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El estudio científico de la
política
(Ciencia política)
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INDICE
Introducción
1. ¿Cúales
son las razones y los motivos para abordar el tema?
2. ¿Qué
obstáculos plantea el tratamiento del
tema?
3.
Ciencia
4.
Política
5. El estudio científico de la política (Ciencia Política)
I N T R O
D U C C I Ó N
La Universidad,
desde su fundación en la Edad Media, ha intentado satisfacer dos
funciones fundamentales: conocer y comunicar lo conocido, y este
intento se prolonga hasta nuestros días a través de la
investigación y docencia que actualmente realizan nuestras
universidades.
El proceso de comunicación de lo
conocido siempre se ha extendido más allá de los claustros
universitarios, de diversos modos. Actualmente, y desde la
mitad de nuestro siglo, en nuestro continente, esa comunicación
hacia afuera ha sido materia explícita de preocupación y
reflexión por parte de los miembros de la comunidad académica,
de tal modo que en América Latina, se suele dividir
explícitamente esa función de comunicación en dos subfunciones:
docencia y extensión; y ello, con el evidente propósito de
distinguir la comunicación que se efectúa dentro de la
universidad entre profesores y alumnos, de aquella otra que se
realiza entre la comunidad de profesores y alumnos y los demás
grupos y personas de la sociedad.
Es dentro de esta subfunción de
comunicación llamada extensión que se inscriben los “Cuadernos
del Instituto de Ciencia Política”. Parece obvio que la
universidad se preocupe de que la sociedad en la cual existe
conozca y aprecie su quehacer, puesto que ello es condición para
su subsistencia y desarrollo. No es de extrañar, entonces, que
el Instituto de Ciencia Política de la U.C. aborde, dentro de
sus actividades de extensión, el tema de la disciplina que lo
constituye: el estudio científico de la política, la ciencia
política.
Como actividad de extensión, este
trabajo pretende ofrecer al público culto y no especializado
algunos motivos y razones que legitiman el tratamiento del tema,
así como algunas dificultades que aparecen cuando se intenta
enfrentarlo. Este trabajo, sin pretensión de originalidad,
presentará algunas ideas fundamentales sobre la ciencia, la
política y la ciencia política.
Nuestro deseo es que la lectura
de estas páginas permitan comprender mejor el servicio que el
Instituto de Ciencia Política y la comunidad de los científicos
políticos intentan prestar a la comunidad.
1. ¿Cuáles son
las razones y motivos para abordar el tema?
Sin duda las razones y motivos
para abordar el tema del estudio científico de la política
tienen diversos orígenes. Los hay eminentemente subjetivos, los
hay objetivos en el sentido de participados por una cantidad de
personas.
No extrañará que como profesor
universitario, el autor se sienta impulsado a comunicar lo más
extensamente posible lo que de manera larga y trabajosa ha
logrado conocer sobre la disciplina que profesa.
Por otra parte es difícil
concebir una entrega al trabajo sin un verdadero amor por lo que
se hace y es natural hablar de lo que se ama. Pero esa
necesidad de hablar se hace más imperiosa cuando por
vocación se forma parte de una comunidad cuyo objetivo
fundamental es hacer más inteligible el mundo, cuando su función
social es hacer entender y comprender a su sociedad el mundo en
el cual vive.
El hombre, al tratar de
comprender y realizar su vida, ha distinguido más o menos
claramente diversos aspectos en ella. Uno de los aspectos que
ha distinguido lo ha nombrado con la palabra política.
Desde las raíces griegas, que
alimentan a través del tiempo nuestra actual cultura, lo
político ha sido un asunto puesto a la consideración de los
ciudadanos y de los pensadores y filósofos. Es un viejo asunto
cuya permanencia lo hace actual. Más aún, podríamos señalar que
las preguntas fundamentales sobre la política siguen siendo las
mismas desde milenios, aunque los modos de enfrentar las
respuestas posibles y las propias respuestas puedan revestir
enormes diferencias.
No es casual la permanencia de la
pregunta por la política; ella encierra la convicción más o
menos reflexionada de que nuestro comportamiento y
específicamente nuestro comportamiento político está
condicionado por el entendimiento y comprensión del proceso y
estructura del fenómeno político; de los actores, instituciones
y procesos que denominamos política.
El comportamiento de los
ciudadanos en lo político afecta la existencia, estabilidad,
desarrollo e integridad de las personas y comunidades de la
sociedad. Es una esperanza de todos y de cada uno de nosotros
que cada ciudadano se comporte de manera responsable frente a
sus obligaciones y derechos políticos, y sabemos que ello
requiere de cierta reflexión, de un mínimo de racionalidad e
información.
El famoso Juez Earl
Warren, al escribir la introducción de su libro Cómo conservar
una República
[1]
nos dice que : "Había meditado a menudo, y sigo meditando,
acerca del problema de la educación para un correcto ejercicio
de la ciudadanía, porque me parece patente que los derechos,
privilegios, libertades - llámeselos como se quiera -
democráticos, sólo podrán sobrevivir mientras quienes los
ejerzan lo hagan de manera informada y consciente. La historia
suministra muchos ejemplos de ensayos de democracia que
fracasaron cuando el pueblo, en razón de esa indiferencia que es
estimulada por cierto género de ignorancia, descuidó las
obligaciones de la ciudadanía”.
Pero una conducta que se funde en
una comprensión y entendimiento basados en la razón y una buena
información tiene obstáculos. Los principales obstáculos son
los prejuicios infundados, los estereotipos sin fundamento
racional, especialmente, esa enfermedad que es el fanatismo,
como asimismo, la ambigüedad del lenguaje y la confusión
conceptual y finalmente, la ausencia de libertad de expresión
que, de algún modo, siempre está vinculada a los obstáculos
anteriores. Estos obstáculos deben ser trascendidos si se
quiere tener una comprensión y entendimiento fundados en la
razón y en una adecuada información.
Pero si bien desde antiguo hasta
hoy día se ve la necesidad de una comprensión y entendimiento
fundados en lo racional y en buena información con respecto a lo
político, esta necesidad se hace más urgente e imperiosa y diría
evidente, en los momentos de crisis política y social. En los
momentos de crisis política - y cuando ella es profunda - es la
misma política la que es sentada en el banquillo de los
acusados.
Así, por ejemplo,
en situación de crisis política aparecen frecuentemente juicios
en que se predica de la política la ineficacia y la
irracionalidad. De lo anterior, se sigue que es la política la
causa de todos los males sociales y que por consecuencia, es
necesario erradicarla; como resultado consistente con ese modo
de pensar se sigue la prédica del apoliticismo. Como lo señala
Meynaud
[2],
"una de las constantes del pensamiento tecnológico aplicado al
terreno político es la reivindicación del apoliticismo. Como
otros muchos, los técnicos que alcanzan el poder tecnocrático se
declaran abiertamente indemnes de toda motivación ideológica o
partidista".
El mismo Meynaud
señala que "el fundamento de esta actitud se basa en que la
política, entendida como el dominio de las discusiones y
combinaciones partidistas, complica inútilmente la solución de
los problemas y acarrea pérdidas de energías. La regla áurea de
una sociedad moderna debe ser ésta: hacer prevalecer las normas
de eficacia, por encima de los imperativos o sujeciones
ideológicas"
[3].
Que en nuestro medio hay una
crisis política y que este modo de pensar está presente es cosa
que el lector puede constatar sin mayor esfuerzo. Por su parte,
también hay en nuestro medio quienes piensan que es imposible
reducir el juicio y los objetivos políticos a una formulación
puramente técnica.
Quizá en la actitud de
apoliticismo hay, en muchas ocasiones, una imposibilidad de
concebir lo político en su especificidad; en otras prima un
simplismo reduccionista de lo social a lo biológico o a lo
físico.
Pero no todos los que propugnan
el apoliticismo lo hacen por incapacidad de concebir lo político
o por un reduccionismo ingenuo. Por el contrario, hay cierto
apoliticismo de quienes, estando adecuadamente informados de los
aspectos o consecuencias ideológico-políticas de sus acciones,
utilizan la bandera del apoliticismo para dar a sus decisiones y
acciones una apariencia de neutralidad. De ahí que los que no
aceptan la ideología apoliticista suscriban la afirmación de que
el apoliticismo - especialmente de los técnicos - es un error de
análisis o una forma de encubrimiento ideológico, y en cualquier
caso, una manera de asegurar o facilitar la preservación del
orden establecido.
No es nuestro fin entrar en la
disputa a favor o en contra del apoliticismo, sino mostrar la
actualidad e importancia que se da al problema de la política.
Ouizá, alguien podría pensar que la importancia y valor
atribuido a lo político por parte del autor es sólo una
proyección de su interés por lo político, dada su dedicación a
la ciencia política. Hay, sin embargo, algunos indicadores
empíricos que permiten trascender la subjetividad. Si, por
ejemplo, observamos la existencia e intensidad de sanciones
altamente coactivas para quienes actúan o se juzga actúan
políticamente, dichas sanciones precisamente, en su intensidad y
gravedad, nos dan un índice de la importancia concedida a lo
político y ello es válido, aunque el sujeto que impone las
sanciones se declare apolítico.
Observe el lector si hay
sanciones, más aún, coacción, y en qué grado, para quién intenta
propugnar la política, y podrá reconocer cuál es la importancia
que se da a la política, aún en el caso en que se la niega o se
la denigra.
Asimismo, hay que reconocer que
bajo ciertos temas que son considerados de primera importancia
está, aunque implícito, el problema político. Piénsese
simplemente en términos como desarrollo, integración, seguridad
nacional, etc., y se podrá comprobar que cualquiera de ellos
tiene como constitutivo esencial y de primera importancia la
variable política. Cuando cualquiera de ellos entra en crisis,
podemos escuchar habitualmente que se reclama "una pronta
decisión política", para salir de la crisis.
