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EL TRABAJO SOCIAL
¿TECNOLOGÍA?
APUNTES PARA UNA
REFLEXIÓN SISTEMÁTICA
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INTRODUCCIÓN
Las líneas que siguen dan cuenta
de un trabajo que estamos realizando con profesores de la
Escuela de Trabajo Social en el Taller experimental de
Tecnología Social. Cuando hablamos de trabajo social lo hacemos
al mismo tiempo en un sentido general y en otro específico.
Cuando hablamos de trabajo social nos referimos en general a
todas las tecnologías que tienen por objetivo modificar la
realidad social, así, por ejemplo: pedagogía, periodismo, etc.,
y también nos referimos específicamente a la disciplina y
profesión denominadas "Trabajo Social" cuyos antecedentes
históricos se denominaban "Asistencia Social" y "Visita Social".
Asimismo nos parece una buena
oportunidad para mostrar el servicio que pueden ofrecer los
profesores de metodología de la ciencia al colaborar en la
reflexión con quienes se dedican a una disciplina determinada.
Finalmente anotamos que hacemos
una especial y reiterada referencia a la Revista de Trabajo
Social de la Universidad Católica de Chile por cuanto es en
la Escuela de Trabajo Social de dicha Universidad donde por
convenio con el Instituto de Ciencia Política ejercitamos un
fecundo diálogo del cual éste y otros trabajos dan, en parte,
cuenta. No desconocemos que habría otras revistas que podrían
citarse con igual o mayor propiedad pero es comprensible que lo
más próximo sea objeto de referencia. Esta referencia a lo
próximo expresa un privilegio comprensible pero en ningún caso
un exclusivismo inexcusable.
Es en este contexto en que
nuestra intención y el trabajo mismo se harán inteligibles.
CAPITULO 1.
EL TRABAJO SOCIAL COMO DISCIPLINA
TECNOLÓGICA.
1.1. El Trabajo Social.
Con el fin de asegurar una mínima
acumulatividad y una secuencia a los lectores de RTS me
permitiré recordar algunas proposiciones hechas en los números
anteriores de esta Revista respecto al trabajo social.
Recuérdese además que esas
proposiciones, a su vez se fundaban, y de algún modo resumían,
los esfuerzos hechos en Chile durante un largo y complejo
período de la vida social, de la vida universitaria y de la
profesión.
Pilar Alvariño señalaba que el
Trabajo Social pasó "del cumplimiento de una función mas bien
asistencial, a una función orientada a capacitar y a organizar a
la comunidad para que asuma una posición participativa en la
transformación de la sociedad".
Mas adelante señala que la actividad social del trabajador
social consistiría en una nueva concepción del Trabajo Social,
en "actuar ahora con todos los beneficiarios, adscritos o
potenciales del sistema, capacitando y motivando su
incorporación a la toma de decisiones que repercuten
directamente en el enfoque y calidad de los servicios que se les
ofrecen"
.
En el número anterior de la misma
Revista,
en parte del documento básico de la reestructuración de la
Escuela de Trabajo Social de la Universidad Católica de Chile,
se señala
que "el Trabajo Social podría clasificarse como una tecnología".
Mas adelante tratando de especificar esta afirmación se dice que
"enfrenta y modifica situaciones sociales, enfocándolas como un
todo".
Se podrían seleccionar de los
mismos artículos citados otros párrafos, pero para nuestros
objetivos bastan los señalados.
Estos esfuerzos de dilucidación
manifiestan el dinamismo de una disciplina y la responsabilidad
de los profesionales que la ejercitan. Sin duda, estos y otros
intentos que podrían mencionarse están dando frutos apreciables
para la vida social.
Teniendo en cuenta todo lo
afirmado, es conveniente señalar la necesidad de seguir en esa
línea de indagaciones y reflexiones, pues a pesar de los aportes
lúcidos realizados hasta el presente, aun parecen no estar lo
suficientemente claros cuales sean los objetos, objetivos y
procedimientos dei Trabajo Social en el presente. El lo no es
característica exclusiva de esta disciplina y de la profesión
que de ella se hace. Mas aun, es buena señal que ello ocurra
pues manifiesta una sensibilidad y dinámica que permite evitar
los anacronismos disciplinarios y profesionales y readecuar las
actividades humanas a las situaciones aceleradamente cambiantes
de nuestra sociocultura.
1. 2. El Trabajo Social como
disciplina tecnológica.
Es claro que es empresa riesgosa
reflexionar sobre un objeto sobre el cual se tiene conocimiento
imperfecto y que por consecuencia es difícil de problematizar
dilucidadamente. Correr ese riesgo es, sin embargo, inevitable
si no se quiere abandonar la empresa de pensar. Así, pues, lo
que sigue es mas bien la búsqueda de caminos, mas que un camino.
Dentro de esos límites, sin
embargo, es posible ir señalando con cierta seguridad algunos
aspectos:
1).
El
Trabajo Social es una disciplina.
El primero de ellos es que el
trabajo social es o por lo menos aspira a ser una disciplina, o
en otras palabras, un rigor institucionalizado.
En un trabajo anterior
intentamos explicar que entendíamos por disciplina y por que la
hacíamos sinónimo de rigor institucionalizado, y decíamos que lo
considerábamos rigor por ser un ejercicio metódico pleno.
