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LA JERARQUÍA CATÓLICA
CHILENA Y
EL PROCESO POLÍTICO CHILENO
(1970 - 74)
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INDICE
Introducción
Parte I
Cap. I. La
Jerarquía Católica Chilena y lo Político
Cap. II
¿Continuidad o cambio de este modo de pensar después del 11 de
septiembre de 1973?
Parte II
Cap. I. La Jerarquía Católica Chilena y su
relación con el Gobierno del Sr.Allende
Cap. II La
Jerarquía Católica Chilena y la situación del país antes
del 11 de septiembre de 1973
Cap.III La
Jerarquía Católica Chilena y los hechos del 11 de
septiembre de 1973
Parte III
Cap. I. La Jerarquía
Católica Chilena después del 11 de septiembre de 1973
Cap. II La
Jerarquía Católica Chilena y la H. Junta Militar de Gobierno
Cap. III La
Jerarquía Católica Chilena y la reconstrucción del país
Epílogo
Documentos
INTRODUCCIÓN
En este trabajo
queremos dar cuenta de aquellas conductas de las cuales puede
afirmarse que manifestaron el consenso logrado entre los
miembros de la Jerarquía Católica Chilena. El estudio abarca el
período 1970-74 y se limita a los documentos oficiales. Todos
los documentos referidos con números arábigos están contenidos,
con el mismo número que se señala, en "Documentos del
Episcopado". Chile 1970-1973. Ed. Mundo Ltda., Santiago, 1a
edic., abril 1974.
Los documentos
referidos con "II" pertenecen a los de la lista que damos a
continuación de la introducción. Estos últimos documentos fueron
los proporcionados al autor por la Secretaría General del
Episcopado, y no contenidos en la publicación citada. Tenemos
plena conciencia de las limitaciones que nos hemos impuesto y
que desde el punto de vista del científico político hemos
dejado un conjunto de conductas verbales y no verbales que quizá
fuesen mucho más adecuadas o atractivas para un análisis
político. Pensamos, sin embargo, que esas limitaciones nos
permiten afirmar el consenso de la Jerarquía, lo cual juzgamos
es de relevancia para un análisis.
La abundancia y
longura de las notas sólo manifiestan nuestro deseo de
fidelidad a las exigencias empíricas del trabajo
Esperamos que las
opciones efectuadas en el proceso de análisis y selección de los
textos y su exposición describan adecuadamente la conducta de la
Jerarquía Católica chilena dentro de los límites declarados.
Asimismo
pretendimos que la estructura del trabajo permitiese ofrecer una
base adecuada para inferencias que nos impusimos no hacer.
N.B.: Todos los documentos mencionados a
continuación emanaron del Secretariado General del Episcopado de
Chile a excepción del II-10.
-------------------------------------------------------------
II-1.- "Ser
fíeles a la esperanza".
Mensaje de Navidad del Comité Permanente del Episcopado de
Chile.Ref. 439/73 Santiago, Navidad de 1973.
II-2.-
Comunicado sobre la Asamblea Plenaria extraordinaria de la
Conferencia Episcopal de Chile, celebrada durante los días 26 y
30 de diciembre de 1973.
Ref.
461/73 Santiago, 31 de diciembre de 1973.
-------------1974------------
II-3.-Comunicado
sobre la visita a la Honorable Junta Militar de Gobierno con
motivo de Año Nuevo. Ref. 1/74. Santiago, 2 de enero de 1974.
II-4.-
Conferencia de Prensa del Sr. Cardenal Mons. Raúl Silva H.
para referirse a los acuerdos de la Asamblea Plenaria de los
Obispos de Chile realizada entre el 15 y 20 de abril de 1974.
Ref. 145/74. Santiago, 25 de abril de 1974.
II-5.-
Presentación de la Declaración del Episcopado sobre la
reconciliación en Chile, hecha por su Eminencia, el Cardenal
Arzobispo de Santiago, Presidente de la Conferencia Episcopal de
Chile. Santiago, 24 de abril de 1974.
II-5 bis - La
reconciliación en Chile. Ref, 144/1974.
II-6.- Texto de
la entrevista que hizo la periodista Raquel Correa de Televisión
Nacional a Mons. Carlos Camus, Obispo Secretario de la
Conferencia Episcopal de Chile, el viernes 26 de abril de 1974.
a las 14,40 hrs.
II-7 -
Declaración en torno al aniversario del cambio de Gobierno en
Chile Ref. 368/74 Santiago, 14 de agosto de 1974.
II-8.-Petición al Excmo. Sr. Jefe del
Estado, General Augusto Pinochet U. del Comité Permanente del
Episcopado. Ref. 395/74 Santiago, 29 de agosto de 1974.
II-9.- Comunicado
de prensa de la Conferencia Epíscopal de Chile ante la campana
de ciertos medíos de comunicación social en contra de la persona
del Sr. Cardenal
Ref. 402/74
Santiago, 7 de septiembre de 1974.
II-10.- Homilía
del Sr. Cardenal en el Te Deum del 18 de septiembre de 1974.
"El
Mercurio", Santiago, viernes 20 de septiembre y sábado 21 de
septiembre de 1974.
PARTE I
I.- LA JERARQUÍA
CATÓLICA CHILENA Y LO POLÍTICO.
Creemos necesario
para comprender las relaciones de la Iglesia Católica en Chile,
con el gobierno y con el proceso político, tratar de dilucidar a
través de las expresiones oficiales de su propio pensamiento
cómo concibe lo político o la política y por consecuencia sus
relaciones con las organizaciones y procesos políticos.
Una primera
distinción que establece la Iglesia es entre lo político en
general y lo político partidista (1). Hay actividades, dice,
que se refieren a distintos aspectos del bien común, que no son
políticas en el sentido partidista es la esfera de lo político
en sentido amplio o general. Estas actividades ponen su acento
dominante sobre lo educacional, lo laboral, lo cultural, lo
científico, lo deportivo, lo asistencias, lo jurídico y por ello
"teniendo alguna relación con lo político son propiamente
"sociales".
En cuanto la
Iglesia "está en el mundo", ella misma considera estar adentrada
en el ámbito de lo social o de lo político en general (2). Y en
ese ámbito se autocalifica como no neutral en relación a los
grandes valores y metas morales de la convivencia social,
valores y metas que están dentro de la perspectiva del Evangelio
y a su función de iluminar las mentes, a mover las voluntades y
a encender los corazones humanos respecto a esos valores
(3).
La Iglesia
reconoce que no es neutral respecto a la justicia y que
ella puede y debe juzgar de asuntos sociales y
políticos. Pero no hace estos juicios con criterios políticos,
sino en nombre de las exigencias sociales del Evangelio (4).
Afirma juzgar en términos morales y religiosos - a partir
de una ética social y política fundada en los derechos de
todo hombre y en la visión que Dios tiene de él. (4) (9)
(30).
Y su juicio versa
acerca de la verdad o falacia de las doctrinas políticas
y de la justicia o injusticia de las situaciones de hecho
(4).
Desde esta
perspectiva reconoce que nadie negará que la acción de la
Iglesia es de algún modo política (2).