Por otra parte, si se intenta
vivir en democracia - cual quiera sea el modelo institucional
que la concrete históricamente: la participación política
responsable de los ciudadanos es un requisito para la
estabilidad y desarrollo de la República.
La historia narra
que a Benjamín Franklin, cuando salía del Independence Hall
donde se habían reunido los delegados a la Convención
Constituyente le preguntó una mujer: "Y bien, doctor, ¿qué
tenemos, una república o una monarquía?" y Franklin respondió:
"Una república, si es que pueden conservarla". El Juez Warren
comentando este episodio nos dice que "Franklin tenía cabal
consciencia de que en esa época, la democracia era algo muy raro
en el mundo. Pero había habido democracias y repúblicas aún
antes de la era cristiana. Todas habían desaparecido, y él
sabía el porqué. Sabía que cada vez que fracasaba un gobierno
democrático, ello se debía a que el pueblo abdicaba de su
responsabilidad. Y también sabía que a la democracia la
suplantaba inevitablemente un régimen autoritario, que le negaba
al pueblo todo derecho a gobernarse a sí mismo. Franklin estaba
seguro de que la supervivencia de la república que habría de
implantar la Constitución propuesta dependía de la voluntad del
pueblo, como conjunto de ciudadanos, para apoyarla. La república
no es una forma de gobierno bajo la cual sea fácil vivir, y
cuando se elude la responsabilidad de la ciudadanía, la
democracia declina y se instala el autoritarismo. Sus palabras
"si es que pueden conservarla" - nos dice Warren - se referían a
este concepto básico y vital de la responsabilidad"
[4].
¿Apoliticismo? ¿Politicismo?
¿Anulación de la actividad política? ¿Actividad política
responsable? Y otras muchas preguntas se podrían formular
después de reflexionar sobre lo que se acaba de escribir. Y de
eso precisamente se trata: de reflexionar críticamente, es
decir, enjuiciar. Porque ¿cómo existir en cuanto persona capaz
de pensar y tomar decisiones por su cuenta, responsablemente, si
uno acepta a ciegas lo que vive, su sociedad, su sistema
político, etc.?
Pero cuando hablo de reflexión
crítica, no me refiero a cierto morboso afán irracional de
destruir, ni a la exclusiva aplicación de la razón a adecuar los
medios a la obtención de fines u objetivos indiscutidos e
indiscutibles. Hay muchas formas de proceder que no tienen
derecho a llamarse crítica. Creemos que lo dicho con respecto a
la importancia y actualidad de la política permite decir que hay
motivos y razones que fundamentan el enfrentar el tema.
Pero no es sólo el objeto de
estudio - la política - lo que proporciona motivos y razones
para enfrentar el tema. Aceptado el objeto, nace el problema de
si la política puede ser objeto de estudio científico. La
ciencia como creación cultural ha pasado a ser en nuestro siglo
una realidad paradójica e ineludible. Por un lado, se supone
que el hecho de incrementar el componente científico y
tecnológico de nuestra cultura dará solución a la mayoría de los
dramáticos y generalizados problemas que aquejan a la humanidad;
por otra parte, se observa, con creciente preocupación, que los
resultados de la investigación científica y sus aplicaciones son
a la vez causa de la misma situación que se quiere remediar.
La ciencia, como una actividad
sociocultural, presenta o genera problemas sociales. Por una
parte, la ciencia está en dependencia con respecto a la sociedad
y cultura en la, cual se desarrolla; y por otra parte, influye
en dicha sociedad. Mutuos requerimientos de responsabilidad se
entrecruzan entre los científicos y los demás miembros de la
comunidad y viceversa. La ciencia agita las aguas de la
educación, del derecho, de la política, de la ética y de la
moral.
Pero la inquietud no es sólo
acerca de los resultados de la ciencia y sus aplicaciones, sino
también acerca de la misma naturaleza de la ciencia, acerca de
su capacidad o incapacidad de conocimiento objetivo del mundo,
acerca de su objetivo: conocer o modificar el mundo o ambas
cosas a la vez, acerca del control de ese conocimiento y sus
aplicaciones, etc.
La ciencia y sus aplicaciones,
han cobrado tal importancia en nuestro tiempo, que una manera de
revestir de prestigio ciertas actividades humanas es
calificarlas con el adjetivo de "científicas". Para bien o para
mal, todos hablan de la ciencia y de la tecnología, aunque la
mayor parte de los que hablan no se han dado el trabajo de
reflexionar rigurosamente sobre el asunto.
Tanto para quienes entienden,
como consecuencia de una reflexión rigurosa, qué es la ciencia,
como para quienes hablan de ella sin haber reflexionado, para
quienes la ciencia es un bien como para quienes la ciencia es un
mal; para unos y para otros la ciencia importa.
Admitida la posibilidad de la
ciencia y su conveniencia para el conocimiento de la realidad
denominada generalmente natural, queda aún una ardiente disputa
acerca de la posibilidad y conveniencia de la ciencia social, en
otras palabras de la sociología, de la antropología, de la
psicología social, de la politología, de la ciencia política,
etc.
Aquí nuevamente hay quienes
afirman y quienes niegan. Se ha dicho que la pretendida ciencia
social no es más que ideología, que no es sino el encubrimiento
de opciones valorativas bajo la apariencia del rigor, que no es
otra cosa que un esfuerzo por hacer aparecer como objetiva y
neutral una opción ideológica.
Se afirma que los valores a los
cuales adhieren los científicos influyen en la selección de los
problemas, de los medios y por consecuencia, en los contenidos
de las acumulaciones. Por otra parte, se ha afirmado que aunque
fuese posible que las ciencias sociales proporcionasen
explicaciones objetivas sobre la realidad, ello no sería útil ni
deseable, pues sólo seria legítimo un conocimiento para actuar,
de la mejor manera posible, sobre la sociedad, lo cual implica
estimar y evaluar.
Hay quienes, por el contrario,
propugnan, pues conciben posible legítima, una ciencia social
objetiva y libre de valores. Otros argumentos se tejen a partir
del objeto de las ciencias sociales, el cual, para algunos, por
tratarse -. de la acción humana intencional, no puede ser
materia de un estudio objetivo, ya que sólo a través de una
cierta comprensión será posible, el conocimiento. Otros afirman
que el objeto de las ciencias sociales no impide intentar
desarrollar una ciencia con el mismo grado de rigor y
objetividad que han alcanzado las ciencias así llamadas
naturales.
Otros problemas relacionados con
la ciencia podrían señalarse; no obstante, creemos que bastan
los mencionados para poder afirmar que no sólo por el lado de la
política, sino también de la ciencia, hay suficientes motivos y
razones para enfrentar el tema.
Como es obvio, cuando se trata de
la ciencia política, estos problemas se conjugan en una compleja
problemática, cuyo enfrentamiento se funda, por lo menos, en
todos los motivos y razones que tenemos para plantearnos los
problemas de la política y de la ciencia.
2. ¿Qué
obstáculos plantea el tratamiento del tema?
2.1. Política,
ciencia y opinión pública.
Uno de los obstáculos para
enfrentarse con un asunto que tiene implicados temas como los de
la política, la ciencia y la ciencia política, es que dichos
temas son objeto de opinión pública. Hay momentos en el
desarrollo cultural de una sociedad en que ciertos asuntos
cobran una especial notoriedad, y creo no equivocarme si digo
que en nuestra cultura la política, la ciencia y la tecnología,
entre otras han cobrado notoriedad. Pero cobrar notoriedad sólo
significa llegar a ser objeto del conocimiento del público.
Quienes estamos bajo la
influencia de los llamados "mass media". Sabemos que la
notoriedad no implica importancia o valor, y muy frecuentemente
- por las causas que sea - la correlación aparece inversa;
cuanto mayor valor o importancia social, menor notoriedad y a la
inversa.
Una opinión pública se forma
sobre lo que llega a ser de conocimiento del público, sobre lo
que se encuentra a disposición de todo individuo, como
información, de la misma manera. La igualdad de la información
de segunda mano es lo que se concreta en la relativa generalidad
de la opinión pública.
El individuo que
forma parte de una sociedad frecuentemente, frente al fenómeno
de notoriedad de un tema, se cree obligado a formarse un juicio
sobre dicho tema. Suele suceder que el mencionado individuo no
tiene la información necesaria, ni la experiencia, para asumir
una actitud responsable; no obstante, bajo la presión de la
notoriedad no quiere aparecer o sentirse marginado de lo que se
ha hecho objeto de opinión pública y adopta lo que “se" dice.
La percepción de que los otros esperan un juicio de uno sobre el
tema, el temor de perder prestigio inclinan al individuo ante la
opinión pública. Lersch nos hace notar que "con frecuencia lo
que hace al individuo receptible para la opinión pública es el
malestar de la incertidumbre y de la duda sobre cosas de las que
de un modo muy impreciso uno siente que depende su vida"
[5]
La opinión pública
sobre algo se manifiesta como una fórmula salvadora de la
incertidumbre, que a la vez me vincula y me uniformiza dentro de
la colectividad. Es obvio, pues, que haya resistencias cuando
se intenta desconfiar de la opinión pública, pues ese intento
pone en duda lo que ha proporcionado seguridad y certidumbre.
Cuando se trata de asuntos como la política y la ciencia, es de
esperar que el intento de poner en duda la opinión pública,
además de difícil de ejecutar, puede tener antipáticas
consecuencias.
[6]
En todo caso, tratar de que las
personas tengan la oportunidad de formarse un juicio sobre la
base de adecuada información reflexionada críticamente justifica
el esfuerzo y el riesgo. A continuación debería decirse: "Por
lo tanto, estimado lector, aunque le resulte desacostumbrado el
pedido, por favor, abandone la opinión pública sobre la política
y la ciencia".
2.2.
