Ataliva AMENGUAL
 

 

 

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UNIVERSIDAD Y DESARROLLO

 

 

 

INTRODUCCIÓN

           

El desarrollo de la sociedad en cuanto ésta sea considerada como un sistema, como una totalidad, donde los elementos que la componen se hallan en interacción recíproca, suponen el desarrollo de las distintas instituciones sociales.

           

La sociedad tiene diversos agentes y procesos, a través de los cuales asegura su permanencia y desarrollo, su estabilidad y sus cambios. La existencia y desarrollo de la sociedad parece depender de manera fundamental de la presencia de un conjunto de valores compartidos socialmente. Es a través del proceso de socialización, como proceso de influjo mutuo entre las personas, que tiene por consecuencia la aceptación de las pautas de comportamiento socialmente aceptadas, es a través de este proceso, decía, como la sociedad asegura su estabilidad al hacer actuante su esquema valorativo referencial. A través del mismo proceso es como logra, para su desarrollo modificaciones a dicho esquema valorativo.

           

Un agente importante en ese proceso es el sistema formal de educación, del cual la universidad ocupa un lugar y función eminentes.

           

Valgan estas palabras de introducción a nuestro tema: la universidad y el desarrollo.

           

Quiero, antes de continuar llamar la atención de las limitaciones y peligros que nos imponen las necesarias generalizaciones, cuando pretendemos hablar de América Latina o de la Universidad Latinoamericana; como así también de la inevitable decisión que se debe adoptar al tratar tema tan amplio y complejo, respecto a una visión comprensiva que permita la visión del todo, o una visión más analítica que, dado el tiempo disponible sólo permita abarcar algunos aspectos aunque de manera extensa.

           

Trataré de equilibrarme entre ambas opciones.

 

1. CONCEPCIONES DEL DESARROLLO Y LA UNIVERSIDAD

 

1.1 Concepciones iniciales

 

Parece ser que ante la pluralidad de sociedades y culturas en situaciones diversas y al mismo tiempo, se trató de buscar algún principio que permitiera reducir a la unidad, agrupar, clasificar esas diferentes realidades.

 

Con fundamento en distintos criterios económicos, sociales, antropológicos, etc., se construyó un índice de acuerdo al cual se ordenaron las diversas sociedades.

           

Si no nos equivocamos, parece ser una característica muy notable de los índices hasta aquí usados el organizarse alrededor de ciertos fenómenos, como el industrial, la funcionalidad de la organización social y la urbanización; considerando estos fenómenos tal cual se dan en la cultura occidental y dentro de ella en los países más industrializados, funcionalizados y urbanos.

 

Creemos no errar si decimos que hay un modelo referencial permanentemente unido al concepto de desarrollo desde los inicios.

 

De ahí a la polarización desarrollo-subdesarrollo, no hay más que un paso lógico.

 

1.2 La universidad y la elaboración del concepto de desarrollo

 

No pretendemos analizar cuáles hayan sido los agentes del concepto de desarrollo en esta época inicial. Sí, por el contrario, nos interesa señalar que la universidad en América Latina no intervino en la gestación de ese concepto. El proceso de conceptualización la inquietud sistemática y perseverante ante el problema, parece acontecer fuera y al margen de la universidad de este continente.

 

La actitud generalizada, salvo excepciones que desconozco, si existen por parte de las universidades latinoamericanas es la de adoptar las concepciones y los modelos de desarrollo elaborados en el exterior de ellas y casi siempre en el extranjero, o por grupos aculturizados fuera de América Latina, lo que en definitiva es lo mismo.

 

1.3 Evolución posterior del concepto de desarrollo

 

Posteriormente al parecer, ante las excesivas sectorizaciones de variables e indicadores, surgió la necesidad de que dicho concepto fuera calificado de integral, armónico, total, con el fin de enfatizar la intención omnicomprensiva del concepto de desarrollo.

 

Así como al comienzo se anotaron implicaciones  valorativas al elegirse el modelo referencial con el cual se construyó el índice, así también en esta evolución posterior, donde se valoriza la totalidad de las funciones en conjunto por encima de cualquiera de ellas consideradas aisladamente, podemos notar la existencia de implicaciones valorativas.

 

Por otra parte, la protesta surgida de aquellos países situados en la desmedrada posición de subdesarrollados, con las consiguientes implicancias valorativas negativas del término, a la cual se sumaba la necesidad de una posibilidad de análisis que no excluyese el tiempo y el dinamismo, dieron origen al nacimiento de las denominaciones de países “en vía”, “en proceso”, “en desarrollo”. Denominación más vaga, menos ofensiva y, al parecer, más compleja en cuanto permitía asumir dinamismo y tiempo.

 

1.4 La universidad como difusora de “modelos” ajenos

 

Decíamos anteriormente que la universidad era ajena a la construcción del concepto de desarrollo, ahora nos toca hacer observar que la universidad de América Latina no sólo adoptó los modelos ajenos, sino que se convirtió en un agente transmisor, difusor de esos modelos. Ya sea a través de investigaciones que implicaban la aceptación de ese modelo, ya  a través de la docencia y formación de los profesionales referidas a dicho modelo. Tan notable es esa enajenamiento, que la misma estructura de la universidad y el desarrollo previsto para esa estructura eran fruto de una imitación de modelos universitarios extranjeros. Si la universidad para sí misma había adoptado modelos extranjeros ¿qué dificultad tendría para adoptar modelos para la sociedad global donde se daba?

 

1.5 Objetivos del desarrollo e implicancias ideológicas

 

Así como hay un aspecto analítico del desarrollo que se basa en índices que tienen como referencia un modelo determinado del país desarrollado, hay también objetivos para el desarrollo, que se inspiran en “modelos normativos”. Sin pretender ser exclusivo, creo oportuno recordar algunas de las diversas concepciones del desarrollo, donde aparecen claras las implicancias.

 

A veces parece que el desarrollo sería simplemente la entrada de los países subdesarrollados al circuito comercial mundial, otras veces el desarrollo sería el medio de mantener en la esfera de influencia de los países desarrollados  a ciertos países independientes o semiindependientes.

 

Para algunos parece ser la ocasión de crear dificultades al contrario o al enemigo y de hacer adoptar a los pueblos subdesarrollados una doctrina y unos métodos presentados como de valor absoluto.

