, ya sea el que se deja o el que se
toma, no es en ningún modo neutral ideológicamente.
Por otra parte, creo que no será
materia de discusión el hecho de la existencia de tensiones
sociales, especialmente en América Latina y, en particular, en
relación con las decisiones respecto a nuestro desarrollo.
Si analizamos la tensión social,
podemos observar que emerge de la inadecuación de un ideal
socialmente compartido con la realidad social, en especial
cuando ésta es adversa al logro de este ideal social.
Los ideales sociales se
conforman por ideas popularmente aceptadas acerca de la
estructura, los procesos internos y la situación mundial de la
sociedad, acerca de la historia, acerca de las evaluaciones
populares de los hechos aceptados; se conforman por los valores
y objetivos de la sociedad que el pueblo comparte. En resumen
los ideales sociales son ideología y las tensiones surgidas
frente al desarrollo de América Latina nos muestran la presencia
de conflictos ideológicos.
A esta altura, alguien podría
preguntarse ¿qué finalidad tiene presentar un modelo de
desarrollo como neutral ideológicamente si no es así la
realidad?
Creo que brevemente podríamos
responder diciendo: se busca con ello evitar el conflicto y
provocar la acomodación del modelo propuesto , con las
consiguientes ventajas para quienes lo propusieron.
1.8 Consecuencias
de la neutralidad ideológica de la universidad frente al
desarrollo
El hecho
de una pretendida neutralidad implícita o explícita frente al
desarrollo por parte de la universidad, deja a muchos
universitarios sin una orientación de su actividad social y los
convierte en meros instrumentos de los que dirigen los procesos
sociales, y a los otros los obliga a buscar esa orientación
fuera de la universidad. En el caso de América Latina, donde la
función política está hipertrofiada, es obvio que los alumnos se
inclinan a buscar la orientación, que la universidad les niega,
en los grupos políticos e ideológicos.
Así, por paradójica
consecuencia, la pretensión de una universidad neutral
ideológicamente, promueve una hiperideologización y
politización de la universidad o un enajenamiento de las
responsabilidades sociales de los universitarios. Ambos
fenómenos se dan frecuentemente as la vez, aunque, como es
obvio, en distintos grupos.
Basta analizar las frecuentes
defensas de la autonomía universitaria para encontrar la
enunciación de la neutralidad como uno de los elementos
esenciales.
Es evidente que hay una
distancia grande y, a veces, una total contradicción entre la
enunciación y la práctica de la neutralidad ideológica. La misma
distancia diría que existe entre la realidad y el mito.
1.9 Necesidad
de una concepción propia del desarrollo
Si se cree o pretende que
América Latina tiene o tenga un ser y un existir propios, si se
acepta que poseemos una cultura que nos distingue de otras
sociedades y por lo tanto un esquema de valores distintos al de
otros pueblos, hay que concluir que nuestro desarrollo ha de ser
gestado por nosotros y, por lo tanto, que hemos de concebir
nuestro propio desarrollo correspondiente a otra cultura.
La otra posibilidad es
enajenarnos culturalmente, desentendernos de nuestro rol en el
mundo.
Cuando hablo de diferencias me
refiero al sistema cultural total y no a elementos considerados
aisladamente.
1.10 La
universidad y la concepción de un desarrollo de América Latina
Si tenemos en cuenta la
importancia de los político en América Latina y de que la
mayoría de los políticos han sido universitarios, podremos
deducir la importancia de la universidad frente al desarrollo de
América Latina. Si a ello agregamos que la ciencia y la
tecnología de América Latina tiene su fuente principal en la
universidad esa importancia aparece con claridad meridiana.
Si la universidad no es capaz de
concebir a América Latina y su desarrollo (dígase lo mismo para
cada país) difícilmente podemos imaginar cómo los
latinoamericanos puedan llegar a tener su propia concepción del
desarrollo.
A nadie se escapa que los
valores son los orientadores de la acción social y que estos
valores se transmiten a través del sistema de socialización
formal, que es el sistema educacional de cada país, dentro del
cual la universidad tiene un papel eminente.
Creemos que lo dicho es
suficiente para mostrar la importancia de la universidad en
nuestra concepción del desarrollo, pero dada la importancia del
asunto, volveremos sobre él.
2. HECHOS
A CONSIDERAR
2.1 Crecimiento
de la población y recursos disponibles escasos
No creo
necesario acudir a estudios demográficos para afirmar que el
aumento de la población de América Latina puede denominarse
explosivo. Ya actualmente, lo muestra la miseria de nuestros
pueblos, en menos casos de manera trágica, la existencia de
recursos disponibles es deficientes. Con el ritmo de
crecimiento poblacional ese estado deficitario aumentará
gravemente. Cada día habrá más necesidades y cada vez menos
satisfacciones.
Si agregamos al crecimiento de
las necesidades, por razón del crecimiento de la población, el
crecimiento de necesidades ocasionado por el efecto demostrativo
de la generalización de las comunicaciones masivas a través de
las cuales nuestros pueblos son movidos a desear lo que otros
tienen, podemos imaginar a qué grado alcanzará la insatisfacción
en el futuro.
2.2 Crecimiento
de los aspirantes a la universidad y recursos universitarios
escasos
El
fenómeno anterior tiene repercusión en la demanda creciente por
ingresar a la universidad.