Ambigüedades y confusiones
La maravillosa economía del
lenguaje común tiene como precio la ambigüedad. La ambigüedad
conlleva imprecisión, lo cual no reviste un obstáculo para la
comunicación y la acción cotidianas. Pero cuando algo no
resulta del modo habitual, cuando los procedimientos cotidianos
muestran incapaces de lograr los objetivos que habitualmente
lograban, cuando el curso normal de todos los días se rompe,
entonces aparece el obstáculo no habitual: el problema, y con él
la necesidad de dilucidarlo, para lo cual se requiere, entre
otras cosas, precisión en el uso del lenguaje.
La ciencia es un "dato" básico
contemporáneo. Estamos sometidos al influjo fascinante del
pensamiento y del quehacer científico como un hecho cotidiano.
Por todas partes se oyen las palabras "ciencia", "científico",
"política científica”, “educación científica". "periodismo
científico". La propaganda nos ametralla con la "cientificidad
del producto" en la venta y la venta se hace “científica”. No
hay casi espacio de la cultura en que la ciencia no aparezca
impetuosamente.
La ciencia se nos aparece como
algo cotidiano; su presencia no parece romper nuestra rutina;
por el contrario, hablar de ella es parte de nuestra rutina:
damos por entendido que entendemos y nos entienden cuando
hablamos de la ciencia. Sin embargo, basta la pregunta ¿qué
quiere decir ciencia? o ¿qué es la ciencia? para que la
exuberante ambigüedad del lenguaje común nos descubra una
tragicomedia de equivocaciones. Las respuestas a la pregunta
son innumerables; muchas de ellas no son mas que expresión de
imágenes, en tanto, que otras alcanzan la abstracción y quizá
todas ellas refieran a algún aspecto de la ciencia.
Bernard Barber nos
dice: "Basta evocar la variedad de figuraciones que el concepto
de ciencia despierta entre gentes para formarnos una idea de sus
múltiples facetas". Y agrega, no sin cierta ironía: "La ciencia
es un caballero, las más veces con bata blanca, sumido
probablemente en la contemplación de unos tubos de ensayo que
tiene en las manos. La ciencia es también la teoría de la
relatividad de Einstein, según la consabida fórmula E = mc2.
Una máquina de extraordinaria complicación, acaso una de esas
nuevas calculadoras electrónicas que algunos escritores han dado
en llamar "cerebros mecánicos", se presenta también de ordinario
como una representación de la ciencia. En la tremenda crisis
económica de 1930, la ciencia vino sin más a significar para
muchos el paro forzoso provocado por los adelantos técnicos
(percepción que aún hoy se mantiene en muchos de los países
denominados "en desarrollo"', agregamos nosotros), una especie
de monstruo de Frankenstein de los que acaban por devorar a su
creador, en nuestro caso la sociedad. Con mayor frecuencia, y
aún a despecho de la bomba atómica, la ciencia equivale también
al logro de unas esperanzas o al fundamento cuando menos de su
persistencia, puesto que ha descubierto la insulina, la
penicilina y quien sabe si muy pronto no dará con el remedio de
una calamidad más extendida: la del resfriado común; aumenta de
continuo nuestro bienestar material; y prosigue incansable en su
búsqueda tras el remedio del cáncer, de la poliomelitis, de la
psicosis y de miles de millones de dolencias que atosigan al
género humano. La ciencia presenta todos estos aspectos y otros
muchos más. Cada uno de nosotros puede multiplicar
indefinidamente sus propias representaciones de la ciencia".
[7]
Sin duda, hay representaciones
menos abstractas de la ciencia; se dice: "conocimiento
sistemático", “conocimiento riguroso", "saber teórico",
“conocimiento experimental", etc. Estas otras muchas locuciones
que podríamos señalar como ejemplos dejan patente la diversidad
conceptual a la cual alude el término ciencia; es amplio el
campo de la ambigüedad y, por lo tanto, no es de extrañar que la
confusión sea manifiesta.
Cuando se trata del otro término
implicado en nuestro tema, la política, las cosas se dan por el
estilo, o aún de manera más manifiesta. El término política
denota innumerables conceptos, según se trate del lenguaje
popular, del lenguaje común culto, del lenguaje científico,
etc... En efecto, en cada uno de ellos, los significados del
término son múltiples.
Si se trata de las connotaciones
del termino, la cuestión todavía se vuelve más complicada.
Podríamos decir que para el hombre de la calle el fenómeno
político aparece eminentemente como un asunto partidista; está
mezclado con las preocupaciones ideológicas y con los intereses
particulares o especializados de grupos o clases, preocupaciones
que, él percibe, se imponen a los titulares del poder. Ello
suele manifestarse en la conversación común cuando la
importancia de un asunto es de envergadura o compromete a la.
sociedad en su conjunto; es entonces cuando se oye decir que tal
problema no debe ser resuelto de "manera política" o que debe
sacarse de la "politiquería" por su naturaleza técnica o por su
importancia para el país. De lo que se trata es de sacarlo de
las rivalidades partidistas.
Sin duda esta posición
frecuentemente generalizada, connota una apreciación
desfavorable de los ocupantes de los puestos o roles que tienen
por objetivo asegurar el. tratamiento y la decisión de los
asuntos públicos. Alcanza, en especial a "los políticos y en
menor escala a los funcionarios públicos, y manifiesta una
consideración peyorativa o de menosprecio de ellos. Aún para
personas cultas, la política se presenta, frecuentemente como un
conjunto de procedimientos donde "se negocia" de manera "turbia"
y aún "deshonesta".
No es nuestra finalidad, aquí,
discutir tal posición, sino solamente señalar que existe, que
suele ser generalizada y, más aún, que tiene suficiente
intensidad como para ser un factor de deterioro del
funcionamiento de los sistemas políticos, especialmente de
aquellos que son democráticos. Esta posición pueden observarse
en los colegios o asociaciones profesionales, los cuales, sin
embargo, no trepidan en pedir la intervención de las autoridades
y de los propios partidos cuando les es conveniente. Esta
posición suele estar en la raíz do muchas actitudes de lo que
podríamos llamar “la política del apoliticismo".
Hay, sin duda, también otras
actitudes semejantes en las cuales, de manera implícita y muy
sincera, lo que se está reclamando es una auténtica
preocupación, por el bien común que, trascienda los intereses
particulares En todo caso, lo que interesa es notar la
ambigüedad en el uso del término "política" en el lenguaje
común. Si nos trasladamos al campo del
lenguaje científico, el término "política" no pierde su
ambigüedad.
Hay una corriente entre los
científicos políticos que concibe, como objeto de su disciplina,
el poder. Así, Talcott Parsons concibe la ciencia política como
la disciplina que estudia “el poder político y la utilización
del mismo”. David Easton, por su parte, la concibe como el
“estudio de la fijación autorizada (realizada por la autoridad)
de valores, influida por la distribución y uso del poder".
Hay otros que, manteniendo como
objeto el poder, introducen un nuevo problema, pues agregan al
objetivo de conocimiento, la aplicación de dicho conocimiento
para la modificación de la realidad política; en otras palabras,
conciben un objetivo científico y un objetivo de aplicación o de
tecnología sociopolítica. Entre estos últimos están Lasswell y
Kaplan, que conciben el estudio de la política como cl estudio
de la influencia del poder como instrumentos de distribución e
integración de valores. Para Duverger, la política es "el poder
organizado, las instituciones de mando y de coacción de
cualquier comunidad".
Una antigua tradición en los
estudios de la política la conciben como el estudio del Estado
como institución que aspira a la supremacía jurídica y
política. Esta corriente manifiesta sus raíces vinculadas a los
estudios jurídicos institucionales. Podríamos multiplicar el
número de citas ejemplares, pero creemos que éstas bastan para
mostrar la diversidad de referencias conceptuales que aún en el
lenguaje disciplinario tiene el término "política".
Como es obvio, cuando es tan
extensa la ambigüedad del término, es de esperar que la
probabilidad de confusión en el diálogo pueda ser muy alta. Lo
anterior deja patente, pues, que hay aquí un obstáculo más que
enfrentar cuando se pretendo hablar del estudio científico de la
política.
2.3
Expectativas
Otros de los obstáculos que
dificultan el tratamiento del tema lo constituyen las variadas
expectativas que se abrigan con respecto al estudio científico
de la política.
Por una parte, están los que
esperan que a través del estudio científico de la política se
pueda obtener un conjunto de normas que sean las mejores para
institucionalizar la vida social en su aspecto político. En
otras palabras, se abriga la esperanza de que el estudio
científico de la política nos de soluciones normativas.
Hay quienes, por el contrario,
tienen la expectativa de obtener una adecuada descripción de la
realidad política a través del estudio científico de la.
política.
Otros van un paso más allá y
agregan a la descripción la explicación; pretenden que el
estudio científico de la política no sólo les describa la
realidad política, sino, que se las explique, entendiendo
habitualmente por ello, que les permita encontrar las causas que
producen como efecto la realidad política que observan.
No faltan quienes tienen la
expectativa de que el estudio científico de lo político les
permita predecir el curso futuro de los acontecimientos
políticos de la sociedad.
Asimismo, hay quienes, con una
inclinación más práctica esperan del estudio científico de la
política la formulación de ciertas reglas que les permitan
operar eficazmente en la conducción de los asuntos de la
política; es decir, confían que dicho estudio les permita
prescribir eficientemente las conductas adecuadas para al manejo
de la cosa pública.
También se pueden encontrar
quienes esperan del estudio científico de la política el
conjunto de todas las expectativas anteriormente señaladas.
Finalmente hay quienes piensas
que la política es algo eminentemente práctico, intuitivo y que
nada puede esperarse de un estudio científico de la política, o
que ven en dicho estudio una manera complicada de obtener lo que
fácilmente se puede lograr con el sentido común y la práctica.
