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ENSAYO DE REFLEXIÓN SOBRE EL
SUBJETIVISMO |
Introducción
"Porque vendrá un tiempo en que los hombres no
soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su
propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el
prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se
volverán a las fábulas. Tú, en cambio, pórtate en todo con
prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de
evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio." San
Pablo, 2ª Epístola a Timoteo, Cap. 4; 3-5
"Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad
situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una
lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero,
para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así
vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los
cielos." San Mateo Cap. 5; 14 - 16.
"...el subjetivismo de quien, considerando la razón como única
fuente de conocimiento, se hace « incapaz de levantar la mirada
hacia lo alto para atreverse a alcanzar la verdad del ser." Juan
Pablo II,Enc. Fides et ratio, 5: AAS 91 (1999) 5‑88.
En el pensamiento moderno hay una tendencia a proclamar la
inexistencia de valores absolutos; sólo hay opciones y
opiniones. Asimismo existe la convicción de que las matemáticas
y las ciencias teórico empíricas pertenecen al dominio del
saber, de la certeza, mientras que la religión, la ética, la
metafísica y otras disciplinas similares pertenecen al dominio
de la opinión y de lo subjetivo. Como consecuencia, los valores
no tienen fundamento en la realidad objetiva, sino que dependen
de lo que cada sujeto acepta, es decir, son subjetivos, lo que
significa que, no existe ningún valor absoluto para el hombre.
Libertad o anarquía
Cuando se piensa que los valores son puramente subjetivos, cada
persona pensará y actuará como le parezca y la persona tolerante
tendrá que aceptar a la intolerante.
Asimismo, si no hay valores objetivos la ley pierde su
fundamento pues no se pueden evaluar los actos ni las leyes y
por consecuencia, imperará la ley del más fuerte y se abandonará
el bien común.
La metafísica ha dejado de ser un criterio de racionalidad, y
más aún la religión. Por ende, la metafísica y la religión
quedan relegadas de las bases de cualquier organización
democrática y reducidas a un ámbito privado de culto más o menos
tolerable.
Y, por supuesto, como la religión divide, tenemos que tener un
pacto “político, no metafísico, ”tenemos que organizarnos bajo
aquello que sea “objetivo,” que se atenga a “los hechos”: la
ciencia.
[1]. Es decir a la materialidad de la
experiencia.
Más aún se critica el imperialismo de la razón y de la ciencia y
a todo sistema cerrado y se afirma que no es posible acceder al
fundamento último de las cosas. Así, de la crítica a la
metafísica racionalista se pasa a la negación de toda metafísica
y de la condición histórica de todo pensamiento se pasa al
historicismo radical sosteniendo un total contextualismo, y se
habla de un "pensamiento postmetafísico", que tiene como
características un relativismo, un escepticismo, un agnosticismo
y un nihilismo.[2]
Por
ello y en total acuerdo con Gabriel Zanotti
[3] creemos en la necesidad de volver a una
metafísica racional y a una lógica objetiva y apoyarnos en el principio
de no-contradicción, porque la metafísica aspira a encontrar una
respuesta satisfactoria a las preguntas más elementales pero a
su vez más universales que el hombre puede plantearse respecto
de algo.
¿Qué es esto? ¿Tiene esto alguna existencia real?
¿Por qué razón existe? ¿Con qué fin? Las interrogantes
anteriores son absolutamente válidas respecto de cualquier
objeto sobre el cual reflexione el hombre.
Fundamentación metafísica del ente, la unidad, la verdad, el
bien y la belleza
La metafísica se refiere a un orden supraindividual y
suprarracional, pero no es de ninguna manera irracional. No está
contra la razón, sino que está sobre la razón. De hecho, la
razón actúa de manera secundaria en la formulación y la
expresión de las verdades metafísicas, las que sólo pueden
concebirse de manera inmediata, intuitiva.