Sin embargo, es
necesario comprender que lo político no es un absoluto para la
visión de la Iglesia y que además puede vivirse en
diversos grados y formas (5).
La política puede
vivirse también de forma partidista que para la Iglesia consiste
en la concreción táctica, estratégica y coyuntural de un
grupo de personas con determinada ideología para asumir
posiciones de poder y llevar a la práctica su ideario político
(2),
Aún en esta forma
partidaria la Iglesia influye a través de su actividad de
formación y de su magisterio en los cristianos condicionando su
conducta política. Pero la Iglesia reclama que esta influencia
no puede ser considerada en términos de “poder” (2).
Y frente a la
actividad política partidista la Iglesia se declara apolítica en
cuanto no ofrece un modelo político en cuanto tal, ni se
identificará con ninguno de los modelos que puedan ofrecerse y
además porque su acción no busca la eficacia ejerciendo el poder
sino sirviendo y amando. Declara no ambicionar otro poder
terreno que el que capacita para servir y amar (6).
La Iglesia
declara que normativamente está impedida de la política
partidaria y de solidarizarse con algún sistema político (7) (8)
(9). Lo anterior salvaguarda el rol Universal de la Iglesia, la
unidad de los cristianos (8) (10) y su libertad frente al poder
político (12).
Así el rol
político de la Iglesia corporativamente considerada difiere del
rol político que cada cristiano como ciudadano tiene en su
sociedad (13); siendo ésta una segunda distinción importante que
hace la Iglesia respecto a su relación con lo político.
De lo anterior se
hace inteligible la prohibición para quienes participan de las
responsabilidades jerárquicas de ser militantes de partidos (8).
Los documentos
que dan cuenta de esta voluntad de no querer entrar en la
política partidista manifiestan una correspondencia con las
normas que la misma Iglesia se impone (15) (9) (l6) (11) (12)
(18) (19) (20) (22).
A tal punto se
quiere ser consistente con lo anterior que se pide a los
sacerdotes y estudiantes para el sacerdocio que reconsideren su
vocación sacerdotal si creen. que su vocación es política (17) y
se reprueba la conducta de un Obispo que no se adecúa a esta
norma de prescindencia respecto a la política partidaria (12).
Sin embargo no
hay que pensar que la Iglesia propicia un abstencionismo
político para los cristianos por el contrario, valoriza y
promueve la acción política de los cristianos (32).
No se le oculta a
la Iglesia que muchas veces aparecerá como entrometiéndose en la
actividad político partidista, sin embargo quiere no ser
reducida a un factor político más (20).
Esta
prescindencia de la política partidista tiene como consecuencia
el reconocimiento del pluralismo político (21) (7) (23) (24)
(26) el cual no sólo tolera sino que fomenta (25) (29),
prescribiendo al mismo tiempo sobre su ejercicio (21) (30) (31).
De lo dicho
anteriormente parece adecuado pensar que la Iglesia se concibe
como una metainstancia de lo político partidista. Hay
documentos que avalan esta apreciación de la Iglesia como
instancia metapolítica en la cual es posible la unión y el
consenso acerca de los valores fundamentales (7). Los Obispos
se sienten Pastores de todos por encima de las divisiones
partidarias (27) (9) (11) (21) con un ministerio profético(12) y
como tal por encima, trascendiendo las contingencias
políticas (18) (26) (4) (20) (31).
La trascendencia
de la política partidaria no debe inducir a pensar que la
Iglesia no juzga de hecho y de manera permanente sobre
las situaciones históricas. El Cardenal reconoce que se
les "ha echado en cara y creo con bastante injusticia,
por no decir con maldad, que los Obispos de Chile no
hablamos durante el período del Gobierno del Sr.
Allende" y agrega que esa acusación es "falsa y
calumniosa", "por no decir que es malévola" (33). El
Cardenal recalca que "no ha habido ninguna circunstancia, ningún
hecho relevante digno de crítica o alabanza que los Obispos
Chilenos no hayamos enfocado y con plena libertad durante el
gobierno pasado hemos criticado, apoyado o discutido ante la
opinión pública nacional y a veces con frases muy
enérgicas criticando actos que eran de la competencia o
de la responsabilidad del gobierno(33).
II.- ¿CONTINUIDAD O
CAMBIO EN ESTE MODO DE PENSAR DESPUÉS DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE
1973
Es a nuestro ver
de importancia preguntarse si la Iglesia Chilena después del 11
de Septiembre de 1973 ha mantenido o cambiado este modo de
pensar.
Hay declaraciones
que nos dan la pauta de que la Iglesia quiere mantenerse al
margen de la política contingente (34) pero ejerciendo su
derecho a manifestarse frente al gobierno respecto a la vida
nacional.(35).
Recuerdan y hacen
suyo lo que dice la Declaración de Principios de la Honorable
Junta Militar de Gobierno respecto a la licitud de disentir de
“éste o de cualquier gobierno ...” (36). Se reconoce que como
durante el gobierno anterior, en éste los Obispos se pueden
expresar libremente (37) y enfatizan su deseo de que las
reflexiones que expresan no sean consideradas como "políticas"
sino como un juicio de "Pastores" (38).
El Cardenal Silva
Henríquez en su Homilía en el Te Deum del 18 de septiembre de
1974, hablando de la misión de la Iglesia señala que esa misión
"coloca frecuentemente a la Iglesia en una cierta tensión o
polaridad con respecto a quienes detentan el poder. No se trata
- dice - por cierto de una oposición, sino de una independencia
crítica que le permite a la Iglesia ejercitando su rol de
conciencia, discernir en qué grado se respetan la dignidad del
hombre y los derechos que le son consubstanciales. De
ahí también que por una espontánea gravitación y conservando su
condición de Madre de todos, tenga y deba tener la
Iglesia una positiva predilección por quien circunstancialmente
aparece como el más pobre y menos defendido. No sólo
prueba así su fidelidad a Cristo sino entrega a los gobernantes
su más leal y original aporte (39). "La Iglesia debe ser
la voz de todos y especialmente de los que no tienen voz" (40).
"El
nuestro es un juicio de Pastores, que con humildad exponen a sus
hijos sus preocupaciones y los exhortan a trabajar por la
reconciliación; no tenemos la pretensión de que nuestro juicio
sea el único verdadero. Respetamos a quienes disientan de
nosotros. Con modestia expresamos nuestro temores, nuestras
angustias y nuestros anhelos" (41).
Lo anterior,
manifiesta, al parecer una continuidad en el modo de pensar y
actuar de la Iglesia respecto a lo político.
Al parecer, la
Iglesia Católica Chilena es una “élite de pastores” que
"saben que la fuerza católica en el mundo moderno depende del
compromiso y participación del conjunto de los miembros no del
alineamiento político con el Estado ni de usar los recursos de
la Iglesia para competir con otros en la solución de los males
sociales". al decir de Iván Vallier (42). Esta mención
nos ayuda a referir lo dicho hasta aquí a un marco de referencia
teórico suficientemente conocido como para eximirnos de
exponerlo dada las limitaciones de extensión impuestas a este
trabajo. Para su explicitación véase Iván Vallier (42).