Obviamente, quien se enfrenta con
la tarea de reflexionar sobre el estudio científico de la
política deberá tener en cuenta estas diversas expectativas y
encontrará dificultades para hacerse entender por todos de igual
manera, pues dichas expectativas favorecerán o desfavorecerán la
intelección de lo que se diga. Es un aserto aceptado en el
análisis de la comunicación que las experiencias, conocimientos
y disposiciones afectivas del destinatario del mensaje
intervienen en la captación y el sentido otorgado al mensaje de
la fuente.
Los obstáculos expuestos - que
son sólo algunos - hacen que el intento de tratar el tema sea
asumido por nosotros con humildad y esfuerzo entusiasta. Bastará
que algunos de los que lean este trabajo se sientan motivados
para reflexionar y quizá iniciar un diálogo con nosotros o con
algún otro científico político, para que dicho esfuerzo pueda
ser considerado productivo.
3. Ciencia
3.1 Hemos podido comprobar que el
término ciencia tiene un uso ambiguo, es decir, designa diversos
conceptos y por consecuencia produce confusión en la
comunicación cuando se lo usa. La vaguedad o confusión debe ser
enfrentada si se pretende progresar en una reflexión racional.
Se trata, pues, de precisar la
significación del concepto, es decir, se hace necesario
dilucidarlo. Es obvio, y lo hemos señalado, que puede haber
varios conceptos de ciencia; desde el concepto de “episteme” de
los griegos hasta el concepto que denotan los científicos
actuales con la palabra ciencia ha habido una evolución. Hoy
mismo no todos denotan el mismo concepto cuando pronuncian la
palabra ciencia.
No es nuestro intento, pues sería
pretencioso, zanjar la discusión, pero el lector podrá estar de
acuerdo con nosotros en que una discusión que pretenda ser
fecunda requiere que cada uno declaro el concepto, y lo haga de
la manera mas precisa posible. Por otra parte, "si bien puede
haber diversos conceptos, no todos ostentan el mismo grado de
adecuación con respecto a la actividad social que denominamos
ciencia. De lo dicho se sigue que debemos tratar de dilucidar
el concepto que tenga aceptación más generalizada y fundada.
Para ese intento, debemos seleccionar aquellos aportes de
disciplinas como la filosofía, la epistemología y la
metodología, en cuanto han hecho objeto de su trabajo a la
ciencia.
Parece oportuno señalar, en todo
caso, que la ciencia puede ser concebida como una actividad y
como un producto. La actividad es lo que denominamos
investigación científica; el producto, lo que llamamos
conocimiento científico. Dado que un producto no es inteligible
sino en relación a la actividad que lo produce (en caso
contrario sólo conoceríamos un objeto pero no un producto),
hemos optado por dilucidar el concepto de ciencia en cuanto
actividad.
3.2 Acción y
realidad
El hombre frente a la realidad -
podríamos decir, de manera esquemática - actúa tratando de
conocerla o de modificarla. Ambos objetivos son distintos,
aunque haya interacción entre las actividades de conocer y de
modificar. Así, el método experimental es una manifestación del
reconocimiento del hombre de que en su intento de conocer
influye en el objeto que quiere conocer y que, por lo tanto, es
necesario conocer y controlar esa influencia modificatoria que
se produce contra su voluntad. Por otra parte, quienes tratan
de modificar la realidad se interesan en el conocimiento de esa
realidad tanto cuanto lo necesitan para obtener el efecto
deseado.
Cuando se conoce, es el sujeto
que conoce el que se modifica eminentemente. Conocer algo es
representarlo en la conciencia, es pues la conciencia del sujeto
la que se modifica. Por el contrario, cuando trata de modificar
la realidad, es eminentemente el objeto el que cambia y de
acuerdo al propósito del sujeto, si la operación es exitosa.
3.3
Conocimiento
Nuestra primera aserción es que
la ciencia es una actividad orientada eminente y primariamente a
conocer.
Pero, claro está, que la ciencia
no es el único modo de conocer. Todos los seres humanos
conocemos; hay un conocimiento que es común a todos y que, por
eso precisamente, lo denominamos conocimiento común, y más
frecuentemente, "sentido común".
El conocimiento común se produce
habitualmente por inducciones y generalizaciones que se hacen a
partir de las experiencias repetidas; también el conocimiento
común es un conjunto de partes del conocimiento científico de
épocas anteriores, que por tradición ha pasado a ser patrimonio
de la generalidad de los individuos. Al parecer, la mayor parte
de lo que constituye el conocimiento común son generalizaciones
que resumen hechos de la vida cotidiana, observados o inferidos
a partir de ellos.
El conocimiento común, entre
algunas de sus múltiples características, manifiesta una, clara
tendencia a eliminar la problematicidad. Constituye, por
decirlo así, una especie de recetario que permite desarrollar la
actividad cotidiana sin obstáculos.
Es de hacer notar que
precisamente ese arraigo del conocimiento común a la experiencia
cotidiana, al mundo de la percepción, es lo que le impide
trascendencia. No deja de ser llamativo el hecho que cuando se
pretende trascender el conocimiento común, de manera común, se
caiga en el mito, en la magia o en cualquiera de los muchos
tipos de pseudociencia que aún hoy - y quizá siempre, en algún
grado - se pueden observar en la cultura de los pueblos.
Todas estas formas de
conocimiento se pueden observar cuando se trata de la política.
Lo común en todos estos casos - y lo trágico - es que se
sacrifica el tratamiento racional de la experiencia.
Una segunda aserción que podemos
hacer es que la ciencia no es conocimiento común, sentido común,
ni conocimiento irracional.
3.
Racionalidad
El conocer como actividad puede
ser racional. Un conocimiento racional en cuanto se lo mira
como actividad equivale a decir que es metódico. El método es
un procedimiento para tratar problemas. No cualquier secuencia
es un proceso, ni cualquier proceso es un procedimiento.
Decimos que hay una secuencia
cuando un evento sigue a otro. Pero hay secuencias
temporalmente ordenadas de eventos o acaecimientos en donde cada
miembro de la secuencia forma parte en la determinación del
miembro siguiente, en cuyo caso, hablamos
de proceso.
Cuando un proceso se desarrolla
de acuerdo a un plan prefijado y con ciertas reglas determinadas
aptas para conducir al objetivo propuesto, lo denominarnos
método. Por lo tanto, todo método es un proceso y todo proceso
es una secuencia, pero la inversa no es válida. Así podemos -
en otras palabras - decir que el método es el conjunto de
procedimientos racionales de acción.
Cuando se actúa aplicando
procedimientos racionales y excluyendo los que no lo son,
decimos que se es riguroso. Cuando el rigor se transforma en la
norma conductual de un grupo que se dedica a actuar sobre un
objeto, nos encontramos frente a una disciplina.. Si los
objetivos son de conocimiento estamos frente a una disciplina
cognoscitiva.
También suele llamarse disciplina
al conjunto sistematizado de conocimiento obtenido a través del
ejercicio disciplinario.
Una tercera aserción que podemos
hacer es que la ciencia es conocimiento y procedimiento
racionales, en otras palabras, es disciplina.
3.5 Claridad,
precisión y comunicabilidad
La racionalidad exigidas por el
procedimiento de la ciencia exige ciertos requisitos. Para
superar la confusión y obtener la claridad requerida por un
procedimiento que intenta ser racional, es necesario superar la
ambigüedad propia del conocimiento y lenguaje comunes.
Para obtener esa claridad
conceptual, es necesario dilucidar, definir los conceptos; a fin
de lograr la precisión, es necesario medir, es decir, comparar y
cuantificar, cuando ello es posible. Lo dicho explica porque la
ciencia crea un lenguaje propio, donde los términos tienden a la
univocidad y cuyo significado sólo es inteligible en un
contexto, como en todo lenguaje, contexto que, en el caso de la
ciencia, lo proporciona la teoría.
Por eso podemos hacer una cuarta
aserción: la ciencia tiene claridad, precisión y un lenguaje
propio que, por supuesto, requieren de un adiestramiento
especial.
Se advierte claramente que los
requisitos anteriores son necesarios para que las proposiciones
de los científicos puedan ser objeto de crítica racional. Por
otra parte, la comunicabilidad de la ciencia, al requerir un
lenguaje propio, queda restringida, en gran medida, a quienes
dominan dicho lenguaje. Demás está decir que este ideal de
claridad y precisión sólo se alcanza cuando la disciplina
capaz de trabajar con un lenguaje formalizado y aún así cuando
se trata de disciplinas factuales, ello no es conseguible
plenamente - y quizá ni ser un desideratum.
3.6
Problematicidad
El objetivo del quehacer
científico, de la investigación científica, es el conocimiento
científico. El primer paso de toda investigación científica es
formular problemas: sin problemas científicos no hay ciencia.
Los obstáculos en la vida cotidiana suelen resolverse de manera
automática cuando ello no es posible, nos encontramos con un
problema, es decir, con una dificultad que requiere de una
investigación. Se hace, entonces, necesario expresar
racionalmente el obstáculo para proceder a buscar su solución.
Pero no, cualquier problema es un
problema científico. Los problemas científicos son aquellos que
se plantean teniendo en cuenta las acumulaciones de la ciencia,
usando el lenguaje de la ciencia, que pueden ser resueltos con
los medios de la ciencia y cuyos objetivos son los objetivos de
la ciencia. Los problemas de la ciencia son de tal importancia,
que el tipo de problemas es el que determina el nivel de la
investigación.
Podemos hacer una quinta
aserción: La ciencia es problematizadora
3.7
Hipoteticidad y legalidad
Una vez formulados adecuadamente
los problemas científicos, tratamos de buscarles una solución. A
diferencia de otras disciplinas, en la ciencia ninguna solución
es nunca una conclusión definitiva. En ciencia siempre es
posible someter a crisis las soluciones.
Frente a un problema, es posible
buscar una respuesta a través de ocurrencias, conjeturas u otro
género de posibles respuestas. En el caso de la ciencia, la
respuesta a un problema es un tipo de conjetura que tiene que
poseer consistencia lógica, compatibilidad con las
acumulaciones científicas existentes y posibilidad de ser
sometida a contraste con la experiencia, (la segunda condición
puede en algunos casos excepcionales no ser satisfecha).