El fundamento de la metafísica tomista descansa en la certeza de
que lo primero que capta la inteligencia es el ser. Captamos
intuitivamente que todos los entes tienen la propiedad de ser
por las cual son ente. Ello implica la universalidad del ente
que trasciende toda especificidad. Esa universalidad que
trasciende toda especificidad, es la universalidad trascendental
del ente. SER: es el acto del ente. Es la primera de entre las
nociones que adquiere nuestra inteligencia (prioridad en el
conocimiento humano). Se la posee al principio de manera
imperfecta, y se va perfeccionando con la experiencia, tras
conocerse muchos entes y diversas maneras de ser.
El sentido que la palabra “intuición” tiene en Santo Tomás es
captación directa, sin discurso, del objeto conocido. Conocer
intelectualmente es dejar que las estructuras de lo real se
hagan presentes en nuestras conciencias. Entonces conocemos
intelectualmente cuando captamos las cosas como reales, y tanto
más conocemos intelectualmente cuanto más realidad se nos
presente; por ello, la aprehensión de la realidad es el acto
elemental radical y exclusivo de la inteligencia. De este modo,
puede decirse que hay conocimientos absolutos de la realidad.
El ser no es una noción genérica, no es un género porque no se
le puede añadir ninguna diferencia que no se encuentre ya
contenida en él. La noción de ente lo contiene todo: tiene la
máxima extensión, pero también su contenido nocional o
comprehensión es máximo. Es una noción analógica, es decir, se
predica de todas las cosas en un sentido, en parte igual y en
parte diverso, es decir, analógicamente.
El ser que Santo Tomás define es "una cosa a la cual compete
existir".
[4] Si bien este concepto de ser
no incluye la existencia actual, tampoco la excluye
positivamente, pues la capacidad de existir también conviene a
los seres que existen actualmente, porque es evidente que lo que
existe puede existir. Dice santo Tomás citando a Avicena, que es
aquello que como lo más patente, concibe ante todo nuestro
entendimiento, y en lo cual, además, se resuelven en última
instancia todas sus concepciones.
La
trascendencia del ser. Los trascendentales del ser
Del ente en cuanto tal se desprenden algunas nociones que,
justamente por tener la misma universalidad que el ente, se
denominan “trascendentales” y que afirman que el ente sólo por
ser ente, es uno, en cuanto no-dividido en acto.
"Ningún ente es negativo de sí mismo, pero lo sería, sin duda
alguna, si se encontrase dividido en sí, en su propio ser, o,
dicho de otra manera, si careciese de toda intrínseca unidad. La
unidad es, en cada ente, la negación de la división de su ser.
Todo ente, en sí mismo, es uno. Su intrínseca división le
convertiría en un imposible."[5]
"Respondo: El uno no añade al ser cosa alguna, tan sólo la
negación de división, pues uno no significa más que ser
indiviso. De ahí que uno sea lo mismo que ser, ya que todo ser o
es simple o es compuesto. Si simple, es indiviso en acto y en
potencia. Si compuesto, no llega a tener ser más que cuando sus
componentes pasan de separados a unidos formando el compuesto.
Por lo cual resulta evidente que el ser de cualquier cosa
consiste en la indivisión. Por eso cualquier cosa conserva su
ser en la medida en que conserva su unidad."
[6]
De lo anterior se sigue que la unidad del ser no es algo que le
convenga al ser como cosa realmente distinta del mismo, sino que
le conviene por su misma realidad. Asimismo, también todo ente,
en cuanto tal, es idéntico: "Ente es el ente"; "lo que es, es lo
que es"; "el ser es y el no-ser no es" y no-contradictorio,
sencillamente porque no puede ser y no ser al mismo tiempo y
bajo el mismo respecto.[7]En
otras palabras, todo ente es idéntico y no-contradictorio en sí.
No
es
una propiedad lógica, sino un trascendental del ente. Nuestro
intelecto puede captar que el principio de identidad y
no-contradicción es el primer principio.