Asimismo en la medida que el rigor se transformaba en la norma
conductual de un grupo, decíamos que era institucionalizado.
El método lo veíamos como una
manera racional de proceder respecto de los fines, los medios y
a las relaciones entre medios y fines.
Así, de lo dicho se desprende que
cuando decimos que el Trabajo Social es una disciplina, o que
intenta serlo, estamos aludiendo a que pretende proceder de
manera racional, metódicamente y hacerlo de manera plena, y, por
otra parte, pretende que esta manera de proceder sea una norma
de conducta compartida por quienes se dedican al Trabajo Social.
2).
El Trabajo Social es una disciplina social.
El segundo aspecto es el que esta
disciplina tiene por objeto "lo social". Este término "social"
esta insuficientemente dilucidado respecto a su contenido
conceptual. Así, por ejemplo, el término, a veces, alude a la
"comunidad”,
o a "todos los beneficiarios, adscritos y potenciales del
sistema";
otras veces, el "ámbito de acción" va de la política a la
administración y de allí a la comunidad";
o es una actividad que "se da fundamentalmente a nivel de las
personas y los grupos, si bien es cierto no podrá desentenderse
de la acción a nivel de la estructura social".
Se podría aumentar el número de las citas pero probablemente
llegaríamos - de todos modos - a decir que "tiene un campo de
acción muy amplio al igual que la gama de sus funciones, siendo
por lo tanto, difícil lograr una delimitación precisa".
Hay nos parece un indicio que
permitiría encontrar una vía de mayor especificación cuando se
dice que "enfrenta y modifica situaciones sociales enfocándolas
como un todo".
Las expresiones "situación
social" y "como un todo" parecen ofrecer un buen campo para el
análisis reflexivo que se orienta a delimitar el objeto de la
disciplina, pues por una parte se alude a una categoría
abstracta que permite clasificar a los grupos y personas en
cuanto miembros de grupo y por otro se enfatiza un modo de
enfocar esas entidades como totalidades, lo que por consecuencia
exige una comprensión compleja. Reiteramos que sólo es un
indicio que se nos aparece fecundo intuitivamente pero es eso y
nada más. Sólo mayor reflexión nos permitiría saber si
efectivamente lo es.
Lo que sí queda claro es la
necesidad de dilucidar el objeto sobre el cual se quiere influir
y el aspecto bajo el cual se quiere influir sobre él. El intento
de elevar el nivel de racionalidad de una actividad no permite
cejar en ese intento por difícil que aparezca y aquí, sin duda,
hay un problema relevante y ciertamente complejo para quienes
reflexionan sobre la disciplina y la profesión.
3). El Trabajo Social
como disciplina tecnológica.
Las reflexiones que aquí haremos
están fundadas en un trabajo publicado en un número anterior de
la Revista de Trabajo Social,
por lo tanto la aclaración o profundización de las proposiciones
que aquí haremos pueden buscarse en él.
El primer punto a subrayar es que
el Trabajo Social "enfrenta y modifica situaciones sociales".
El objetivo de la actividad es modificar la realidad social y
por lo tanto, se le puede aplicar todo lo que decimos respecto a
las actividades orientadas al hacer.
Pero ese objetivo modificatorio quiere obtenerse de manera
eficiente, lo que exige que la acción sea racional, mas aún,
disciplinada.
En otras palabras, no basta una práctica modificatoria que se
desarrolle por tanteos, por ensayos de acierto y error, sino que
se exige procedimientos no sólo eficaces sino eficientes,
es decir, debe ser una actividad técnica.
Pero la tendencia por
racionalizar las actividades hace que se intente no sólo saber
cómo proceder de manera racional, de manera técnica, sino que
seamos impulsados a saber por qué ese modo de proceder es
eficiente. No nos basta ser eficientes, requerimos explicarnos
la eficiencia.
Por otra parte, la rapidez de los
cambios de la realidad social hacen necesario de manera
constante variar las técnicas; asimismo la acumulación
progresiva de distintas técnicas requiere de criterios para
elegir aquellas adecuadas a cada situación y propósito. En fin,
estas y otras razones que podrían aducirse nos manifiestan los
motivos subyacentes a esa búsqueda, que permita explicarse la
eficiencia de los procedimientos técnicos que se requieren para
la modificación de la realidad social. En otras palabras, nos
darán razón de por qué el Trabajo Social se plantea la necesidad
de erigirse en disciplina tecnológica. La necesidad de asegurar
la eficiencia nos lleva a considerar el Trabajo Social como
tecnología.
Hacer del Trabajo Social una
actividad no sólo práctica, ni aun sólo técnica, sino
tecnológica, plantea el requerimiento de construir un
conocimiento tecnológico. Este conocimiento será una resultante
de aplicar el método científico a los problemas prácticos que se
plantean en el "enfrentamiento y modificación" de la realidad
social.
La aplicación del método de la
ciencia a los mencionados problemas generará teorías tecnológica
reglas fundadas y datos que serán a la vez culminación de una
etapa y punto de partida de otra en un proceso que siempre será
inacabado, haciendo patente la necesidad permanente de la
investigación. Esta necesidad se hace más evidente si se tiene
en cuenta que las hipótesis contrastadas y los datos precisos no
son suficientes para asegurar el éxito pleno de una acción,
pues, en toda acción intervienen otras muchas variables.
