Ataliva AMENGUAL

 

 

 

                                                                          Volver a Publicaciones

 

 

 

El estudio científico de la política

(Ciencia política)

 

 

INDICE

 

Introducción

1. ¿Cúales son las razones y los motivos para abordar el tema?

2. ¿Qué obstáculos plantea el tratamiento del tema?                                            

3. Ciencia                                                                                                                    

4. Política                                                                                                          

5. El estudio científico de la política  (Ciencia Política)   

 


 

I N T R O D U C C I Ó N

 

La Universidad, desde su fundación en la Edad Media, ha intentado satisfacer dos funciones fundamentales: conocer y comunicar lo conocido, y este intento se prolonga hasta nuestros días a través de la investigación y docencia que actualmente realizan nuestras universidades.

 

El proceso de comunicación de lo conocido siempre se ha extendido más allá de los claustros universitarios, de diversos modos.  Actualmente, y desde la mitad de nuestro siglo, en nuestro continente, esa comunicación hacia afuera ha sido materia explícita de preocupación y reflexión por parte de los miembros de la comunidad académica, de tal modo que en América Latina, se suele dividir explícitamente esa función de comunicación en dos subfunciones: docencia y extensión; y ello, con el evidente propósito de distinguir la comunicación que se efectúa dentro de la universidad entre profesores y alumnos, de aquella otra que se realiza entre la comunidad de profesores y alumnos y los demás grupos y personas de la sociedad.

 

Es dentro de esta subfunción de comunicación llamada extensión que se inscriben los “Cuadernos del Instituto de Ciencia Política”.  Parece obvio que la universidad se preocupe de que la sociedad en la cual existe conozca y aprecie su quehacer, puesto que ello es condición para su subsistencia y desarrollo.  No es de extrañar, entonces, que el Instituto de Ciencia Política de la U.C. aborde, dentro de sus actividades de extensión, el tema de la disciplina que lo constituye: el estudio científico de la política, la ciencia política.

 

Como actividad de extensión, este trabajo pretende ofrecer al público culto y no especializado algunos motivos y razones que legitiman el tratamiento del tema, así como algunas dificultades que aparecen cuando se intenta enfrentarlo.  Este trabajo, sin pretensión de originalidad, presentará algunas ideas fundamentales sobre la ciencia, la política y la ciencia política.

 

Nuestro deseo es que la lectura de estas páginas permitan comprender mejor el servicio que el Instituto de Ciencia Política y la comunidad de los científicos políticos intentan prestar a la comunidad.

 

1. ¿Cuáles son las razones y motivos para abordar el tema?

 

Sin duda las razones y motivos para abordar el tema del estudio científico de la política tienen diversos orígenes.  Los hay eminentemente subjetivos, los hay objetivos en el sentido de participados por una cantidad de personas.

 

No extrañará que como profesor universitario, el autor se sienta impulsado a comunicar lo más extensamente posible lo que de manera larga y trabajosa ha logrado conocer sobre la disciplina que profesa.

 

Por otra parte es difícil concebir una entrega al trabajo sin un verdadero amor por lo que se hace y es natural hablar de lo que se ama.  Pero esa necesidad de hablar se hace más imperiosa cuando       por vocación se forma parte de una comunidad cuyo objetivo fundamental es hacer más inteligible el mundo, cuando su función social es hacer entender y comprender a su sociedad el mundo en el cual vive.

 

El hombre, al tratar de comprender y realizar su vida, ha distinguido más o menos claramente diversos aspectos en ella.  Uno de los aspectos que ha distinguido lo ha nombrado con la palabra política.

 

Desde las raíces griegas, que alimentan a través del tiempo nuestra actual cultura, lo político ha sido un asunto puesto a la consideración de los ciudadanos y de los pensadores y filósofos.  Es un viejo asunto cuya permanencia lo hace actual.  Más aún, podríamos señalar que las preguntas fundamentales sobre la política siguen siendo las mismas desde milenios, aunque los modos de enfrentar las respuestas posibles y las propias respuestas puedan revestir enormes diferencias.

 

No es casual la permanencia de la pregunta por la política; ella encierra la convicción más o menos reflexionada de que nuestro comportamiento y específicamente nuestro comportamiento político está condicionado por el entendimiento y comprensión del proceso y estructura del fenómeno político; de los actores, instituciones y procesos que denominamos política.

 

El comportamiento de los ciudadanos en lo político afecta la existencia, estabilidad, desarrollo e integridad de las personas y comunidades de la sociedad.  Es una esperanza de todos y de cada uno de nosotros que cada ciudadano se comporte de manera responsable frente a sus obligaciones y derechos políticos, y sabemos que ello requiere de cierta reflexión, de un mínimo de racionalidad e información.

 

El famoso Juez Earl Warren, al escribir la introducción de su libro Cómo conservar una República  [1] nos dice que : "Había meditado a menudo, y sigo meditando, acerca del problema de la educación para un correcto ejercicio de la ciudadanía, porque me parece patente que los derechos, privilegios, libertades - llámeselos como se quiera - democráticos, sólo podrán sobrevivir mientras quienes los ejerzan lo hagan de manera informada y consciente.  La historia suministra muchos ejemplos de ensayos de democracia que fracasaron cuando el pueblo, en razón de esa indiferencia que es estimulada por cierto género de ignorancia, descuidó las obligaciones de la ciudadanía”.

 

Pero una conducta que se funde en una comprensión y entendimiento basados en la razón y una buena información tiene obstáculos.  Los principales obstáculos son los prejuicios infundados, los estereotipos sin fundamento racional, especialmente, esa enfermedad que es el fanatismo, como asimismo, la ambigüedad del lenguaje y la confusión conceptual y finalmente, la ausencia de libertad de expresión que, de algún modo, siempre está vinculada a los obstáculos anteriores.  Estos obstáculos deben ser trascendidos si se quiere tener una comprensión y entendimiento fundados en la razón y en una adecuada información.

 

Pero si bien desde antiguo hasta hoy día se ve la necesidad de una comprensión y entendimiento fundados en lo racional y en buena información con respecto a lo político, esta necesidad se hace más urgente e imperiosa y diría evidente, en los momentos de crisis política y social.  En los momentos de crisis política - y cuando ella es profunda - es la misma política la que es sentada en el banquillo de los acusados.

 

Así, por ejemplo, en situación de crisis política aparecen frecuentemente juicios en que se predica de la política la ineficacia y la irracionalidad.  De lo anterior, se sigue que es la política la causa de todos los males sociales y que por consecuencia, es necesario erradicarla; como resultado consistente con ese modo de pensar se sigue la prédica del apoliticismo.  Como lo señala Meynaud [2], "una de las constantes del pensamiento tecnológico aplicado al terreno político es la reivindicación del apoliticismo.  Como otros muchos, los técnicos que alcanzan el poder tecnocrático se declaran abiertamente indemnes de toda motivación ideológica o partidista".

El mismo Meynaud señala que "el fundamento de esta actitud se basa en que la política, entendida como el dominio de las discusiones y combinaciones partidistas, complica inútilmente la solución de los problemas y acarrea pérdidas de energías.  La regla áurea de una sociedad moderna debe ser ésta: hacer prevalecer las normas de eficacia, por encima de los imperativos o sujeciones ideológicas" [3].

 

Que en nuestro medio hay una crisis política y que este modo de pensar está presente es cosa que el lector puede constatar sin mayor esfuerzo.  Por su parte, también hay en nuestro medio quienes piensan que es imposible reducir el juicio y los objetivos políticos a una formulación puramente técnica.

 

Quizá en la actitud de apoliticismo hay, en muchas ocasiones, una imposibilidad de concebir lo político en su especificidad; en otras prima un simplismo reduccionista de lo social a lo biológico o a lo físico.

 

Pero no todos los que propugnan el apoliticismo lo hacen por incapacidad de concebir lo político o por un reduccionismo ingenuo.  Por el contrario, hay cierto apoliticismo de quienes, estando adecuadamente informados de los aspectos o consecuencias ideológico-políticas de sus acciones, utilizan la bandera del apoliticismo para dar a sus decisiones y acciones una apariencia de neutralidad.  De ahí que los que no aceptan la ideología apoliticista suscriban la afirmación de que el apoliticismo - especialmente de los técnicos - es un error de análisis o una forma de encubrimiento ideológico, y en cualquier caso, una manera de asegurar o facilitar la preservación del orden establecido.

 

No es nuestro fin entrar en la disputa a favor o en contra del apoliticismo, sino mostrar la actualidad e importancia que se da al problema de la política.  Ouizá, alguien podría pensar que la importancia y valor atribuido a lo político por parte del autor es sólo una proyección de su interés por lo político, dada su dedicación a la ciencia política.  Hay, sin embargo, algunos indicadores empíricos que permiten trascender la subjetividad.  Si, por ejemplo, observamos la existencia e intensidad de sanciones altamente coactivas para quienes actúan o se juzga actúan políticamente, dichas sanciones precisamente, en su intensidad y gravedad, nos dan un índice de la importancia concedida a lo político y ello es válido, aunque el sujeto que impone las sanciones se declare apolítico.

 

Observe el lector si hay sanciones, más aún, coacción, y en qué grado, para quién intenta propugnar la política, y podrá reconocer cuál es la importancia que se da a la política, aún en el caso en que se la niega o se la denigra.

 

Asimismo, hay que reconocer que bajo ciertos temas que son considerados de primera importancia está, aunque implícito, el problema político.  Piénsese simplemente en términos como desarrollo, integración, seguridad nacional, etc., y se podrá comprobar que cualquiera de ellos tiene como constitutivo esencial y de primera importancia la variable política.  Cuando cualquiera de ellos entra en crisis, podemos escuchar habitualmente que se reclama "una pronta decisión política", para salir de la crisis.