Este principio se funda en la primera propiedad del ser, la
unidad. Es un juicio naturalmente primero, y se lo supone en
todas las demás proposiciones. Expresa la condición fundamental
de las cosas, es decir, que éstas no pueden ser contradictorias.
Además, es conocido de manera natural y espontánea por todos los
hombres a partir de la experiencia.
Por ser el primer juicio, no admite demostración a partir de
verdades anteriores. Aunque no es posible demostrarlo, sí cabe
defenderlo; ello significa que para negar este principio habría
que rechazar todo significado del lenguaje, y negarlo supone
aceptarlo.
Impulsa a descubrir la estructura interna de los entes y sus
causas. Asimismo, nuestra inteligencia obtiene los restantes
conocimientos en virtud de este principio.
Otros principios fundados en el principio mencionado:
Principio del tercero excluido: No hay un punto medio entre el
ser y el no-ser; una cosa es o no es sin otra alternativa.
Es verdadero, en cuanto puede ser conocido.
"En consecuencia, todo ente es inteligible (al menos, por el
Supremo Entendimiento). Lo único que no admite intelección «es»
la nada (si bien cabe entender que no es posible entenderla)."
"Pues bien, a todo ente, en calidad de inteligible, se le
denomina verdadero."
[8]
Nuestra inteligencia no puede tener otro objeto propio como no
sea el ser o lo real. En todas las cosas, es el ser que ésta
busca, porque es el fundamento de sus afirmaciones o de su
negaciones, según la idea corresponda o no a lo que es. Ello es
lo que queremos dar a entender cuando decimos que el ser es el
objeto primero y directo de la inteligencia. El ser es lo que la
inteligencia primera y directamente alcanza en cuanto conoce,
aunque no lo exprese de manera explícita. Así, la inteligencia
tiende al ser, y recíprocamente el ser es inteligible, es decir,
es objeto de la actividad de la inteligencia y puede, de sí, ser
conocido. De donde podemos concluir fácilmente que todas las
ciencias, y aun todo conocimiento intelectual en general, tiene
necesidad de una ontología verdadera.
"...el ser del objeto, no su verdad, causa la verdad del
entendimiento. Por eso, el Filósofo dice que la opinión y la
oración gramatical verdadera es: Por aquello que algo es; no Por
aquello que algo es verdadero."
[9]
La verdad
La verdad como "adaequatio intellectus et rei", es decir, como
una igualdad o conformidad entre la inteligencia (el
conocimiento intelectual) y el ser o la cosa, es en su sentido
más profundo - que ya no es aceptable para muchos- como una
total interpenetración de ambos.
La realidad se hace presente en la conciencia del hombre. La
verdad es lo real mismo en cuanto actualizado en la mente
humana. La realidad es el fundamento de la verdad. Y la verdad
como tal es un acto de intelección que conoce reflejamente y
manifiesta la realidad.
La
verdad no es sólo lumen naturale, iluminación de los real por
parte del hombre, sino más bien reconocimiento de la realidad
que se desvela a sí misma y se hace patente en el hombre cuando
llega al estadio auténtico.[10]
En la actualidad, el tema de la verdad ha pasado de la
convicción - connatural en todos los seres humanos, de que
existen cosas que son reales y verdaderas - hacia la aceptación
de que no existe nada seguro, nada cierto, nada verdadero y que,
consecuentemente, todo está sujeto a la duda y a la desconfianza
sistemáticas.
Esta visión relativista proviene de un modo de 'pensar' que
responde a las concepciones filosóficas dominantes en la
actualidad, en que la metafísica ha dejado de ser criterio de
racionalidad. La metafísica ha quedado eliminada de las bases de
cualquier organización democrática y relegada a un ámbito
privado más o menos tolerable. ("Yo decido mis propias verdades
y mis propios valores").
Del diálogo entre los que ignoran la verdad surge una especie de
común denominador mínimo: la "verdad". Como consecuencia de ello
tenemos que forjar un acuerdo político no metafísico sobre bases
"objetivas" que se atengan a "los hechos de la ciencia"[11],
es decir, a la materialidad de la experiencia.