Cabría preguntarse si estas
reflexiones no podrían ser calificadas de especulaciones
alejadas de la realidad del Trabajo Social.
Creemos que nuestras reflexiones
no son simplemente aplicaciones deductivas, coherentes en el
mejor de los casos, pero no atingentes a la realidad del Trabajo
Social.
Nos parece interesante señalar
que esfuerzos como los planteados, por ejemplo, en el trabajo de
Pilar Alvariño, ya citado
sobre "El proyecto como modelo de acción social", nos
manifiestan la tendencia a construir un conocimiento
tecnológico, puesto que se orienta a la construcción de modelos
que son el instrumento articulatorio entre la ciencia y la
técnica.
El intento que mencionamos se
ubica en el nivel de la operación en un complejo caracterizado
por la política socialel sistema burocrático, la comunidad; y
como tal proporciona acumulaciones para la construcción de
teorías tecnológicas operativas.
Asimismo, la Escuela de Trabajo
Social de la Universidad Católica de Chile, en su documento de
reestructuración, clasifica su quehacer como tecnología,
explicitando cuál es la referencia conceptual del término.
De lo dicho puede verse que las
reflexiones también responden a la dinámica concreta, aquí y
ahora, de la disciplina y la profesión.
Así, pues, puede afirmarse la
necesidad y la existencia de una búsqueda por constituir el
Trabajo Social como tecnología. Esta búsqueda está llevando a
pensar en modelos, que son los instrumentos generadores de
conocimiento tecnológico al articular la ciencia y la técnica
con propósito de modificar la realidad social.
En este trabajo no pretendemos
analizar los logros de esta búsqueda sino hacerla patente y
además recalcar la importancia que ella tiene para el futuro
disciplinario y profesional del Trabajo Social.
CAPÍTULO II.
EL TRABAJADOR SOCIAL
Cuando hablamos del Trabajador
Social empleamos una categoría profesional que abarca una
multiplicidad de individuos que actúan de diversas maneras.
Una observación, no metódica pero
atenta, nos permite ver que diversos individuos, todos ellos
trabajadores sociales, actúan de modos muy diversos. En algunos
casos podemos observar ciertos comportamientos profesionales que
se caracterizan por ser un tanteo, un ensayo por aciertos y
errores y que nos hace ver al trabajador social como un
“práctico" eficaz, pero no siempre eficiente.
Creemos que este es un efecto
retardado de ciertas etapas del desarrollo del Trabajo Social
como profesión y de manera especial de ciertas etapas de la
historia del desarrollo de las Escuelas de Trabajo Social.
Ciertos profesionales por diversas causas han quedado fijados en
pautas de comportamiento típicos de una etapa de dicho
desarrollo. Este hecho ha ocasionado la necesidad de cursos de
"reciclaje".
Otros trabajadores sociales
actúan con una más evidente racionalidad y sus comportamientos
tienen las características de las conductas propiamente
técnicas.
El avance en las técnicas sociales ha hecho también necesarios
cursos de perfeccionamiento.
En otros casos el Trabajador
Social, por diferentes motivos, se comporta de manera semejante
al científico social.
Hay casos también en que el
comportamiento del trabajador social aparece casi idéntico al de
un activista político.
Sabemos que hemos hecho una
esquematización que no es, ni pretende ser, exhaustiva de los
diversos modos de comportamiento de los trabajadores sociales.
Su intención es mostrar que hay una pluralidad de estilos de
trabajo y que no es fácil encontrar un comportamiento uniforme
ni característico del trabajador social.
Sin duda ninguna el
perfeccionamiento de la disciplina y el desarrollo de las
Escuelas de Trabajo Social harán que decrezca esta dispersión de
comportamientos. De todos modos es necesario tener en cuenta que
esta diversidad de comportamientos corresponde a una diversidad
de causas y circunstancias.
Muchas veces el trabajador social
ha tenido que enfrentarse a la realidad social con una formación
que consideraba enfáticamente aspectos éticos de la vida social
pero que no proporcionaba instrumental técnico. Otras veces el
trabajador social recibió conocimientos técnicos abstractos,
pero careció de la posibilidad de desarrollar habilidades
técnicas. En otras ocasiones observamos trabajadores sociales
que recibieron una formación técnica también a nivel de
habilidades pero que correspondía a técnicas sociales que quizá
ya eran relativamente anacrónicas en el momento de ser enseñadas
y por lo tanto de poca utilidad para cuando tuvo que enfrentarse
con la realidad. En otros casos, la formación técnica fue
adecuada, en cuanto a conocimientos, habilidades de técnicas
vigentes y útiles pero restringida a cierto tipo de funciones
que desarrolla el trabajador social y que muchas veces no
corresponden a la función que de hecho tal trabajador social
tiene que realizar.
Las razones explicativas de estas
situaciones son múltiples. Lo que interesa destacar es que en
todos estos casos por diversos que sean, el trabajador social, a
pesar de haber realizado esfuerzos - a veces extraordinarios -
se encuentra en la imposibilidad de enfrentarse técnicamente con
la realidad y por consecuencia no le queda mas alternativa que
enfrentarse prácticamente, aunque no sea su deseo y aunque
comprenda lo inadecuado de un enfrentamiento práctico, que lo
obliga al tanteo. Esta situación es dramática pues en muchas
ocasiones - quizá las más de las veces - el trabajador social
siente la necesidad de capacitarse técnicamente pero por
diversas causas no tiene oportunidades.