 

Por el lado de los países deseosos de desarrollo parece que se trataría de alcanzar los modelos y el nivel de vida de los países ricos, sin que se note muchas veces una seria consideración de los medios  necesarios para alcanzar dicho objetivo, ni de la factibilidad de éste.

 

No deja de estar presente una concepción del desarrollo restringido a las capas altas y favorecidas de la estructura social y que consecuentemente deja de lado a las clases pobres o sólo las considera en cuanto obstáculos o instrumentos.

 

En otros casos se concibe el desarrollo  como el esfuerzo de romper con el pasado y liberarse de costumbres consideradas como incompatibles con el progreso.

 

Inversamente hay quienes piensan que se requiere conservar del pasado el mayor número de valores reconocidos como auténticos.

 

No faltan quienes consideran que el subdesarrollo es el resultado de una explotación directa o disfrazada  de los países desarrollados y que el desarrollo se dará automáticamente si cesa esa explotación.

 

En otras ocasiones se advierte que nos hallamos ante una penuria de recursos y que es necesario obtener un mejor rendimiento de los disponibles gracia a una ayuda de los países ricos o técnicamente más adelantados.

 

Todo lo anotado anteriormente parece señalar que en cualquier concepción del desarrollo hay claras implicancias ideológicas, hay valores comprometidos.

 

Sin embargo no se escapará, quizá, a ninguno de ustedes que hay ciertos agentes de indudable eficiencia, que tratan de socializar, de hacer pensar, que el desarrollo y las actividades orientadas a obtenerlo son neutrales ideológicamente, valorativamente, etc.

 

1.6 La universidad y el “neutralismo ideológico”

 

Si se analiza en términos generales la política universitaria declarada de la universidad de América Latina, parece desprenderse que esta neutralidad ideológica del desarrollo es un supuesto implícito, que se halla reforzado por la concepción de que la ciencia y la tecnología también son neutrales ideológicamente y valorativamente.

 

Sin embargo, un análisis que vaya más allá de las declaraciones, nos muestra que hay implicaciones valorativas, aunque no siempre coherentes entre sí.

 

En virtud de ciertos  sucesos relacionados con la investigación social , ha comenzado a destruirse el mito de una neutralidad de la universidad y de sus actividades vinculadas al desarrollo y cobra cada vez más fuerza la convicción de que no hay un desarrollo neutral.

 

Pero hasta el presente, y ustedes juzgarán sobre la corrección de nuestra observación, ¿no es verdad que aparece como un ideal el que la universidad se desprenda de todo contacto ideológico o valorativo? ¿No es un ideal la universidad neutral, aséptica de valores? Si lo anterior es cierto, tendríamos derecho a pensar que la universidad favorece el neutralismo ideológico y que consecuentemente  lo proyectará como un supuesto y un fin de su actividad investigadora, docente y en la formación de los profesionales.

 

1.7 Crítica a la concepción neutral del desarrollo

 

Si hacemos una observación atenta, podremos comprobar que los mismos países o sociedades, que son agentes difusores de la concepción de un desarrollo neutral, están haciendo esfuerzos para recuperar el dominio, por ejemplo, del sistema económico que se erigió en fuerza autónoma, tratando de que vuelva a ser un sector más de los que forman un sistema social integrado. Ello implica decisiones valorativas, ideológicas, implica hacer más complejo el sistema de valores orientador de la acción, permitiendo la presencia en dicho sistema de valores extraeconómicos. En definitiva cambiar una ideología economicista del desarrollo por otra más compleja.

 

Lo anterior nos está demostrando que el modelo de desarrollo, ya sea el que se deja o el que se toma, no es en ningún modo neutral ideológicamente.

 

Por otra parte, creo que no será materia de discusión el hecho de la existencia de tensiones sociales, especialmente en América Latina y, en particular, en relación con las decisiones respecto a nuestro desarrollo.

 

Si analizamos la tensión social, podemos observar que emerge de la inadecuación de un ideal socialmente compartido con la realidad social, en especial cuando ésta es adversa al logro de este ideal social.

 

Los ideales sociales se conforman por ideas popularmente aceptadas acerca  de la estructura, los procesos internos y la situación mundial de la sociedad, acerca de la historia, acerca de las evaluaciones populares de los hechos aceptados; se conforman  por los valores y objetivos de la sociedad que el pueblo comparte. En resumen los ideales sociales son ideología y las tensiones surgidas frente al desarrollo de América Latina nos muestran la presencia de conflictos ideológicos.

 

A esta altura, alguien podría preguntarse ¿qué finalidad tiene  presentar un modelo de desarrollo como neutral ideológicamente si no es así la realidad?

 

Creo que brevemente podríamos responder diciendo: se busca con ello evitar el conflicto y provocar la acomodación del modelo propuesto , con las consiguientes ventajas para quienes lo propusieron.

 

1.8 Consecuencias de la neutralidad ideológica de la universidad frente al desarrollo

 

El hecho de una pretendida neutralidad implícita o explícita frente al desarrollo por parte de la universidad, deja a muchos universitarios sin una orientación de su actividad social y los convierte en meros instrumentos de los que dirigen los procesos sociales, y a los otros los obliga a buscar esa orientación fuera de la universidad. En el caso de América Latina, donde la función política está hipertrofiada, es obvio que los alumnos se inclinan a buscar la orientación, que la universidad les niega, en los grupos políticos e ideológicos.

 

Así, por paradójica consecuencia, la pretensión de una universidad neutral ideológicamente, promueve una hiperideologización y  politización de la universidad o un enajenamiento de las responsabilidades sociales de los universitarios. Ambos fenómenos se dan frecuentemente as la vez, aunque, como es obvio, en distintos grupos.

 

Basta analizar las frecuentes defensas de la autonomía universitaria para encontrar la enunciación de la neutralidad como uno de los elementos esenciales.

 

Es evidente que hay una distancia grande y, a veces, una total contradicción entre la enunciación y la práctica de la neutralidad ideológica. La misma distancia diría que existe entre la realidad y el mito.

 

1.9 Necesidad de una concepción propia del desarrollo

 

Si se cree o pretende que América Latina tiene o tenga un ser y un existir propios, si se acepta que poseemos una cultura que nos distingue de otras sociedades y por lo tanto un esquema de valores distintos al de otros pueblos, hay que concluir que nuestro desarrollo ha de ser gestado por nosotros y, por lo tanto, que hemos de concebir nuestro propio desarrollo correspondiente a otra cultura.