Por otro lado, con Popper comenzamos a darnos cuenta de que ya
no es tan claro saber qué es la ciencia. En el debate Popper–Kuhn–Lakatos–Feyerabend,
el criterio de racionalidad se amplía, se discute; la
demarcación entre lo científico y lo que no lo es, es cada vez
más elástica, como asimismo, son flexibles los criterios de
elección entre teorías diversas. Y ello es y será directamente
proporcional a una duda que progresivamente carcome...: la
supuesta objetividad, claridad e infalibilidad de lo que se
supone única y verdadera ciencia.
Una prudencia epistemológica debe prepararnos para dar por
verdadero lo que es real y no lo que no lo es ni por cierto lo
que es probable, y debe darnos también la decisión para cambiar
de opinión cuando el progreso en el conocimiento de la realidad
lo exige. No querer hacerlo es el integrismo.[12]
Con Popper la ciencia deja de ser
algo cuantitativamente exacto para pasar a ser algo
fundamentalmente falible, y cuya pretensión de certeza es no ser
refutada hasta el momento.
¿Qué hipótesis es científica y cuál no lo es? ¿La que está
corroborada? Pero ya vimos que no hay criterios lógicos exactos
que establezcan una corroboración absoluta. Tampoco se trata
entonces de una falsación absoluta.
[13] Asimismo, Popper demuestra que todos los
supuestos datos objetivos son interpretados desde una
determinada teoría.
[14]
Con la crítica popperiana a las evaluaciones positivistas de las
teorías comienza a insinuarse el paso de una mentalidad
cuantitativa de la racionalidad a una mentalidad cualitativa de
la racionalidad.[15]
Asimismo, nos encontramos con que la inteligencia es inmaterial,
cosa fácilmente probada por Santo Tomás cuando dice que si la
inteligencia fuera corpórea, no conocería sino cuerpos; pero es
así que no es verdad que no conoce sino cuerpos; luego la
inteligencia no es cuerpo.[16]
Asimismo Popper trata sobre la inmaterialidad
y el “indeterminismo” del mundo 3.[17]
Cuando se afirma ¡y se afirma! que «verdades absolutas no hay»
inevitablemente se le ocurre a uno preguntar si esa proposición,
«verdades absolutas no hay», la ofrecen como verdad absoluta o
no. Si la proponen como verdad absoluta ya hay una, y lo que es
más, ya se confiesa que la mente humana es apta para conocer y
enunciar verdades absolutas, y como ha enunciado una puede
enunciar mil. Si la proponen como no-verdad absoluta no tiene
ningún valor porque es contradictoria: «Verdades absolutas no
hay»pero esto no es verdad absoluta (¡!).
[18]
Es bueno, en cuanto capaz de ser apetecido.
Que el bien sea propiedad esencial del ser es evidente puesto
que todo ser es perfecto; ahora bien, perfecto incluye unidad y
totalidad propias del ser en cuanto tal; por lo tanto todo ser
es fundamentalmente bueno. Y siendo necesariamente bueno en
cuanto ser, puede serlo también para otros seres (por lo menos
para sí), puesto que la perfección es algo que atrae y la
imperfección en cambio repele. Como señala Santo Tomás: "en
tanto que apetecible, bueno."
[19]
"A las objeciones:
1. La sustancia, la cantidad, la cualidad, y lo que en ellas se
contiene, quitan universalidad al ser adaptándolo a una
naturaleza determinada. Pero el bien no añade algo al ser, sino
tan sólo la razón de apetecible y de perfección, lo cual le
corresponde al ser en cualquiera de sus estados.
Consecuentemente, el bien no quita universalidad al ser."