PARTE II
I.- LA JERARQUIA CATOLICA CHILENA Y SU RELACIÓN CON EL GOBIERNO
DEL SR. ALLENDE
Teniendo en
cuenta lo expresado en la primera parte comenzaremos por dar
cuenta de la concepción del rol del gobernante que la Iglesia
manifiesta en sus documentos oficiales. Ve en el gobernante "el
mandatario y servidor de un pueblo" (42) pueblo que "tiene
derecho a la justicia pero también el deber de participar en su
gestación. Quien quiera que sea el elegido, la tarea es la
misma acelerar el advenimiento de una sociedad más justa.
Apresurar el acceso de los más a las aspiraciones y derechos
tanto tiempo reservados a los menos. La tarea es la Patria. Su
protagonista el pueblo entero" (43).
La Jerarquía
Católica expresa su "voluntad de respetar el derecho - que
considera - privativo de la nación para darse un mandatario
según su ley fundamental" (44).
Frente al
gobierno legítimo del Sr. Allende la Jerarquía manifiesta una
actitud de respeto a su autoridad y colaboración en su tarea de
servicio al pueblo" (45) (46).
Haciendo notar
que "la tradición democrática del país permite que este apoyo
pueda y aún deba realizarse a través dé una crítica seria y de
genuina perspectiva de bien común" (45) (46).
La Jerarquía
valoriza "las reiteradas declaraciones del Presidente Allende en
orden a cautelar y respetar las libertades ciudadanas y
particularmente las de la conciencia religiosa. Agradecemos -
dice - dicha actitud deferente y respondemos a ella con la misma
deferencia y cordialidad" (47).
Quizá el momento
de mayor polarización entre la Iglesia y el Gobierno, de lo que
consta de los documentos, fue con el proyecto de Escuela
Nacional Unificada (ENU) frente al cual la Iglesia pidió y
consiguió la postergación de su aplicación (48).
En lo anterior se
manifestó como lo declara la Jerarquía "la comprensible
sensibilidad de la Iglesia en todo le que toca a la educación
..." (49) dado que considera que la educación es un derecho
humano anterior al régimen político concreto (50).
La participación
efectiva de todos en los bienes y actividades del país es uno de
los puntos afirmados reiteradamente por la Jerarquía (51) y de
manera enfática en lo que concierne a la educación (52) y que
con motivo de la ENU no ve respetado (53).
En este asunto de
la educación la Jerarquía Católica se opone claramente no sólo
al procedimiento del Gobierno sino al fondo del proyecto (54) y
éste, sin duda, es uno de los momentos críticos para las
relaciones de la Iglesia con el Gobierno del Sr. Allende.
La Iglesia
Chilena y su Jerarquía se precia de estar a la vanguardia en
defender los derechos del hombre y de haberlo hecho con brillo y
ortodoxia doctrinaria (55) durante el Gobierno del Sr. Allende.
Esta defensa
incluye la afirmación de la democracia (56) y por ello la
Iglesia respetó y colaboró con el Sr. Allende en la defensa de
los supremos y permanentes intereses de la nación (57).
La Iglesia afirma
que el pueblo quiere continuar en el régimen y estilo de
libertad por el cual viene luchando desde hace 160 años (58) y
que es derecho privativo de la Nación darse un mandatario según
su ley fundamental (44). Este aprecio por la democracia explica
el temor de que el Gobierno del Sr. Allende conduzca al país a
una dictadura y a la vez la esperanza de que la madurez
democrática del pueblo lo impida (59).
Frente a esa
situación la Iglesia ofrece un servicio único y de gran
importancia: "el servicio de la unidad, el del diálogo" como
manera eficaz de defender la democracia y de respetar la
condición de pluralismo político que es requisito para su
existencia (60). Pero esta defensa por la democracia no
significa defender instituciones cuestionadas o en peligros,
instituciones que no se identifican con los valores cristianos
esenciales del orden social (61).
La Iglesia
promueve el cambio (62) pero cree que el país tiene los cauces
legales necesarios para hacer justicia (63). La afirmación del
régimen jurídico de la Constitución y de la ley es reiterada por
la Jerarquía Católica (64) en la convicción de que una gran
mayoría del pueblo chileno así lo quiere. (65).
El totalitarismo
es la negación de la democracia, de la participación, de la
críticas, no tolera ningún contrapeso y la Iglesia, lo afirma su
Jerarquía, siempre lo ha denunciado, porque es una idolatría del
poder que lleva necesariamente a la quiebra de los valores
morales a la ambigüedad entre lo que es moral o inmoral (66).
En el período del
Sr. Allende la Iglesia al parecer fue consistente con su
actitud de independencia frente al Gobierno, de afirmación de
los derechos humanos, de la democracia, del pluralismo, de la
participación estuvo por los cambios y por el respeto del
régimen jurídico de la Constitución y de la ley. Mantuvo una
colaboración critica con el gobierno y denunció las tendencias
totalitarias que juzgaba se manifestaban en él. En algunos
casos límites se opuso claramente. Trató de facilitar el
diálogo político y evitar el quiebre del sistema democrático.
Así parece desprenderse del análisis de los documentos que son
nuestro universo de estudio.
II. LA JERARQUIA
CATOLICA CHILENA Y LA SITUACION DEL PAIS ANTES DEL 11 DE
SEPTIEMBRE,
La Jerarquía
durante ese período apreció la violencia creciente y que
llegó a ser extrema y la denunció y deploró (67). Se
manifestó preocupada por el desarrollo de los
acontecimientos y describió las colas, el mercado
negros el éxodo de profesionales, la falta de veracidad de los
medios de comunicación, la incitación al odio, la inflación, los
problemas sindicales (68).
Llamó la atención
de que “Hay cambios que toman una dirección equivocada cuando
son inspirados por concepciones materialistas o no toman
en cuenta la complejidad del hombre ...” (68).
Tenía conciencia de
que era una hora dramática para Chile y que se estaba al
borde de una guerra civil y pidió cordura y
concordia (69) y trató de prestar el servicio del diálogo
como consta de la nota 53 del Documento 61 anexa a los
Documentos del Episcopado que relata que: "La condiciones
políticas, sociales y económicas de Chile llegaban, por esos
días, a tal grado de crisis, que los Obispos resolvieron hacer
un llamado extremo para evitar la lucha armada entre chilenos (cfr.
nº 1). Las informaciones ciertas que poseían los Obispos acerca
de cómo se estaban distribuyendo armas en el país
llevaban a concluir que se preparaba una lucha armada. Para
evitarla, los Obispos pedían una tregua política y que se
entablara un diálogo entre dirigentes políticos y altos
personemos del país para llegar a un posible entendimiento (cfr.
nº. 8. 9). Finalmente, ordenaban un Día de Oración por Chile (cfr.
nº. 11). Este llamado fue el último documento colectivo del
Episcopado, hecho público, relativo a la situación política del
país, durante el Gobierno del Presidente Allende. Este acogió
esa invitación al diálogo, que formalizó únicamente a fines del
mes de julio con el Presidente del Partido Demócrata Cristiano,
Sr. Patricio Aylwin. Por las condiciones en que ya se
encontraba el Gobierno, ese diálogo fue muy breve y estéril,
fracasó. Un último gesto personal hizo todavía el Sr. Cardenal
invitando a su domicilio particular al Presidente Allende y al
senador Aylwin, el 17 de agosto, cuando el país se encontraba
afectado ya por el paro gremial iniciado por los transportistas
("camioneros") y que se iba haciendo más radical que el de
octubre del año anterior. Pero, tampoco se obtuvo ningún
resultado positivo de esa entrevista".