 

Por otra parte, si se intenta vivir en democracia - cual quiera sea el modelo institucional que la concrete históricamente: la participación política responsable de los ciudadanos es un requisito para la estabilidad y desarrollo de la República.

 

La historia narra que a Benjamín Franklin, cuando salía del Independence Hall donde se habían reunido los delegados a la Convención Constituyente le preguntó una mujer: "Y bien, doctor, ¿qué tenemos, una república o una monarquía?" y Franklin respondió:  "Una república, si es que pueden conservarla".  El Juez Warren comentando este episodio nos dice que "Franklin tenía cabal consciencia de que en esa época, la democracia era algo muy raro en el mundo.  Pero había habido democracias y repúblicas aún antes de la era cristiana.  Todas habían desaparecido, y él sabía el porqué.  Sabía que cada vez que fracasaba un gobierno democrático, ello se debía a que el pueblo abdicaba de su responsabilidad.  Y también sabía que a la democracia la suplantaba inevitablemente un régimen autoritario, que le negaba al pueblo todo derecho a gobernarse a sí mismo. Franklin estaba seguro de que la supervivencia de la república que habría de implantar la Constitución propuesta dependía de la voluntad del pueblo, como conjunto de ciudadanos, para apoyarla. La república no es una forma de gobierno bajo la cual sea fácil vivir, y cuando se elude la responsabilidad de la ciudadanía, la democracia declina y se instala el autoritarismo.  Sus palabras "si es que pueden conservarla" - nos dice Warren - se referían a este concepto básico y vital de la responsabilidad" [4].

 

¿Apoliticismo? ¿Politicismo? ¿Anulación de la actividad política? ¿Actividad política responsable?  Y otras muchas preguntas se podrían formular después de reflexionar sobre lo que se acaba de escribir.  Y de eso precisamente se trata: de reflexionar críticamente, es decir, enjuiciar.  Porque ¿cómo existir en cuanto persona capaz de pensar y tomar decisiones por su cuenta, responsablemente, si uno acepta a ciegas lo que vive, su sociedad, su sistema político, etc.?

 

Pero cuando hablo de reflexión crítica, no me refiero a cierto morboso afán irracional de destruir, ni a la exclusiva aplicación de la razón a adecuar los medios a la obtención de fines u objetivos indiscutidos e indiscutibles. Hay muchas formas de proceder que no tienen derecho a llamarse crítica.  Creemos que lo dicho con respecto a la importancia y actualidad de la política permite decir que hay motivos y razones que fundamentan el enfrentar el tema.

 

Pero no es sólo el objeto de estudio - la política - lo que proporciona motivos y razones para enfrentar el tema.  Aceptado el objeto, nace el problema de si la política puede ser objeto de estudio científico.  La ciencia como creación cultural ha pasado a ser en nuestro siglo una realidad paradójica e ineludible.  Por un lado, se supone que el hecho de incrementar el componente científico y tecnológico de nuestra cultura dará solución a la mayoría de los dramáticos y generalizados problemas que aquejan a la humanidad; por otra parte, se observa, con creciente preocupación, que los resultados de la investigación científica y sus aplicaciones son a la vez causa de la misma situación que se quiere remediar.

 

La ciencia, como una actividad sociocultural, presenta o genera problemas sociales.  Por una parte, la ciencia está en dependencia con respecto a la sociedad y cultura en la, cual se desarrolla; y por otra parte, influye en dicha sociedad.  Mutuos requerimientos de responsabilidad se entrecruzan entre los científicos y los demás miembros de la comunidad y viceversa.  La ciencia agita las aguas de la educación, del derecho, de la política, de la ética y de la moral.

 

Pero la inquietud no es sólo acerca de los resultados de la ciencia y sus aplicaciones, sino también acerca de la misma naturaleza de la ciencia, acerca de su capacidad o incapacidad de conocimiento objetivo del mundo, acerca de su objetivo: conocer o modificar el mundo o ambas cosas a la vez, acerca del control de ese conocimiento y sus aplicaciones, etc.

 

La ciencia y sus aplicaciones, han cobrado tal importancia en nuestro tiempo, que una manera de revestir de prestigio ciertas actividades humanas es calificarlas con el adjetivo de "científicas".  Para bien o para mal, todos hablan de la ciencia y de la tecnología, aunque la mayor parte de los que hablan no se han dado el trabajo de reflexionar rigurosamente sobre el asunto.

 

Tanto para quienes entienden, como consecuencia de una reflexión rigurosa, qué es la ciencia, como para quienes hablan de ella sin haber reflexionado, para quienes la ciencia es un bien como para quienes la ciencia es un mal; para unos y para otros la ciencia importa.

 

Admitida la posibilidad de la ciencia y su conveniencia para el conocimiento de la realidad denominada generalmente natural, queda aún una ardiente disputa acerca de la posibilidad y conveniencia de la ciencia social, en otras palabras de la sociología, de la antropología, de la psicología social, de la politología, de la ciencia política, etc.

 

Aquí nuevamente hay quienes afirman y quienes niegan.  Se ha dicho que la pretendida ciencia social no es más que ideología, que no es sino el encubrimiento de opciones valorativas bajo la apariencia del rigor, que no es otra cosa que un esfuerzo por hacer aparecer como objetiva y neutral una opción ideológica.

 

Se afirma que los valores a los cuales adhieren los científicos influyen en la selección de los problemas, de los medios y por consecuencia, en los contenidos de las acumulaciones.  Por otra parte, se ha afirmado que aunque fuese posible que las ciencias sociales proporcionasen explicaciones objetivas sobre la realidad, ello no sería útil ni deseable, pues sólo seria legítimo un conocimiento para actuar, de la mejor manera posible, sobre la sociedad, lo cual implica estimar y evaluar.

 

Hay quienes, por el contrario, propugnan, pues conciben posible legítima, una ciencia social objetiva y libre de valores.  Otros argumentos se tejen a partir del objeto de las ciencias sociales, el cual, para algunos, por tratarse -. de la acción humana intencional, no puede ser materia de un estudio objetivo, ya que sólo a través de una cierta comprensión será posible, el conocimiento.  Otros afirman que el objeto de las ciencias sociales no impide intentar desarrollar una ciencia con el mismo grado de rigor y objetividad que han alcanzado las ciencias así llamadas naturales.   

 

Otros problemas relacionados con la ciencia podrían señalarse; no obstante, creemos que bastan los mencionados para poder afirmar que no sólo por el lado de la política, sino también de la ciencia, hay suficientes motivos y razones para enfrentar el tema.

 

Como es obvio, cuando se trata de la ciencia política, estos problemas se conjugan en una compleja problemática, cuyo enfrentamiento se funda, por lo menos, en todos los motivos y razones que tenemos para plantearnos los problemas de la política y de la ciencia.

 

2. ¿Qué obstáculos plantea el tratamiento del tema?

 

2.1. Política, ciencia y opinión pública.

 

Uno de los obstáculos para enfrentarse con un asunto que tiene implicados temas como los de la política, la ciencia y la ciencia política, es que dichos temas son objeto de opinión pública.  Hay momentos en el desarrollo cultural de una sociedad en que ciertos asuntos cobran una especial notoriedad, y creo no equivocarme si digo que en nuestra cultura la política, la ciencia y la tecnología, entre otras han cobrado notoriedad.  Pero cobrar notoriedad sólo significa llegar a ser objeto del conocimiento del público.

 

Quienes estamos bajo la influencia de los llamados "mass media".  Sabemos que la notoriedad no implica importancia o valor, y muy frecuentemente - por las causas que sea - la correlación aparece inversa; cuanto mayor valor o importancia social, menor notoriedad y a la inversa.

 

Una opinión pública se forma sobre lo que llega a ser de conocimiento del público, sobre lo que se encuentra a disposición de todo individuo, como información, de la misma manera.  La igualdad de la información de segunda mano es lo que se concreta en la relativa generalidad de la opinión pública.

 

El individuo que forma parte de una sociedad frecuentemente, frente al fenómeno de notoriedad de un tema, se cree obligado a formarse un juicio sobre dicho tema.  Suele suceder que el mencionado individuo no tiene la información necesaria, ni la experiencia, para asumir una actitud responsable; no obstante, bajo la presión de la notoriedad no quiere aparecer o sentirse marginado de lo que se ha hecho objeto de opinión pública y adopta lo que “se" dice.  La percepción de que los otros esperan un juicio de uno sobre el tema, el temor de perder prestigio inclinan al individuo ante la opinión pública.  Lersch nos hace notar que "con frecuencia lo que hace al individuo receptible para la opinión pública es el malestar de la incertidumbre y de la duda sobre cosas de las que de un modo muy impreciso uno siente que depende su vida" [5]

 

La opinión pública sobre algo se manifiesta como una fórmula salvadora de la incertidumbre, que a la vez me vincula y me uniformiza dentro de la colectividad.  Es obvio, pues, que haya resistencias cuando se intenta desconfiar de la opinión pública, pues ese intento pone en duda lo que ha proporcionado seguridad y certidumbre.  Cuando se trata de asuntos como la política y la ciencia, es de esperar que el intento de poner en duda la opinión pública, además de difícil de ejecutar, puede tener antipáticas consecuencias. [6]

 

En todo caso, tratar de que las personas tengan la oportunidad de formarse un juicio sobre la base de adecuada información reflexionada críticamente justifica el esfuerzo y el riesgo.  A continuación debería decirse:  "Por lo tanto, estimado lector, aunque le resulte desacostumbrado el pedido, por favor, abandone la opinión pública sobre la política y la ciencia".