El crecimiento de los otros
sectores de la educación, las exigencias del proceso de
industrialización creciente, la creciente estructuración
funcional de la sociedad, etc. hacen que los ya deficientes
recursos de la universidad sean cada vez menos capaces de
satisfacer las necesidades planteadas. Lo cual, muchas veces se
agrava por la ausencia de un uso eficiente de los recursos
disponibles existentes, en razón de la carencia de una
planificación universitaria.
2.3 El
avance científico tecnológico
En nuestro
siglo, y más especialmente en los últimos años, el ritmo de
avance de la ciencia y la tecnología se acelera en los países de
Europa y de América del Norte y se puede presumir que esa
aceleración será creciente.
2.4 La
universidad de América Latina y la ciencia y la tecnología
Si bien
hacemos una distinción entre investigación científica y
tecnológica y si intentamos generalizar, podemos afirmar que no
existe ciencia en América Latina, o si se cree demasiado extrema
la afirmación, apenas existe ciencia en América latina. Tan
claro queda, que su existencia si es que es real, es muy
precaria en la universidad latinoamericana no hay un lugar
institucional para la ciencia. Cuando existe es solamente el
resultado de lo acumulado para otros usos, como instrumento para
la formación tecnológico-profesional.
2.5 La
ciencia y la tecnología como medios de satisfacción de las
necesidades
Los países
que poseen una ciencia y una tecnología desarrolladas,
manifiestan una capacidad de satisfacción de las necesidades que
permiten, muchas veces, ser denominados países con una cultura
del confort o del bienestar.
No
pensamos que todas las necesidades pueden ser satisfechas en la
medida que exista la ciencia y la tecnología.
2.6 Aspectos
artificiales de la tecnología de América Latina
Creo que
no aparecerá excesivo el afirmar que en general en América
Latina, cuando más adoptamos la ciencia que otros producen, pero
no hacemos, no producimos ciencia. Por otro lado la tecnología
cuando no es, como en el caso anterior, un producto de
importación es la aplicación de la ciencia extranjera. Si
observamos que muchas veces la tecnología no responde a las
necesidades de nuestros países y que las importaciones o
invenciones tecnológicas no responden a las necesidades
tecnológicas de nuestros países, podemos decir que la tecnología
de América latina es artificial, o mejor, inadecuada, porque no
está proporcionada al avance de la ciencia en América Latina, ni
de las exigencias sociales. Y para nadie es un misterio que uno
de los sujetos responsables de la tecnología que poseemos en
América Latina es la universidad.
2.7 Conciencia
generalizada de los beneficios de la ciencia y la tecnología y
creciente desigualdad en la participación.
La
convicción de que la ciencia y la tecnología posibilitan la
satisfacción de necesidades, no es convicción privativa de una
élite. Cada día más y más, esa convicción se socializa y con
ella la aspiración a participar en los beneficios que ellas
aportan.
Junto al
hecho anterior podemos constatar el reducido número de hombres
que pueden gozar de los beneficios de la ciencia y la
tecnología. Ya miremos la desigualdad de participación en los
beneficios entre las distintas clases sociales de nuestros
países, ya miremos la creciente desigualdad entre los diversos
países, vemos un aumento creciente de los beneficios junto a una
disminución del número proporcional de los beneficiados.
2.8 Aspiración
de la ciencia y la tecnología y acceso a la universidad
La
aspiración generalizada de obtener los beneficios de la ciencia
y la tecnología se concretiza en la universidad, en razón de las
funciones que ella considera propias y que la sociedad le
atribuye. Si la universidad quiere satisfacer esa aspiración no
le queda otro camino que estructurarse de tal manera que la
ciencia pueda darse dentro de sí, por una parte, y por otra debe
ser capaz de superar la situación de satélite de un sistema
universitario foráneo, o cualquier otro modo de enajenación y,
como consecuencia, ser agente de su propia política frente a la
ciencia y la tecnología.
A las
demandas de reforma de nuestra actual universidad
latinoamericana mencionadas recién, hay que agregar aquellas
otras demandas que surgen del creciente número de aspirantes,
por una parte y, por otra, de las clases con menos poder en la
sociedad que exigen tener una posibilidad de acceso igualitario
a la universidad, lo que supone, cuando menos, que los estratos
sociales de la sociedad se hallen representados
proporcionalmente en la universidad, y no como acontece al
presente que la universidad se estructura en sentido inverso a
la estructura social, si consideramos al estudiantado. Y recalco
que dije: por lo menos.
3. TECNOLOGÍA,
CIENCIA, UNIVERSIDAD Y VALORES
3.1 Ciencia
y valores
De lo
dicho anteriormente creo que se desprende claramente la
imposibilidad de una concepción del desarrollo sin implicaciones
ideológicas y, por otra parte, que la ideología está constituida
de manera medular por valores. También espero que habrá quedado
claro que el desarrollo implica necesariamente como supuestos a
la ciencia y la tecnología.