Cuando una hipótesis científica
ha sido contrastada de manera positiva con la experiencia y es
una proposición acerca de una relación constante entre dos o más
variables que representan propiedades de sistemas concretos, nos
encontramos frente a una ley científica.
Así, pues, se supone con
fundamento, que la ley representa un esquema objetivo o
estructura objetiva.
Podemos hacer una sexta aserción:
La ciencia es hipotética y legal
3.8
Teorización
Cuando sistematizarnos un
conjunto de proposiciones hipotéticas y legales nos encontramos
frente a una teoría. Si las proposiciones antedichas son
científicas, se trata, entonces, de una teoría científica. Es
claro entonces que no todas las disciplinas pueden ser llamadas
teóricas y que no todas las disciplinas teóricas son
científicas.
Suele decirse, de otro modo, que
una disciplina es teórica cuando se trata de un sistema general
de proposiciones, y que es científica cuando dicho sistema
general no sólo manifiesta coherencia sino que representa la
estructura de cierto sector de la realidad.
Podemos hacer una séptima
aserción: La ciencia es teórica
3.9
Factualidad
Hay disciplinas que son teóricas,
es decir, se refieren a ideas o conceptos. Por ejemplo, la
lógica y la matemática satisfacen todas las características
relativas a la disciplina y a la teoría pero su objeto exclusivo
son ideas, conceptos; sus referencias últimas son conceptuales,
no requieren de la experiencia ni de los hechos para que sus
proposiciones sean aceptadas. Sólo requieren satisfacer el
requisito de sistematicidad, de coherencia lógica y de
generalidad.
En el caso de la ciencia, se
agrega un nuevo requisito. La ciencia, a diferencia de las
disciplinas teóricas, como la lógica y la matemática, requieren
además de la coherencia, sistematicidad y generalidad de sus
proposiciones, la contrastación con la experiencia. La razón de
este requisito es que la ciencia tiene como referencia, como
objeto último, los hechos, la realidad.
Es así que podemos hacer una
octava aserción: la ciencia es una disciplina teórico-empírica o
si se quiere expresar de otro modo: la ciencia es una disciplina
teórico-factual.
3.10
Contrastabilidad o verificabilidad
Al tener por referencia última la
realidad objetiva, la ciencia - tiene como hemos dicho - que
contrastar sus proposiciones con la experiencia. Muchas de las
proposiciones científicas son de tal generalidad, que no
permiten una contrastación o verificación directa con los datos
obtenidos por el investigador a través de la observación, la
medición y la experimentación.
Para contrastar estas
proposiciones señaladas, el científico requiere realizar
inferencias, en otras palabras, hacer deducciones de otras
proposiciones que puedan ser menos abstractas y que permitan,
por su singularidad y concreción, ser comparadas con los datos.
- Se solía decir - y aún hoy se
sigue diciendo - que la ciencia era el producto de, un proceso
inductivo. Pues bien, la inducción juega un papel en la
ciencia, como uno de los caminos posibles (por cierto no
necesariamente el único ni el más económico) para producir
generalizaciones empíricas que pueden transformarse en
hipótesis, bajo determinadas condiciones. No obstante, la
inducción no desempeña ninguna función en la contrastación o
verificación de las hipótesis.
Por otra parte, también es común
oir decir que las hipótesis se contrastan con los hechos. En
realidad, esta manera de expresarse es inadecuada, pues si bien
la ciencia tiene como referencia los hechos, la realidad, sólo
posee como evidencia los datos. Los datos son el producto de la
observación, medición o experimentación de los hechos. Los
datos son ya producto del conocimiento que el sujeto tiene de
los hechos, y es con los datos que se contrastan o verifican o
confirman las hipótesis, a través de las proposiciones que de
ellas se deducen.
Lo anterior suele expresarse de
la siguiente manera, que configura una novena aserción: la
ciencia es un sistema hipotético-deductivo contrastable
empíricamente
3.11
Objetividad
Es común escuchar que la ciencia
es objetiva. En realidad todo conocimiento - aún cuando se
considere esa unidad mínima de conocimiento que es el concepto -
es una representación que un sujeto se hace de un objeto. En
ese sentido, también la ciencia es objetiva. Parece obvio, sin
embargo, que seres contingentes como somos los hombres no
podamos presumir de un conocimiento pleno, total y perfecto de
la realidad, objeto de nuestro conocimiento. Por eso la ciencia
trata de trascender las limitaciones inherentes a la
contingencia propia de cada investigador, exigiendo que las
contrastaciones puedan ser realizadas por diversos
investigadores, de tal modo que haya posibilidad de corregir, a
través de un cierto proceso de compensación entre distintos
sujetos, los efectos de las limitaciones de cada investigador
individual. Por esto el método de la ciencia exige que la
posibilidad de contrastación sea intersubjetiva y por
consecuencia, transubjetiva. De lo dicho se sigue que la
ciencia tiene como ideal la objetividad, pero su conocimiento
siempre será relativo y parcial.
De lo anterior brota la décima
aserción: la ciencia es un sistema hipotético-deductivo
contrastable empírica e intersubjetivamente.
3.12 Finalidad
La finalidad de la ciencia es la
verdad. La ciencia intenta conocer adecuadamente la realidad.
La finalidad primaria de la ciencia es el conocimiento
adecuado. En razón de esto, la ciencia busca perfeccionar, de
manera progresiva, el conocimiento de la realidad, comenzando
por describirla, siguiendo con el intento de explicarla y -
cuando ello es posible - prediciendo lo que va a ocurrir o
retrodiciendo lo que ocurrió. Es ajeno a la ciencia, así
entendida, la pretensión de normar o prescribir la realidad.
Lo anterior no quiere desconocer
el rango de disciplinas teóricas a aquellas otras cuyo objetivo
es normar o prescribir la realidad, como sucede en el caso de la
ética, el derecho y la tecnología, respectivamente. Tampoco se
debe inferir de lo dicho que se ignora o se niega que las
disciplinas normativas y descriptivas usan del conocimiento que
la ciencia acumula, ni mucho menos de que la ciencia puede, como
actividad humana, escapar de la ética y el derecho o presumir
que puede prescindir del aporte instrumental de la tecnología y
de la técnica o de otras disciplinas formales, como la lógica o
la matemática.
De lo expresado, se sigue la
décima primera aserción: La ciencia tiene como objetivo el
conocimiento teórico-empírico de la realidad a través de la
descripción, explicación y predicción de dicha realidad. La
finalidad de la ciencia es la verdad.
4. Política
Cuando en el capítulo 2, nos
referimos a las ambigüedades y confusiones (2.2) que
obstaculizaban el tratamiento del tema, ya dijimos algo acerca
de la concepción común sobre la política. Retomaremos
brevemente parte de lo allí expresado con el fin de mostrar que
la concepción popular o común de la política tiene importantes
repercusiones prácticas que no debemos dejar de considerar en un
trabajo sobre el estudio científico de la política, aunque no
sea el foco principal de nuestra atención.
Quizá conviene recordar que lo
político aparece, para la mayoría de los hombres, como un asunto
esencialmente partidista. Se lo ve como un fenómeno vinculado a
las preocupaciones ideológicas o a los intereses de grupos o
personas que tienen el suficiente poder como para imponer su
ascendiente a los gobernantes o a la autoridad.
Generalmente esta visión
manifiesta un juicio desfavorable bastante generalizado con
respecto al comportamiento de los que actúan en "la política",
de los "políticos". Lo dicho aparece más claro cuando
peyorativamente se habla de "politiquería", haciendo una no
fundada generalización de algunas conductas a todas las
conductas políticas.
Sería interesante profundizar en
este fenómeno, pero no creemos que este trabajo sea la
oportunidad adecuada. Sin embargo, téngase en cuenta que esta
opinión existe y es generalizada y su influencia - como la de
toda opinión generalizada - es apreciable. Dado que en esta
concepción la opinión frente al proceso político es negativa no
es de extrañar que sea un factor de deterioro de los regímenes
pluralistas, donde se pueden encontrar manifiestos y como parte
de las reglas del juego, los conflictos ideológicos y de
intereses, como en el caso de los regímenes democráticos. Por
eso no debe sorprender que quien es adverso al régimen
democrático a su vez haga profesión de apoliticismo.
En nuestro caso, dado que
tratamos acerca del estudio, más aún del estudio científico de
la política, lo que nos interesa primariamente es entender a qué
objeto se refieren los estudiosos y los científicos cuando usan
el término política.
Si bien entre los especialistas
pueden haber muchas respuestas acerca de lo que es la política,
sin duda, todos están de acuerdo en un postulado metodológjco:
todos concuerdan en que las sociedades humanas presentan un
aspecto que puede ser considerado como político. Aún aquellos
que postulan una sociedad apolítica lo hacen por referencia a
ese aspecto que es precisamente el que aspiran a eliminar de la
vida social.
En cualquier disciplina, el
objeto es una construcción de la mente humana, en cuanto es un
hecho observado. La realidad puede ser vista como el HECHO.
Cuando observamos siempre conocemos parte de ese HECHO,
deliberada o indeliberadamente; nunca perfectamente todo el
HECHO por eso, hablamos de "los hechos". La ciencia trabaja con
hechos observados y observables, es decir, con DATOS, pero los
datos son sólo los hechos que caen bajo la observación. Muchos
problemas epistemológicos hay encerrados en ello, pero no
entraremos a considerarlos. Basta solamente que se note que el
problema del objeto de los estudios políticos no es algo que
pueda enfrentarse con el conocimiento vulgar y de que se tenga
en cuenta que el objeto de las disciplinas no lo constituyen
hechos sino datos y que éstos siempre son una concepción o una
idea de los hechos observados.