 

2.2. Ambigüedades y confusiones

 

La maravillosa economía del lenguaje común tiene como precio la ambigüedad.  La ambigüedad conlleva imprecisión, lo cual no reviste un obstáculo para la comunicación y la acción cotidianas.  Pero cuando algo no resulta del modo habitual, cuando los procedimientos cotidianos muestran incapaces de lograr los objetivos que habitualmente lograban, cuando el curso normal de todos los días se rompe, entonces aparece el obstáculo no habitual: el problema, y con él la necesidad de dilucidarlo, para lo cual se requiere, entre otras cosas, precisión en el uso del lenguaje.

 

La ciencia es un "dato" básico contemporáneo.  Estamos sometidos al influjo fascinante del pensamiento y del quehacer científico como un hecho cotidiano.  Por todas partes se oyen las palabras "ciencia", "científico", "política científica”, “educación científica".  "periodismo científico".  La propaganda nos ametralla con la "cientificidad del producto" en la venta y la venta se hace “científica”. No hay casi espacio de la cultura en que la ciencia no aparezca impetuosamente.

 

La ciencia se nos aparece como algo cotidiano; su presencia no parece romper nuestra rutina; por el contrario, hablar de ella es parte de nuestra rutina: damos por entendido que entendemos y nos entienden cuando hablamos de la ciencia.  Sin embargo, basta la pregunta ¿qué quiere decir ciencia? o ¿qué es la ciencia? para que la exuberante ambigüedad del lenguaje común nos descubra una tragicomedia de equivocaciones.  Las respuestas a la pregunta son innumerables; muchas de ellas no son mas que expresión de imágenes, en tanto, que otras alcanzan la abstracción y quizá todas ellas refieran a algún aspecto de la ciencia.

 

Bernard Barber nos dice: "Basta evocar la variedad de figuraciones que el concepto de ciencia despierta entre gentes para formarnos una idea de sus múltiples facetas".  Y agrega, no sin cierta ironía: "La ciencia es un caballero, las más veces con bata blanca, sumido probablemente en la contemplación de unos tubos de ensayo que tiene en las manos.  La ciencia es también la teoría de la relatividad de Einstein, según la consabida fórmula E = mc2.  Una máquina de extraordinaria complicación, acaso una de esas nuevas calculadoras electrónicas que algunos escritores han dado en llamar "cerebros mecánicos", se presenta también de ordinario como una representación de la ciencia.  En la tremenda crisis económica de 1930, la ciencia vino sin más a significar para muchos el paro forzoso provocado por los adelantos técnicos (percepción que aún hoy se mantiene en muchos de los países denominados "en desarrollo"', agregamos nosotros), una especie de monstruo de Frankenstein de los que acaban por devorar a su creador, en nuestro caso la sociedad.  Con mayor frecuencia, y aún a despecho de la bomba atómica, la ciencia equivale también al logro de unas esperanzas o al fundamento cuando menos de su persistencia, puesto que ha descubierto la insulina, la penicilina y quien sabe si muy pronto no dará con el remedio de una calamidad más extendida: la del resfriado común; aumenta de continuo nuestro bienestar material; y prosigue incansable en su búsqueda tras el remedio del cáncer, de la poliomelitis, de la psicosis y de miles de millones de dolencias que atosigan al género humano.  La ciencia presenta todos estos aspectos y otros muchos más. Cada uno de nosotros puede multiplicar indefinidamente sus propias representaciones de la ciencia". [7]

 

Sin duda, hay representaciones menos abstractas de la ciencia; se dice: "conocimiento sistemático", “conocimiento riguroso", "saber teórico", “conocimiento experimental", etc.  Estas otras muchas locuciones que podríamos señalar como ejemplos dejan patente la diversidad conceptual a la cual alude el término ciencia; es amplio el campo de la ambigüedad y, por lo tanto, no es de extrañar que la confusión sea manifiesta.

 

Cuando se trata del otro término implicado en nuestro tema, la política, las cosas se dan por el estilo, o aún de manera más manifiesta.  El término política denota innumerables conceptos, según se trate del lenguaje popular, del lenguaje común culto, del lenguaje científico, etc...  En efecto, en cada uno de ellos, los significados del término son múltiples.

 

Si se trata de las connotaciones del termino, la cuestión todavía se vuelve más complicada.  Podríamos decir que para el hombre de la calle el fenómeno político aparece eminentemente como un asunto partidista; está mezclado con las preocupaciones ideológicas y con los intereses particulares o especializados de grupos o clases, preocupaciones que, él percibe, se imponen a los titulares del poder.  Ello suele manifestarse en la conversación común cuando la importancia de un asunto es de envergadura o compromete a la. sociedad en su conjunto; es entonces cuando se oye decir que tal problema no debe ser resuelto de "manera política" o que debe sacarse de la "politiquería" por su naturaleza técnica o por su importancia para el país.  De lo que se trata es de sacarlo de las rivalidades partidistas.

 

Sin duda esta posición frecuentemente generalizada, connota una apreciación desfavorable de los ocupantes de los puestos o roles que tienen por objetivo asegurar el.  tratamiento y la decisión de los asuntos públicos.  Alcanza, en especial a "los políticos y en menor escala a los funcionarios públicos, y manifiesta una consideración peyorativa o de menosprecio de ellos.  Aún para personas cultas, la política se presenta, frecuentemente como un conjunto de procedimientos donde "se negocia" de manera "turbia" y aún "deshonesta".

 

No es nuestra finalidad, aquí, discutir tal posición, sino solamente señalar que existe, que suele ser generalizada y, más aún, que tiene suficiente intensidad como para ser un factor de deterioro del funcionamiento de los sistemas políticos, especialmente de aquellos que son democráticos.  Esta posición pueden observarse en los colegios o asociaciones profesionales, los cuales, sin embargo, no trepidan en pedir la intervención de las autoridades y de los propios partidos cuando les es conveniente.  Esta posición suele estar en la raíz do muchas actitudes de lo que podríamos llamar “la política del apoliticismo".

 

Hay, sin duda, también otras actitudes semejantes en las cuales, de manera implícita y muy sincera, lo que se está reclamando es una auténtica preocupación, por el bien común que, trascienda los intereses particulares En todo caso, lo que interesa es notar la ambigüedad en el uso del término "política" en el lenguaje común. Si nos trasladamos al campo del lenguaje científico, el término "política" no pierde su ambigüedad.

 

Hay una corriente entre los científicos políticos que concibe, como objeto de su disciplina, el poder. Así, Talcott Parsons concibe la ciencia política como la disciplina que estudia “el poder político y la utilización del mismo”.  David Easton, por su parte, la concibe como el “estudio de la fijación autorizada (realizada por la autoridad) de valores, influida por la distribución y uso del poder".

 

Hay otros que, manteniendo como objeto el poder, introducen un nuevo problema, pues agregan al objetivo de conocimiento, la aplicación de dicho conocimiento para la modificación de la realidad política; en otras palabras, conciben un objetivo científico y un objetivo de aplicación o de tecnología sociopolítica.  Entre estos últimos están Lasswell y Kaplan, que conciben el estudio de la política como cl estudio de la influencia del poder como instrumentos de distribución e integración de valores.  Para Duverger, la política es "el poder organizado, las instituciones de mando y de coacción de cualquier comunidad".

 

Una antigua tradición en los estudios de la política la conciben como el estudio del Estado como institución que aspira a la supremacía jurídica y política.  Esta corriente manifiesta sus raíces vinculadas a los estudios jurídicos institucionales.  Podríamos multiplicar el número de citas ejemplares, pero creemos que éstas bastan para mostrar la diversidad de referencias conceptuales que aún en el lenguaje disciplinario tiene el término "política".

 

Como es obvio, cuando es tan extensa la ambigüedad del término, es de esperar que la probabilidad de confusión en el diálogo pueda ser muy alta.  Lo anterior deja patente, pues, que hay aquí un obstáculo más que enfrentar cuando se pretendo hablar del estudio científico de la política.

 

2.3 Expectativas

 

Otros de los obstáculos que dificultan el tratamiento del tema lo constituyen las variadas expectativas que se abrigan con respecto al estudio científico de la política.

 

Por una parte, están los que esperan que a través del estudio científico de la política se pueda obtener un conjunto de normas que sean las mejores para institucionalizar la vida social en su aspecto político.  En otras palabras, se abriga la esperanza de que el estudio científico de la política nos de soluciones normativas.

 

Hay quienes, por el contrario, tienen la expectativa de obtener una adecuada descripción de la realidad política a través del estudio científico de la. política.

 

Otros van un paso más allá y agregan a la descripción la explicación; pretenden que el estudio científico de la política no sólo les describa la realidad política, sino, que se las explique, entendiendo habitualmente por ello, que les permita encontrar las causas que producen como efecto la realidad política que observan.

 

No faltan quienes tienen la expectativa de que el estudio científico de lo político les permita predecir el curso futuro de los acontecimientos políticos de la sociedad.

 

Asimismo, hay quienes, con una inclinación más práctica esperan del estudio científico de la política la formulación de ciertas reglas que les permitan operar eficazmente en la conducción de los asuntos de la política; es decir, confían que dicho estudio les permita prescribir eficientemente las conductas adecuadas para al manejo de la cosa pública.

 

También se pueden encontrar quienes esperan del estudio científico de la política el conjunto de todas las expectativas anteriormente señaladas.

 

Finalmente hay quienes piensas que la política es algo eminentemente práctico, intuitivo y que nada puede esperarse de un estudio científico de la política, o que ven en dicho estudio una manera complicada de obtener lo que fácilmente se puede lograr con el sentido común y la práctica.

 

Obviamente, quien se enfrenta con la tarea de reflexionar sobre el estudio científico de la política deberá tener en cuenta estas diversas expectativas y encontrará dificultades para hacerse entender por todos de igual manera, pues dichas expectativas favorecerán o desfavorecerán la intelección de lo que se diga.  Es un aserto aceptado en el análisis de la comunicación que las experiencias, conocimientos y disposiciones afectivas del destinatario del mensaje intervienen en la captación y el sentido otorgado al mensaje de la fuente.