 

La otra posibilidad es enajenarnos culturalmente, desentendernos de nuestro rol en el mundo.

 

Cuando hablo de diferencias me refiero al sistema cultural total y no a elementos considerados aisladamente.

 

1.10 La universidad y la concepción de un desarrollo de América Latina

 

Si tenemos en cuenta la importancia de los político en América Latina y de que la mayoría de los políticos han sido universitarios, podremos deducir la importancia de la universidad frente al desarrollo de América Latina. Si a ello agregamos que la ciencia y la tecnología de América Latina tiene su fuente principal en la universidad esa importancia aparece con claridad meridiana.

 

Si la universidad no es capaz de concebir a América Latina y su desarrollo (dígase lo mismo para cada país) difícilmente podemos imaginar cómo los latinoamericanos puedan llegar a tener su propia concepción del desarrollo.

 

A nadie se escapa que los valores son los orientadores de la acción social y que estos valores se transmiten a través del sistema de socialización formal, que es el sistema educacional de cada país, dentro del cual la universidad tiene un papel eminente.

 

Creemos que lo dicho es suficiente para mostrar la importancia de la universidad en nuestra concepción del desarrollo, pero dada la importancia  del asunto, volveremos sobre él.

 

2. HECHOS A CONSIDERAR

 

2.1 Crecimiento de la población y recursos disponibles escasos

 

No creo necesario acudir a estudios demográficos para afirmar que el aumento de la población de América Latina puede denominarse explosivo. Ya actualmente, lo muestra la miseria de nuestros pueblos, en menos casos de manera trágica, la existencia de recursos disponibles es deficientes. Con el ritmo de crecimiento  poblacional ese estado deficitario aumentará  gravemente. Cada día habrá más necesidades y cada vez menos satisfacciones.

 

Si agregamos al crecimiento  de las  necesidades, por razón del crecimiento de la población, el crecimiento de necesidades ocasionado por el efecto demostrativo de la generalización de las comunicaciones masivas a través de las cuales nuestros pueblos son movidos a desear lo que otros tienen, podemos imaginar a qué grado alcanzará la insatisfacción en el futuro.

 

2.2 Crecimiento de los aspirantes a la universidad y recursos universitarios escasos

 

El fenómeno anterior tiene repercusión en la demanda creciente por ingresar a la universidad.

 

El crecimiento de los otros sectores de la educación, las exigencias del proceso de industrialización creciente, la creciente estructuración funcional de la sociedad, etc. hacen que los ya deficientes recursos de la universidad sean cada vez menos capaces de satisfacer las necesidades planteadas. Lo cual, muchas veces se agrava por la ausencia de un uso eficiente de los recursos disponibles existentes, en razón de la carencia de una planificación universitaria.

 

2.3 El avance científico tecnológico

 

En nuestro siglo, y más especialmente en los últimos años, el ritmo de avance de la ciencia y la tecnología se acelera en los países de Europa y de América del Norte y se puede presumir que esa aceleración será creciente.

 

2.4 La universidad de América Latina y la ciencia y la tecnología

 

Si bien hacemos una distinción entre investigación científica y tecnológica y si intentamos generalizar, podemos afirmar que no existe ciencia en América Latina, o si se cree demasiado extrema la afirmación, apenas existe ciencia  en América latina. Tan claro queda, que su existencia si es que es real, es muy precaria en la universidad latinoamericana no hay un lugar institucional para la ciencia. Cuando existe es solamente el resultado de lo acumulado para otros usos, como instrumento para la formación tecnológico-profesional.

 

2.5 La ciencia y la tecnología como medios de satisfacción de las necesidades

 

Los países que poseen una ciencia y una tecnología desarrolladas, manifiestan una capacidad de satisfacción de las necesidades que permiten, muchas veces, ser denominados países con una cultura del confort o del bienestar.

 

No pensamos que todas las necesidades pueden ser satisfechas en la medida que exista la ciencia y la tecnología.

 

2.6  Aspectos artificiales de la tecnología de América Latina

 

Creo que no aparecerá excesivo el afirmar que en general en América Latina, cuando más adoptamos la ciencia que otros producen, pero no hacemos, no producimos ciencia. Por otro lado la tecnología cuando no es, como en el caso anterior, un producto de importación es la aplicación de la ciencia extranjera. Si observamos que muchas veces la tecnología no responde a las necesidades de nuestros países y que las importaciones o invenciones tecnológicas no responden a las necesidades tecnológicas de nuestros países, podemos decir que la tecnología de América latina es artificial, o mejor, inadecuada, porque no está proporcionada al avance de la ciencia en América Latina, ni de las exigencias sociales. Y para nadie es un misterio que uno de los sujetos responsables de la tecnología que poseemos en América Latina es la universidad.

 

2.7 Conciencia generalizada de los beneficios de la ciencia y la tecnología y creciente desigualdad en la participación.

 

La convicción de que la ciencia y la tecnología posibilitan la satisfacción de necesidades, no es convicción privativa de una élite. Cada día más y más, esa convicción se socializa y con ella la aspiración a participar en los beneficios que ellas aportan.

 

Junto al hecho anterior  podemos constatar el reducido número de hombres que pueden gozar de los beneficios de la ciencia y la tecnología. Ya miremos la desigualdad de participación en los beneficios entre las distintas clases sociales de nuestros países, ya miremos la creciente desigualdad entre  los diversos países, vemos un aumento creciente de los beneficios junto a una disminución del número proporcional de los beneficiados.

 

2.8 Aspiración de la ciencia y la tecnología y acceso a la universidad

 

La aspiración generalizada de obtener los beneficios de la ciencia y la tecnología se concretiza en la universidad, en razón de las funciones que ella considera propias y que la sociedad le atribuye. Si la universidad quiere satisfacer esa aspiración no le queda otro camino que estructurarse de tal manera que la ciencia pueda darse dentro de sí, por una parte, y por otra debe ser capaz de superar la situación de satélite de un sistema universitario foráneo, o cualquier otro modo de enajenación y, como consecuencia, ser agente de su propia política frente a la ciencia y la tecnología.