III.- LA
JERARQUÍA CATOLICA CHILENA Y LOS HECHOS DEL 11 de SEPTIEMBRE DE
1973.
El día 13 de
septiembre la Jerarquía Católica recuerda que hizo cuanto pudo
para evitar los sucesos del día 11. Lamenta el desenlace y sus
consecuencias; pide respeto, moderación, comprensión para los
derrotados; previene respecto a innecesarias represalias; ruega
porque desaparezcan el odio y haya reconciliación.
Confía en que los
cambios logrados por los gobiernos anteriores se mantengan y
progresen declarando los valores de igualdad y participación
plena de todos como ideal de vida social. Manifiesta confianza
en la cordura y patriotismo de los chilenos y en la tradición de
humanismo y democracia de las FF.AA. Y espera una rápida
normalidad institucional de acuerdo a lo prometido por la Junta
de Gobierno (70).
PARTE III.
I.- LA JERARQUIA
CATOLICA CHILENA DESPUES DEL 11 DE
SEPTIEMBRE
DE 1973
Después de 17
días el Comité Permanente del Episcopado visita a la Honorable
Junta de Gobierno para expresarle aprecio y respeto por las
FF.AA. y Carabineros y para agradecerle sus deferencias para con
los Obispos.
Ofrece su
colaboración para la reconstrucción y pacificación del país y en
todo lo que significa afianzar y desarrollar las conquistas
sociales de los trabajadores y reafirma que su colaboración será
dentro de su campo y con la autonomía que le es propia (71).
Señala la
dificultad de la tarea de restaurar (70) y que lo dicho por el
Presidente de la H. Junta de Gobierno de que "No hay vencedores,
ni vencidos" es una "Noble frase que más que afirmar un hecho
expresa un deseo" (72).
En la esperanza y
el dolor el Episcopado interpreta el espíritu de Navidad para el
Chile de 1973 con la frase "Sean hermanos, no sean vencedores,
ni vencidos" (73), y prescribe cuál es la conducta que permite
no ser vencedor, señalando que hay que saber perdonar y pedir
perdón, no sacar provecho de la victoria en beneficio de los
propios intereses con perjuicio de los demás, no asumir la
actitud de juez, decir “no” a la represalia, a la delación, al
odio, aceptar lo que hay de verdad y bueno en el otro,
hay que tener compasión de los que sufren e invitar a los caídos
a participar en la reconstrucción (74).
Cuatro meses después (24 de abril de 1974)
la Jerarquía Católica señala cuál es la situación del país.
Teniendo en cuenta las distorsiones que se producen en el
extranjero respecto a la situación chilena el Cardenal habiendo
puesto en conocimiento del Sr. General Augusto Pinochet U. (37)
el texto de la Declaración da a la publicidad el texto con una
presentación en la que advierte:
(Doc. II-5, nº 5)
“Porque hemos debido tocar temas delicados, queremos advertir,
sobre todo a los extranjeros, que la situación chilena es
incomprensible si no se tiene en cuenta el estado caótico y de
enorme exacerbación pasional que existió durante el Gobierno
anterior. Tampoco se puede entender la situación actual, si no
se tiene en cuenta la resistencia armada que aún ahora subsiste
de parte de algunos políticos contrarios al actual gobierno;
resistencia que nos parece del todo inútil e inmensamente dañina
para nuestra Patria y para muchas personas que vienen a ser las
víctimas de las pasiones políticas descontroladas.
Finalmente,
queremos hacer presente a quienes lean esta Declaración en el
extranjero, que ella refleja una situación que atañe sólo a los
chilenos, quienes estamos ciertos, que, a pesar de nuestras
diferencias, sabremos resolver nuestros propios problemas y
no deseamos por ningún motivo que personas extrañas a
nuestra Patria no respeten nuestra independencia, mezclándose
indebidamente en nuestros asuntos y les pedimos
encarecidamente hagan confianza en los chilenos, que como lo
demuestra su historia, también esta vez sabrán construir una
sociedad libre y respetuosa de los derechos de todos”.
Con respecto a la
situación del país los Obispos señalan claramente que existen
resentimientos mutuos y deseo de venganza (75) y
que existen "obstáculos objetivos" para la reconciliación de los
chilenos.
Expresan que hay
un clima de “inseguridad y de temor” y juzgan que ello es
efecto de "las delaciones", "los falsos rumores" y de "la
falta de participación y de información" (76).
En lo relativo a
las dimensiones sociales del proceso económico les preocupa y
temen., que "por acelerar el desarrollo económico se
esté estructurando la economía en forma tal que los asalariados
deban cargar con una cuota excesiva de sacrificios sin
tener el grado de participación deseable (76), les preocupa y
temen el "aumento de la cesantía" "los despidos arbitrarios
o por razones ideológicas" (76).
En lo relativo al sistema educacional
manifiestan preocupación y temor de "que se esté estructurando y
orientando integralmente el sistema educacional sin suficiente
participación de los padres de familia y de la comunidad
escolar" (76).
En lo que respecta
a lo jurídico señalan "la falta de resguardos jurídicos eficaces
para la seguridad personal que se traducen en detenciones
arbitrarias o excesivamente prolongadas en que los afectados, ni
sus familiares saben los cargos concretos que las motivan; en
interrogatorios con apremios físicos o morales; en la limitación
de las posibilidades de defensa jurídica; en sentencias
desiguales por las mismas causas en distintos lugares, en
restricciones para el uso normal del derecho de apelación (76)
Nos parece
oportuno señalar la continuidad y consistencia respecto a los
temas del poder y la participación, la educación y el régimen
jurídico, que ya analizamos cuando vimos las relaciones de la
Jerarquía con el Gobierno del Sr. Allende (Parte Il-I).
Ante la situación
que describen, los Obispos ven la urgencia de la reconciliación
(75). Dicen que en el esfuerzo por la reconciliación se pone en
juego el realismo de nuestra conversión a Dios (77) y
antes de señalar las condiciones que creen necesarias par que se
produzca la reconciliación, advierten sugerentemente que creen
"que es esencial que cada cual se pregunte sinceramente sí
quiere de veras alcanzar esa meta" (78) porque, señalan "sin esa
voluntad sincera y eficaz, es inútil que se acumulen
declaraciones y medidas" (78).
Una comparación
de lo dicho en la página 16 con lo que se expresa desde
la página 18 hasta aquí permite útiles inferencias.
II. LA JERARQUÍA
CATÓLICA CHILENA Y LA HONORABLE
JUNTA
MILITAR DE GOBIERNO.
La Jerarquía
Católica siempre había manifestado respeto por las FF.AA. y
Carabineros y hacia finales del Gobierno del Sr, Allende había
reconocido como en otras ocasiones la forma abnegada en que
dichas FF.AA. y Carabineros actuaban (79).