¿Pero no
es acaso cierto, que la ciencia es y debe ser objetiva, es
decir, sin valores? ¿Consecuentemente la universidad tendrá que
erradicar de sí los valores para poder hacer ciencia? ¿ Y si el
quehacer central de la universidad (la ciencia), por una parte
es avalorativo , como se puede coordinar con la responsabilidad
de la universidad frente al desarrollo que implica juicios de
valor?
a) El
primer contacto con la ciencia y el desarrollo se refiere a la
elección del tema de la investigación.
De hecho
la elección del tema de investigación puede ser y generalmente
lo es influenciada por los juicios de valor. ¿Afecta este
contacto a la ciencia? ¿Deben eliminarse los juicios de valor en
la elección del tema de investigación?
Digamos
primeramente que la elección del tema es una actividad
extracientífica, anterior al quehacer propiamente científico. Es
un aspecto psíquico previo al quehacer metódico de la ciencia, y
en ese sentido queda excluido el peligro de distorsiones
impuestas por los juicios de valor a la ciencia.
¿Pero en
realidad, deben eliminarse de todos modos?
Si
consideramos a la investigación científica como una función
social, no podemos dejar de reconocer que la actividad del
científico, como de cualquier otro ciudadano está enmarcada
moralmente, éticamente y que científico no puede ni debe rehuir
la ineludible responsabilidad social que el exige, como a
cualquier otro, su actividad. Por eso podríamos decir que la
calidad de un trabajo científico aumenta en la medida en que la
elección del tema nos revela una decisión responsable. Suponer
que cualquier tema es igualmente importante para la
investigación científica manifiesta una manera irresponsable de
entender la libertad del científico.
¿Deben
eliminarse radicalmente los juicios prácticos de valor al
formular teorías científicas? Karl Popper dice, creo con razón,
que los juicios de valor no sólo resultan inevitables sino que
son también absolutamente inocuos para el proceso ulterior del
conocimiento científico. Esto es evidente si recordamos la
diferencia existente entre los dos aspectos científicos, que
tantas veces se han mezclado con peligro de errar, a saber:
entre la lógica y la psicología de la investigación.
b) El
problema de los valores como objeto de investigación
Nuevamente
Dahrendorf nos hace reflexionar sobre las relaciones de la
ciencia con los juicios de valor, en esta oportunidad en cuanto
dichos juicios son objeto de investigación; nos dice que esta
relación no puede ser considerada ni siquiera como una posible
fuente de mixtificación inadmisible, pues si lo que es válido
como norma se convierte en un objeto de investigación empírica
pierde, en cuanto objeto su carácter normativo: es tratado como
algo “siendo” no “valiendo”.
c) La
desfiguración ideológica de la ciencia
Si bien en
los pasos anteriores pudimos quedar tranquilos frente a la duda
de una distorsión ideológica de la ciencia, ello no nos puede
impedir observar que muchas veces se intenta presentar como
axiomas o proposiciones científicas, lo que no son otra cosa que
declaraciones valorativas, más allá de cualquier comprobación
empírica. Esta desfiguración ideológica se suele realizar ya sea
generalizando o absolutizando los supuestos o teorías
científicas, ya sea presentando como proposiciones científicas
declaraciones no susceptibles de contrastación empírica, es
decir, meramente especulativas.
¿Cómo
puede defenderse la ciencia de esta posibilidad de desfiguración
ideológica. Se han señalado como instrumentos útiles el
psicoanálisis y la sociología del conocimiento, también la
declaración de los valores que han orientado al investigador en
su actividad.; en realidad creo que fundamentalmente la ciencia
dispone de un sistema de control que es la crítica
intersubjetiva de los que se dedican a la ciencia. De ahí que
sea necesario enfatizar la crítica y superar una mal entendida
tolerancia en la ciencia.
Podríamos
decir: ausencias de crítica es igual a ideologización de la
ciencia; en una palabra, mala ciencia o no ciencia.
Resumiendo
lo anterior podríamos decir que la relación entre ciencia y
juicios de valor, en muchos puntos no presenta problema alguno;
y donde lo presenta la crítica intersubjetiva puede actuar como
correctivo de la investigación. Una ciencia sin valores
implícitos parece responder al ethos de la actividad científica
a la ética de la ciencia.
Por otra
parte, ante el problema de la función social del científico se
nos hizo reflexionar sobre si su misión se debe agotar en la
investigación de lo que es o si debe introducir juicios de valor
en su actividad.
Creemos
que el científico ha de ser algo más que un hombre que se dedica
a la ciencia, puesto que lo que hace, escribe, enseña influye de
modo especial en la sociedad. Creo que no puede absolverse al
científico de las consecuencias de su acción sin más ni más. El
científico debe protegerse de las consecuencias imprevistas de
su acción y preservar la consistencia lógica de sus convicciones
morales con sus acciones científicas. La obligación científica
de ver la verdad de los hechos, escribe Max Weber, es distinta
de la obligación práctica de intervenir a favor de los propios
ideales. Esto no quiere decir que el cumplimiento de una de
ellas impida el cumplimiento de la otra.
Se trata
de distinguir las dos obligaciones para que no se destruyan
mutuamente; pero a la vez de no ignorar ninguna de las dos.
En el caso
de América Latina, creo, es necesario llamar la atención acerca
de los peligros de la confusión de la ciencia con los juicios de
valor, y más necesario aún, me parece, respecto al
desconocimiento de una de las dos responsabilidades y
obligaciones recién mencionadas.