 

A las demandas de reforma de nuestra actual universidad latinoamericana mencionadas recién, hay que agregar aquellas otras demandas que surgen del creciente número de aspirantes, por una parte y, por otra, de las clases con menos poder en la sociedad que exigen tener una posibilidad de acceso igualitario a la universidad, lo que supone, cuando menos, que los estratos sociales de la sociedad se hallen representados proporcionalmente en la universidad, y no como acontece al presente que la universidad se estructura en sentido inverso a la estructura social, si consideramos al estudiantado. Y recalco que dije: por lo menos.

 

3. TECNOLOGÍA, CIENCIA, UNIVERSIDAD Y VALORES

 

3.1 Ciencia y valores

 

De lo dicho anteriormente creo que se desprende  claramente la imposibilidad de una concepción del desarrollo sin implicaciones ideológicas y, por otra parte, que la ideología está constituida de manera medular por valores. También espero que habrá  quedado claro que el desarrollo implica necesariamente como supuestos a la ciencia y la tecnología.

 

¿Pero no es acaso cierto, que la ciencia es  y debe ser objetiva, es decir, sin valores?  ¿Consecuentemente la universidad tendrá que erradicar de sí los valores para poder hacer ciencia? ¿ Y si el quehacer  central de la universidad (la ciencia), por una parte es avalorativo , como se puede coordinar con la responsabilidad de la universidad frente al desarrollo que implica juicios de valor?

 

a) El primer contacto con la ciencia y el desarrollo se refiere a la elección del tema de la investigación.

 

De hecho la elección del tema de investigación puede ser y generalmente lo es influenciada por los juicios de valor. ¿Afecta este contacto a la ciencia? ¿Deben eliminarse los juicios de valor en la elección del tema de investigación?

 

Digamos primeramente que la elección del tema es una actividad extracientífica, anterior al quehacer propiamente científico. Es un aspecto psíquico previo al quehacer metódico de la ciencia, y en ese sentido  queda excluido el peligro de distorsiones impuestas por los juicios de valor a la ciencia.

 

¿Pero en realidad, deben eliminarse de todos modos?

 

Si consideramos a la investigación científica como una función social, no podemos dejar de reconocer que la actividad del científico, como de cualquier otro ciudadano está enmarcada moralmente, éticamente y que científico no puede ni debe rehuir la ineludible responsabilidad social que el exige, como a cualquier otro, su actividad. Por eso podríamos decir que la calidad de un trabajo científico aumenta en la medida en que la elección del tema nos revela una decisión responsable. Suponer que cualquier tema es igualmente importante para la investigación científica manifiesta una manera irresponsable de entender la libertad del científico.

 

¿Deben eliminarse radicalmente los juicios prácticos de valor al formular teorías científicas? Karl Popper dice, creo con razón, que los juicios de valor no sólo resultan inevitables sino que son también absolutamente inocuos para el proceso ulterior del conocimiento científico. Esto es evidente si recordamos la diferencia existente entre los dos aspectos científicos, que tantas veces se han mezclado con peligro de errar, a saber: entre la lógica y la psicología de la investigación.

 

b) El problema de los valores como objeto de investigación

 

Nuevamente Dahrendorf nos hace reflexionar sobre las relaciones de la ciencia con los juicios de valor, en esta oportunidad en cuanto dichos juicios son objeto de investigación; nos dice que esta relación no puede ser considerada ni siquiera como una posible fuente de mixtificación inadmisible, pues si lo que es válido como norma se convierte en un objeto de investigación empírica pierde, en cuanto objeto su carácter normativo: es tratado como algo “siendo” no “valiendo”.

 

c) La desfiguración ideológica de la ciencia

 

Si bien en los pasos anteriores pudimos quedar tranquilos frente a la duda de una distorsión ideológica de la ciencia, ello no nos puede impedir observar que muchas veces se intenta presentar como axiomas o proposiciones científicas, lo que no son otra cosa que declaraciones valorativas, más allá de cualquier comprobación empírica. Esta desfiguración ideológica se suele realizar ya sea generalizando o absolutizando los supuestos o teorías científicas, ya sea presentando como proposiciones científicas declaraciones no susceptibles de contrastación empírica, es decir, meramente especulativas.

 

¿Cómo puede defenderse la ciencia de esta posibilidad de desfiguración ideológica. Se han señalado como instrumentos útiles el psicoanálisis y la sociología del conocimiento, también la declaración de los valores que han orientado al investigador en su actividad.; en realidad creo que fundamentalmente la ciencia dispone de un sistema de control que es la crítica intersubjetiva de los que se dedican a la ciencia. De ahí que sea necesario enfatizar la crítica y superar una mal entendida tolerancia en la ciencia.

 

Podríamos decir: ausencias de crítica es igual  a ideologización de la ciencia; en una palabra, mala ciencia o no ciencia.

 

Resumiendo lo anterior podríamos decir que la relación entre ciencia y juicios de valor, en muchos puntos no presenta problema alguno; y donde lo presenta la crítica intersubjetiva puede actuar como correctivo de la investigación. Una ciencia sin valores implícitos parece responder al ethos de la actividad científica a la ética de la ciencia.

 

Por otra parte, ante el problema de la función social del científico se nos hizo reflexionar sobre si su misión se debe agotar en la investigación de lo que es o si debe introducir juicios de valor en su actividad.

 

Creemos que el científico ha de ser algo más que un hombre que se dedica a la ciencia, puesto que lo que hace, escribe, enseña influye de modo especial en la sociedad. Creo que no puede absolverse al científico de las consecuencias de su acción sin más ni más. El científico debe protegerse de las consecuencias imprevistas de su acción y preservar la consistencia lógica de sus convicciones morales con sus acciones científicas. La obligación científica de ver la verdad de los hechos, escribe Max Weber, es distinta de la obligación práctica de intervenir  a favor de los propios ideales. Esto no quiere decir que el cumplimiento de una de ellas impida el cumplimiento de la otra.

 

Se trata de distinguir las dos obligaciones para que no se destruyan mutuamente; pero a la vez de no ignorar ninguna de las dos.

 

En el caso de América Latina, creo, es necesario llamar la atención acerca de los peligros de la confusión de la ciencia con los juicios de valor, y más necesario aún, me parece, respecto al desconocimiento de una de las dos responsabilidades y obligaciones recién mencionadas.