En el primer
documento, el 13 de septiembre, los Obispos aluden a la
tradición de democracia y humanismo de las FF.AA. (70) y en la
primera visita a la H. Junta de Gobierno expresan sus
sentimientos de respeto y aprecio por ellas (71). Las recuerdan
con cariño en el mensaje de Navidad y reconocen el trabajo que
por Chile han realizado en los últimos meses (80).
La Jerarquía
Católica a los 17 días de asumir visitó a la H. Junta de
Gobierno (71) y posteriormente el 2 de enero para presentarles
un saludo de Año Nuevo.
La Jerarquía
eclesiástica manifiesta la voluntad de colaborar en la
reconstrucción del país y en particular en la tarea de
pacificación de los espíritus y en todo lo que significa
afianzar y desarrollar las conquistas sociales de los
trabajadores; en el desarrollo espiritual y material de Chile
(71) y lo hacen en todo lo que sea claramente para el bien común
porque lo piden la paz y el bien del país (36) y piden que los
chilenos cooperen para llevar a cabo esta tarea (70).
Pero junto a lo
anterior hace manifiesta su voluntad de no verse implicada en la
política contingente (44) y la legitimidad de disentir y
recuerdan que la misma H. Junta de Gobierno así lo ha reconocido
(36).
Los Obispos no
quieren que sus expresiones consideradas políticas sino como
propias de Pastores (38) (35).
El Cardenal en su
Homilía del 18 de septiembre de 1974 reconocerá que el
cumplimiento de su misión coloca frecuentemente a la Iglesia en
una cierta tensión o polaridad con respecto a quienes detentan
el poder. No se trata por cierto - dice el Cardenal - de una
oposición sino de una independencia crítica que le permite a la
Iglesia, ejercitando su rol de conciencia discernir en qué grado
se respetan la dignidad del hombre y los derechos que le son
consubstanciales 11 (81). Reconoce que la H. Junta Militar de
Gobierno ha tenido la "noble actitud de respetar en todo" la
libertad de los Obispos (37).
Los Obispos
atribuyen a la H. Junta Militar de Gobierno lamentar el
desenlace del 11 de septiembre de 1973 (70) y confían en el
patriotismo y desinterés que han expresado (70). Atribuyen a la
H. Junta Militar de Gobierno el haber prometido "volver muy
luego a la normalidad institucional" (70). No dudan de la
"recta intención ni de la buena voluntad' de los gobernantes
(82) pero ven "Obstáculos objetivos para la reconciliación", y
afirman que "tales situaciones sólo se podrán superar "si hay un
respeto irrestricto de los derechos humanos" recordando
que la misma H. Junta de Gobierno los ha reconocido como
“naturales y anteriores y superiores al Estado”. Señalan
asimismo que el "respeto por la dignidad del hombre no es
real sin el respeto de estos derechos" (82). Si bien los
Obispos comprenden que "circunstancias particulares pueden
justificar la suspensión transitoria del ejercicio de algunos
derechos civiles (83) afirman que los derechos que tocan la
dignidad misma de la persona humana son "absolutos e
inviolables" (83).
Y antes de
desarrollar las condiciones para superar los obstáculos
objetivos que ven para la reconciliación creen esencial que el
que puede hacer y acumular declaraciones y medidas "se pregunte
sinceramente si quiere de veras alcanzar esa meta" (78) porque
sin esa voluntad "sincera y eficaz, es inútil que se acumulen
declaraciones y medidas" (78).
En ese contexto
reciben la Declaración de Principios del Gobierno como
una medida oportuna mientras se elabora un nuevo texto
constitucional que a los Obispos les interesa se elabore
“rápidamente” porque es la condición básica para una convivencia
pacífica" "la plena vigencia del estado de derecho, en el que la
constitución y la ley sean una garantía para todos" (84).
La Jerarquía
valoriza la "inspiración explícitamente cristiana" de la
Declaración y estima que ella constituye una base para orientar
la acción cívica y social en esta situación de emergencia" (84)
y desea que todos "se atengan fielmente a su espíritu en la
búsqueda del bien común"(85). No obstante la Jerarquía hace
notar “ciertas insuficiencias” de la Declaración en "la
formulación del ideal cristiano para la vida social y política"
(84) y los Obispos señalan que son "los primeros en desear que
los principios cristianos sean incorporados a la Constitución de
nuestra Patria en virtud de la libre aceptación de nuestro
pueblo y después de una discusión en que todos los ciudadanos
puedan participar activa y conscientemente" (85).
III.-LA JERARQUÍA
CATOLICA CHILENA Y LA RECONSTRUCCIÓN
DEL PAIS.
Manteniendo una
línea invariable manifestada en los documentos que analizamos
los Obispos quieren que sus reflexiones no sean consideradas
como políticas sino como propia de Pastores (38). Manifiestan
que lo hacen con humildad y modestia y con la finalidad de
exhortar a trabajar por la reconciliación (38). Afirman
respetar a quienes disienten (38), no teniendo la pretensión de
que su juicio sea el único verdadero (38).
Respecto a la
oportunidad y responsabilidad de guiar a la luz del Evangelio en
los desafíos de la hora presente afirman: (Doc. II-V bis).
"Sabemos que a nosotros los Obispos unidos al Santo Padre, el
Señor nos ha confiado la tarea de guiar a su Pueblo a lo largo
de este camino. Conscientes de esta responsabilidad
irrenunciable e intransferible, queremos compartir con Uds. las
esperanzas y preocupaciones que han surgido entre nosotros al
reflexionar a la luz del Evangelio sobre los desafíos de la hora
presente.
Esto nos ha
parecido tanto más urgente cuanto que otras voces se dejan oír,
a veces, que, sin tener la autoridad dada por Cristo, pretenden
orientar al Pueblo de Dios y sólo logran introducir en sus filas
perturbaciones y desconcierto".
Juzgan que las
circunstancias particulares de "esta parte del Pueblo de Dios
formada por los creyentes de Chile hacen que el llamado del Papa
con motivo del Año Santo “Año de reconciliación” alcance para
nosotros especial relieve (75).
Tienen la
esperanza que sus palabras van a ser bien acogidas (86) y que
serán recibidas como "una exhortación a un ideal de justicia,
equilibrio y sano entendimiento
en nuestra
convivencia social" (87).
Tienen confianza
y piden a los extranjeros que la tengan en la capacidad de los
chilenos para "construir una sociedad libre y respetuosa de los
derechos de todos" (88).
Señalan la
inutilidad de la resistencia armada (89) y que hay "dos
actitudes que al restaurar la confianza perdida hacen posible un
futuro de paz": "pedir perdón" y "saber perdonar" y que esta es
"la única manera posible de fundar una convivencia estable" (90)
y que lo anterior exige no tener "alma de vencedor" (74) ni
"alma de vencido" (91).
Cuáles son las
conductas que manifiestan no tener alma de vencedor ni de
vencido las expresan los Obispos claramente y están consignadas
en las notas (74) y (91).
Cuando se va a
cumplir un año del pronunciamiento militar en un comunicado
oficial se da cuenta que: "El Sábado 24 de agosto el Sr.