Me cuido, pues muy bien de tener
una mirada displicente para quienes así trabajan; por el
contrario, creo que son dignos de aprecio por su constante
esfuerzo y merecedores de tener mas oportunidades de
perfeccionamiento de las que suelen tener. Hay quizá algunos
trabajadores sociales que sí son un verdadero freno para la
disciplina y la profesión y son aquellos que postulan implícita
o explícitamente una concepción que denominaré "practicista" y
que consiste en despreciar la teoría y la técnica y en afirmar
que la "práctica" es lo único que vale y sirve. En la mayoría de
los casos, esta postura encubre una manifiesta ignorancia
respecto a la función de la teoría o, lo que es peor, se trata
de una racionalización de personas intelectualmente perezosas.
Si a la anterior se agrega que
por una parte es fundado presumir que el proceso de cambios en
la sociedad se acelerará y requerirá de continuas adaptaciones
del comportamiento del trabajador social y por otra parte se
aumentarán y diversificarán las técnicas disponibles para
influir en la vida social, aparece claro que aumenta la
posibilidad de que el trabajador social se vea reducido a
enfrentamientos prácticos.
Así pues el trabajador social,
para poder ser eficiente en esta situación, requiere ser capaz
de asimilar rápidamente nuevas técnicas, ser capaz de
discriminar entre técnicas de desigual eficiencia, estar
capacitado para elegir entre diversas técnicas de acuerdo al
problema de que se trate, ylo que es mas importante - estar
preparado para poder usar las acumulaciones de las diversas
ciencias. Lo anterior no parece factible si el trabajador social
no logra proceder como tecnólogo.
Si se quiere que el trabajador
social no actúe con un enfrentamiento práctico, de ensayo, si se
necesita que actúe técnicamente y más aún que pueda tener
capacidad de trascender las técnicas para elegir entre ellas las
mas eficaces de acuerdo a los requerimientos de la acción en un
medio social en cambio, a veces acelerado, si se requiere que
pueda apropiarse de las nuevas técnicas sociales que se generan,
si todo eso se quiere, es necesario como decíamos - que
trascienda la técnica y proceda como tecnólogo.
Pero trascender un determinado
tipo de comportamiento requiere de un análisis del
comportamiento que debe ser trascendido, de los comportamientos
que se postulan trascendentes y de los mecanismos que hacen
posible pasar de un tipo de comportamiento a otro.
Por economía hablamos de
comportamientos técnicos, suponiendo que ello comunica
adecuadamente lo que pensamos. Sin embargo, la polisemia de
ciertos términos muy usuales producen equívocos que es necesario
evitar. Por eso trataremos de explicitar el referente conceptual
al que aludimos cuando usamos la palabra técnico. Además
de una dilucidación del lenguaje, obtendremos una descripción
que nos proporcionara una referencia, al estilo de un "tipo -
ideal" weberiano, que nos permita tipificar los diversos
comportamientos observables en la actividad de los trabajadores
sociales en terreno.
Dejando ya de lado un proceder
meramente "práctico", nos concentraremos en las conductas
técnicas de los trabajadores sociales, no desconociendo que en
el ejercicio profesional muchas veces y por distintos motivos,
se entremezclan conductas prácticas y técnicas.
Cuando calificamos de técnica a
una conducta aludimos a cierto tipo de procedimiento regulado,
es decir, que obedece a cierta regla. Vemos que el individuo
realiza "un número finito de actos en un orden dado y con un
objetivo también dado".
En general a un proceder se lo califica de técnico cuando
obedece a un conjunto coherente de reglas de procedimiento que
conducen a un fin previamente determinado.
Cuando observamos a un técnico,
lo vemos utilizar técnicas con dos fines o, si se quiere, con
dos objetivos fundamentales: para conocer o para hacer. Pero en
general el técnico aplica reglas cuyo fundamento ignora.
Manipula la realidaden nuestro caso, la realidad social - y
si sus técnicas son adecuadas, modificará eficientemente la
realidad, y fundadamente concluiremos que sabe como hacer las
cosas. Cuando evaluamos una acción técnica, medimos la adecuada
aplicación que el técnico hace de la regla o conjunto de reglas.
A menudo observamos que el
ejercicio reiterado de una técnica hace que el profesional logre
elevados niveles de eficiencia en su proceder. Pero también,
junto a las anteriores observaciones, podemos constatar que el
ejercicio reiterado conlleva a una estereotipia en la acción a
una rigidez en el actuar. Por una parte el técnico llega a
niveles óptimos de eficiencia en su tarea, pero al precio de
restringirse a la técnica que usa.
Este fenómeno, sin duda, es común
a todos los procesos de especialización. Creo que era Ortega y
Gasset quien decía, que por la vía de la especialización el
hombre terminaba sabiendo muchísimo de casi nada.