 

Resumiendo este segundo aspecto, podríamos repetir lo que dice Dahrendorf. La responsabilidad del sociólogo  (del científico agregamos nosotros) no acaba con el cumplimiento de las exigencias de su disciplina científica. Como responsabilidad moral se inicia posiblemente en el momento mismo en que ha concluido el proceso  del conocimiento científico con relación a un problema dado. Esta responsabilidad consiste en el examen constante de las consecuencias políticas y morales de la actividad científica. Nos obliga por ello también a mantener en nuestros escritos y en la cátedra nuestras concepciones valorativas.

 

Las lúcidas reflexiones del recién fallecido Oppenheimer, podrían corroborar lo antes dicho.

 

3.2 Los valores de la ciencia

 

Al considerar las reflexiones anteriores podría parecer que hay una neta  distinción entre ciencia y valores y que el científico, si bien actúa en relación a valores lo hace tomándolos como objetos o considerándolos al margen de la actividad científica estrictamente distinguida. Creo, sin embargo, que hay un ethos de la ciencia, un conjunto de valores implícitos que dirigen la actividad del científico, y que este considera, como dice Merton obligatorios no sólo porque son eficientes desde le punto de vista del procedimiento , sino porque los cree justos y buenos. Son prescripciones tanto morales como técnicas. Merton señala algunos valores comprendidos en el ethos de la ciencia, como por ejemplo:

 

a) el universalismo, basado en el carácter interpersonal, impersonal dice Merton, de la ciencia. Interpersonal por la exigencia de crítica intersubjetiva, impersonal por los criterios preestablecidos. Esta tendencia a la objetividad es contraria a todo particularismo

 

b) el comunismo, o comunitarismo diría yo, entendido en el sentido no técnico y amplio de propiedad común de los bienes, sería un segundo valor de la ciencia. Los resultados de la ciencia son producto de la colaboración social y están destinados a la comunidad. De ello surge el imperativo de la comunicación de los resultados y la exclusión del secreto.

 

c)  otro valor sería el desinterés, basado en el carácter público y contrastable de la ciencia. Es un tipo distintivo de control, dice Merton, de un amplio margen de  móviles. La manifestación práctica está en la comunicación científica ofrecida a la crítica  de los demás científicos.

 

d)  Finalmente, el escepticismo, es otro valor muy a menudo entrelazado con los otros anteriores. Es entendido como  la suspensión del juicio acerca de una proposición contrastable empíricamente, hasta que no haya sido sometida a la contrastación con los hechos, con la experiencia. Es evidentemente incompatible con toda aceptación no racional, no crítica del poder y la autoridad.

 

Parecería pues, si es verdad lo anterior, que la ciencia implica un conjunto de valores que obran como normas en la actividad científica. Creo por lo tanto que entre la afirmación de que la ciencia se constituye al margen de los valores y la otra, en el extremo opuesto, de que la ciencia siempre está distorsionada por valores, podemos afirmar de que la ciencia posee un conjunto limitado y conocido de valores que la constituyen y que la desfiguración ideológica comienza cuando se introducen en la ciencia otros valores que no sean los contenidos en ese conjunto limitado y conocido y que la subordinen.

 

Es una consecuencia natural de lo anterior, que si la universidad ha de tener por función la investigación y la docencia científicas, los valores anteriormente mencionados han de estar implicados en el ethos universitario. Pero antes de proyectar estas exigencias en la universidad, hagamos una breve reflexión  sobre lo siguiente.

 

3.3 Tecnología y valores

 

Esta reflexión será breve por cuanto este tema ha sido tocado  o será sin duda encarado en exposiciones anteriores o secuentes a la presente. Será breve además, por cuanto la relación o interacción entre ciencia y tecnología hace que muchas de las afirmaciones o reflexiones acerca de las relaciones entre ciencia y valores valgan análogamente, si no idénticamente para el caso de la tecnología.

 

En el caso de la tecnología  aparece claramente una actitud que implica una valoración que quizá está implícita en la ciencia: el afán de dominio sobre la naturaleza. Científicos y técnicos dirigen sus pasos hacia la naturaleza con el tácito o expreso propósito de utilizar semejante relación en cuanto medio  destinado a ejercer su voluntad de poder y dominio sobre ella. Esta raíz pragmática fundada en un voluntarismo  metafísico constituye lo que define y sostiene la posición del hombre contemporáneo frente a la naturaleza y se manifiesta en el intento de conocerla mejor, en el uso de este conocimiento para modificarla influyendo sobre ella, de tal modo que los entes se incardinen como útiles o instrumentos en el proyecto del hombre dominador.

 

Esta voluntad de dominio  sobre los entes incluye por el mismo dinamismo al hombre mismo, ya sea implicándolo como instrumento del mismo proceso científico-técnico, ya, lo que es mucho más importante, viendo en él un objeto-instrumento, borrando la realidad de sus ser personal, de su constitutivo esencial: la libertad.

 

No afirmamos que lo anterior sea una dirección inevitable, más bien expresamos la tendencia actual que puede observarse, aunque no exclusivamente, en el proceso, específicamente, tecnológico.

 

La tecnología ve instrumentos-útiles en los entes, capaces de ser vinculados por relaciones de funcionalidad, que implican los criterios, los valores de la eficiencia y economicidad.

 

En otras palabras, la tecnología busca al objeto-medio con el objetivo-fin. Esta relación por ser de medio a fin es relación de funcionalidad, y en cuanto implica la aplicación de la inteligencia es una racionalidad funcional. Así aparecen como valores el dominio y funcionalidad tecnológicas.

 

3.4  Instrumentalidad y ambigüedad de la ciencia y la tecnología

 

Lo considerado anteriormente nos muestra que la ciencia y la tecnología son instrumentos que el hombre dispone, por lo menos potencialmente, para conocer y dominar el universo. Recalcar el aspecto instrumental de la ciencia y la tecnología nos plantea necesariamente la radical ambigüedad de ambas  como de todo instrumento, y por lo tanto, la consecuente responsabilidad del uso de dichos instrumentos, responsabilidad que se ejerce en virtud de valores.

 

3.5 Ciencia, tecnología y universidad

 

La universidad por sus funciones específicas y también por requerimientos del desarrollo de la sociedad a la cual pertenece, debe promover la ciencia y la tecnología.

 

Promover la ciencia y la tecnología exige, de parte de la universidad que ésta se estructure de tal modo que ciencia y tecnología puedan cultivarse y tender a su perfección. Ello implica que la universidad acepte  como propios los valores de la ciencia y la tecnología.