[20]
"Respondo: El bien y el ser realmente son lo mismo. Sólo se
diferencian con distinción de razón. Esto se demuestra de la
siguiente manera. La razón de bien consiste en que algo sea
apetecible. El Filósofo dice en el I Ethic. que el bien es lo
que todos apetecen. Es evidente que lo apetecible lo es en
cuanto que es perfecto, pues todos apetecen su perfección. Como
quiera que algo es perfecto en tanto en cuanto está en acto, es
evidente que algo es bueno en cuanto es ser; pues ser es la
actualidad de toda cosa, como se desprende de lo dicho
anteriormente (q.3 a.4; q.4 a.1 ad 3). Así resulta evidente que
el bien y el ser son realmente lo mismo; pero del bien se puede
decir que es apetecible, cosa que no se dice del ser."
[21]
"Respondo: Conceptualmente el ser es anterior al bien. Pues lo
significado por el nombre es lo que el entendimiento capta de
una cosa y lo expresa por la palabra; luego conceptualmente
aquello es anterior porque primero entra en la concepción del
entendimiento. Lo primero que entra en la concepción del
entendimiento es el ser, porque algo es cognoscible en cuanto
que está en acto, como se dice en el IX Metaphys. Por eso el ser
es el objeto propio del entendimiento y así es lo primero
inteligible, como el sonido es lo primero audible. Así, pues,
conceptualmente el ser es anterior al bien."
[22]
Los trascendentales del ser radican en el mismo acto de ser; no
son una categoría a priori impuesta por la inteligencia sobre
las cosas, sino que el ente como no contradictorio es captado
como objeto propio de la inteligencia.
Es preciso distinguir la propiedad trascendental, metafísica, de
la trascendencia del ente de su expresión gnoseológica. El
conocimiento se fundamenta en la realidad y no al revés, pues la
realidad se fundamenta en el conocimiento.
La lógica trata con entes de razón que tienen su fundamento
último en la realidad misma, sin confundirse con ella. De este
modo, el ser se presenta a la conciencia ejerciendo una
supremacía sobre la inteligencia, y la actividad intelectual
aparece condicionada, sostenida y enraizada en el ser. Un acto
de inteligencia sin un ser sobre el que verse, es no sólo
imposible sino impensable. Al contrario, los idealistas
gnoseológicos asumen que es la inteligencia la que determina y
gobierna el ser y no viceversa.
"La existencia concreta de lo real trasciende el poder separador
de nuestro intelecto. El acto de existir es más rico que
cualquier formulación verbal, al consistir en una presencia que
se afirma a sí misma antes de ser afirmada por el intelecto."
[23]
"Por eso la inteligencia tiene un valor ontológico, pues la
consistencia y la coherencia de la lógica es factible sólo
gracias a la noción de ser que le da sentido. Todo acto de la
inteligencia es un conocimiento de un objeto, de algo, de un
ser. En este sentido, el ser se presenta a la conciencia
ejerciendo una supremacía sobre la inteligencia, y la actividad
intelectual aparece condicionada, sostenida y enraizada en el
ser. Un acto de inteligencia sin un ser sobre el que versa, es
no sólo imposible sino impensable. Por el contrario, una
posición idealista gnoseológica asumiría que es la inteligencia
la que determina y gobierna el ser y no viceversa. Desde nuestro
punto de vista, la filosofía debe ser necesariamente ontológica,
pues cualquier idea, juicio o raciocinio, pueden tener sentido
en virtud del ser que expresan. Prescindir del ser no es
declarar nada, y si no existiera nada, tampoco habría
posibilidad para que un sujeto cognoscente lo considerara. Con
el ser entran en la inteligencia los primeros principios que lo
rigen en sí mismo y sin los cuales el ser mismo se diluye: el
principio de identidad, de no contradicción, de tercero excluso,
o sus propiedades trascendentales, cuyo sentido y fuerza lógica
toman como fuente el ser. El gobierno de lo ontológico sobre
nuestra actividad mental es posible por medio de la función
directiva de la realidad, que se introduce en la inteligencia
con todos los principios que la determinan y dan sentido como
tal. El valor lógico de los primeros principios es consecuencia
de su valor ontológico."