Resumiendo
este segundo aspecto, podríamos repetir lo que dice Dahrendorf.
La responsabilidad del sociólogo (del científico agregamos
nosotros) no acaba con el cumplimiento de las exigencias de su
disciplina científica. Como responsabilidad moral se inicia
posiblemente en el momento mismo en que ha concluido el proceso
del conocimiento científico con relación a un problema dado.
Esta responsabilidad consiste en el examen constante de las
consecuencias políticas y morales de la actividad científica.
Nos obliga por ello también a mantener en nuestros escritos y en
la cátedra nuestras concepciones valorativas.
Las
lúcidas reflexiones del recién fallecido Oppenheimer, podrían
corroborar lo antes dicho.
3.2 Los
valores de la ciencia
Al
considerar las reflexiones anteriores podría parecer que hay una
neta distinción entre ciencia y valores y que el científico, si
bien actúa en relación a valores lo hace tomándolos como objetos
o considerándolos al margen de la actividad científica
estrictamente distinguida. Creo, sin embargo, que hay un ethos
de la ciencia, un conjunto de valores implícitos que dirigen la
actividad del científico, y que este considera, como dice Merton
obligatorios no sólo porque son eficientes desde le punto de
vista del procedimiento , sino porque los cree justos y buenos.
Son prescripciones tanto morales como técnicas. Merton señala
algunos valores comprendidos en el ethos de la ciencia, como por
ejemplo:
a) el
universalismo, basado en el carácter interpersonal,
impersonal dice Merton, de la ciencia. Interpersonal por la
exigencia de crítica intersubjetiva, impersonal por los
criterios preestablecidos. Esta tendencia a la objetividad es
contraria a todo particularismo
b) el
comunismo, o comunitarismo diría yo, entendido en el sentido
no técnico y amplio de propiedad común de los bienes, sería un
segundo valor de la ciencia. Los resultados de la ciencia son
producto de la colaboración social y están destinados a la
comunidad. De ello surge el imperativo de la comunicación de los
resultados y la exclusión del secreto.
c) otro
valor sería el desinterés, basado en el carácter público
y contrastable de la ciencia. Es un tipo distintivo de
control, dice Merton, de un amplio margen de móviles. La
manifestación práctica está en la comunicación científica
ofrecida a la crítica de los demás científicos.
d) Finalmente,
el escepticismo, es otro valor muy a menudo entrelazado
con los otros anteriores. Es entendido como la suspensión del
juicio acerca de una proposición contrastable empíricamente,
hasta que no haya sido sometida a la contrastación con los
hechos, con la experiencia. Es evidentemente incompatible con
toda aceptación no racional, no crítica del poder y la
autoridad.
Parecería
pues, si es verdad lo anterior, que la ciencia implica un
conjunto de valores que obran como normas en la actividad
científica. Creo por lo tanto que entre la afirmación de que la
ciencia se constituye al margen de los valores y la otra, en el
extremo opuesto, de que la ciencia siempre está distorsionada
por valores, podemos afirmar de que la ciencia posee un conjunto
limitado y conocido de valores que la constituyen y que la
desfiguración ideológica comienza cuando se introducen en la
ciencia otros valores que no sean los contenidos en ese conjunto
limitado y conocido y que la subordinen.
Es una
consecuencia natural de lo anterior, que si la universidad ha de
tener por función la investigación y la docencia científicas,
los valores anteriormente mencionados han de estar implicados en
el ethos universitario. Pero antes de proyectar estas exigencias
en la universidad, hagamos una breve reflexión sobre lo
siguiente.
3.3 Tecnología
y valores
Esta
reflexión será breve por cuanto este tema ha sido tocado o será
sin duda encarado en exposiciones anteriores o secuentes a la
presente. Será breve además, por cuanto la relación o
interacción entre ciencia y tecnología hace que muchas de las
afirmaciones o reflexiones acerca de las relaciones entre
ciencia y valores valgan análogamente, si no idénticamente para
el caso de la tecnología.
En el caso
de la tecnología aparece claramente una actitud que implica una
valoración que quizá está implícita en la ciencia: el afán de
dominio sobre la naturaleza. Científicos y técnicos dirigen sus
pasos hacia la naturaleza con el tácito o expreso propósito de
utilizar semejante relación en cuanto medio destinado a ejercer
su voluntad de poder y dominio sobre ella. Esta raíz pragmática
fundada en un voluntarismo metafísico constituye lo que define
y sostiene la posición del hombre contemporáneo frente a la
naturaleza y se manifiesta en el intento de conocerla mejor, en
el uso de este conocimiento para modificarla influyendo sobre
ella, de tal modo que los entes se incardinen como útiles o
instrumentos en el proyecto del hombre dominador.
Esta
voluntad de dominio sobre los entes incluye por el mismo
dinamismo al hombre mismo, ya sea implicándolo como instrumento
del mismo proceso científico-técnico, ya, lo que es mucho más
importante, viendo en él un objeto-instrumento, borrando la
realidad de sus ser personal, de su constitutivo esencial: la
libertad.
No
afirmamos que lo anterior sea una dirección inevitable, más bien
expresamos la tendencia actual que puede observarse, aunque no
exclusivamente, en el proceso, específicamente, tecnológico.