 

Los obstáculos expuestos - que son sólo algunos - hacen que el intento de tratar el tema sea asumido por nosotros con humildad y esfuerzo entusiasta. Bastará que algunos de los que lean este trabajo se sientan motivados para reflexionar y quizá iniciar un diálogo con nosotros o con algún otro científico político, para que dicho esfuerzo pueda ser considerado productivo.

 

3. Ciencia

 

3.1 Hemos podido comprobar que el término ciencia tiene un uso ambiguo, es decir, designa diversos conceptos y por consecuencia produce confusión en la comunicación cuando se lo usa.  La vaguedad o confusión debe ser enfrentada si se pretende progresar en una reflexión racional.

 

Se trata, pues, de precisar la significación del concepto, es decir, se hace necesario dilucidarlo.  Es obvio, y lo hemos señalado, que puede haber varios conceptos de ciencia; desde el concepto de “episteme” de los griegos hasta el concepto que denotan los científicos actuales con la palabra ciencia ha habido una evolución.  Hoy mismo no todos denotan el mismo concepto cuando pronuncian la palabra ciencia.

 

No es nuestro intento, pues sería pretencioso, zanjar la discusión, pero el lector podrá estar de acuerdo con nosotros en que una discusión que pretenda ser fecunda requiere que cada uno declaro el concepto, y lo haga de la manera mas precisa posible.  Por otra parte, "si bien puede haber diversos conceptos, no todos ostentan el mismo grado de adecuación con respecto a la actividad social que denominamos ciencia.  De lo dicho se sigue que debemos tratar de dilucidar el concepto que tenga aceptación más generalizada y fundada.  Para ese intento, debemos seleccionar aquellos aportes de disciplinas como la filosofía, la epistemología y la metodología, en cuanto han hecho objeto de su trabajo a la ciencia.

 

Parece oportuno señalar, en todo caso, que la ciencia puede ser concebida como una actividad y como un producto.  La actividad es lo que denominamos investigación científica; el producto, lo que llamamos conocimiento científico.  Dado que un producto no es inteligible sino en relación a la actividad que lo produce (en caso contrario sólo conoceríamos un objeto pero no un producto), hemos optado por dilucidar el concepto de ciencia en cuanto actividad.

 

3.2 Acción y realidad

 

El hombre frente a la realidad - podríamos decir, de manera esquemática - actúa tratando de conocerla o de modificarla. Ambos objetivos son distintos, aunque haya interacción entre las actividades de conocer y de modificar.  Así, el método experimental es una manifestación del reconocimiento del hombre de que en su intento de conocer influye en el objeto que quiere conocer y que, por lo tanto, es necesario conocer y controlar esa influencia modificatoria que se produce contra su voluntad.  Por otra parte, quienes tratan de modificar la realidad se interesan en el conocimiento de esa realidad tanto cuanto lo necesitan para obtener el efecto deseado.

 

Cuando se conoce, es el sujeto que conoce el que se modifica eminentemente.  Conocer algo es representarlo en la conciencia, es pues la conciencia del sujeto la que se modifica.  Por el contrario, cuando trata de modificar la realidad, es eminentemente el objeto el que cambia y de acuerdo al propósito del sujeto, si la operación es exitosa.

 

3.3 Conocimiento

 

Nuestra primera aserción es que la ciencia es una actividad orientada eminente y primariamente a conocer.

 

Pero, claro está, que la ciencia no es el único modo de conocer.  Todos los seres humanos conocemos; hay un conocimiento que es común a todos y que, por eso precisamente, lo denominamos conocimiento común, y más frecuentemente, "sentido común".

 

El conocimiento común se produce habitualmente por inducciones y generalizaciones que se hacen a partir de las experiencias repetidas; también el conocimiento común es un conjunto de partes del conocimiento científico de épocas anteriores, que por tradición ha pasado a ser patrimonio de la generalidad de los individuos.  Al parecer, la mayor parte de lo que constituye el conocimiento común son generalizaciones que resumen hechos de la vida cotidiana, observados o inferidos a partir de ellos.

 

El conocimiento común, entre algunas de sus múltiples características, manifiesta una, clara tendencia a eliminar la problematicidad.  Constituye, por decirlo así, una especie de recetario que permite desarrollar la actividad cotidiana sin obstáculos.

 

Es de hacer notar que precisamente ese arraigo del conocimiento común a la experiencia cotidiana, al mundo de la percepción, es lo que le impide trascendencia.  No deja de ser llamativo el hecho que cuando se pretende trascender el conocimiento común, de manera común, se caiga en el mito, en la magia o en cualquiera de los muchos tipos de pseudociencia que aún hoy - y  quizá siempre, en algún grado - se pueden observar en la cultura de los pueblos.

 

Todas estas formas de conocimiento se pueden observar cuando se trata de la política.  Lo común en todos estos casos - y lo trágico - es que se sacrifica el tratamiento racional de la experiencia.

 

Una segunda aserción que podemos hacer es que la ciencia no es conocimiento común, sentido común, ni conocimiento irracional.

 

3. Racionalidad

 

El conocer como actividad puede ser racional.  Un conocimiento racional en cuanto se lo mira como actividad equivale a decir que es metódico.  El método es un procedimiento para tratar problemas. No cualquier secuencia es un proceso, ni cualquier proceso es un procedimiento.

 

Decimos que hay una secuencia cuando un evento sigue a otro.  Pero hay secuencias temporalmente ordenadas de eventos o acaecimientos en donde cada miembro de la secuencia forma parte en la determinación del miembro siguiente, en cuyo caso, hablamos

de proceso.     

 

Cuando un proceso se desarrolla de acuerdo a un plan prefijado y con ciertas reglas determinadas aptas para conducir al objetivo propuesto, lo denominarnos método.  Por lo tanto, todo método es un proceso y todo proceso es una secuencia, pero la inversa no es válida.  Así podemos - en otras palabras - decir que el método es el conjunto de procedimientos racionales de acción.

 

Cuando se actúa aplicando procedimientos racionales y excluyendo los que no lo son, decimos que se es riguroso.  Cuando el rigor se transforma en la norma conductual de un grupo que se dedica a actuar sobre un objeto, nos encontramos frente a una disciplina.. Si los objetivos son de conocimiento estamos frente a una disciplina cognoscitiva.

 

También suele llamarse disciplina al conjunto sistematizado de conocimiento obtenido a través del ejercicio disciplinario.

 

Una tercera aserción que podemos hacer es que la ciencia es conocimiento y procedimiento racionales, en otras palabras, es disciplina.

 

3.5 Claridad, precisión y comunicabilidad

 

La racionalidad exigidas por el procedimiento de la ciencia exige ciertos requisitos.  Para superar la confusión y obtener la claridad requerida por un procedimiento que intenta ser racional, es necesario superar la ambigüedad propia del conocimiento y lenguaje comunes.

 

Para obtener esa claridad conceptual, es necesario dilucidar, definir los conceptos; a fin de lograr la precisión, es necesario medir, es decir, comparar y cuantificar, cuando ello es posible.  Lo dicho explica porque la ciencia crea un lenguaje propio, donde los términos tienden a la univocidad y cuyo significado sólo es inteligible en un contexto, como en todo lenguaje, contexto que, en el caso de la ciencia, lo proporciona la teoría.

 

Por eso podemos hacer una cuarta aserción: la ciencia tiene claridad, precisión y un lenguaje propio que, por supuesto, requieren de un adiestramiento especial.

 

Se advierte claramente que los requisitos anteriores son necesarios para que las proposiciones de los científicos puedan ser objeto de crítica racional.  Por otra parte, la comunicabilidad de la ciencia, al requerir un lenguaje propio, queda restringida, en gran medida, a quienes dominan dicho lenguaje.  Demás está decir que este ideal de claridad y precisión sólo se alcanza cuando la disciplina   capaz de trabajar con un lenguaje formalizado y aún así cuando se trata de disciplinas factuales, ello no es conseguible plenamente - y quizá ni ser un desideratum.

 

3.6 Problematicidad

 

El objetivo del quehacer científico, de la investigación científica, es el conocimiento científico.  El primer paso de toda investigación científica es formular problemas: sin problemas científicos no hay ciencia.  Los obstáculos en la vida cotidiana suelen resolverse de manera automática cuando ello no es posible, nos encontramos con un problema, es decir, con una dificultad que requiere de una investigación.  Se hace, entonces, necesario expresar racionalmente el  obstáculo para proceder a buscar su solución.

 

Pero no, cualquier problema es un problema científico.  Los problemas científicos son aquellos que se plantean teniendo en cuenta las acumulaciones de la ciencia, usando el lenguaje de la ciencia, que pueden ser resueltos con los medios de la ciencia y cuyos objetivos son los objetivos de la ciencia.  Los problemas de la ciencia son de tal importancia, que el tipo de problemas es el que determina el nivel de la investigación.

Podemos hacer una quinta aserción: La ciencia es problematizadora

 

3.7 Hipoteticidad y legalidad

 

Una vez formulados adecuadamente los problemas científicos, tratamos de buscarles una solución. A diferencia de otras disciplinas, en la ciencia ninguna solución es nunca una conclusión definitiva.  En ciencia siempre es posible someter a crisis las soluciones.

 

Frente a un problema, es posible buscar una respuesta a través de ocurrencias, conjeturas u otro género de posibles respuestas.  En el caso de la ciencia, la respuesta a un problema es un tipo de conjetura que tiene que poseer consistencia lógica,  compatibilidad con las acumulaciones científicas existentes y posibilidad de ser sometida a contraste con la experiencia, (la segunda condición puede en algunos casos excepcionales no ser satisfecha).