[24]
Es bello en cuanto su sola aprehensión agrada.
Nos dice Santo Tomás:
Lo bello es lo mismo que el bien con la sola diferencia de
razón. En efecto, siendo el bien lo que apetecen todas las
cosas, es de la razón del bien que en él descanse el apetito;
pero pertenece a la razón de lo bello que con su vista o
conocimiento se aquiete el apetito. Por eso se refieren
principalmente a lo bello aquellos sentidos que son más
cognoscitivos, como la vista y el oído al servicio de la razón,
pues hablamos de bellas vistas y bellos sonidos. En cambio, con
respecto a los sensibles de los otros sentidos no empleamos el
nombre de belleza, pues no decimos bellos sabores o bellos
olores. Y así queda claro que la belleza añade al bien cierto
orden a la facultad cognoscitiva, de manera que se llama bien a
lo que agrada en absoluto al apetito, y bello a aquello cuya
sola aprehensión agrada.
[25]
Hay pues valores absolutos: los principios trascendentales,
frente a la tendencia a proclamar la inexistencia de valores
absolutos, donde sólo habría opciones y opiniones y donde la
metafísica y otras disciplinas similares pertenecerían al
dominio de la opinión y de lo subjetivo. Sin embargo, en el
pensamiento moderno, a pesar de la proclamación de la
subjetividad, de existen opciones u opiniones respecto a los
valores, suele aceptar como absolutos dos valores: el valor de
la tolerancia y el valor del pluralismo.
La tolerancia
De la negación de toda verdad absoluta como fundamento primario
del conocimiento, se sigue un concepto de tolerancia excluyente
de todo aquel que adhiere firmemente a lo que tiene por
verdadero.
Como consecuencia directa de la negación de la verdad, la
democracia relativista otorga a la tolerancia un carácter
dogmático: parte del supuesto que todo aquel que sustenta una
concepción absoluta, sea religiosa, filosófica o política, no
puede ser sino intolerante y anti-demócrata, porque no se podría
esperar de él que acepte una visión diferente de la suya. Se da,
pues, por descontado que la dinámica interna de su propia visión
absoluta lo inducirá a imponerla a los demás por medios
totalitarios.[26]
La tolerancia, es decir, el respeto incondicional a los demás y
a sus ideas, se presenta como el bien supremo.
Sin embargo, ello es fruto de una confusión, pues el derecho
derivado de la dignidad humana de cada persona es mucho más que
la tolerancia: es el respeto a la libertad humana.
Yo no tolero la libertad de la persona, sino que la acepto como
un bien que le pertenece por su condición de persona. La
tolerancia es consecuencia de la libertad.
A la persona no se la tolera, se la reconoce en su valor propio,
que es el de ser persona, y con ello los derechos y libertades
que le son inherentes.
Además, la tolerancia, como respeto incondicional a los demás,
se confunde con la tolerancia a las ideas de los demás. Y la
verdad es que las ideas tienen que ganarse el respeto, de hecho,
las personas ya se lo merecen por su propia dignidad.
Uno puede respetar y defender el derecho a seguir los dictados
de la conciencia de cada uno, pero otra cosa es abandonar la
crítica de sus ideas, que como consecuencia de dicha crítica la
persona las aceptará o las rechazará.
"el escepticismo demuestra ser tan intolerante como el fanatismo
-- en realidad, viene a ser el fanatismo de la duda".
[27]
La auténtica tolerancia no exige que abandonemos nuestras
convicciones, sino que respetemos la inviolabilidad de la
conciencia ajena y su derecho a seguir sus creencias. Implica
también reconocer como intrínsecamente malo el uso de la fuerza
para cambiar el modo de pensar de alguno, aunque estemos ciertos
de que está equivocado.
[28] Y por lo tanto, no se puede clasificar como
intolerantes a los que no quieren renunciar a sus concepciones o
creencias y consecuentemente dejar de ser distintos.