La
tecnología ve instrumentos-útiles en los entes, capaces de ser
vinculados por relaciones de funcionalidad, que implican los
criterios, los valores de la eficiencia y economicidad.
En otras
palabras, la tecnología busca al objeto-medio con el
objetivo-fin. Esta relación por ser de medio a fin es relación
de funcionalidad, y en cuanto implica la aplicación de la
inteligencia es una racionalidad funcional. Así aparecen como
valores el dominio y funcionalidad tecnológicas.
3.4
Instrumentalidad y ambigüedad de la ciencia y la tecnología
Lo
considerado anteriormente nos muestra que la ciencia y la
tecnología son instrumentos que el hombre dispone, por lo menos
potencialmente, para conocer y dominar el universo. Recalcar el
aspecto instrumental de la ciencia y la tecnología nos plantea
necesariamente la radical ambigüedad de ambas como de todo
instrumento, y por lo tanto, la consecuente responsabilidad del
uso de dichos instrumentos, responsabilidad que se ejerce en
virtud de valores.
3.5 Ciencia,
tecnología y universidad
La
universidad por sus funciones específicas y también por
requerimientos del desarrollo de la sociedad a la cual
pertenece, debe promover la ciencia y la tecnología.
Promover
la ciencia y la tecnología exige, de parte de la universidad que
ésta se estructure de tal modo que ciencia y tecnología puedan
cultivarse y tender a su perfección. Ello implica que la
universidad acepte como propios los valores de la ciencia y la
tecnología.
Lo
anterior trae consigo varias consecuencias para la estructura y
funcionamiento de la universidad. Ha de hacer posible que la
universidad, la formación de equipos científicos y tecnológicos
y la crítica intersubjetiva con criterios impersonales, ha de
hacer posible la participación de los resultados y la exclusión
de todo particularismo, sea institucionalizado (como sucede
frecuentemente con el caso del catedrático) o de cualquier otro
tipo.
Debe
preservar su autonomía, para que la ciencia pueda desarrollarse
sin desfiguraciones ideológicas y a salvo de las presiones de
“autoridades” o “poderes” extracientíficos, especialmente frente
al Estado, la Iglesia, los grupos económicos, los partidos
políticos , las agencias de ayuda internacional.
Si se
aceptan los valores de la ciencia y la tecnología, la
universidad se deberá estructurar y funcionar de acuerdo a
criterios de racionalidad funcional, lo que implica que acepta y
practique la planificación de las actividades universitarias.
Junto con
preservar su autonomía en la esfera que le corresponde, la
universidad no debe olvidar que su función no acaba, de igual
modo que en el caso del científico o tecnólogo, en el quehacer
científico-tecnológico, dado que lo que hace, enseña o publica,
tiene repercusión social y afecta de algún modo al bien común de
la sociedad a la cual pertenece y de la cual no puede
enajenarse, salvo rehuyendo responsabilidades esenciales.
La
política universitaria frente a la ciencia, la tecnología y la
formación de los universitarios y profesionales debe responder a
ciertos valores que orienten el desarrollo íntegro del hombre y
superar la radical ambigüedad de la ciencia y la tecnología.
Debe superar, especialmente, la actual e insuficiente formación
profesionalizante o tecnológica.
Esta
orientación para que pueda ser coherente debe surgir de una
coordinación de los valores de la ciencia y la tecnología con
los valores fundamentales de la cultura de la sociedad a la cual
pertenece, a través de un proceso permanente que fomente la
constante elaboración de un bien común.
4. MULTIPLICIDAD,
UNIDAD, UNIVERSIDAD Y DESARROLLO
4.1 Multiplicidad, desarrollo y universidad
Cuando
hablamos de desarrollo refiriéndonos a una sociedad concreta, se
nos aparece de inmediato y sin gran esfuerzo de análisis la
realidad múltiple y compleja del fenómeno sociocultural. Si no
se cae en sectorizaciones abstractas, la realidad a desarrollar
se nos aparece múltiple y compleja, una multiplicidad de
elementos, estructuras y funciones que forman un sistema donde
sus componentes se interactúan mutuamente. Desarrollar una
realidad así exige un conocimiento, un diagnóstico de los
elementos, de las relaciones y del todo que conforman. El
diagnóstico de las necesidades y recursos de un sistema
sociocultural requiere la armónica cooperación de múltiples
disciplinas en una actividad interdisciplinaria, que posibilite
el análisis acucioso de los componentes y la visión del fenómeno
total, como la elaboración de un modelo de desarrollo capaz de
esa complejidad, lo que supone un complejo de valores y normas.
Si a lo
anterior se agrega que es el hombre y no sólo la sociedad y la
cultura lo que hay que desarrollar nos enfrentamos con la
complejidad, múltiple y una de ese microcosmos que es el ser
humano.
Si
observamos a la ciencia y la tecnología veremos que en razón de
su inclinación analítica cada día aumenta más el número de las
especializaciones y cada día es menor el sector de conocimientos
al cual puede abocarse el hombre con competencia. Lo mismo
ocurre con la funcionalización de las actividades sociales, que
al parecer influenciadas por la especialización de la ciencia y
la técnica, también ellas se hacen cada vez más especiales
requiriendo una formación más especializada.