 

Cuando una hipótesis científica ha sido contrastada de manera positiva con la experiencia y es una proposición acerca de una relación constante entre dos o más variables que representan propiedades de sistemas concretos, nos encontramos frente a una ley científica.

 

Así, pues, se supone con fundamento, que la ley representa un esquema objetivo o estructura objetiva.

Podemos hacer una sexta aserción: La ciencia es hipotética y legal

 

3.8 Teorización

 

Cuando sistematizarnos un conjunto de proposiciones hipotéticas y legales nos encontramos frente a una teoría.  Si las proposiciones antedichas son científicas, se trata, entonces, de una teoría científica.  Es claro entonces que no todas las disciplinas pueden ser llamadas teóricas y que no todas las disciplinas teóricas son científicas.

 

Suele decirse, de otro modo, que una disciplina es teórica cuando se trata de un sistema general de proposiciones, y que es científica cuando dicho sistema general no sólo manifiesta coherencia sino que representa la estructura de cierto sector de la realidad.

 

Podemos hacer una séptima aserción: La ciencia es teórica

 

3.9 Factualidad

 

Hay disciplinas que son teóricas, es decir, se refieren a ideas o conceptos.  Por ejemplo, la lógica y la matemática satisfacen todas las características relativas a la disciplina y a la teoría pero su objeto exclusivo son ideas, conceptos; sus referencias últimas son conceptuales, no requieren de la experiencia ni de los hechos para que sus proposiciones sean aceptadas.  Sólo requieren satisfacer el requisito de sistematicidad, de coherencia lógica y de generalidad.

 

En el caso de la ciencia, se agrega un nuevo requisito.  La ciencia, a diferencia de las disciplinas teóricas, como la lógica y la matemática, requieren además de la coherencia, sistematicidad y generalidad de sus proposiciones, la contrastación con la experiencia.  La razón de este requisito es que la ciencia tiene como referencia, como objeto último, los hechos, la realidad.

 

Es así que podemos hacer una octava aserción: la ciencia es una disciplina teórico-empírica o si se quiere expresar de otro modo: la ciencia es una disciplina teórico-factual.

 

3.10 Contrastabilidad o verificabilidad

 

Al tener por referencia última la realidad objetiva, la ciencia - tiene como hemos dicho - que contrastar sus proposiciones con la experiencia. Muchas de las proposiciones científicas son de tal generalidad, que no permiten una contrastación o verificación directa con los datos obtenidos por el investigador a través de la observación, la medición y la experimentación.

 

Para contrastar estas proposiciones señaladas, el científico requiere realizar inferencias, en otras palabras, hacer deducciones de otras proposiciones que puedan ser menos abstractas y que permitan, por su singularidad y concreción, ser comparadas con los datos.

 

- Se solía decir - y aún hoy se sigue diciendo - que la ciencia era el producto de, un proceso inductivo.  Pues bien, la inducción juega un papel en la ciencia, como uno de los caminos posibles (por cierto no necesariamente el único ni el más económico) para producir generalizaciones empíricas que pueden transformarse en hipótesis, bajo determinadas condiciones.  No obstante, la inducción no desempeña ninguna función en la contrastación o verificación de las hipótesis.

 

Por otra parte, también es común oir decir que las hipótesis se contrastan con los hechos.  En realidad, esta manera de expresarse es inadecuada, pues si bien la ciencia tiene como referencia los hechos, la realidad, sólo posee como evidencia los datos.  Los datos son el producto de la observación, medición o experimentación de los hechos.  Los datos son ya producto del conocimiento que el sujeto tiene de los hechos, y es con los datos que se contrastan o verifican o confirman las hipótesis, a través de las proposiciones que de ellas se deducen.

 

Lo anterior suele expresarse de la siguiente manera, que configura una novena aserción: la ciencia es un sistema hipotético-deductivo contrastable empíricamente

 

3.11 Objetividad

 

Es común escuchar que la ciencia es objetiva.  En realidad todo conocimiento - aún cuando se considere esa unidad mínima de conocimiento que es el concepto - es una representación que un sujeto se hace de un objeto.  En ese sentido, también la ciencia es objetiva.  Parece obvio, sin embargo, que seres contingentes como somos los hombres no podamos presumir de un conocimiento pleno, total y perfecto de la realidad, objeto de nuestro conocimiento.  Por eso la ciencia trata de trascender las limitaciones inherentes a la contingencia propia de cada investigador, exigiendo que las contrastaciones puedan ser realizadas por diversos investigadores, de tal modo que haya posibilidad de corregir, a través de un cierto proceso de compensación entre distintos sujetos, los efectos de las limitaciones de cada investigador individual.  Por esto el método de la ciencia exige que la posibilidad de contrastación sea intersubjetiva y por consecuencia, transubjetiva.  De lo dicho se sigue que la ciencia tiene como ideal la objetividad, pero su conocimiento siempre será relativo y parcial.

 

De lo anterior brota la décima aserción: la ciencia es un sistema hipotético-deductivo contrastable empírica e intersubjetivamente.

 

3.12 Finalidad

 

La finalidad de la ciencia es la verdad.  La ciencia intenta conocer adecuadamente la realidad.  La finalidad primaria de la ciencia es el conocimiento adecuado.  En razón de esto, la ciencia busca perfeccionar, de manera progresiva, el conocimiento de la realidad, comenzando por describirla, siguiendo con el intento de explicarla y - cuando ello es posible - prediciendo lo que va a ocurrir o retrodiciendo lo que ocurrió.  Es ajeno a la ciencia, así entendida, la pretensión de normar o prescribir la realidad.

 

Lo anterior no quiere desconocer el rango de disciplinas teóricas a aquellas otras cuyo objetivo es normar o prescribir la realidad, como sucede en el caso de la ética, el derecho y la tecnología, respectivamente.  Tampoco se debe inferir de lo dicho que se ignora o se niega que las disciplinas normativas y descriptivas usan del conocimiento que la ciencia acumula, ni mucho menos de que la ciencia puede, como actividad humana, escapar de la ética y el derecho o presumir que puede prescindir del aporte instrumental de la tecnología y de la técnica o de otras disciplinas formales, como la lógica o la matemática.

 

De lo expresado, se sigue la décima primera aserción: La ciencia tiene como objetivo el conocimiento teórico-empírico de la realidad a través de la descripción, explicación y predicción de dicha realidad. La finalidad de la ciencia es la verdad.

 

4. Política

 

Cuando en el capítulo 2, nos referimos a las ambigüedades y confusiones (2.2) que obstaculizaban el tratamiento del tema, ya dijimos algo acerca de la concepción común sobre la política.  Retomaremos brevemente parte de lo allí expresado con el fin de mostrar que la concepción popular o común de la política tiene importantes repercusiones prácticas que no debemos dejar de considerar en un trabajo sobre el estudio científico de la política, aunque no sea el foco principal de nuestra atención.

 

Quizá conviene recordar que lo político aparece, para la mayoría de los hombres, como un asunto esencialmente partidista. Se lo ve como un fenómeno vinculado a las preocupaciones ideológicas o a los intereses de grupos o personas que tienen el suficiente poder como para imponer su ascendiente a los gobernantes o a la autoridad.

 

Generalmente esta visión manifiesta un juicio desfavorable bastante generalizado con respecto al comportamiento de los que actúan en "la política", de los "políticos".  Lo dicho aparece más claro cuando peyorativamente se habla de "politiquería", haciendo una no fundada generalización de algunas conductas a todas las conductas políticas.

 

Sería interesante profundizar en este fenómeno, pero no creemos que este trabajo sea la oportunidad adecuada.  Sin embargo, téngase en cuenta que esta opinión existe y es generalizada y su influencia - como la de toda opinión generalizada - es apreciable.  Dado que en esta concepción la opinión frente al proceso político es negativa no es de extrañar que sea un factor de deterioro de los regímenes pluralistas, donde se pueden encontrar manifiestos y como parte de las reglas del juego, los conflictos ideológicos y de intereses, como en el caso de los regímenes democráticos.  Por eso no debe sorprender que quien es adverso al régimen democrático a su vez haga profesión de apoliticismo.

 

En nuestro caso, dado que tratamos acerca del estudio, más aún del estudio científico de la política, lo que nos interesa primariamente es entender a qué objeto se refieren los estudiosos y los científicos cuando usan el término política.

 

Si bien entre los especialistas pueden haber muchas respuestas acerca de lo que es la política, sin duda, todos están de acuerdo en un postulado metodológjco: todos concuerdan en que las sociedades humanas presentan un aspecto que puede ser considerado como político.  Aún aquellos que postulan una sociedad apolítica lo hacen por referencia a ese aspecto que es precisamente el que aspiran a eliminar de la vida social.

 

En cualquier disciplina, el objeto es una construcción de la mente humana, en cuanto es un hecho observado.  La realidad puede ser vista como el HECHO.  Cuando observamos siempre conocemos parte de ese HECHO, deliberada o indeliberadamente; nunca perfectamente todo el HECHO por eso, hablamos de "los hechos".  La ciencia trabaja con hechos observados y observables, es decir, con DATOS, pero los datos son sólo los hechos que caen bajo la observación.  Muchos problemas epistemológicos hay encerrados en ello, pero no entraremos a considerarlos.  Basta solamente que se note que el problema del objeto de los estudios políticos no es algo que pueda enfrentarse con el conocimiento vulgar y de que se tenga en cuenta que el objeto de las disciplinas no lo constituyen hechos sino datos y que éstos siempre son una concepción o una idea de los hechos observados.

 

Precisamente la incertidumbre que puede observarse con respecto al objeto de los estudios políticos deviene de lo dicho.  Tanto es así, que hay quienes propugnan que el problema del objeto de los estudios políticos sea  respondido, enumerando los grandes temas de análisis, o más simplemente, diciendo que la ciencia política es lo que hacen los científicos políticos bajo el rótulo de ciencia política.