Cardenal cumpliendo un acuerdo del Comité Permanente del
Episcopado hizo entrega el Excmo. Sr. Jefe del Estado, General
Don Augusto Pinochet Ugarte del siguiente petitorio, al cual se
adhirieron representantes de otros credos cristianos y judío,
confiando que la aceptación de él, sería la mejor celebración
del aniversario del 11 de septiembre". agregando que "la
presentación de esta petición fue acogida muy cordialmente por
S.E. el Jefe de Estado". (Documento II-8).
Esta petición
ecuménica hacía propias las palabras del Papa Paulo VI en la
Bula de proclamación del Jubileo universal para el Año Santo y
solicitaba “el cese del estado de guerra que aflige a Chile y la
mitigación, en lo posible, de las penosas consecuencias
derivadas de las luchas políticas que todos hemos conocido y
sufrido en los últimos tiempos”. (Doc. II-8), y agregaba:
"Creemos que, al
cumplirse un año del pronunciamiento militar, el cese del estado
de guerra y la concesión por la Autoridad, según su propia
prudencia, de un indulto "que sirva de testimonio de clemencia y
equidad, en favor de todos aquellos encarcelados que han sido
víctimas de las situaciones de desorden político y social" por
las que ha atravesado nuestra Patria y que manifiestamente" han
sido demasiado graves como para que se les pueda imputar a ellos
totalmente" facilitaría la reconciliación y concordia de la
familia chilena y prestigiaría ostensiblemente a nuestra Patria
ante todos los países democráticos del mundo.
Igualmente no
parece que la revisión, por la justicia ordinaria, de los
procesos que han tenido lugar en este período y allanaría
considerablemente el camino para esta solución".
Constatamos con
pena, que el odio, no se ha apagado aún entre nosotros, y que
muchos inocentes están sufriendo por sus familiares. Estamos
ciertos de que la gran mayoría de los chilenos sólo desea la paz
y están dispuestos a compartir los sacrificios que el momento
exige si ven renacer en Chile el tradicional espíritu de
laboriosidad, patriotismo y solidaridad que nos unió en el
pasado”. (Doc. 11-8).
Analizando ese
tradicional espíritu de Chile el Cardenal en su Homilía en el Te
Deum del 18 de septiembre de 1974, aniversario de la
independencia nacional expresa los criterios necesarios para la
reconstrucción de la Patria.
Señala la
necesidad de fidelidad a la tradición, de mirar hacia el origen
de la nacionalidad. Concibe a la Patria como constituida por un
patrimonio de sangre y cultura y que formalmente se constituye
en la comunión de valores, en la solidaridad. Afirma que la
Patria no se inventa sino que se redescubre y revitaliza en la
fidelidad al patrimonio de origen.
La Patria dice,
no se puede violentar, ni torcer, ni tampoco crear por la
voluntad de unos pocos y señala como tarea urgente reencontrar
el consenso, más aún consolidar la comunión en los valores del
origen (Doc. II-10 nº l)
Refiriéndose a
los valores en los cuales se comulga los define como aquellos
"constantes del espíritu que atraviesan nuestro ser y devenir
como nación". Reivindicando su perspectiva de Pastor (Doc. 11 nº
2) señala los rasgos que tipifican la fisonomía espiritual de
Chile afirmando que fundamentalmente son tres:
a).- El primado
de la libertad sobre todas las formas de opresión.
b).- El primado
del orden jurídico sobre todas las formas de anarquía y
arbitrariedad.
c).- El primado
de la fe sobre todas las formas de idolatría.
Respecto al
primado de la libertad sobre todas las formas de opresión indica
que el aprecio y costumbre de la libertad individual y nacional
es un bien supremo, superior incluso, al de la vida misma y que
en Chile no tiene cabida ningún proyecto histórico, ningún
modelo social que signifique conculcar la libertad personal o la
soberanía nacional. (Doc. II-10 nº 2).
Con respecto al
primado del orden jurídico señala la tradicional concepción en
Chile del Estado basada en la autoridad impersonal y el Derecho
objetivo que resguarda las libertades individuales y sociales
inscribiéndolas en el marco estricto del orden jurídico.
La concepción de
la autoridad como representante de Dios servidor y garante de la
unidad de su pueblo. El gobernante como servidor nunca como
dominador y siempre sometido el primero al marco de una
ley y confrontando el juicio de un pueblo que exige ser oído y
respetado y que se reserva el derecho de juzgar permanentemente
la calidad moral de su gestión.
El Sr. Cardenal
ve el Derecho como la justa ecuación entre el orden y la
libertad.
Concibe el orden
para defender la libertad y la libertad para humanizar el
orden.
Concibe,
finalmente, a la sociedad bajo una autoridad sometida al
servicio y juicio del pueblo, de su voluntad colectiva de ser.
Y como corolario
señala la necesidad de poder discrepar y califica de injertos
extraños al alma nacional la persecución y venganza políticas.
(Doc. II-10 nº 3).
Respecto al
primado de la fe hace ver que la Iglesia en cumplimiento de su
misión debe denunciar la falsía de todos los ídolos y mantenerse
en una actitud crítica que muchas veces produce polarizaciones
respecto a quien detenta el poder (81). Asimismo reitera la
voluntad de mantener lo que juzga una tradición en la Iglesia
chilena: concentrar su vigilancia y amor en la defensa del más
débil. (Doc. II-10 nº 4).
Asimismo
manifestando una vez más la especial sensibilidad de la Iglesia
con respecto a la educación anota la responsabilidad de todo
chileno en educarse y educar a la libertad, para el libre
ejercicio de las propias -aptitudes para la libertad para
pensar, discernir, opinar, actuar para participar en la
elaboración y puesta en práctica de las decisiones sociales.
(Doc. II-10 nº 2).
Señala la
responsabilidad de educarse y educar a respetar el Derecho y más
que nada a ese pueblo por quien y para quien es todo Derecho.
(Doc. II-10 nº 3).
Y con claridad
afirma que todo: normatividad jurídica, estructuración
institucional, política económica y social y sistema
educacional, debe ordenarse para el ejercicio de la libertad
personal y el respeto a la persona como ser inviolable. (Doc.
II -10 nº 2).
EPÍLOGO
Creemos que los
expuesto manifiesta la actitud de colaboración y crítica de la
Iglesia respecto a las instancias y procesos políticos, la
afirmación y defensa de los derechos humanos, de la democracia,
de la justicia social y su predilección por los más pobres y
débiles.
Pensamos que lo
expresado manifiesta el rol preeminente de la Iglesia Católica y
su Jerarquía en integrar la tradición y el cambio como supuesto
de un desarrollo armónico e integral del país; y la importancia
especial de su magisterio en un período én que otras
organizaciones sociales y políticas circunstancialmente no
pueden cumplir su rol de guiar y canalizar las aspiraciones de
los ciudadanos.
Las afirmaciones
de la Jerarquía aquí analizadas sobre el régimen jurídico, sobre
la participación, la educación, etc... permiten, a nuestro
entender perfilar claramente la tendencia de la Jerarquía
Católica y por consecuencia cual sea su grado de acuerdo o
desacuerdo con las instancias y procesos que tienen que ver con
el poder en la sociedad chilena.