Precisamente la incertidumbre que
puede observarse con respecto al objeto de los estudios
políticos deviene de lo dicho. Tanto es así, que hay quienes
propugnan que el problema del objeto de los estudios políticos
sea respondido, enumerando los grandes temas de análisis, o más
simplemente, diciendo que la ciencia política es lo que hacen
los científicos políticos bajo el rótulo de ciencia política.
Pero las respuestas anteriores
nos dejan sin saber qué es lo que da unidad a los estudios
políticos y más precisamente, a la ciencia política. Un
agregado de temas estudiados no constituyen una disciplina. Es
más fácil hacer una lista de cosas que elaborar una definición.
Si se duda de lo dicho, analícese
lo que sucede con las llamadas "relaciones internacionales" se
verá que es una enumeración de temas que permiten reivindicar
las "relaciones internacionales" para el economista, para el
jurista, para el científico político, para el psicólogo social,
etc.
El problema de la identificación
del objeto tiene especial importancia en países - que como el
nuestro - no tienen establecida o lo está de modo incipiente, la
ciencia política. La pretensión de establecer una disciplina
debe legitimarse demostrando que cierto aspecto de las
relaciones sociales, o si se quiere de la vida social, está sin
analizar o deficientemente analizado. Si simplemente se admite
que la ciencia política intenta estudiar los "asuntos públicos",
sin decir más ¿no tienen acaso justificación los hombres
dedicados al derecho público a decir que su disciplina ya lo
hace?. Lo mismo si sólo se habla, sin más, del "Estado", de la
"Constitución" o de las "Instituciones".
Es un hecho que no hay acuerdo
entre los autores para determinar los criterios que permitirían
delimitar el objeto de los estudios políticos y más precisamente
de los estudios científicos de la política. Dentro de la red de
relaciones sociales, de fenómenos sociales, se intenta
identificar algunos que se denominan políticos. Como
señalábamos antes, el objeto se constituye por un recorte de la
realidad; esto es común a todas las disciplinas, incluidas tanto
las llamadas naturales, como las denominadas sociales.
No pretendemos agotar la variedad
de criterios usados para recortar la realidad social, ni los
objetos que surgen como consecuencia de dichos recortes, pero
intentaremos mostrar algunos que han manifestado una cierta
aceptación generalizada.
La política
como lo relativo al Estado
Esta posición tiene a su favor
una larga tradición. Sin duda son claros sus orígenes
vinculados a las disciplinas filosóficas y jurídicas y aún
tiene, acogida en muchos lugares. Quizá sería oportuno señalar
que hay dos vertientes en esta corriente, que hace del Estado el
objeto de los estudios políticos.
- enfoque
institucional
La vertiente de más larga
tradición ve como objeto de lo político las instituciones del.
Estado que expresan la teoría, organización, gobierno y práctica
del Estado. Algunos agregan que las instituciones que interesan
son aquellas que son legales o tienen fundamento legal.
- enfoque
funcional-territorial
Este enfoque - habitualmente
identificado con los trabajos de Max Weber - señala como
político lo relativo a las funciones gubernamentales dentro de
un determinado territorio. (En este enfoque ya emergen las
relaciones de poder que serán el objeto de los enfoques
secuentes, razón por la cual también podría ser clasificado de
manera distinta a la opción que nosotros hemos tomado).
Interesa, quizá, señalar que
estos recortes de la realidad para objetivar lo político por
medio del Estado tienen ciertos inconvenientes surgidos de la
misma ambigüedad del término "Estado"; no es el caso enumerar,
pero sí señalar, que hay una variedad de conceptos denotados por
el término "Estado".
Por otra parte, el Estado como
producto cultural es particular a un determinado período
histórico, lo que impide estudiar los restantes períodos o
suponer que la política es un fenómeno no existente en ellos.
Más aún, el énfasis institucional
casi elimina del estudio los aspectos relativos al
comportamiento de los actores concretos y reales. Por último
supone aceptar que lo político se agota en el Estado.
Jean Meynaud
[8]
señala: "La noción de Estado, utilizada como una especie de
marco general en cuyo interior los especialistas dirigen las
investigaciones de su elección, no merece censura, pero carece
de alcance. Resulta una disciplina de enseñanza cómoda, cuya
adopción dispensa de un trabajo especial de identificación y
permite exposiciones muy diversas. Si, en cambio, se hace del
concepto un factor efectivo de orientación del análisis, su
empleo plantea problemas complejos y esconde serios peligros".
A propósito de la cita de Meynaud,
señalemos que quizá el mayor peligro que hemos podido observar
cuando se acepta la categoría de Estado como la fundamental es
que lo que debería ser un trabajo científico se transforme en
una actividad jurídica o ideológico-apologética.
- La política
como lo relativo al poder
En la época contemporánea hemos
podido observar encarnizadas luchas por obtener el control
político de las sociedades, es decir, luchas por el poder. La
opresión, el totalitarismo se impone a través de una inmensa
palabrería sobre la libertad y la democracia, que da más cuenta
de los deseos que de las realizaciones humanas. En muchas
partes - como desde antiguo - "la letra mata el espíritu" y
termina siendo letra sin espíritu, ley sin eficacia, derecho
muerto a manos de los hechos.
Si bien lo dicho no agota ni con
mucho la realidad de nuestras sociedades, creemos que se podrá
aceptar que corresponde a una buena parte de esa realidad. No
es de extrañar, entonces, que personalidades estudiosas y
sensibles a la experiencia se preocupasen por el tema del poder,
por los procesos concretos de gobierno, por los procedimientos
usados para imponer la voluntad del gobernante, etc. Así surgió
una nueva orientación general de los estudios políticos que
intentaba centrarse en el poder, en su naturaleza, localización,
utilización, etc.
Términos como los de "poder",
"influencia", "autoridad" y otros pasaron a ocupar los primeros
lugares de frecuencia de uso en el habla de los estudiosos, en
detrimento de la popularidad, aunque no de la existencia, de
aquellos otros como "Estado", "institución", etc.
La muy citada frase
de Bertrand de Jouvenel
[9]
“...deberíamos reputar "político" todo esfuerzo sistemático,
realizado en cualquier parcela del ámbito social, para mover a
otros hombres en pos de algún proyecto deseado por el promotor
del mismo”, manifiesta la máxima. amplitud de esta orientación
que centra su atención en el poder.
Dentro de la amplitud de la
corriente señalada, hay muchos que optan por reducir al amplio
alcance dado por estudiosos como el recién citado. Así, se
podrá encontrar quienes se concentran en los objetivos y efectos
del poder; otros enfatizan los medios y procedimientos usados en
el ejercicio del poder y analizan los aspectos relativos a la
coacción, ascendiente, confianza, etc. Hay quienes limitan el
estudio del poder al ámbito gubernamental, en tanto que otros se
preocupan por la distribución de valores realizada por la
autoridad. No faltan quienes piensan que es conveniente
centrarse en la toma de decisiones por parte de la autoridad,
etc.
Como en el caso anterior, sobran
los inconvenientes. Términos como "poder", "influencia",
"autoridad" suelen ser ambiguos, señalando más de un concepto no
siempre claramente dilucidado; otras veces, diversos términos
denotan un mismo concepto; lo mismo sucede con términos como
valor y coacción.
Junto a los inconvenientes
señalados, hay que hacer notar que esta orientación, que se
centra de un modo u otro sobre el poder, ha producido excelentes
acumulaciones, y que los temas que ha sugerido para el estudio
permiten afirmar que es útil y eficaz.
Esta orientación del estudio del
poder ha ofrecido un fundamento empírico mucho más amplio y
aportes teóricos, que permiten ser contrastados con la
experiencia, evitando el riesgo de abstractismo lógico de otras
orientaciones.
Quizá el lector, después de leer
lo expresado en este capítulo, concluya - y no sin razón - de
que no le queda claro cuál es el objeto o los datos sobre los
cuales trabajan los estudiosos de la política.
Si recordamos lo dicho en la
primera parte de este capítulo sobre el hecho y el dato, quizá
la confusión se disipa. Hemos dicho que la ciencia requiere de
datos y sobre ellos trabaja. La palabra dato inclina a creer
que nos referimos a algo dado; sin embargo, señalamos que el
dato es algo que hay que construir a través de la observación de
los hechos; el objeto sobre el cual reflexionamos es una
construcción de múltiples datos construidos.
Sería un craso error pensar que
ello sólo ocurre cuando se trata de disciplinas llamadas
humanísticas y sociales, ya que lo mismo ocurre en las ciencias
denominadas naturales. Un objeto físico como el sonido es
perceptible por nosotros, pero no lo es como onda sonora, que es
el objeto de la reflexión de la física. Frente a una orquesta,
que es un mismo objeto de observación, dirán cosas muy distintas
un crítico de arte y un físico, en cuanto ejercen sus
actividades profesionales, y dirán cosas distintas porque aluden
a datos distintos de un mismo hecho: porque a partir de la misma
realidad, construyen con sus datos diversos objetos distintos.
Cada uno considera aspectos distintos de la misma realidad.
Lo anterior no conlleva
necesariamente la afirmación de que. los hechos objetivos no
existen. Por el contrario, nosotros afirmamos que los hechos
objetivos existen en sí mismos, independientes de nosotros
mismos, por lo menos la mayoría de ellos. Lo que decimos es que
para convertir los hechos objetivos en objeto de conocimiento,
tenemos que percibirlos y conceptualizarlos, transformarlos en
datos, y que un dato de un hecho no es lo mismo que el hecho.
Por eso, el estudio de la política - como cualquier otro estudio
- implica la construcción de un objeto, sobre la base de los
datos que consideramos políticos en los hechos sociales.
El crecimiento de una disciplina
es concomitante al proceso de construcción de su objeto, es
decir, al aumento de consenso con respecto al objeto, entre
quienes estudian una disciplina. Sin duda ese consenso nunca
será pleno, y una vez obtenido, puede destruirse, dando lugar a
una revolución del pensamiento en esa disciplina.