 

Pero las respuestas anteriores nos dejan sin saber qué es lo que da unidad a los estudios políticos y más precisamente, a la ciencia política.  Un agregado de temas estudiados no constituyen una disciplina.  Es más fácil hacer una lista de cosas que elaborar una definición.

 

Si se duda de lo dicho, analícese lo que sucede con las llamadas "relaciones internacionales" se verá que es una enumeración de temas que permiten reivindicar las "relaciones internacionales" para el economista, para el jurista, para el científico político, para el psicólogo social, etc.

 

El problema de la identificación del objeto tiene especial importancia en países  - que como el nuestro - no tienen establecida o lo está de modo incipiente, la ciencia política.  La pretensión de establecer una disciplina debe legitimarse demostrando que cierto aspecto de las relaciones sociales, o si se quiere de la vida social, está sin analizar o deficientemente analizado.  Si simplemente se admite que la ciencia política intenta estudiar los "asuntos públicos", sin decir más ¿no tienen acaso justificación los hombres dedicados al derecho público a decir que su disciplina ya lo hace?.  Lo mismo si sólo se habla, sin más, del "Estado", de la "Constitución" o de las "Instituciones".

 

Es un hecho que no hay acuerdo entre los autores para determinar los criterios que permitirían delimitar el objeto de los estudios políticos y más precisamente de los estudios científicos de la política.  Dentro de la red de relaciones sociales, de fenómenos sociales, se intenta identificar algunos que se denominan políticos.  Como señalábamos antes, el objeto se constituye por un recorte de la realidad; esto es común a todas las disciplinas, incluidas tanto las llamadas naturales, como las denominadas sociales.

 

No pretendemos agotar la variedad de criterios usados para recortar la realidad social, ni los objetos que surgen como consecuencia de dichos recortes, pero intentaremos mostrar algunos que han manifestado una cierta aceptación generalizada.

 

La política como lo relativo al Estado

 

Esta posición tiene a su favor una larga tradición.  Sin duda son claros sus orígenes vinculados a las disciplinas filosóficas y jurídicas y aún tiene, acogida en muchos lugares.  Quizá sería oportuno señalar que hay dos vertientes en esta corriente, que hace del Estado el objeto de los estudios políticos.

 

- enfoque institucional

 

La vertiente de más larga tradición ve como objeto de lo político las instituciones del.  Estado que expresan la teoría, organización, gobierno y práctica del Estado.  Algunos agregan que las instituciones que interesan son aquellas que son legales o tienen fundamento legal.

 

- enfoque funcional-territorial

 

Este enfoque - habitualmente identificado con los trabajos de Max Weber - señala como político lo relativo a las funciones gubernamentales dentro de un determinado territorio. (En este enfoque ya emergen las relaciones de poder que serán el objeto de los enfoques secuentes, razón por la cual también podría ser clasificado de manera distinta a la opción que nosotros hemos tomado).

 

Interesa, quizá, señalar que estos recortes de la realidad para objetivar lo político por medio del Estado tienen ciertos inconvenientes surgidos de la misma ambigüedad del término "Estado"; no es el caso enumerar, pero sí señalar, que hay una variedad de conceptos denotados por el término "Estado".

 

Por otra parte, el Estado como producto cultural es particular a un determinado período histórico, lo que impide estudiar los restantes períodos o suponer que la política es un fenómeno no existente en ellos.

 

Más aún, el énfasis institucional casi elimina del estudio los aspectos relativos al comportamiento de los actores concretos y reales.  Por último supone aceptar que lo político se agota en el Estado.

 

Jean Meynaud [8] señala: "La noción de Estado, utilizada como una especie de marco general en cuyo interior los especialistas dirigen las investigaciones de su elección, no merece censura, pero carece de alcance.  Resulta una disciplina de enseñanza cómoda, cuya adopción dispensa de un trabajo especial de identificación y permite exposiciones muy diversas.  Si, en cambio, se hace del concepto un factor efectivo de orientación del análisis, su empleo plantea problemas complejos y esconde serios peligros".

 

A propósito de la cita de Meynaud, señalemos que quizá el mayor peligro que hemos podido observar cuando se acepta la categoría de Estado como la fundamental es que lo que debería ser un trabajo científico se transforme en una actividad jurídica o ideológico-apologética.

 

- La política como lo relativo al poder

 

En la época contemporánea hemos podido observar encarnizadas luchas por obtener el control político de las sociedades, es decir, luchas por el poder.  La opresión, el totalitarismo se impone a través de una inmensa palabrería sobre la libertad y la democracia, que da más cuenta de los deseos que de las realizaciones humanas.  En muchas partes - como desde antiguo - "la letra mata el espíritu" y termina siendo letra sin espíritu, ley sin eficacia, derecho muerto a manos de los hechos.

 

Si bien lo dicho no agota ni con mucho la realidad de nuestras sociedades, creemos que se podrá aceptar que corresponde a una buena parte de esa realidad.  No es de extrañar, entonces, que personalidades estudiosas y sensibles a la experiencia se preocupasen por el tema del poder, por los procesos concretos de gobierno, por los procedimientos usados para imponer la voluntad del gobernante, etc.  Así surgió una nueva orientación general de los estudios políticos que intentaba centrarse en el poder, en su naturaleza, localización, utilización, etc.

 

Términos como los de "poder", "influencia", "autoridad" y otros pasaron a ocupar los primeros lugares de frecuencia de uso en el habla de los estudiosos, en detrimento de la popularidad, aunque no de la existencia, de aquellos otros como "Estado", "institución", etc.

 

La muy citada frase de Bertrand de Jouvenel [9] “...deberíamos reputar "político" todo esfuerzo sistemático, realizado en cualquier parcela del ámbito social, para mover a otros hombres en pos de algún proyecto deseado por el promotor del mismo”, manifiesta la máxima. amplitud de esta orientación que centra su atención en el poder.

 

Dentro de la amplitud de la corriente señalada, hay muchos que optan por reducir al amplio alcance dado por estudiosos como el recién citado.  Así, se podrá encontrar quienes se concentran en los objetivos y efectos del poder; otros enfatizan los medios y procedimientos usados en el ejercicio del poder y analizan los aspectos relativos a la coacción, ascendiente, confianza, etc. Hay quienes limitan el estudio del poder al ámbito gubernamental, en tanto que otros se preocupan por la distribución de valores realizada por la autoridad.  No faltan quienes piensan que es conveniente centrarse en la toma de decisiones por parte de la autoridad, etc.

           

Como en el caso anterior, sobran los inconvenientes.  Términos como "poder", "influencia", "autoridad" suelen ser ambiguos, señalando más de un concepto no siempre claramente dilucidado; otras veces, diversos términos denotan un mismo concepto; lo mismo sucede con términos como valor y coacción.

 

Junto a los inconvenientes señalados, hay que hacer notar que esta orientación, que se centra de un modo u otro sobre el poder, ha producido excelentes acumulaciones, y que los temas que ha sugerido para el estudio permiten afirmar que es útil y eficaz.

 

Esta orientación del estudio del poder ha ofrecido un fundamento empírico mucho más amplio y aportes teóricos, que permiten ser contrastados con la experiencia, evitando el riesgo de abstractismo lógico de otras orientaciones.

 

Quizá el lector, después de leer lo expresado en este capítulo, concluya - y no sin razón - de que no le queda claro cuál es el objeto o los datos sobre los cuales trabajan los estudiosos de la política.

 

Si recordamos lo dicho en la primera parte de este capítulo sobre el hecho y el dato, quizá la confusión se disipa.  Hemos dicho que la ciencia requiere de datos y sobre ellos trabaja.  La palabra dato inclina a creer que nos referimos a algo dado; sin embargo, señalamos que el dato es algo que hay que construir a través de la observación de los hechos; el objeto sobre el cual reflexionamos es una construcción de múltiples datos construidos.

 

Sería un craso error pensar que ello sólo ocurre cuando se trata de disciplinas llamadas humanísticas y sociales, ya que lo mismo ocurre en las ciencias denominadas naturales.  Un objeto físico como el sonido es perceptible por nosotros, pero no lo es como onda sonora, que es el objeto de la reflexión de la física.  Frente a una orquesta, que es un mismo objeto de observación, dirán cosas muy distintas un crítico de arte y un físico, en cuanto ejercen sus actividades profesionales, y dirán cosas distintas porque aluden a datos distintos de un mismo hecho: porque a partir de la misma realidad, construyen con sus datos diversos objetos distintos.  Cada uno considera aspectos distintos de la misma realidad.

 

Lo anterior no conlleva necesariamente la afirmación de que. los hechos objetivos no existen.  Por el contrario, nosotros afirmamos que los hechos objetivos existen en sí mismos, independientes de nosotros mismos, por lo menos la mayoría de ellos.  Lo que decimos es que para convertir los hechos objetivos en objeto de conocimiento, tenemos que percibirlos y conceptualizarlos, transformarlos en datos, y que un dato de un hecho no es lo mismo que el hecho.  Por eso, el estudio de la política - como cualquier otro estudio - implica la construcción de un objeto, sobre la base de los datos que consideramos políticos en los hechos sociales.

 

El crecimiento de una disciplina es concomitante al proceso de construcción de su objeto, es decir, al aumento de consenso con respecto al objeto, entre quienes estudian una disciplina. Sin duda ese consenso nunca será pleno, y una vez obtenido, puede destruirse, dando lugar a una revolución del pensamiento en esa disciplina.