 

Lo anterior trae consigo varias consecuencias para la estructura  y funcionamiento de la universidad. Ha de hacer posible que la universidad, la formación de equipos científicos y tecnológicos y la crítica intersubjetiva con criterios impersonales, ha de hacer posible la participación de los resultados y la exclusión de todo particularismo, sea institucionalizado (como sucede frecuentemente con el caso del catedrático) o de cualquier otro tipo.

 

Debe preservar su autonomía, para que la ciencia pueda desarrollarse sin desfiguraciones ideológicas y a salvo de las presiones de “autoridades” o “poderes” extracientíficos, especialmente frente al Estado, la Iglesia, los grupos económicos, los partidos políticos , las agencias de ayuda internacional.

 

Si se aceptan los valores de la ciencia y la tecnología, la universidad se deberá estructurar y funcionar de acuerdo a criterios de racionalidad funcional, lo que implica que acepta y practique la planificación de las actividades universitarias.

 

Junto con preservar su autonomía en la esfera que le corresponde, la universidad no debe olvidar que su función no acaba, de igual modo que en el caso del científico o tecnólogo, en el quehacer científico-tecnológico, dado que lo que hace, enseña o publica, tiene repercusión social y afecta de algún modo al bien común de la sociedad a la cual pertenece y de la cual no puede enajenarse, salvo rehuyendo responsabilidades esenciales.

 

La política universitaria frente a la ciencia, la tecnología y la formación de los universitarios y profesionales debe responder a ciertos valores que orienten el desarrollo íntegro del hombre y superar la radical ambigüedad de la ciencia y la tecnología. Debe superar, especialmente, la actual e insuficiente formación profesionalizante o tecnológica.

 

Esta orientación para que pueda ser coherente debe surgir de una coordinación de los valores de la ciencia y la tecnología con los valores fundamentales de la cultura de la sociedad a la cual pertenece, a través de un proceso permanente que fomente la constante elaboración de un bien común.

 

4. MULTIPLICIDAD, UNIDAD, UNIVERSIDAD Y DESARROLLO

 

4.1 Multiplicidad, desarrollo y universidad

 

Cuando hablamos de desarrollo refiriéndonos a una sociedad concreta, se nos aparece de inmediato y sin gran esfuerzo de análisis la realidad múltiple y compleja del fenómeno  sociocultural. Si no se cae en sectorizaciones abstractas, la realidad a desarrollar se nos aparece múltiple y compleja, una multiplicidad de elementos, estructuras y funciones que forman un sistema donde sus componentes se interactúan mutuamente. Desarrollar una realidad así exige un conocimiento, un diagnóstico de los elementos, de las relaciones y del todo que conforman. El diagnóstico de las necesidades y recursos de un sistema sociocultural requiere la armónica cooperación de múltiples disciplinas en una actividad interdisciplinaria, que posibilite el análisis acucioso de los componentes y la visión del fenómeno total, como la elaboración de un modelo de desarrollo capaz de esa complejidad, lo que supone un complejo de valores y normas.

 

Si a lo anterior se agrega que es el hombre  y no sólo la sociedad y la cultura lo que hay que desarrollar nos enfrentamos con la complejidad, múltiple y una de ese microcosmos que es el ser humano.

 

Si observamos a la ciencia y la tecnología veremos que en razón de su inclinación analítica cada día aumenta más el número de las especializaciones y cada día es menor el sector de conocimientos al cual puede abocarse el hombre con competencia. Lo mismo ocurre con la funcionalización de las actividades sociales, que al parecer influenciadas por la especialización de la ciencia y la técnica, también ellas se hacen cada vez más especiales requiriendo una formación más especializada.

 

4.2 Unidad, desarrollo y universidad

 

La necesidad de un diagnóstico total, tratándose de un sistema, ya sea la totalidad sociocultural, ya la totalidad del hombre, es cosa que parece superfluo entrar aquí a probar.

 

La necesidad de una visión coherente y prospectiva del todo, que permita la elaboración de un modelo referencial para el desarrollo de la persona, la sociedad y la cultura, aparece tan necesario como lo anterior.

 

Por otra parte ¿Qué responsabilidad social se puede exigir a un hombre que no pudiese ver la incidencia de su actividad en la totalidad del sistema que compone?

 

Las necesidades aparecen, a mi entender, con claridad. El problema es saber qué sujeto es capaz de satisfacer esa necesidad. Al recorrer las instituciones sociales vemos que la universidad es la única que reúne en sí el número de disciplinas y la posibilidad de cooperación entre ellas que permitiría satisfacer las necesidades mencionadas. Recalcamos que vemos a la universidad potencialmente capaz, no decimos actualmente capaz. Precisamente todas las reformas bien concebidas de la universidad tienen en común la pretensión de actualizar esas potencialidades de la universidad.

 

Se trata de que la universidad junto a las actuales especializaciones profesionales que hoy la componen, actualice sus potencialidades científicas, su capacidad de trabajo interdisciplinario, de una formación profesional, de acuerdo a las necesidades del desarrollo que conciba, ejercitando su función de coordinación cultural y, permita y fomente la formación de un hombre capaz de visiones de conjunto, de síntesis, no sólo de lo que “es”, sino de lo que “debe ser”, un hombre desarrollado armónicamente, en todas sus dimensiones en una sociedad y cultura desarrolladas también de manera armónica en todas sus dimensiones.

 

La posibilidad del desarrollo no la concibo sin una élite funcional orientada por valores fundamentales comunes; una élite que no es mero agregado de hombres, sino un equipo de multiplicidad funcional y de unidad mínima valorativa. No creo que esta élite exista en la sociedad  si no preexiste en la universidad o en otra institución que cumpla las funciones de aquélla, como consecuencia de la irresponsabilidad de la universidad.

 

5. INTEGRACIÓN, DESARROLLO Y UNIVERSIDAD

 

5.1 Desarrollo e integración

 

Constantemente hemos estado haciendo referencia a la necesidad de definiciones o juicios de valor a lo largo de esta exposición. Es ya momento que nos preguntemos si podemos, a pesar de la carencia de estudios socioantroplógicos suficientes en América Latina, afirmar que existe algún o algunos  valores que sean compartidos, si no por todos, por lo menos por una gran mayoría de latinoamericanos.