El aceleramiento de los cambios
sociales y el más rápido aparecimiento de nuevas técnicas
plantea una situación muy crítica para el técnico social. Es así
como observamos que este técnico - y en otras actividades sucede
lo mismo - como consecuencia de la especialización de sus
conductas en el ejercicio de una técnica, queda cristalizado en
procedimientos que, frente a los cambios sociales y técnicos,
aparecen rápidamente anacrónicos. Dado que el técnico sabe como
manipular eficientemente la realidad pero ignora los fundamentos
que dan razón de esa eficiencia, se encuentra con las
alternativas de mantenerse en el mercado de trabajo operando con
técnicas anacrónicas, de quedar fuera del mercado, de operar
como “práctico", o finalmente de adquirir nuevas técnicas.
Suponiendo que la única
alternativa aceptable sea la última, nos encontramos con nuevos
problemas.
Por una parte, el técnico tratará
de capacitarse para operar con otro conjunto de reglas.
Normalmente tendrá que elegir entre diversas alternativas frente
a las cuales, por su formación técnica, no tendrá criterios
racionales que le permitan elegir entre diversas técnicas. Sin
duda, la experiencia acumulada y una buena intuición le
permitirán, de manera relativamente azarosa, decidir que nueva
técnica aprender.
Dado que la mayor parte de las
técnicas nuevas que usamos se originan y desarrollan en culturas
ajenas y, a veces, muy distintas a la cultura del técnico en
cuestión, la "moda técnica" del país donde se origina la técnica
tendrá una gran influencia en la decisión, y las técnicas
locales existentes en su propia cultura serán descartadas, a
veces, sin consideración aunque pudiesen ser las más adecuadas
si se las considerase.
De todos modos el técnico
adquirirá una técnica nueva hoy y aquí pero anacrónica quizá ya
hoy en el país donde se originó y sin duda en un mañana no tan
lejano aquí también.
Por otra parte sucede, a
vecesy desgraciadamente no con poca frecuencia en técnica
social - que, dada la situación de dependencia que se ha creado
entre el hombre y la técnica que usa, el profesional
frecuentemente, aunque de modo inconsciente, querrá reducir
forzadamente los problemas a dimensiones que sean manipulables
con las técnicas de que dispone, y así lo que debería ser un
instrumento eficiente se transforma en origen de una conducta
ineficiente por no atender a la realidad sino a una arbitraria
reducción de la realidad.
Por otra vía podemos comprobar
que el técnico, en cuanto sujeto que opera con reglas eficaces,
se transforma en profesional ineficiente por ser su conocimiento
un conocimiento reducido al "cómo" operar.
Frente a diversas técnicas o a
nuevas técnicas es necesario; compararlas con el criterio de la
eficiencia.
Habitualmente se confunde la eficacia de una técnica con la
eficiencia. En realidad todas las técnicas son eficaces, pero
que sean eficientes es otro asunto. Una técnica hoy aquí
eficiente puede dejar de serlo allá o mañana. Una técnica es
eficiente mientras no haya otro procedimiento regulado para
obtener el mismo objetivo, en el menor tiempo, con eI menor
costo y de manera óptima.
A veces la convicción de la
eficiencia de la técnica que se usa es función de la ignorancia
de las demás técnicas.
Pero aun en el caso ideal de un
técnico óptimamente informado de todas las técnicas existentes,
el problema de la elección no podría solucionarse con esa nueva
información. Juzgar de las técnicas es una acción metatécnica,
por cuanto trasciende el nivel de la técnica y tiene a la
técnica como objeto.
Los técnicos suelen diferenciarse
respecto del conocimiento que poseen de las técnicas.
Un primer grupo es el que sólo
conoce las técnicas que usa y, por lo tanto, no puede afirmar
otra cosa que la eficiencia de sus técnicas. No puede afirmar la
eficiencia, por cuanto ello significa poder hacer un juicio
comparativo entre todas las técnicas pertinentes conocidas,
analizándolas desde el punto de vista de su capacidad para
obtener de manera óptima un objetivo, en el menor tiempo y con
el menor costo.
Un segundo grupo es el que,
conociendo el conjunto de técnicas disponibles adecuadas al
objetivo, puede compararlas con el criterio de la eficiencia y
jerarquizarlas de acuerdo a él. Este nivel sólo requiere saber
cuáles son los tiempos, costos, y grado de logro del objetivo.
Una técnica está en función de la
eficiencia en obtener un objetivo. El objetivo se da en una
situación espacio-temporal; es una modificación a producir en
una situación concreta y por lo tanto esa situación debe tenerse
en cuenta para elegir la técnica.
Así pues, la eficiencia de una
técnica sólo puede afirmarse fundadamente teniendo en cuenta la
situación concreta. Una manera adecuada de comparar varias
técnicas es dejar constante la situación concreta que sirve de
referencia y aplicarles el criterio de eficiencia. El juicio que
se siga sólo es válido en la medida que permanezca constante la
situación.
Cuando distintas técnicas son
aplicadas a situaciones distintas no son comparables si no se
introduce la variable de situación además de las de tiempo,
costo y logro del objetivo.
Uno de los errores que a veces se
cometen consiste en aplicar técnicas eficaces en una situación a
otra situación distinta y por supuesto suele observarse que la
técnica supuestamente eficiente es ineficiente.
Suele suceder también que,
habiéndose operado con una técnica eficiente en una situación,
se la use en otra situación y no se evalúen los resultados de su
aplicación por cuanto se la sabe eficiente.