Así, pues, el disenso acerca del
objeto de los estudios políticos que en un primer instante
podría haber sido percibido como negativo, aparece como signo
inequívoco de vitalidad en el pensamiento, que permite
revolucionar las perspectivas de conocimiento de la realidad
política. Las disputas - a veces agrias - entre hombres
dedicados al derecho político y a la ciencia política dan cuenta
de que nuestras afirmaciones no son sólo fruto de nuestra
imaginación.
El consenso total en una
disciplina o sector del conocimiento no sería manifestación de
un triunfo de nuestra inteligencia, sino una lápida que anuncia
que el pensamiento está muerto. Así, podemos decir que los
estudios políticos - y entre ellos la ciencia política - están
vivos, en crisis de crecimiento o en proceso de maduración,
porque es evidente el disenso y el consenso parciales.
5. El estudio
científico de la política (Ciencia Política)
Creemos que la identificación de
una disciplina requiere señalar, por lo menos, su objetivo, sus
procedimientos y su objeto. Es posible agregar otros criterios
de identificación, pero para los fines de este trabajo, nos
limitaremos enfáticamente a estos tres.
5.1 Objetivo
Con respecto al objetivo, y de
acuerdo a lo dicho en el capítulo 3, se sigue que si un estudio
pretende ser científico deberá orientarse a conocer, es decir, a
describir, explicar y predecir la realidad en alguno de sus
aspectos.
Así, pues, la ciencia política no
agota el de estudio posible de la política. Hay otras
disciplinas legítimamente estudian la realidad política mucho
antes que la ciencia política contemporánea. No se trata de
negarla ni de oponerse a ellas, sino de intentar señalar en qué
difieren.
Hay disciplinas cuyo objetivo es
normar la realidad social, es decir, se pronuncian acerca de
cómo debe ser organizada la realidad social en su estructura y
funcionamiento, por ejemplo. Así sucede, con aspectos que se
implican bajo el término derecho.
Hay otras cuyo objetivo es
prescriptivo intentan señalar cuáles son los procedimientos
eficaces para lograr un determinado efecto en la vida social,
como sucede con las técnicas y tecnologías sociales, en nuestro
caso, técnicas y tecnologías políticas,
En consecuencia, sólo llamaremos
científico un estudio que tenga por finalidad el conocimiento.
El estudio será de ciencia política si tiene como objetivo el
conocimiento.
De este modo, la explicitación
del objetivo de la ciencia, permite a la ciencia política
distinguirse de todo otro estudio que no tenga por finalidad el
conocimiento, y entre éstos, por ejemplo, de los estudios
normativos o prescriptivos.
5.2
Procedimiento
Pero como hemos analizado en el
capítulo referente a la ciencia, no toda actividad de
conocimiento es científica. La ciencia no queda identificada
solamente indicando su objetivo; el conocimiento vulgar, el
filosófico, etc. son también conocimiento.
Para distinguir a la ciencia de
otras actividades cognoscitivas, es necesario especificar el
procedimiento a través del cual obtiene el conocimiento.
Recordando brevemente lo dicho, anotamos que el proceso a través
del cual la ciencia logra sus resultados es racional (ver 3.4),
claro, preciso y comunicable (3.5), problematizador (3.6),
hipotético-legal (3.7) teórico (3.8) factual (3.9), contrastable
empíricamente (3.10), intersubjetivo (3.11). Resumíamos todas
estas características diciendo que la ciencia: es un
conocimiento teórico-empírico de la realidad, a través de la
descripción, explicación y predicción de dicha realidad
Precisamente ello implica un
procedimiento determinado, que denominamos método general de la
ciencia.
El método general de la ciencia
es el procedimiento que se aplica al proceso entero de la
investigación en el marco de cada problema de conocimiento.
Todo procedimiento es una serie ordenada de operaciones.
Daremos cuenta de esa serie ordenada de operaciones citando a
Mario Bunge.
Operaciones
del método general de la ciencia:
1 Enunciar preguntas
bien formuladas y verosímilmente fundadas;
2 Arbitrar conjeturas,
fundadas y contrastables con la experiencia, para contestar a
las preguntas;
3 Derivar consecuencias
lógicas de las conjeturas;
4 Arbitrar técnicas para
someter las conjeturas a la contrastación;
5 Someter a su vez a
contrastación esas técnicas para comprobar su relevancia y la fe
que merecen;
6 Llevar a cabo la
contrastación e interpretar sus resultados;
7 Estimar la pretensión
de verdad de las conjeturas y la fidelidad de las técnicas
8
Determinar los dominios en los cuales valen las conjeturas y las
técnicas, formular los nuevos problemas originados por la
investigación "
[10].
Una representación esquemática de
este proceso nos ofrece el mismo autor a continuación del
párrafo citado:
5.3 Primer
corolario
Para distinguir la ciencia de
otra actividad que no es científica se requiere identificar el
objetivo y el procedimiento de la acción.
Si no está explícito el objetivo,
la acción de la ciencia se confundiría con actividades
normativas y prescriptivas. Hay muchos escritos que confunden,
de manera sincrética, los conocimientos científicos, normativos,
prescriptivos, históricos, etc. El sincretismo no es síntesis,
ni la confusión constituye pensamiento complejo. Estos estudios
no ayudan al proceso de inteligibilidad de la realidad, sino que
complican inútilmente el trabajo intelectual. Sólo cuando se
distinguen claramente los planos, estos trabajos son un aporte
real.
Por otra parte, la descripción de
la realidad es necesaria pero no suficiente para que el
conocimiento pueda llamarse adecuadamente científico. Muchos
aportes de la geografía y la historiografía, como otros
denominados sociológicos, antropológicos, etc., no son
científicos, en la medida en que no superan la descripción,
aunque ésta sea sistemática. Igual cosa se podría decir de
otros campos del saber.
Lo anterior no implica afirmar
que no son valiosos, lo único que decimos es que no son
científicos o que están en una etapa primaria en el proceso de
constitución del conocimiento científico.
Afirmamos que la descripción es
necesaria para la ciencia y que debe ser rigurosa y a la vez que
es insuficiente. Es necesario alcanzar un nivel explicativo
para que podamos adecuadamente llamar científica a una
investigación. Con suerte, sobre la base de la explicación
científica, podremos - y no siempre será posible - llegar a
predecir con fundamento científico. La predicción científica
supone la explicación científica y ésta, la descripción
científica. Predecir científicamente es el desideratum, del
científico, que sólo una ciencia madura puede proporcionar.
No todas las descripciones,
explicaciones y predicciones posibles son científicas sólo lo
son las que se logran a través del método de la ciencia, ahora
bien, que no sean científicas no quiere decir que no sean
rigurosas, ni útiles, ni tampoco que lo sean necesariamente.
Si no explicamos el objetivo,
confundiremos la ciencia con la tecnología, como suelo ocurrir,
pues ambas utilizan el método científico: la ciencia para
conocer, la tecnología para modificar la realidad. Si no
explicitamos el método, confundiremos cualquier actividad
orientada a conocer - sea o no rigurosa - con la ciencia.
Con las disciplinas normativas,
la ciencia se diferencia no sólo en su objetivo – pues normar no
es lo mismo que conocer - sino también, en su método, por cuanto
las disciplinas normativas no exigen la contrastación empírica
intersubjetiva como criterio para aceptar o rechazar sus
proposiciones, aunque, al igual que la ciencia, exijan
coherencia lógica entre ellas. La utilización conjunta del
método y el objetivo de la ciencia son los criterios que
permiten distinguirla de toda otra actividad que no sea
científica.
5.4 Objeto
Si bien el objetivo y el
procedimiento permiten distinguir la ciencia de toda otra
actividad que no sea científica, ello no es suficiente para
distinguir a las disciplinas científicas entre sí. Todas las
disciplinas científicas tienen por objetivo conocer y todas
proceden con el método científico.
Necesitamos encontrar otro
criterio que permita distinguirlas. El objeto, aquello que
estudian, o el aspecto bajo el cual, lo estudian nos parece ser
un criterio adecuado para lograr diferenciarlas.
Muchos problemas - respecto del
objeto - son comunes a todas las disciplinas científicas, es
decir, teórico-empíricas.
Si bien el objetivo y el método
de lo que denominamos ciencia política nos permite distinguirla
de toda otra disciplina que tenga objetivos y/o métodos
distintos, no nos es suficiente para distinguirla de aquellas
otras disciplinas que tienen su mismo método y objetivo, como es
el caso de la sociología, la psicología social, etc.
5.5 Segundo
corolario
Para distinguir la ciencia
política de las otras disciplinas sociales es necesario
identificar las tendencias de estructuración del objeto
expresadas por los núcleos problemáticos que manifiestan mayor
generalidad consensual.
Cuando reflexionamos sobre el
objeto de la ciencia política, pudimos comprobar ciertos puntos
de consenso, pero también una amplia zona de disenso. Anotamos
también que el progreso de cualquier disciplina aparece como un
proceso de diferenciación de problemas y teorías que
proporcionan un dominio integrado del conocimiento, aunque de
relativa estabilidad.
Factores individuales,
sociológicos, ideológicos y epistemológicos influyen en la
estructuración y desarrollo de una disciplina. Nos parece más
fecundo que ponernos a la defensa de una posición u otra señalar
algunos factores que dan cuenta de ciertas tendencias en la
constitución del objeto de la ciencia política, y que permiten
encontrar aquellos aspectos que la diferencian de las restantes
ciencias sociales.
Dichas tendencias tienen su
origen en diversos procesos objetivos que por su importancia han
pasado a ser objeto de los estudiosos del fenómeno político.