 

Así, pues, el disenso acerca del objeto de los estudios políticos que en un primer instante podría haber sido percibido como negativo, aparece como signo inequívoco de vitalidad en el pensamiento, que permite revolucionar las perspectivas de conocimiento de la realidad política.  Las disputas - a veces agrias - entre hombres dedicados al derecho político y a la ciencia política dan cuenta de que nuestras afirmaciones no son sólo fruto de nuestra imaginación.

 

El consenso total en una disciplina o sector del conocimiento no sería manifestación de un triunfo de nuestra inteligencia, sino una lápida que anuncia que el pensamiento está muerto. Así, podemos decir que los estudios políticos - y entre ellos la ciencia política - están vivos, en crisis de crecimiento o en proceso de maduración, porque es evidente el disenso y el consenso parciales.

 

5. El estudio científico de la política (Ciencia Política)

 

Creemos que la identificación de una disciplina requiere señalar, por lo menos, su objetivo, sus procedimientos y su objeto.  Es posible agregar otros criterios de identificación, pero para los fines de este trabajo, nos limitaremos enfáticamente a estos tres.

 

5.1 Objetivo

 

Con respecto al objetivo, y de acuerdo a lo dicho en el capítulo 3, se sigue que si un estudio pretende ser científico deberá orientarse a conocer, es decir, a describir, explicar y predecir la realidad en alguno de sus aspectos.

 

Así, pues, la ciencia política no agota el de estudio posible de la política.  Hay otras disciplinas  legítimamente estudian la realidad política mucho antes que la ciencia política contemporánea.  No se trata de negarla ni de oponerse a ellas, sino de intentar señalar en qué difieren.

 

Hay disciplinas cuyo objetivo es normar la realidad social, es decir, se pronuncian acerca de cómo debe ser organizada la realidad social en su estructura y funcionamiento, por ejemplo.  Así sucede, con aspectos que se implican bajo el término derecho.

 

Hay otras cuyo objetivo es prescriptivo intentan señalar cuáles son los procedimientos eficaces para lograr un determinado efecto en la vida social, como sucede con las técnicas y tecnologías sociales, en nuestro caso, técnicas y tecnologías políticas,

 

En consecuencia, sólo llamaremos científico un estudio que tenga por finalidad el conocimiento.  El estudio será de ciencia política si tiene como objetivo el conocimiento.

 

De este modo, la explicitación del objetivo de la ciencia, permite a la ciencia política distinguirse de todo otro estudio que no tenga por finalidad el conocimiento, y entre éstos, por ejemplo, de los estudios normativos o prescriptivos.

 

5.2 Procedimiento

 

Pero como hemos analizado en el capítulo referente a la ciencia, no toda actividad de conocimiento es científica.  La ciencia no queda identificada solamente indicando su objetivo; el conocimiento vulgar, el filosófico, etc. son también conocimiento.

 

Para distinguir a la ciencia de otras actividades cognoscitivas, es necesario especificar el procedimiento a través del cual obtiene el conocimiento.  Recordando brevemente lo dicho, anotamos que el proceso a través del cual la ciencia logra sus resultados es racional (ver 3.4), claro, preciso y comunicable (3.5), problematizador (3.6), hipotético-legal (3.7) teórico (3.8) factual (3.9), contrastable empíricamente (3.10), intersubjetivo (3.11). Resumíamos todas estas características diciendo que la ciencia: es un conocimiento teórico-empírico de la realidad, a través de la descripción, explicación y predicción de dicha realidad

 

Precisamente ello implica un procedimiento determinado, que denominamos método general de la ciencia.

 

El método general de la ciencia es el procedimiento que se aplica al proceso entero de la investigación en el marco de cada problema de conocimiento.  Todo procedimiento es una serie ordenada de operaciones.  Daremos cuenta de esa serie ordenada de operaciones citando a Mario Bunge.

 

Operaciones del método general de la ciencia:

 

1          Enunciar preguntas bien formuladas y verosímilmente fundadas;

 

2          Arbitrar conjeturas, fundadas y contrastables con la experiencia, para contestar a las preguntas;

 

3          Derivar consecuencias lógicas de las conjeturas;

 

4          Arbitrar técnicas para someter las conjeturas a la contrastación;

 

5          Someter a su vez a contrastación esas técnicas para comprobar su relevancia y la fe que merecen;

 

6          Llevar a cabo la contrastación e interpretar sus resultados;

 

7          Estimar la pretensión de verdad de las conjeturas y la fidelidad de las técnicas

 

8          Determinar los dominios en los cuales valen las conjeturas y las técnicas, formular los nuevos problemas originados por la investigación " [10].

 

Una representación esquemática de este proceso nos ofrece el mismo autor a continuación del párrafo citado:

                                              

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5.3 Primer corolario

 

Para distinguir la ciencia de otra actividad que no es científica se requiere identificar el objetivo y el procedimiento de la acción.

 

Si no está explícito el objetivo, la acción de la ciencia se confundiría con actividades normativas y prescriptivas.  Hay muchos escritos que confunden, de manera sincrética, los conocimientos científicos, normativos, prescriptivos, históricos, etc.  El sincretismo no es síntesis, ni la confusión constituye pensamiento complejo.  Estos estudios no ayudan al proceso de inteligibilidad de la realidad, sino que complican inútilmente el trabajo intelectual.  Sólo cuando se distinguen claramente los planos, estos trabajos son un aporte real.

 

Por otra parte, la descripción de la realidad es necesaria pero no suficiente para que el conocimiento pueda llamarse adecuadamente científico. Muchos aportes de la geografía y la historiografía, como otros denominados sociológicos, antropológicos, etc., no son científicos, en la medida en que no superan la descripción, aunque ésta sea sistemática.  Igual cosa se podría decir de otros campos del saber.

 

Lo anterior no implica afirmar que no son valiosos, lo único que decimos es que no son científicos o que están en una etapa primaria en el proceso de constitución del conocimiento científico.

 

Afirmamos que la descripción es necesaria para la ciencia y que debe ser rigurosa y a la vez que es insuficiente.  Es necesario alcanzar un nivel explicativo para que podamos adecuadamente llamar científica a una investigación.  Con suerte, sobre la base de la explicación científica, podremos - y no siempre será posible - llegar a predecir con fundamento científico.  La predicción científica supone la explicación científica y ésta, la descripción científica.  Predecir científicamente es el desideratum, del científico, que sólo una ciencia madura puede proporcionar.

 

No todas las descripciones, explicaciones y predicciones posibles son científicas sólo lo son las que se logran a través del método de la ciencia, ahora bien, que no sean científicas no quiere decir que no sean rigurosas, ni útiles, ni tampoco que lo sean necesariamente.

 

Si no explicamos el objetivo, confundiremos la ciencia con la tecnología, como suelo ocurrir, pues ambas utilizan el método científico: la ciencia para conocer, la tecnología para modificar la realidad.  Si no explicitamos el método, confundiremos cualquier actividad orientada a conocer - sea o no rigurosa - con la ciencia.

 

Con las disciplinas normativas, la ciencia se diferencia no sólo en su objetivo – pues normar no es lo mismo que conocer - sino también, en su método, por cuanto las disciplinas normativas no exigen la contrastación empírica intersubjetiva como criterio para aceptar o rechazar sus proposiciones, aunque, al igual que la ciencia, exijan coherencia lógica entre ellas.  La utilización conjunta del método y el objetivo de la ciencia son los criterios que permiten distinguirla de toda otra actividad que no sea científica.

 

5.4 Objeto

 

Si bien el objetivo y el procedimiento permiten distinguir la ciencia de toda otra actividad que no sea científica, ello no es suficiente para distinguir a las disciplinas científicas entre sí.  Todas las disciplinas científicas tienen por objetivo conocer y todas proceden con el método científico.

 

Necesitamos encontrar otro criterio que permita distinguirlas.  El objeto, aquello que estudian, o el aspecto bajo el cual, lo estudian nos parece ser un criterio adecuado para lograr diferenciarlas.

 

Muchos problemas - respecto del objeto - son comunes a todas las disciplinas científicas, es decir, teórico-empíricas.

 

Si bien el objetivo y el método de lo que denominamos ciencia política nos permite distinguirla de toda otra disciplina que tenga objetivos y/o métodos distintos, no nos es suficiente para distinguirla de aquellas otras disciplinas que tienen su mismo método y objetivo, como es el caso de la sociología, la psicología social, etc.

 

5.5 Segundo corolario

 

Para distinguir la ciencia política de las otras disciplinas sociales es necesario identificar las tendencias de estructuración del objeto expresadas por los núcleos problemáticos que manifiestan mayor generalidad consensual.

 

Cuando reflexionamos sobre el objeto de la ciencia política, pudimos comprobar ciertos puntos de consenso, pero también una amplia zona de disenso.  Anotamos también que el progreso de cualquier disciplina aparece como un proceso de diferenciación de problemas y teorías que proporcionan un dominio integrado del conocimiento, aunque de relativa estabilidad.

 

Factores individuales, sociológicos, ideológicos y epistemológicos influyen en la estructuración y desarrollo de una disciplina.  Nos parece más fecundo que ponernos a la defensa de una posición u otra señalar algunos factores que dan cuenta de ciertas tendencias en la constitución del objeto de la ciencia política, y que permiten encontrar aquellos aspectos que la diferencian de las restantes ciencias sociales.