4.2 Unidad,
desarrollo y universidad
La
necesidad de un diagnóstico total, tratándose de un sistema, ya
sea la totalidad sociocultural, ya la totalidad del hombre, es
cosa que parece superfluo entrar aquí a probar.
La
necesidad de una visión coherente y prospectiva del todo, que
permita la elaboración de un modelo referencial para el
desarrollo de la persona, la sociedad y la cultura, aparece tan
necesario como lo anterior.
Por otra
parte ¿Qué responsabilidad social se puede exigir a un hombre
que no pudiese ver la incidencia de su actividad en la totalidad
del sistema que compone?
Las
necesidades aparecen, a mi entender, con claridad. El problema
es saber qué sujeto es capaz de satisfacer esa necesidad. Al
recorrer las instituciones sociales vemos que la universidad es
la única que reúne en sí el número de disciplinas y la
posibilidad de cooperación entre ellas que permitiría satisfacer
las necesidades mencionadas. Recalcamos que vemos a la
universidad potencialmente capaz, no decimos actualmente capaz.
Precisamente todas las reformas bien concebidas de la
universidad tienen en común la pretensión de actualizar esas
potencialidades de la universidad.
Se trata
de que la universidad junto a las actuales especializaciones
profesionales que hoy la componen, actualice sus potencialidades
científicas, su capacidad de trabajo interdisciplinario, de una
formación profesional, de acuerdo a las necesidades del
desarrollo que conciba, ejercitando su función de coordinación
cultural y, permita y fomente la formación de un hombre capaz de
visiones de conjunto, de síntesis, no sólo de lo que “es”, sino
de lo que “debe ser”, un hombre desarrollado armónicamente, en
todas sus dimensiones en una sociedad y cultura desarrolladas
también de manera armónica en todas sus dimensiones.
La
posibilidad del desarrollo no la concibo sin una élite funcional
orientada por valores fundamentales comunes; una élite que no es
mero agregado de hombres, sino un equipo de multiplicidad
funcional y de unidad mínima valorativa. No creo que esta élite
exista en la sociedad si no preexiste en la universidad o en
otra institución que cumpla las funciones de aquélla, como
consecuencia de la irresponsabilidad de la universidad.
5. INTEGRACIÓN,
DESARROLLO Y UNIVERSIDAD
5.1 Desarrollo
e integración
Constantemente hemos estado haciendo referencia a la necesidad
de definiciones o juicios de valor a lo largo de esta
exposición. Es ya momento que nos preguntemos si podemos, a
pesar de la carencia de estudios socioantroplógicos suficientes
en América Latina, afirmar que existe algún o algunos valores
que sean compartidos, si no por todos, por lo menos por una gran
mayoría de latinoamericanos.
A pesar de
lo riesgoso de toda generalización hecha sin la suficiente y
metódica contrastación con los hechos, creo que se puede
aventurar la afirmación de que en América Latina el desarrollo
se concibe como integración , y que ésta se halla vinculada a
cierta conciencia popular de autorrealización. esta conciencia,
cuya intensidad no es uniforme, respecto a las distintas clases
y países, se manifiesta a mi entender, en las pretensiones
expresadas respecto a una mayor participación en las decisiones
y por lo tanto en el poder y en los beneficios de la actividad
social.
En
cualquier diagnóstico o modelo de desarrollo creo que es
inevitable reconocer que en el caso de América Latina, los
recursos disponibles son escasos y que la actividad científica
orientada a la satisfacción de dichas necesidades aparece como
indispensable En esto, quizá, todos los que se preocupan del
problema se hallarán de acuerdo.
Creo que
también es evidente que el aumento de recursos disponibles no
significa necesariamente una satisfacción de las necesidades de
todos los miembros, ni de los más necesitados de una sociedad.
La
integración debe tratar de satisfacer las necesidades humanas de
todos como requisito de toda otra opción de libertad de nuestros
hombres y sociedades.
La ciencia
y la tecnología son, como instrumentos, ambiguas pueden liberar
al hombre, sirviéndolo o pueden instrumentalizar al hombre
enajenándolo. Para que esta instrumentalización no ocurra las
relaciones humanas establecidas a través de las creaciones
científico-tecnológicas deben estar inspiradas en una ética
donde el respeto a la libertad y solidaridad inspiren el uso de
la ciencia y y la tecnología y de sus consecuencias en función
del bien común.
El respeto
a la libertad de cada hombre, trae como consecuencia el
pluralismo, las exigencias de perfección de dichas libertades
exige la solidaridad.
La
aceptación de la libertad de cada uno y del pluralismo trae como
consecuencia y manifestación a la tolerancia.
La
tolerancia no es ilimitada, sino que está enmarcada
necesariamente en el bien común. Este bien para que realmente
sea común debe ser establecido a través de un debate permanente
y libre, en donde se expresen todas las opiniones acerca de los
valores que han de normar la vida social y del modo concreto de
institucionalizar ese conjunto de valores. Es obvio que ese bien
común debe tender a perfeccionarse, a posibilitar cada vez más
el mayor rendimiento al esfuerzo tendiente a la satisfacción de
las necesidades y al de la definición libre de cada cual.
El
desarrollo es concebido así como integración de las actividades
de racionalización funcional y de las relaciones humanas
solidarias.