DOCUMENTOS
(1) Doc. 65 nº 32
"Hay por eso
mismo un cúmulo de actividades e instituciones que, teniendo
alguna relación con la política, son propiamente “sociales”, y
su acento dominante se carga sobre lo educacional, lo laboral,
lo cultural, lo científico, lo deportivo, lo asistencial, lo
jurídico, etc. Esas actividades e instituciones - escuela,
gremio, universidad, ejército, y tantas otras asociaciones, aún
consagradas a distintos aspectos del bien común, no son
políticas en el sentido partidista, ni lo deben ser. Y es un
hecho que no se las quiere ver politizadas o al servicio de una
causa partidista, con la consiguiente discriminación de las
personas y pérdida de su autonomía y fin. Más que subordinar
esta esfera, política en sentido amplio, a la acción partidista
- tentación que hoy sacude a Chile, los políticos deberían
ponerse al servicio de aquellas otras actividades asociadas que
promueven el bien común, y fomentar su desarrollo en forma
desinteresada".
(2) Doc. 65
nº 35
"En cuanto la
Iglesia está "en el mundo" (Jn 17,11) y en la historia, hecha de
hombres y para los hombres, entra en el ámbito de lo social.
Desde este punto de vista, nadie negará que la acción de la
Iglesia es de algún modo política, como lo es el hombre mismo,
"animal político", y lo son las relaciones humanas, y la
familia, la ciencia, el arte, etc. Pero debe comprenderse la
diferencia entre lo político que subyace a toda realidad social,
y lo político partidista, que es la concreción táctica,
estratégica y coyuntural de un grupo de personas con determinada
ideología, para asumir posiciones de poder y llevar a la
práctica su ideario político. En este último ámbito, la acción
de la Iglesia es muy distinta. Allí la Iglesia influye en
cuanto educa a sus hijos seglares en una fe que no carece de
proyección social, proyección que ellos harán efectiva por su
cuenta y riesgo, como ciudadanos del mundo; y en cuanto sus
enseñanzas sociales pueden y quieran ser escuchadas por la
sociedad en relación a los grandes principios morales del orden
social. Pero es capcioso interpretar esta influencia en
términos de poder, no importa en nombre de qué "ciencia" se haga
esta interpretación".
Doc. 65 nº 38
La Iglesia no es
neutral en la lucha por la justicia.
La verdadera
influencia de la Iglesia en la sociedad es muy distinta, cuando
la Iglesia interviene oficialmente en los problemas del mundo.
Ella se dirige a iluminar las mentes, a mover las voluntades, a
encender los corazones humanos, y esto en relación a los grandes
valores y metas morales de la convivencia social, valores y
metas que están dentro de la perspectiva de Evangelio, incluso
cuando se refieren a problemas singulares y a hechos
transitorios. Si el Papa o los Obispos habláramos sobre estas
materias en términos de intereses o de poder temporal, o incluso
en términos desinteresados pero contingentes, opinables,
condicionando las opiniones de los fieles desde un simple
parecer nuestro, no esencialmente ligado al Evangelio,
estaríamos traicionando nuestro carisma y nuestra función.
(4) Doc. 65 nº 39
“La Iglesia no es
neutral en cuanto a la justicia. Ella puede y debe juzgar de
asuntos sociales y políticos. Pero no juzga tales materias con
criterios políticos, sino en nombre de las exigencias sociales
del Evangelio, es decir, en relación al núcleo moral que
contienen tantos problemas sociales y políticos. Ella no puede
elegir entre las soluciones económicas, sociales y políticas
como tampoco jurídicas, científicas, artísticas, etc., pero debe
juzgar en términos morales y religiosos – a partir de una ética
social y política fundada en los derechos de todo hombre y en la
visión que Dios tiene de él – la verdad o la falsía de las
doctrinas políticas, y la justicia o injusticia de las
situaciones de hecho. Y tiene la libertad superior de emitir
esos juicios justamente porque no se deja anexar por ningún
partido o grupo social. Los laicos cristianos sí pueden y deben
asumir esa clase de compromiso, pero lo harán con libertad y
responsabilidad personal, al margen de todo paternalismo
clerical.
(5) Doc. 65 nº 31
“Lo
político-social, pues, no es un absoluto. La política se vive
en diversos grados y formas. Existe la política como profesión,
o el ejercicio de cargos públicos al servicio del bien común;
hay partidos políticos o agrupaciones análogas, unidas por un
ideario filosófico, y social y por un programa concreto de
liberación social. Nosotros afirmamos la nobleza y dignidad de
este trabajo, al que tantos laicos cristianos se consagran, como
muchos hombres de buena voluntad, en forma desinteresada
constructiva. Pero, dentro o fuera de tales cauces políticos,
todos los ciudadanos están llamados a cumplir ciertos deberes y
a ejercer ciertos derechos políticos o cívicos esenciales muchos
de los cuales son anteriores al régimen político concreto, como
el derecho a la vida, al trabajo, a la educación, a la libertad
de las conciencias con sus deberes correspondientes.
(6) Doc. 65 nº
40
"Así, pues la
Iglesia puede llamarse con verdad apolítica, y esto en dos
sentidos principales. Primero, porque Ella no ofrece - no es ésa
su tarea- un modelo político propiamente tal, y por eso, nunca
se identificará con ninguno de ellos (cf. Gaudium et Spes,
76; Sínodo de Obispos. La Justicia en el mundo, II). Y
segundo, porque su modo de actuar no es el peculiar de la acción
política, que busca la eficacia ejerciendo el poder. "La
Iglesia no ambiciona otro poder terreno que el que la capacita
para servir y amar" (Paulo VI, Clausura de la 3a. Sesión
conciliar, 16). "Fundada para establecer desde ahora el Reino
de los Cielos y no para conquistar un poder terrenal, la Iglesia
afirma claramente que los dos campos son distintos, de la misma
manera que son soberanos los dos poderes, el eclesiástico y el
civil, cada uno en su terreno". (Populorum Progressio
13).
(7) Doc. 8
Es bueno, por
eso, que la pregunta se plantee así: ¿Qué tiene que decir, qué
puede y debe aportar la Iglesia a la vida y al momento político
de nuestra comunidad?
Y de inmediato
una primera respuesta, tomada del espíritu y letra del Concilio:
la Iglesia como tal no tiene ni está ligada a ningún sistema ni
partido político. Cuando decimos “Iglesia” aludimos aquí por
igual a los Obispos, Sacerdotes y Laicos cristianos. Si estos
últimos llevados por su conciencia cristiana, se inclinan a
elegir una determinada opción política, tendrán que admitir que
otros creyentes llevados por la misma sinceridad escojan una
solución divergente. Y ni unos ni otros podrán estimar su
propia solución como la única compatible con el Evangelio.
Esta primera
respuesta parece más bien negativa: afirma lo que la Iglesia no
es y no debe hacer. Bien mirada, bien entendida, afirma una
verdad del todo positiva; la Iglesia es signo y salvaguarda de
la trascendencia del hombre; señal y garantía de que la persona
humana está por encima y vale más que cualquier sistema o
partido político. Por su naturaleza, por la misión, que recibió
de Cristo, Ella, lejos de ser una facción, un grupo, una
ideología más, es el signo y salvaguarda de que los hombres
puedan encontrarse y, más allá de sus ideologías y opciones
políticas, unirse.