 

Dichas tendencias tienen su origen en diversos procesos objetivos que por su importancia han pasado a ser objeto de los estudiosos del fenómeno político.  Entre los procesos mencionados cabe destacar la afirmación generalizada de los principios democráticos que se produce en concomitancia con graves problemas y aún la quiebra política de muchos países que concretaban en diversos modelos históricos el ideal democrático, el acceso a la independencia política de naciones muy distintas social y culturalmente y procesos de orden económico que tienen repercusión política en el nivel internacional, todos ellos impulsan a la reflexión de nuevas formas de organización política nacional e internacional.  Esta búsqueda de nuevos modelos de organización política se ve urgida por la planetarización de los problemas políticos que ponen en evidencia la diversidad e interdependencia entre los Estados y pueblos del mundo y que exige el respeto a la diversidad a través de una voluntad de diálogo que haga factible un consenso universal mínimo que asegure la paz o por lo menos aleje el peligro de la guerra al interior de cada país y a nivel internacional.  Procesos de integración y desintegración a diversas escalas plantean problemas inéditos hasta el presente que exigen ser estudiados con urgencia.  El poder que la ciencia y la tecnología proporcionan hoy al hombre y que puede ser usado también para su destrucción y otras muchas realidades - que no queremos enumerar para no extendernos excesivamente - plantean un desafío a la capacidad del hombre para concebir e instaurar un orden viable históricamente, que permita participar una idea común de justicia, que efectiva y progresivamente haga desaparecer de la tierra la miseria, la ignorancia, la explotación, etc., en otras palabras, que permita un desarrollo humano donde sea posible la justicia y la paz.

 

Frente a estos desafíos, las ciencias sociales pueden aportar información rigurosa, conocimiento que proporcione descripciones y explicaciones de lo que sucede en nuestras sociedades y predicciones sobre lo que, probablemente podría ocurrir.  Sin duda dentro del inmenso conjunto de conocimientos que el hombre necesita, están aquellos relativos al Estado, las instituciones, el poder, la autoridad, etc.

 

Ante las necesidades presentadas por cada sociedad y por el conjunto de ellas, el científico político encuentra una dificultad al elegir cuál estudiar no es fácil decidir cuál es la mejor manera de fragmentar la realidad, ni menos establecer cuáles son los problemas más importantes y pertinentes.

 

Los grados de acentuación de las necesidades y de los problemas cambian en el espacio en el tiempo y quizá por eso no es esperable encontrar una unanimidad, ni aun concebirla como deseable con respecto al objeto.  Sin duda el problema de los Estados y sus futuros, ya sea que se trate de Estados capitalistas o socialistas, antiguos o modernos, es uno de los aspectos que se encuentra en el núcleo consensual de la disciplina, y dicho problema implica describir, explicar, y si es posible, predecir los procesos vinculados al poder, a la autoridad, a la institucionalización, a la integración, etc. de los sistemas sociales.

 

En la medida en que haya una masa crítica de científicos preocupados por lo político dentro de una sociedad y que la comunicación entre ellos sea eficaz, el objeto de la disciplina se manifestará con perfiles más claros pues entonces se hacen manifiestas las concordancias sobre ciertos problemas, progresa la teorización y aumenta el volumen de acumulaciones a niveles que permiten percibirlo como un conjunto con identidad propia.  Así parece suceder en los Estados Unidos de Norteamérica, donde hay numerosos científicos políticos y donde las diferencias no ocultan un núcleo consensual que permite hablar de un "colegio invisible", que permite observar una asociación de científicos políticos y que se manifiesta en unidades académicas dedicadas al cultivo de la disciplina.  Este fenómeno es observable en otros países - y no sólo europeos - y asimismo a escala internacional.

 

En países como los nuestros, donde la investigación acumulada por las ciencias sociales es de insuficiencia notoria, disputar por el recorte de realidad que una disciplina ha de estudiar carece de sentido histórico, y sólo podría explicarse como una patología intelectual.

 

La instauración y desarrollo de la ciencia política no tiene como adversarios a los científicos.  Los grandes obstáculos provienen de aquellas disciplinas normativas y prescriptivas con vieja tradición, que creen ver asediado su predio, por no comprender que el mismo objeto que ellas estudian puede ser estudiado de manera diversa.  Otro escollo es la mínima cantidad de estudiosos formados para estudiar lo político, de modo teórico-empírico.

 

Finalmente debemos decir, citando a W. J. M. Mackenzie "La ciencia política sólo puede desarrollarse en unas condiciones intelectuales y sociales determinadas; es preciso que se instituya la práctica de debates apoyados en el análisis y la observación, y que se admita que la solución de algunos problemas políticos depende de la discusión más bien que de la tradición o de una decisión autoritaria.  En este sentido, la ciencia política depende de la sociedad política" [11]

 

Cualquiera de los recortes de la realidad que han constituido el objeto de la ciencia política en otras latitudes se encontrará entre nosotros insuficientemente estudiado, ya sea en comparación con las acumulaciones efectuadas, ya sea como requisito para entender y modificar nuestra realidad.  El Estado, las instituciones, el poder, la autoridad, la legitimidad, los procesos de participación, la toma de decisiones en América Latina y en Chile ¿nos son suficientemente conocidos?

 

Nuestra convicción es que no tiene sentido disputar por el objeto, cuando la ignorancia es tan amplia que casi no sabríamos acerca de qué estaríamos disputando.  Aprovechemos - no sin sentido crítico - de las conceptualizaciones que otros ya han hecho sobre el objeto de la disciplina y perfeccionémoslas, si somos capaces.

 

En el momento de la opción recordemos reflexiones de hombres que se han entregado largamente al estudio de la política y que nos señalan: aspectos que no pueden omitirse para conocer la realidad política, como lo hace Burdeau al decirnos:

 

"Por profundas que sean las diferencias filosóficas que separan la democracia pluralista de la democracia marxista no se descubren, sin embargo, en la comparación de los mecanismos constitucionales.  Ateniéndonos a las apariencias, las instituciones políticas de la U.R.S.S. son muy parecidas a las de los Estados Unidos en cuanto a la organización federal, y a las de Inglaterra en cuanto al sistema gubernamental.

 

No son éstas, evidentemente, más que analogías superficiales.  Aunque engañosas, tienen por lo menos el mérito de recordarnos que para conocer un régimen político, la observación de la forma en que oficialmente se ejerce el poder cuenta menos que el análisis de su naturaleza.  Ahora bien, en cuanto a la naturaleza del poder la diferencia entre el Este y el Oeste es radical". [12]

 

Lo que sí aparece, entonces, que es de primordial importancia es que entre todos los estudios que se hacen de la política, no estén ausentes aquellos de naturaleza

teórico-empírica, que realizados con el objetivo y el procedimiento de la ciencia, permitan hablar fundadamente de “ciencia política”.

 

Preocupémonos de crear condiciones favorables para que haya personas dedicadas a los objetivos de la ciencia, adecuadamente formadas en el método científico y sensibles y responsables frente a la. realidad política de nuestra sociedad.

 

No olvidemos que el objetivo de la ciencia es el conocimiento, la verdad.  Cautelemos un espacio para la ciencia, defendiéndola frente a los intentos de quienes quieren sojuzgarla a la preocupación por la utilidad inmediata o a la fundación de un “catecismo”.

 

Sin pretender que la ciencia nos dé toda la verdad, sin duda, nos da parte de esa verdad.  Sin verdad no hay libertad, pero sin libertad para dudar y criticar metódicamente, para investigar, no hay progreso en el conocimiento de la verdad.  Quien atenta contra la libertad atenta contra la verdad, quien atenta contra la verdad atenta contra la libertad.  Quien promueve la ciencia, promueve el conocimiento de la verdad, y quien promueve la verdad promueve la libertad.  Hay una relación dialéctica entre nuestro conocimiento, nuestra verdad política y nuestra libertad política.

 

"El que tenga oídos, que oiga". (Mat. 13, 9)

 

PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

CUADERNOS DEL INSTITUTO DE CIENCIA POLÍTICA. JUNIO DE 1977, N"16

Ataliva Amengual. El Estudio Científico de la Política.  (Ciencia Política)

 

NOTA: El Instituto de Ciencia Política, mediante esta publicación periódica denominada “Cuadernos del Instituto de Ciencia Política”, difunde el pensamiento científico acerca de temas políticos, ya sea de los académicos miembros del Instituto o de personalidades que colaboran en esta tarea.

 

Sin embargo, los trabajos publicados no representan la opinión, ni el pensamiento del Instituto como tal, sino sólo la de sus autores.

 

                                                                       EL COMITÉ DE REDACCIÓN

 


 

[1] WARREN, Earl, A Republic if you can keep it, Copyright, 1972 by New York Times Company.  Traducción al español de Gerardo Mayer, Editorial Americana, S.C.A., Bs.  As. 1973.

 

[2] MEYNAUD, Jean; Problemas ideológicos del siglo XX.  Ed.  Ariel, Caracas, Barcelona, 1964, p. 12.

 

[3] MEYNAUD, Jean, o.c. p. 11.

 

[4] Warren, o.c., p. 24.

 

[5] LERSCH, Philipp; Psicología social; Ed.  Scientia, Barcelona, 1967, p. 124.

 

[6] En caso de ser así, se recomienda la lectura y meditación de San Mateo, cap. 10, versículos 16 y ss.

 

[7] BARBER, Bernard; La ciencia y el orden social; Ed.  Ariel, Barcelona, p. 13.

 

[8] MEYNAUD, Jean; Introducción a la ciencia política; Ed.  Tecnos, Madrid, reimp. de 2a.. ed.; 1971, p. 73.

 

[9] JOUVENEL, Bertrand de; De la Souveraineté- a la recherche du bien politique; Paris, Ed.  M. 

   Th.  Génin.  Librairie de Médicis, 1955.

 

[10] BUNGE, Mario; La investigación científica; Ed. Ariel, Barcelona, 1969, pág. 25.

 

[11] W..J.M. Mackenzie et aliis, Tendencias de la investigación en las ciencias sociales. Ed. Alianza - Universidad,  UNESCÓ, Madrid, 1970. p. 440.

 

[12] BURDEAU, Georges; La Democracia. Ed.  Ariel, Barcelona, 2a. reimpresión, 1970, p. 221.