Este pensamiento simplista
implica considerar que hay un sólo tipo de situación, ignorar
que las situaciones son distintas y no darse cuenta que la
situación es una variable que incide en un análisis de la
eficiencia de la técnica. Es un “fideísmo técnico" y es otra
forma de reduccionismo arbitrario.
El máximo aprovechamiento posible
de una técnica equivaldría a saber todas las situaciones
posibles en que una técnica puede ser aplicada haciendo
eficiente la acción. Pero un técnico no tiene este conocimiento.
En el mejor de los casos sabe proceder reguladamente en cierto
número de situaciones predefinidas. Si la situación que se le
presenta no está dentro de las predefinidas no puede actuar
técnicamente. A lo más extrapolará a esta nueva situación
técnicas que ha usado en otras situaciones, o procederá de modo
"práctico” por ensayos, o, en el caso de ser prudentes se
declarara incompetente.
Y precisamente el máximo
aprovechamiento del conocimiento técnico nos lleva a
preguntarnos acerca de cómo saber el universo posible de
situaciones en las cuales es posible usar eficientemente los
procedimientos técnicos.
Una primera respuesta a esta
pregunta suele consistir en señalar que el éxito repetido de
aplicación de una regla es el modo de saber cómo puede ser
aprovechada. Sin embargo, se hace patente que muchas reglas no
funcionan en algunas situaciones aparentemente iguales y ello
conduce a una perplejidad frente a su eficiencia. Se requiere
poder saber que la regla, o conjunto de reglas, operará
eficientemente siempre en determinadas circunstancias; de lo
contrario, caeríamos en una situación azarosa no aceptable para
operaciones concretas que deben ser eficaces.
Así pues, el mero criterio de
éxito no es suficiente para afirmar racionalmente !a eficiencia
de una regla o de una técnica.
La segunda respuesta es la que
afirma que la manera racional de afirmar la eficiencia y el
universo de eficiencia de un procedimiento técnico es fundar las
reglas o conjunto de ellas en leyes científicas.
No olvidándonos que la
preocupación que origina tanto la primera como esta segunda
respuesta es maximizar el aprovechamiento del conocimiento
técnico, que lo que se busca es poder afirmar con probabilidad
aceptable que - dada una determinada situación - una técnica
determinada será eficiente para obtener un objetivo predefinido,
podemos comprender el sentido de esta segunda respuesta.
Por una parte tenemos una técnica
que se expresa en enunciados pragmáticos que indican una
operación regulada en el sentido que ya le atribuimos. Por
el lado de la técnica tenemos una constancia expresada por el
enunciado pragmático. Pero por el lado de la situación real a la
que hay que aplicar la regla o la técnica, ¿es posible
establecer constancias que permitan construir una ecuación entre
la realidad y la operación técnica que aseguren que esta última
será eficiente?
Precisamente las leyes, o más
precisamente los enunciados nomológicos, son los que nos
permiten dar una respuesta a esa pregunta, por cuanto afirman
relaciones constantes entre variables; o en otras palabras, dan
cuenta de esquemas objetivos, de estructuras de la realidad. Las
leyes nos permiten saber lo que ocurrirá o puede ocurrir y por
lo tanto, nos permiten saber cual es el tipo de influencia que
deberíamos realizar si quisiésemos obtener un efecto que no
ocurriría según el curso normal de un determinado proceso
natural o social.
Sabiendo cual es el tipo de
influencia requerido, podemos elegir entre los procedimientos
técnicos disponibles, seleccionando aquel que sea mas eficiente,
es decir, que nos permita influir en modificar la realidad a
través de una operación que nos exige el menor tiempo, el menor
costo, para obtener de manera óptima el objetivo.
Así, a través de este
procedimiento, hemos fundado las reglas de operación en leyes
científicas. De la articulación de los enunciados pragmáticos
(enunciados de reglas) y de los enunciados nomológicos
(enunciados de leyes) hemos obtenido un enunciado pragmático
fundado en conocimiento científico, es decir, un enunciado
nomopragmático (enunciado de una regla tecnológica).
Así el trabajador social,
conociendo la constancia entre variables que dan cuenta de
propiedades del proceso u objeto social sobre el que quiere
influir, se hace capaz de usar técnicas distintas, equivalentes
o análogas en cuanto a su eficiencia, respecto de una misma
situación, y también se hace capaz de poder usar una misma
técnica eficiente para situaciones distintas en determinados
aspectos pero iguales en cuanto a su estructura, es decir, en
cuanto a la relación entre las variables que expresan iguales
propiedades.
De este modo el técnico, al
transformarse en tecnólogo, se libera de la estereotipia
obligada y supera los reduccionismos arbitrarios a los cuales
aludíamos.
CAPITULO III.
LA ENSEÑANZA-APRENDIZAJE DEL
TRABAJADOR SOCIAL.
Si es necesario que el trabajador
social proceda como tecnólogo, surge inmediatamente la pregunta
de cómo obtener ese tipo de comportamiento. Esta pregunta nos
remite a los procesos de enseñanza-aprendizaje, pues a través de
ellos como se logra que las personas actúen de modo habitual de
acuerdo a determinadas pautas de conducta.