Entre los procesos mencionados cabe destacar la afirmación
generalizada de los principios democráticos que se produce en
concomitancia con graves problemas y aún la quiebra política de
muchos países que concretaban en diversos modelos históricos el
ideal democrático, el acceso a la independencia política de
naciones muy distintas social y culturalmente y procesos de
orden económico que tienen repercusión política en el nivel
internacional, todos ellos impulsan a la reflexión de nuevas
formas de organización política nacional e internacional. Esta
búsqueda de nuevos modelos de organización política se ve urgida
por la planetarización de los problemas políticos que ponen en
evidencia la diversidad e interdependencia entre los Estados y
pueblos del mundo y que exige el respeto a la diversidad a
través de una voluntad de diálogo que haga factible un consenso
universal mínimo que asegure la paz o por lo menos aleje el
peligro de la guerra al interior de cada país y a nivel
internacional. Procesos de integración y desintegración a
diversas escalas plantean problemas inéditos hasta el presente
que exigen ser estudiados con urgencia. El poder que la ciencia
y la tecnología proporcionan hoy al hombre y que puede ser usado
también para su destrucción y otras muchas realidades - que no
queremos enumerar para no extendernos excesivamente - plantean
un desafío a la capacidad del hombre para concebir e instaurar
un orden viable históricamente, que permita participar una idea
común de justicia, que efectiva y progresivamente haga
desaparecer de la tierra la miseria, la ignorancia, la
explotación, etc., en otras palabras, que permita un desarrollo
humano donde sea posible la justicia y la paz.
Frente a estos desafíos, las
ciencias sociales pueden aportar información rigurosa,
conocimiento que proporcione descripciones y explicaciones de lo
que sucede en nuestras sociedades y predicciones sobre lo que,
probablemente podría ocurrir. Sin duda dentro del inmenso
conjunto de conocimientos que el hombre necesita, están aquellos
relativos al Estado, las instituciones, el poder, la autoridad,
etc.
Ante las necesidades presentadas
por cada sociedad y por el conjunto de ellas, el científico
político encuentra una dificultad al elegir cuál estudiar no es
fácil decidir cuál es la mejor manera de fragmentar la realidad,
ni menos establecer cuáles son los problemas más importantes y
pertinentes.
Los grados de acentuación de las
necesidades y de los problemas cambian en el espacio en el
tiempo y quizá por eso no es esperable encontrar una unanimidad,
ni aun concebirla como deseable con respecto al objeto. Sin
duda el problema de los Estados y sus futuros, ya sea que se
trate de Estados capitalistas o socialistas, antiguos o
modernos, es uno de los aspectos que se encuentra en el núcleo
consensual de la disciplina, y dicho problema implica describir,
explicar, y si es posible, predecir los procesos vinculados al
poder, a la autoridad, a la institucionalización, a la
integración, etc. de los sistemas sociales.
En la medida en que haya una masa
crítica de científicos preocupados por lo político dentro de una
sociedad y que la comunicación entre ellos sea eficaz, el objeto
de la disciplina se manifestará con perfiles más claros pues
entonces se hacen manifiestas las concordancias sobre ciertos
problemas, progresa la teorización y aumenta el volumen de
acumulaciones a niveles que permiten percibirlo como un conjunto
con identidad propia. Así parece suceder en los Estados Unidos
de Norteamérica, donde hay numerosos científicos políticos y
donde las diferencias no ocultan un núcleo consensual que
permite hablar de un "colegio invisible", que permite observar
una asociación de científicos políticos y que se manifiesta en
unidades académicas dedicadas al cultivo de la disciplina. Este
fenómeno es observable en otros países - y no sólo europeos - y
asimismo a escala internacional.
En países como los nuestros,
donde la investigación acumulada por las ciencias sociales es de
insuficiencia notoria, disputar por el recorte de realidad que
una disciplina ha de estudiar carece de sentido histórico, y
sólo podría explicarse como una patología intelectual.
La instauración y desarrollo de
la ciencia política no tiene como adversarios a los
científicos. Los grandes obstáculos provienen de aquellas
disciplinas normativas y prescriptivas con vieja tradición, que
creen ver asediado su predio, por no comprender que el mismo
objeto que ellas estudian puede ser estudiado de manera
diversa. Otro escollo es la mínima cantidad de estudiosos
formados para estudiar lo político, de modo teórico-empírico.
Finalmente debemos
decir, citando a W. J. M. Mackenzie "La ciencia política sólo
puede desarrollarse en unas condiciones intelectuales y sociales
determinadas; es preciso que se instituya la práctica de debates
apoyados en el análisis y la observación, y que se admita que la
solución de algunos problemas políticos depende de la discusión
más bien que de la tradición o de una decisión autoritaria. En
este sentido, la ciencia política depende de la sociedad
política"
[11]
Cualquiera de los recortes de la
realidad que han constituido el objeto de la ciencia política en
otras latitudes se encontrará entre nosotros insuficientemente
estudiado, ya sea en comparación con las acumulaciones
efectuadas, ya sea como requisito para entender y modificar
nuestra realidad. El Estado, las instituciones, el poder, la
autoridad, la legitimidad, los procesos de participación, la
toma de decisiones en América Latina y en Chile ¿nos son
suficientemente conocidos?
Nuestra convicción es que no
tiene sentido disputar por el objeto, cuando la ignorancia es
tan amplia que casi no sabríamos acerca de qué estaríamos
disputando. Aprovechemos - no sin sentido crítico - de las
conceptualizaciones que otros ya han hecho sobre el objeto de la
disciplina y perfeccionémoslas, si somos capaces.
En el momento de la opción
recordemos reflexiones de hombres que se han entregado
largamente al estudio de la política y que nos señalan: aspectos
que no pueden omitirse para conocer la realidad política, como
lo hace Burdeau al decirnos:
"Por profundas que sean las
diferencias filosóficas que separan la democracia pluralista de
la democracia marxista no se descubren, sin embargo, en la
comparación de los mecanismos constitucionales. Ateniéndonos a
las apariencias, las instituciones políticas de la U.R.S.S. son
muy parecidas a las de los Estados Unidos en cuanto a la
organización federal, y a las de Inglaterra en cuanto al sistema
gubernamental.
No son éstas,
evidentemente, más que analogías superficiales. Aunque
engañosas, tienen por lo menos el mérito de recordarnos que para
conocer un régimen político, la observación de la forma en que
oficialmente se ejerce el poder cuenta menos que el análisis de
su naturaleza. Ahora bien, en cuanto a la naturaleza del poder
la diferencia entre el Este y el Oeste es radical".
[12]
Lo que sí aparece, entonces, que
es de primordial importancia es que entre todos los estudios que
se hacen de la política, no estén ausentes aquellos de
naturaleza
teórico-empírica, que realizados
con el objetivo y el procedimiento de la ciencia, permitan
hablar fundadamente de “ciencia política”.
Preocupémonos de crear
condiciones favorables para que haya personas dedicadas a los
objetivos de la ciencia, adecuadamente formadas en el método
científico y sensibles y responsables frente a la. realidad
política de nuestra sociedad.
No olvidemos que el objetivo de
la ciencia es el conocimiento, la verdad. Cautelemos un espacio
para la ciencia, defendiéndola frente a los intentos de quienes
quieren sojuzgarla a la preocupación por la utilidad inmediata o
a la fundación de un “catecismo”.
Sin pretender que la ciencia nos
dé toda la verdad, sin duda, nos da parte de esa verdad. Sin
verdad no hay libertad, pero sin libertad para dudar y criticar
metódicamente, para investigar, no hay progreso en el
conocimiento de la verdad. Quien atenta contra la libertad
atenta contra la verdad, quien atenta contra la verdad atenta
contra la libertad. Quien promueve la ciencia, promueve el
conocimiento de la verdad, y quien promueve la verdad promueve
la libertad. Hay una relación dialéctica entre nuestro
conocimiento, nuestra verdad política y nuestra libertad
política.
"El que tenga oídos, que oiga".
(Mat. 13, 9)
PONTIFICIA
UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE
CUADERNOS DEL
INSTITUTO DE CIENCIA POLÍTICA. JUNIO DE 1977, N"16
Ataliva
Amengual. El Estudio Científico de la Política. (Ciencia
Política)
NOTA: El Instituto de Ciencia
Política, mediante esta publicación periódica denominada
“Cuadernos del Instituto de Ciencia Política”, difunde el
pensamiento científico acerca de temas políticos, ya sea de los
académicos miembros del Instituto o de personalidades que
colaboran en esta tarea.
Sin embargo, los trabajos
publicados no representan la opinión, ni el pensamiento del
Instituto como tal, sino sólo la de sus autores.
EL COMITÉ DE REDACCIÓN
WARREN, Earl, A Republic if you can
keep it, Copyright, 1972 by New York Times Company.
Traducción al español de
Gerardo Mayer, Editorial Americana, S.C.A., Bs. As.
1973.
MEYNAUD, Jean; Problemas
ideológicos del siglo XX. Ed. Ariel, Caracas,
Barcelona, 1964, p. 12.
MEYNAUD, Jean, o.c. p. 11.
LERSCH, Philipp; Psicología
social; Ed. Scientia, Barcelona, 1967, p. 124.
En caso de ser así, se recomienda
la lectura y meditación de San Mateo, cap. 10,
versículos 16 y ss.
BARBER, Bernard; La ciencia y el
orden social; Ed. Ariel, Barcelona, p. 13.
MEYNAUD, Jean; Introducción a la
ciencia política; Ed. Tecnos, Madrid, reimp.
de 2a.. ed.; 1971, p. 73.
JOUVENEL, Bertrand de; De la
Souveraineté- a la
recherche du bien politique; Paris, Ed.
M.
Th. Génin. Librairie de
Médicis, 1955.
BUNGE, Mario; La investigación científica;
Ed. Ariel, Barcelona, 1969, pág. 25.
W..J.M. Mackenzie et aliis,
Tendencias de la investigación en las ciencias sociales.
Ed. Alianza - Universidad, UNESCÓ, Madrid, 1970. p. 440.
BURDEAU, Georges; La Democracia.
Ed. Ariel, Barcelona, 2a. reimpresión, 1970, p. 221.
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