"Solamente existe tolerancia real y genuina cuando un hombre
está firme y absolutamente convencido de una verdad, o de lo que
él cree que es verdad, y, al mismo tiempo, reconoce el derecho a
existir de aquellos que niegan esa verdad, que lo contradicen y
dicen lo que piensan. Y lo hace así, no porque crea que aquellos
estén libres de la verdad, sino porque entiende que ellos sólo
buscan la verdad a su manera, y porque también respeta en ellos
la naturaleza humana, la dignidad humana y los recursos y las
fuentes de la vida del intelecto y de la conciencia, que los
hace capaces, potencialmente, de alcanzar la verdad que él mismo
ama, si llega el día en que ellos también logran verla.[29]
No juzguemos ni condenemos a la persona, sino sus actos. No
seamos más tolerantes, sino más sensibles a la dignidad de los
demás y reconozcámosles lo que les pertenece más allá de nuestra
opinión: su ineluctable libertad.[30]
El pluralismo
Junto con la tolerancia, consecuentemente, se promueve como un
absoluto el pluralismo. El pluralismo se puede entender, en un
sentido, como el reconocimiento de que existe la diversidad
objetiva y por consecuencia diversos modos de pensar y
comportase; sin embargo, en otro sentido, es entender que se ha
de buscar como ideal una creciente diversidad de valores. Ello
hace que el pluralismo se transforme en una ideología donde la
variedad es buena y la uniformidad es mala.
La uniformidad puede ser buena o mala, según el grado de
libertad con que se ha asumido. Cuando no se asume con libertad
entonces se cae en el conformismo o el inconformismo,
aceptándose o rechazándose la moda, la opinión pública o lo
aceptable socialmente. La uniformidad entonces es buena si lo
que todos escogen libremente es un valor en sí mismo.
Por otra parte es imposible concebir un organismo con pura
diversidad, un organismo requiere la unidad. Una unidad
enriquecida con la natural diversidad de sus miembros. Así, la
fortaleza de una asociación o sociedad se puede apreciar por la
unidad fundamental de sus propósitos, concepciones e ideales.
Juan Pablo II nos dice: "La legítima pluralidad de posiciones ha
dado paso a un pluralismo indiferenciado, basado en el
convencimiento de que todas las posiciones son igualmente
válidas. Este es uno de los síntomas más difundidos de la
desconfianza en la verdad que es posible encontrar en el
contexto actual.
"En efecto, se niega a la verdad su carácter exclusivo,
partiendo del presupuesto de que se manifiesta de igual manera
en diversas doctrinas, incluso contradictorias entre sí. En esta
perspectiva, todo se reduce a opinión."
[31] y agrega: "la crisis en torno a la verdad...
coincide con una ética individualista, para la cual cada uno se
encuentra ante su verdad, diversa de la verdad de los demás. El
individualismo, llevado a las extremas consecuencias, desemboca
en la negación de la idea misma de naturaleza humana."
[32]
Finalmente, esperamos que nuestra apretadas reflexiones sobre
libertad o anarquía, la fundamentación metafísica del ente (la
unidad, la verdad, el bien y la belleza), y sobre la
trascendencia del ser y los trascendentales del ser, como
asimismo sobre la tolerancia y el pluralismo, sirvan como
materia de reflexión en estos tiempos en que "...el subjetivismo
de quien, considerando la razón como única fuente de
conocimiento, se hace « incapaz de levantar la mirada hacia lo
alto para atreverse a alcanzar la verdad del ser."
Juan Pablo II,Enc. Fides et ratio, 5: AAS 91 (1999) 5‑88.
Citas
[1] Gabriel Zanotti. Los orígenes epistemológicos
del Estado contemporáneo.
Laissez-Faire 73
http://www.economia.ufm.edu.gt/Publicaciones/LaissezFaire/16/LF-16%20_Zanotti_.pdf
[2] Juan José Garrido.
Fides y Ratio. Una nueva tarea para la filosofía.
http://www.conoze.com/doc.php?doc=155
[3] Gabriel J. Zanotti.. El fundamento último de
la objetividad de la lógica.