Sin entrar
a analizarlos, queremos señalar que esta integración puede
considerarse en tres niveles, no necesariamente exclusivos; el
nacional, el latinoamericano y el universal.
5.2 Integración
y universidad
También en
el caso de la universidad el desarrollo lo concebimos como
integración, como cruzamiento de las relaciones de funcionalidad
racional con las orientaciones a la libertad y la tolerancia, al
decir del Padre Vekemans.
El
quehacer científico que es actividad universitaria, en la medida
que respeta el ethos de la ciencia hace presente en la
universidad y en la actividad universitaria los valores de la
ciencia los cuales son coincidentes con la exigencia de la
integración concebida democráticamente. Sería interesante, pero
el tiempo no nos lo permite, analizar estas vinculaciones de
los ethos correspondientes a la integración así concebida
democráticamente con los correspondientes a los de la ciencia y
la universidad.
Así como
en el caso anterior, la integración universitaria puede ser
considerada a varios niveles.
a) en
sí misma
Permitiendo la participación funcional de todos los
universitarios en las decisiones que afectan a la universidad,
sean del tipo que fueren. De manera especial se ha de considerar
la democratización del poder universitario. Otro aspecto, y no
pretendemos agotarlos, es el de la posibilitación de la
existencia de comunidades y equipos de trabajo donde realmente
se produzcan las interacciones funcionales y de solidaridad.
Además podríamos anotar que esa integración debe alcanzar a las
persona todas, creando las posibilidades de interacción personal
(aquí, entre otras cosas, aparece el problema del volumen óptimo
de una universidad y las posibilidades de contactos
interfacultativos o interescolares entre los alumnos y
profesores).
Finalmente
se ha de considerar la integración a nivel de las disciplinas,
permitiendo que la universidad alcance la dimensión
interdisciplinaria, tan necesaria para el desarrollo
sociocultural.
b) con
las universidades nacionales
Entendemos
esta integración como la posibilidad de originalidad y
distinción entre las diversas unidades universitarias de un
país, junto con la posibilidad de establecer en igualdad de
condiciones el bien común universitario al cual todas deben
someter sus actividades particulares. Distinción y cooperación.
Multiplicidad y unidad. Un equilibrio dinámico que,
constantemente, requiere del esfuerzo solidario de las
universidades.
c) con
la sociedad nacional
Esa
integración requiere de parte de la universidad y, como decíamos
en otra parte de este trabajo, que por lo menos los estratos
sociales estén representados en ella de manera proporcionada.
Por otra parte, si bien la universidad goza de autonomía que ha
de ser ardientemente defendida en la esfera que el es propia y
que puede ser variable, también tiene como cualquier otra
institución o persona, una obligación de solidaridad y de bien
común.
El derecho
a la autonomía cesa cuando no se cumple con la obligación de la
solidaridad; son dos aspectos de una misma realidad. Ética y más
aún ontológicamente están constituyendo una unidad
indestructible. En cualquier hipótesis la solidaridad de la
universidad con la sociedad debe manifestarse a través de sus
funciones propias y fundada en la autonomía. Por eso la
universidad necesita de la solidaridad y cooperación de las
demás instituciones sociales, sean ellas políticas, económicas,
religiosas, etc. y debe prestarle solidariamente su cooperación,
pero a mi entender, no debe pertenecer a ninguna de ellas,
porque por lo menos prácticamente, sino también abstractamente,
si ello ocurre pierde su autonomía. La política universitaria,
de una universidad que cumpla con los requisitos de solidaridad
social no podrá ser nunca enajenada de las necesidades sociales
y deberá manifestar la imaginación y creatividad que exigen la
satisfacción de dichas necesidades. En la medida que la política
universitaria se enajena de las necesidades sociales, la
universidad pierde su derecho a la autonomía. Dado que el
problema es establecer quién debe ser el juez, en dicho caso,
para establecer la pérdida de dichos derechos; me atrevo a
pensar que podría ser aquel organismo en que todas las
universidades estuviesen representadas igualitariamente. En el
caso que se cuestionara todo un sistema universitario nacional,
el juez, a mi entender, debería ser un organismo internacional
universitario, en el cual los organismos universitarios
nacionales estuviesen representados igualitariamente junto al
Estado del país cuyo sistema universitario se cuestiona. Lo
anterior no sé si es el mejor camino de preservar la autonomía y
solidaridad de las universidades respecto a las sociedades
nacionales, pero sí me parece un buen camino. Queda planteado al
juicio crítico de ustedes.
d) con
las universidades latinoamericanas
Para no
alargar innecesariamente este nivel lo concebimos análogamente
al nivel de integración de la universidad con las universidades
nacionales restantes.
e) con
las universidades de todo el mundo
Esta
integración se efectuaría a través del sistema universitario
latinoamericano y conformaría una realidad animada del espíritu
que anima la constitución de las Naciones Unidas. A modo de
digresión, creo que por este camino se evitarían muchas de las
discusiones para las universidades latinoamericanas causadas por
la ayuda externa.
Las
insinuaciones anteriores sólo quieren llamar la atención sobre
dichos problemas.