 

A pesar de lo riesgoso de toda generalización hecha sin la suficiente y metódica contrastación con los hechos, creo que se puede aventurar la afirmación de que en América Latina el desarrollo se concibe como integración , y que ésta se halla vinculada a cierta conciencia popular de autorrealización. esta conciencia, cuya intensidad no es uniforme, respecto a las distintas clases y países, se manifiesta a mi entender, en las pretensiones expresadas respecto a una mayor participación en las decisiones y por lo tanto en el poder y en los beneficios de la actividad social.

 

En cualquier diagnóstico o modelo de desarrollo creo que es inevitable reconocer que en el caso de América Latina, los recursos disponibles son escasos y que la actividad científica orientada a la satisfacción de dichas necesidades aparece como indispensable En esto, quizá, todos los que se preocupan del problema se hallarán de acuerdo.

Creo que también es evidente que el aumento de recursos disponibles no significa necesariamente una satisfacción de las necesidades de todos los miembros, ni de los más necesitados de una sociedad.

 

La integración debe tratar de satisfacer las necesidades humanas de todos como requisito de toda otra opción de libertad de nuestros hombres y sociedades.

 

La ciencia y la tecnología son, como instrumentos, ambiguas pueden liberar al hombre, sirviéndolo o pueden instrumentalizar al hombre enajenándolo. Para que esta instrumentalización no ocurra las relaciones humanas establecidas a través de las creaciones científico-tecnológicas deben estar inspiradas en una ética donde  el respeto a la libertad y solidaridad inspiren el uso de la ciencia y y la tecnología y de sus consecuencias en función del bien común.

 

El respeto a la libertad de cada hombre, trae como consecuencia el pluralismo, las exigencias de perfección de dichas libertades exige la solidaridad.

 

La aceptación de la libertad de cada uno y del pluralismo trae como consecuencia y manifestación a la tolerancia.

 

La tolerancia no es ilimitada, sino que está enmarcada necesariamente en el bien común. Este bien para que realmente sea común debe ser establecido a través de un debate permanente y libre, en donde se expresen todas las opiniones acerca de los valores que han de normar la vida social y del modo concreto de institucionalizar ese conjunto de valores. Es obvio que ese bien común debe tender a perfeccionarse, a posibilitar cada vez más el mayor rendimiento al esfuerzo tendiente a la satisfacción de las necesidades y al de la definición libre de cada cual.

 

El desarrollo es concebido así como integración de las actividades de racionalización funcional y de las relaciones humanas solidarias.

 

Sin entrar a analizarlos, queremos señalar que esta integración puede considerarse en tres niveles, no necesariamente exclusivos; el nacional, el latinoamericano y el universal.

 

5.2 Integración y universidad

 

También en el caso de la universidad el desarrollo lo concebimos como integración, como cruzamiento de las relaciones de funcionalidad racional con las orientaciones a la libertad y la tolerancia, al decir del Padre Vekemans.

 

El quehacer científico que es actividad universitaria, en la medida que respeta el ethos de la ciencia hace presente en la universidad y en la actividad universitaria los valores de la ciencia los cuales son coincidentes con la exigencia de la integración concebida democráticamente. Sería interesante, pero el tiempo no nos lo permite, analizar estas vinculaciones  de los ethos correspondientes a la integración así concebida democráticamente con los correspondientes a los de la ciencia y la universidad.

 

Así como en el caso anterior, la integración universitaria puede ser considerada a varios niveles.

 

a) en sí misma

 

Permitiendo la participación funcional de todos los universitarios en las decisiones que afectan a la universidad, sean del tipo que fueren. De manera especial se ha de considerar la democratización del poder universitario. Otro aspecto, y no pretendemos agotarlos, es el de la posibilitación de la existencia de comunidades y equipos de trabajo donde realmente se produzcan las interacciones funcionales y de solidaridad. Además podríamos anotar que esa integración debe alcanzar a las persona todas, creando las posibilidades de interacción personal (aquí, entre otras cosas, aparece el problema del volumen óptimo de una universidad y las posibilidades de contactos interfacultativos o interescolares  entre los alumnos y profesores).

 

Finalmente se ha de considerar la integración a nivel de las disciplinas, permitiendo que la universidad alcance la dimensión interdisciplinaria, tan necesaria para el desarrollo sociocultural.

 

b) con las universidades nacionales

 

Entendemos esta integración como la posibilidad de originalidad y distinción entre las diversas unidades universitarias de un país, junto con la posibilidad de establecer en igualdad de condiciones el bien común universitario al cual todas deben someter sus actividades particulares. Distinción y cooperación. Multiplicidad y unidad. Un equilibrio dinámico que, constantemente, requiere del esfuerzo solidario de las universidades.

 

c) con la sociedad nacional

 

Esa integración requiere de parte de la universidad y, como decíamos en otra parte de este trabajo, que por lo menos los estratos sociales estén representados en ella de manera proporcionada. Por otra parte, si bien la universidad goza de autonomía que ha de ser ardientemente defendida en la esfera que el es propia y que puede ser variable, también tiene como cualquier otra institución o persona, una obligación de solidaridad y de bien común.

 

El derecho a la autonomía cesa cuando no se cumple con la obligación de la solidaridad; son dos aspectos de una misma realidad. Ética y más aún ontológicamente están constituyendo una unidad indestructible. En cualquier hipótesis la solidaridad de la universidad con la sociedad debe manifestarse a través de sus funciones propias y fundada en la autonomía. Por eso la universidad necesita de la solidaridad y cooperación de las demás instituciones sociales, sean ellas políticas, económicas, religiosas, etc. y debe prestarle solidariamente su cooperación, pero a mi entender, no debe pertenecer a ninguna de ellas, porque por lo menos prácticamente, sino también abstractamente, si ello ocurre pierde su autonomía. La política universitaria, de una universidad que cumpla con los requisitos de solidaridad social no podrá ser nunca enajenada de las necesidades sociales y deberá manifestar la imaginación y creatividad que exigen la satisfacción de dichas necesidades. En la medida que la política universitaria se enajena de las necesidades sociales, la universidad pierde su derecho a la autonomía. Dado que el problema es establecer quién debe ser el juez, en dicho caso, para establecer la pérdida de dichos derechos; me atrevo a pensar que podría ser aquel organismo en que todas las universidades estuviesen representadas igualitariamente. En el caso que se cuestionara todo un sistema universitario nacional, el juez, a mi entender, debería ser un organismo internacional universitario, en el cual los organismos universitarios nacionales estuviesen representados igualitariamente junto al Estado del país cuyo sistema universitario se cuestiona. Lo anterior no sé si es el mejor camino de preservar la autonomía y solidaridad  de las universidades respecto a las sociedades nacionales, pero sí me parece un buen camino. Queda planteado al juicio crítico de ustedes.