Buenos Aires, mayo de 1998*
Para Studium (1998),1
[4] Santo Tomás, Quodl., II, a. 3.
[5] Antonio Millán Puelles. Catholic.net
http://es.catholic.net/conocetufe/623/2169/artículo.php?id=21643
[6] S. Th. p. I, q. 11, a. 1
http://www.hjg.com.ar/sumat/a/c11.html
[7] Santo Tomás en De Veritate, Q. 1, art. 1
[8] Ibid.
[9] S. Th I, c. 16. a las objeciones 3.
[10] Estudios del hombre. 6.
La
inteligencia.
http://eati.upaep.mx/humanidades/25109est_hombre/25109/sesion6.html
[11] Gabriel Zanotti. Los orígenes
epistemológicos del Estado contemporáneo. Laissez-Faire 73
http://www.economia.ufm.edu.gt/Publicaciones/LaissezFaire/16/LF-16%20_Zanotti_.pdf
[12] Estudios del hombre. 6. La inteligencia.
http://eati.upaep.mx/humanidades/25109est_hombre/25109/sesion6.html
[13] Gabriel Zanotti. Los orígenes
epistemológicos del Estado contemporáneo.
Laissez-Faire 73
http://www.economia.ufm.edu.gt/Publicaciones/LaissezFaire/16/LF-16%20_Zanotti_.pdf
[14] K. Popper.
La
lógica de la investigación [1934] Tecnos, Madrid, 1985. Cap. V.
[15] Gabriel Zanotti. Los orígenes
epistemológicos del Estado contemporáneo. Laissez-Faire 73
http://www.economia.ufm.edu.gt/Publicaciones/LaissezFaire/16/LF-16%20_Zanotti_.pdf
[16] Suma contra gentiles, II, cap. 49.
Traducción de María Mercedes Bergada, de la edición del Club de
Lectores,
Buenos Aires, 1951.
[17] Popper, Karl. Conocimiento objetivo; Tecnos,
Madrid, 1988; Búsqueda sin término, Tecnos, Madrid, 1985; El
universo abierto, Tecnos, Madrid, 1986.
[18] Estudios del Hombre. 6.
La
Inteligencia.
http://eati.upaep.mx/humanidades/25109est_hombre/25109/sesion6.html
[19] Ibid.
[20] S. Th. I, c. 5, a. 3 al 1
[21] S. Th. I, c. 5, a. 1, Respondo
[22] S. Th.
I, c. 5, a. 2, Respondo
[23] Roberto Cañas-Quiróz. La noción de ser y la
analogía en la metafísica de Santo Tomás. Revista
Acta Académica
No.24,
Mayo-1999.
Universidad Autónoma de Centro América.
http://www.uaca.ac.cr/acta/1999may/rcanas.htm
[24] Santo Tomás de
Aquino, El rincón del vago. Filosofía medieval tomista. Edad
Media, Fe. Razón. Suma Teológica. Bondad. Existencia de Dios:
cinco víashttp://html.rincondelvago.com/santo-tomas-de-aquino_10.html
[25] Santo Tomás. S. Th. I-II,27,1, ad 3
[26] Angel Corr. LOS
CRISTIANOS FRENTE A LA ALTERNATIVA: ¿RELATIVISMO O VERDAD?
Política y Espíritu.–Nº 11, 30/3/2005
[27] J.J. Maritain, Truth and Human Fellowship.
Página 4.
[28] Thomas Williams. La crisis de la modernidad.
http://www.masalto.com/oque/template_oquedestacado.phtml?consecutivo=5526&subsecc=3&cat=11&subcat=31&subj=45
[29] J.J. Maritain.
Truth and Human Fellowship. Página 11.
[30] Ángel López-Sidro López, Menos tolerancia y
más libertad, http://www.conoze.com/doc.php?doc=1771
[31] Fides et Ratio, Nº 5.
[32]
Veritas Splendor. Nº 32 |
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