5.3 La
función integradora y orientadora exigida por el desarrollo a la
universidad
Creo que
las reflexiones anteriores dejan bien en claro que el desarrollo
concebido como integración exige un esquema valorativo
referencial en el cual se coordinen e integren los valores
implícitos en la ciencia y la tecnología y los valores
fundamentales de la libertad y la solidaridad. Ellos salvo los
tecnológicos, están ausentes de la universidad latinoamericana,
meramente profesionalizante, o según la fase, en el mejor de los
casos recién emergentes.
En la
medida que la universidad se constituya de acuerdo al sistema
valorativo referido, podrá transformarse en un agente o modelo
referencial al cual se orienta el desarrollo y la integración de
América Latina y proporcionar la contribución que de ella
esperamos a la integración sociocultural de nuestro continente.
La universidad emerge así, al decir de Luis Scherz, cual un
posible sistema referencial de la sociedad global y con la
capacidad potencial para proporcionarle, a través de mecanismos
de coordinación el ligamento valorativo integrador.
Así queda
en claro, espero el papel que tiene la universidad en el
conjunto de los agentes del desarrollo, en el proceso integrador
que supone la sustitución de las estructuras socioculturales
actuales para alcanzar el modelo configurado por el sistema
valorativo referencial, al cual nos referimos.
6. INTELIGENCIA
UNIVERSITARIA Y CONFLICTO
En la
observación de la universidad latinoamericana podemos ver cómo
se enfrentan dos sistemas valorativos. Por una parte el sistema
de valores que constituye a la universidad profesionalizante y
el sistema de valores de la nueva universidad inspirada en el
sistema de valores que acabamos de considerar. Este
enfrentamiento crea, como es obvio, un conflicto de valores,
conflicto que es a la vez causa y efecto de los conflictos de la
sociedad global.
Actualmente una minoría de universitarios, profesores y alumnos,
tratan de realizar el modelo de la nueva universidad inspirada
en el nuevo sistema valorativo conscientes de la necesidad y de
le eficiencia de convertir a la universidad en un microcosmos
social que sirva de referencia a la sociedad. Esa minoría que
llamamos “inteligencia universitaria”, en cuanto es responsable
y solidaria, imaginativa y creadora, activa y eficiente es el
sujeto del inevitable conflicto que esa inteligencia concibe
como una función social necesaria, exigida por el derecho a la
libertad solidaria actualmente ausente de nuestro continente.
Pretender
un desarrollo sin conflicto en una sociedad injusta, sería
desarrollar la injusticia. Por eso somos e invitamos a ser
universitarios en conflicto, unidos por la meta de una nueva
universidad para América Latina.
NOTAS
1)
Desarrollo y
democracia,
nº 6, 1965, Lima,
>Perú, pp. 3 y ss.
2) J.
L. Lebret. Dinámica concreta del desarrollo, Ed. Herder,
Barcelona, 1966, pp. 24 y ss.
3) José
Medina Echeverría, El papel de la universidad en el
desarrollo económico, social y cultural de América Latina,
San José, marzo de 1966, pp. 12 y ss.
4) Harry
M. Johnson, Sociología, Ed. Paidós, Bs. As., 1965, p. 645 y
646.
5) Juan
L. Segundo. Ensayo de tipología política de América Latina,
Instituto de Estudios Sociales, ORMEU, Año VII, nº 34, agosto
1966, p. 27.
6) Ralf
Dahrendorf. “Ciencia social y juicios de valor”, Conferencia
ante la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sarre, 1957.
Repasada y completada en 1960, Sociedad y libertad. Ed.
Tecnos, Madrid, 1966, pp. 36 y ss.
7) Karl
Popper, The open Society and its Enemies, Londres, 1952,
tomo II, p. 260 y ss.
8) Ralf
Dahrendorf, op. cit.
9) Ibid.
10) Max
Weber, citado por Dahrendorf, op. cit.
11) Ralf
Dahrendorf, op. cit.
12) Robert
Merton, Teoría y estructuras sociales, Fondo de Cultura
Económica, México, Buenos Aires, 1964, pp. 544 y ss.
13) bid.
14) Robert
Merton, op. cit. p. 550
15) Ernesto
Mayz Vallenilla. La universidad y la idea del hombre,
Caracas, (versión a mimeógrafo, sin más datos).
16) Roger
Vekeman, “La reforma y el ethos cultural”, Mensaje, nº
especial 123, octubre 1963, p. 637 y ss.
17) Ibid.
18) Luis
Scherz. “Las relaciones entre las universidades públicas y
privadas en Latinoamérica”. Trabajo presentado al seminario
sobre “La formación de élites en América Latina”, Montevideo, 6
al 12 de junio de 1965.
19) Luis
Scherz. “Algunos aspectos disfuncionales de la ayuda
internacional y el papel de la universidad en el cambio social
de América Latina. (Trabajo presentado a la Mesa redonda
“Educación y desarrollo” del VI Congreso mundial de Sociología,
celebrado en Evian, Francia, del 4 al 11 de septiembre de 1966.
20) Luis
Scherz. “Una nueva universidad para América Latina”, Boletín
ORMEU, año VI, nº 32,diciembre de 1965, Santiago, Chile.
21) Luis
Scherz. op. cit. en nota 19
UNIVERSIDAD Y DESARROLLO
Número
Extraordinario
Ed. Corporación
de Promoción Universitaria (CPU), Santiago, 1968. |