 

d) con las universidades latinoamericanas

 

Para no alargar innecesariamente  este nivel lo concebimos análogamente al nivel de integración de la universidad con las universidades nacionales restantes.

 

e) con las universidades de todo el mundo

 

Esta integración se efectuaría a través del sistema universitario latinoamericano y conformaría una realidad animada del espíritu que anima la constitución de las Naciones Unidas. A modo de digresión, creo que por este camino se evitarían muchas de las discusiones para las universidades latinoamericanas causadas por la ayuda externa.

 

Las insinuaciones anteriores sólo quieren llamar la atención sobre dichos problemas.

 

5.3 La función integradora y orientadora exigida por el desarrollo a la universidad

 

Creo que las reflexiones anteriores dejan bien en claro que el desarrollo concebido como integración exige un esquema valorativo referencial en el cual se coordinen e integren los valores implícitos en la ciencia y la tecnología y los valores fundamentales de la libertad y la solidaridad. Ellos salvo los tecnológicos, están ausentes de la universidad latinoamericana, meramente profesionalizante, o según la fase, en el mejor de los casos recién emergentes.

 

En la medida que la universidad se constituya  de acuerdo al sistema valorativo referido, podrá  transformarse en un agente o modelo referencial al cual se orienta el desarrollo y la integración de América Latina y proporcionar la contribución que de ella esperamos a la integración sociocultural de nuestro continente. La universidad emerge así, al decir de Luis Scherz, cual un posible sistema referencial de la sociedad global y con la capacidad potencial para proporcionarle, a través de mecanismos de coordinación el ligamento valorativo integrador.

 

Así queda en claro, espero el papel que tiene la universidad en el conjunto de los agentes del desarrollo, en el proceso integrador que supone la sustitución de las estructuras socioculturales actuales para alcanzar el modelo configurado por el sistema valorativo referencial, al cual nos referimos.

 

6. INTELIGENCIA UNIVERSITARIA Y CONFLICTO

 

En la observación de la universidad latinoamericana podemos ver cómo se enfrentan dos sistemas valorativos. Por una parte el sistema de valores que constituye a la universidad profesionalizante y el sistema de valores de la nueva universidad inspirada en el sistema de valores que acabamos de considerar. Este enfrentamiento crea, como es obvio, un conflicto de valores, conflicto que es a la vez causa y efecto de los conflictos de la sociedad global.

 

Actualmente una minoría de universitarios, profesores y alumnos, tratan de realizar el modelo de la nueva universidad inspirada en el nuevo sistema valorativo conscientes de la necesidad y de le eficiencia de convertir a la universidad en un microcosmos social que sirva de referencia a la sociedad. Esa minoría que llamamos “inteligencia universitaria”, en cuanto es responsable y solidaria, imaginativa y creadora, activa y eficiente es el sujeto del inevitable conflicto que esa inteligencia concibe como una función social necesaria, exigida por el derecho a la libertad solidaria actualmente ausente de nuestro continente.

 

Pretender un desarrollo sin conflicto en una sociedad injusta, sería desarrollar la injusticia. Por eso somos e invitamos a ser universitarios en conflicto, unidos por la meta de una nueva universidad para América Latina.

 

 

 

NOTAS

 

1) Desarrollo y democracia, nº 6, 1965, Lima, >Perú, pp. 3 y ss.

 

2) J. L. Lebret. Dinámica concreta del desarrollo, Ed. Herder, Barcelona, 1966, pp. 24 y ss.

 

3) José Medina Echeverría, El papel de la universidad en el desarrollo económico, social y cultural de América Latina, San José, marzo de 1966, pp. 12 y ss.

 

4) Harry M.  Johnson, Sociología, Ed. Paidós, Bs. As., 1965, p. 645 y 646.

 

5) Juan L. Segundo. Ensayo de tipología política de América Latina, Instituto de Estudios Sociales, ORMEU, Año VII,  nº 34, agosto 1966, p. 27.

 

6) Ralf Dahrendorf. “Ciencia social y juicios de valor”, Conferencia ante la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sarre, 1957. Repasada y completada en 1960, Sociedad y libertad. Ed. Tecnos, Madrid, 1966, pp. 36 y ss.

 

7) Karl Popper, The open Society and its Enemies, Londres, 1952, tomo II, p. 260 y ss.

 

8) Ralf Dahrendorf, op. cit.

 

9) Ibid.

 

10) Max Weber, citado por Dahrendorf, op. cit.

 

11) Ralf Dahrendorf, op. cit.

 

12) Robert Merton, Teoría y estructuras sociales, Fondo de Cultura Económica, México, Buenos Aires, 1964, pp. 544 y ss.

 

13) bid.

 

14) Robert Merton, op. cit. p. 550

 

15) Ernesto Mayz Vallenilla. La universidad y la idea del hombre, Caracas, (versión a mimeógrafo, sin más datos).

 

16) Roger Vekeman, “La reforma y el ethos cultural”, Mensaje, nº especial 123, octubre 1963, p. 637 y ss.

 

17) Ibid.

 

18) Luis Scherz. “Las relaciones entre las universidades públicas y privadas en Latinoamérica”. Trabajo presentado al seminario sobre “La formación de élites en América Latina”, Montevideo, 6 al 12 de junio de 1965.

 

19) Luis Scherz. “Algunos aspectos disfuncionales de la ayuda internacional y el papel de la universidad en el cambio social de América Latina. (Trabajo presentado a la Mesa redonda “Educación y desarrollo” del VI Congreso mundial de Sociología, celebrado en Evian, Francia, del 4 al 11 de septiembre de 1966.

 

20) Luis Scherz. “Una nueva universidad para América Latina”, Boletín ORMEU, año VI, nº 32,diciembre de 1965, Santiago, Chile.

 

21) Luis Scherz. op. cit. en nota 19

 

 

UNIVERSIDAD Y DESARROLLO

Número Extraordinario

Ed. Corporación de Promoción Universitaria (CPU), Santiago, 1968.