No se nos oculta que si los
objetivos, objetos y procedimientos del trabajador social no
están claros, es difícil describir el rol del trabajador social
y ello tiene importancia pues dicho rol es la referencia para
elaborar las correspondientes currícula y evaluarlos. Pero si
bien lo que acabamos de decir es cierto, no deja también de ser
cierto - como tratamos de mostrarlo en el capítulo I - que hay
algunos aspectos claros que nos permiten iluminar el problema de
la enseñanza-aprendizaje del trabajador social.
Si nuestras apreciaciones del
capítulo II son adecuadas, estaría claro que el trabajador
social debería ser capaz de comportarse como tecnólogo, de lo
cual se sigue que el proceso de enseñanza-aprendizaje debería
orientarse a obtener dicho tipo de comportamiento.
Este punto se hace evidente si el
trabajador social se forma en una universidad que sea tal, pues
en ese caso, el comportamiento debe ser el de un universitario
que se dedica al trabajo social, y por lo tanto le es inherente
ser capaz no sólo saber cómo actuar en la realidad social sino
también ser capaz de dar fundamento racional a su acción.
Hay aspectos comunes a todo
proceso de enseñanza-aprendizaje tecnológico, de los cuales
participa un enfoque tecnológico del trabajo social.
Estos aspectos comunes operan
como criterios para la elaboración de cualquier curriculum que
pretenda obtener comportamientos tecnológicos. Nos parece de
primera importancia el poder dilucidar los criterios que
permitan afirmar que un determinado proceso de
enseñanza-aprendizaje asegura obtener comportamientos
tecnológicos.
Sin duda alguna un proceso de
enseñanza-aprendizaje que tiene por objetivo lograr
comportamientos tecnológicos del sujeto que está sometido a
dicho proceso exige obtener del sujeto un comportamiento
racional habitual lo más pleno posible, es decir, un
comportamiento riguroso. Como es obvio, si el objetivo es el
rigor, o si se quiere el ejercicio habitual pleno del método,
dicho proceso debe ser él mismo riguroso.
Se desprende de lo anterior que
la racionalidad y metodicidad son requisitos de la estructura
del curriculum respecto a sus contenidos y procedimientos.
Dentro del conjunto de posibles
procedimientos racionales, interesa, cuando deseamos
comportamientos tecnológicos, enfatizar aquel procedimiento
racional que es el método general de la ciencia, por cuanto el
tecnólogo tiene que habérselas no sólo con ideas sino también
con los hechos.
El método llamado científico es
el procedimiento racional tanto de la ciencia como de la
tecnología.
Señalemos que el método de la
ciencia presupone los principios de la lógica que usa como
instrumento.
El método científico es la
estrategia de acción común a científicos y tecnólogos.
De lo anterior se siguen
criterios que han de aplicarse para la toma de decisiones
respecto al curriculum del tecnólogo, y queda de manifiesto que
un curriculum orientado a lograr conductas tecnológicas requiere
contemplar en sus contenidos y procedimientos el método
científico y su instrumento: la lógica.
La necesidad de acrecentar la
precisión exigirá también tener igual consideración respecto a
los procedimientos matemáticos. Como la mayoría de las
decisiones prácticas que tiene que tomar un trabajador social se
deberán formular a partir de evidencias o conocimientos
incompletos o limitados requiere a su vez de conocimiento y
capacidad de operar con la estadística, concebida como una rama
especial de las matemáticas, que procura un análisis lógico del
problema de inferir conclusiones a partir de evidencias
incompletas.
Así pues de las exigencias de
racionalidad y rigor implicadas en el objetivo tecnológico de un
proceso de enseñanza - aprendizaje se desprende la necesidad del
método de la ciencia y de sus instrumentos lógicos y matemáticos
como elementos constitutivos de cualquier curriculum que quiere
ser funcional a dicho proceso.
Pero afirmar esta necesidad no
significa suponer que el trabajador social deba ser un
científico. Una cosa es proceder con el método de la ciencia y
otra, ser un científico. El científico trata de acumular
conocimiento teóricoempírico sobre la realidad, objetivo que no
es el que se propone un tecnólogo, quien busca modificar
eficientemente la realidad.
El científico busca acumular el
máximo posible del conocimiento acerca de la realidad, sin tener
necesariamente una preocupación inmediata por las modificaciones
de la realidad que podrían lograrse con ese conocimiento;
mientras que el tecnólogo tiene como objetivo necesario e
inmediato modificar la realidad eficientemente, lo que lo induce
a usar el mínimo de conocimiento requerido para un máximo de
eficiencia.
Las conductas tecnológicas son el
objetivo del proceso de enseñanza-aprendizaje sobre el que nos
interesa reflexionar. Se trata en otras palabras de lograr un
conocimiento y un comportamiento que actualice de manera
adecuada las normas establecidas de comportamiento humano con
eficiencia y en cualquier situación en que el sujeto actúe en
cuanto trabajador social. Precisamente ese logro, como hemos
visto, requiere fundar las reglas técnicas en leyes científicas.
Pero fundar las reglas técnicas
en leyes científicas implica conocer las leyes científicas.
Primer requisito para conocer estas ideas de la ciencia que son
sus leyes es comprender el lenguaje en que se expresan. Así pues
el conocimiento y la capacidad de uso del lenguaje de las
ciencias en las cuales podemos fundar las reglas técnicas que
usa para su acción el trabajador social aparece como un elemento
que debe ser contemplado necesariamente en un curriculum que
pretenda ser funcional para un proceso de enseñanza-aprendizaje
con objetivo tecnológico. Téngase en cuenta que los lenguajes
científicos son polisistemas linguales y que muchas veces una
buena comunicación científica exige el aprendizaje de idiomas
extranjeros implicados en el polisistema lingual de la ciencia,
así, por ejemplo, actualmente, la capacidad de lectura en inglés
aparece como conveniente, y quizá necesaria para quién quiere
estar adecuada y oportunamente informado sobre las acumulaciones
de la ciencia, la tecnología y la técnica.
Así los idiomas, junto a la
lógica y las matemáticas aparecen como instrumentos
indispensables que el trabajador social tiene que conocer y
manejar adecuadamente si quiere lograr un nivel tecnológico en
su acción.
Es conveniente, sin embargo,
enfatizar que hemos dicho que el trabajador social en cuanto
tecnólogo debe conocer los enunciados nomológicos (leyes) que
las disciplinas científicas pertinentes a su quehacer han
acumulado.
En ningún momento hemos afirmado
que debe formular los enunciados nomológicos (leyes). Esa
formulación es propia del científico. Sin embargo, esta
afirmación no debe obscurecer la necesidad de conocer la teoría
en que se articulan las leyes de que se trate.
Si se quiere entender un
enunciado nomológico (una ley), hay que entender el lenguaje en
el cual se enuncia. Ahora bien, sabemos por la lingüística que
el signo y la significación (significante + significado) de los
términos usados no son discernibles fuera del contexto.
En nuestro caso, la teoría es el
contexto que permite discernir la significación de los términos
usados para construir los enunciados nomológicos.
Lo anterior manifiesta claramente
que quien quiera proceder tecnológicamente, aunque no se dedique
a la elaboración de enunciados nomológicos ni a la construcción
de teorías, debe conocerlas y estudiarlas. Pero el interés por
las teorías y enunciados nomológicos en el caso del tecnólogo es
en función de fundar la eficiencia de las técnicas que usa para
modificar la realidad.
Las técnicas pretenden ser
modelos operacionales de un proceso de acción eficiente
orientado a modificar la realidad.
Frente a un modelo de proceso
operativo se puede intentar un primer esfuerzo explicatorio
implicando dicho modelo en una teoría fenomenológica. Un ejemplo
de esta actitud es la implicación de las técnicas de
enseñanza-aprendizaje en la teoría de Skinner. Pero una
fundamentación más estricta requiere implicar el modelo de
proceso de operación en una teoría interpretativa o
representacional, entendida como aquellas que no sólo nos
proporciona un conocimiento de cómo se desarrolla un proceso,
sino de porqué se desarrolla, es decir, un modelo teorético que
nos aclara el "mecanismo" del proceso. Un ejemplo, tomando
nuevamente las técnicas de enseñanza-aprendizaje, sería el de
implicar dicho modelo de proceso de operación en la teoría
psicogenética de Piaget.
Lo anterior nos manifiesta la
necesidad de que el proceso de enseñanza-aprendizaje del
trabajador social le permita acumular conocimiento respecto a
las técnicas en cuanto procesos estructurados de operación. Este
conocimiento debe ser suficiente pero simplificado; en otras
palabras, debe acceder a los modelos de las técnicas
pertinentes.
Anteriormente enfatizamos además
la necesidad de no hacer reduccionismo respecto a la acción
tecnológica olvidando que la situación es una variable que debe
considerarse. Dado que sería empresa imposible tratar de dar
conocimiento pleno de todas y cada una de las situaciones en las
cuales tendrá que actuar el trabajador social, el proceso de
enseñanza-aprendizaje, más que intentar dar ese conocimiento,
deberá al parecer, proporcionar los instrumentos que permitan al
trabajador social representarse en forma simplificada la
complejidad de lo real; en otros términos, que le permitan
construir un modelo de la realidad en la cual quiere influir.
Esta importancia de los modelos
se hace más patente si se tiene en cuenta que las teorías, tanto
científicas como tecnológicas, se refieren a modelos de la
realidad y no a la realidad misma; es al conjunto de propiedades
que se supone responde a entidades reales de individuos de una
clase - que son los que poseen determinadas propiedades - a lo
que responde el enunciado nomológico o nomopragmático.
No es nuestro objetivo discutir
los problemas de designación y referencia de los enunciados
científicos, sino simplemente mostrar cómo es indispensable el
conocimiento y uso de ese instrumento que denominamos, con
consciente polisemia, modelo.
Así pues, un trabajador social
deberá conocer y construir modelos y por consecuencia, el
proceso de enseñanza-aprendizaie al cual se lo someta, deberá
implicar procesos que lo hagan capaz de conocer, construir y
usar modelos.
Al construir modelos de objetos
y/o procesos de la situación y de los procesos técnicos que
influyen en ella, y al implicar estos modelos en teorías, el
tecnólogo logra fundar la eficiencia de su operación.
No se nos oculta que habría que
explicitar y elaborar mucho más éste y otros puntos. Pero
nuestro interés es solamente dar cuenta del estado actual de una
reflexión en proceso y ofrecerla simplemente como apuntes para
una reflexión sistemática.
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