(8) Doc. 8
Por eso mismo su
Jerarquía, su clero: sus Obispos, Sacerdotes y Diáconos no
pueden estar al servicio de una ideología o facción humana ni
convertirse en militantes o activistas de una postulación
política. Repito: no porque sean insensibles a las urgencias de
la vida ciudadana, como si ellos no tuvieran un corazón sediento
de justicia, o no pudieran tener una visión y convicción propias
sobre el camino que mejor lleva a esa justicia. Si el Sacerdote
no puede ser un militante político, no es porque esté marginado
de las angustias y esperanzas del pueblo, sino porque el
servicio que el pueblo le reclama es de otra naturaleza: es un
servicio sacerdotal. Y el sacerdote, representante visible de
Cristo en la Comunidad, tiene por tarea, como la Iglesia misma,
construir y alimentar esa unidad cuyo signo y garantía es él.
(9) Doc. 17 nº 4
Recordamos, con
el Concilio Vaticano II, que la Iglesia, por razón, de su misión
y de su competencia, no está ligada a sistema político alguno.
Su misión es encarnar, en cada época y en cada situación, el
Evangelio de liberación integral de la persona y de la sociedad
humana. No tiene competencia Para pronunciarse sobre soluciones
contingentes, políticas o económicas. La tiene en cambio, para
denunciar todo lo que, en cualquiera de esas soluciones, de suyo
ambivalentes, pueda desviar o esclavizar al hombre y para
anunciar, y urgir , todo lo que salvaguarde su dignidad y
trascendencia de persona.
(10) Doc.
19 nº 68
Importancia de la
independencia política de la Iglesia
A la luz de estas
últimas afirmaciones comprendemos mejor el valor positivo de la
independencia política de la Iglesia, considerada en su conjunto
como Pueblo de Dios. Aquí se trata no sólo de salvar la
libertad de los cristianos y la fidelidad de la Iglesia a su
misión específica que se sitúa en un plano más profundo que el
de la política partidista sino también de asegurar a partir de
ese plano su ayuda eficaz a todos los grupos políticos en que
militan los cristianos. En efecto, concentrándose en su tarea
de proclamar con fidelidad y pureza los auténticos valores
humanos del Evangelio, la Iglesia proporciona a todos sus
miembros el fermento necesario para que cada cual pueda fecundar
desde dentro su opción respectiva. En cada una de ellas existen
semillas de Resurrección. Pues bien, la Iglesia no quiere que
se pierda ninguna de las energías liberadoras que palpitan en la
humanidad, como tampoco quisiera dejar ningún elemento de
opresión y pecado, sin combatir. A través de los cristianos
presentes en diversos partidos, ella puede estimular lo positivo
y humanizante de tales posturas políticas y ofrecer, a la vez,
en dichos frentes una voz interna de denuncia ante cualquier
peligro de manipulación del hombre, de injusticia, de
deformación de la verdad.
(11) Doc.
19 nº 69
La necesidad de
servir al esfuerzo simultáneo de todos los cristianos por hacer
vida el Evangelio desde el seno de cualquiera de las posiciones
políticas legítimas impide, a quienes, por razón de su cargo,
aparezcan como representantes oficiales de la Iglesia,
abanderizarse públicamente con un grupo o partido determinado.
En esta situación se encuentran no sólo los ministros de la
Iglesia - obispos, sacerdotes(39) y diáconos - sino también los
religiosos y laicos que ocupen un puesto directivo en la
pastoral. En lo que toca a los laicos, ésta limitación se
refiere, evidentemente, sólo a los actos que realicen en el
desempeño de su cargo pastoral: no tienen derecho a usar de la
autoridad moral que éste les da para favorecer posiciones
partidistas. A título personal, sin embargo, todas las personas
a que nos hemos referido gozan de la misma libertad en materia
política que cualquier otro cristiano. Pero en su condición de
pastores (o de encargados de la acción pastoral) no deben
aparecer con otra preocupación que la de permanecer abiertos a
todos: para poder entregar a cada uno ese mismo Evangelio que
fecunda las luchas de todos en el sentido de Cristo y del
hombre. La apertura real de sus jefes hacia militantes de
diversos partidos es el mejor índice de que la Iglesia, en
cuanto Iglesia, permanece en su terreno propio, el del
Evangelio, donde el diálogo - por lo menos en lo que depende de
la Iglesia - debería ser siempre posible con todos. Esto no
significa que las personas mencionadas renunciemos al compromiso
real con la vida del país. NO: renunciamos al compromiso
público con un partido o sistema determinado para poder
comprometernos más hondamente con todos los hombres
comprometidos de todos los grupos que sinceramente trabajan por
construir un Chile mejor. Pero nos comprometemos según el
modelo de Cristo y al nivel de su Evangelio.
(12) Doc. 40
Sin embargo, ha
sido una gran preocupación para nuestra Conferencia, que ha
buscado tradicionalmente mantener una línea y posición de
independencia frente al poder político - precisamente para
ejercer con toda libertad su ministerio profético, como lo
demuestran últimamente nuestros documentos del 24 de septiembre
de 1970, del 22 de abril de 1971, de Navidad de 1971 y de 11 de
abril de 1972 - verlo a Ud. en un evento que tenía una clara e
indiscutible postura partidista, como lo prueban las palabras
relativas al Encuentro del Ministro de Relaciones Exteriores
Sr. Clodomiro Almeyda, en el acto inaugural, y la alocución del
Sr. Presidente de la República Dr. Salvador Allende, cuando
recibió al Encuentro. Este hecho no pudo menos que desorientar
a la opinión pública y particularmente a los católicos de Chile,
al contemplar tal actitud suya de tan manifiesto contraste con
una línea del Episcopado Chileno.
Además, de parte
de la gran mayoría del Episcopado de Chile, ha existido un
rechazo a sus declaraciones en la Conferencia de prensa, por ver
en ella una intromisión indebida de calificar Ud. a la Jerarquía
chilena en términos que la descalifican moralmente ante la
opinión pública, como era atribuirle intenciones “políticas” a
propósito de la publicación de un documento que tenía la
unanimidad del Episcopado chileno. El día siguiente de su
Conferencia de prensa viajaron expresamente a Santiago tres
Obispos de provincia a expresarme su rechazo a sus declaraciones
y a pedir una aclaración pública contra ellas y, más aún,
presentar una protesta oficial ante la Conferencia episcopal
mexicana, mientras otros pedían que se presentara ante la Santa
Sede. Esta misma actitud se vio que era mayoritaria entre los
Obispos, cuando – informalmente - nos reunimos en Chillán 22
Obispos para lo ordenación de un nuevo Obispo.
(13) Doc. 65
nº 11
Pedimos, pues
que, a propósito de los asuntos temporales, se haga siempre esta
elemental distinción entre la tarea ciudadana y secular de los
laicos, y la actuación de la Iglesia misma y de su Jerarquía.
El Concilio pide más todavía "distinguir netamente entre la
acción que los cristianos aislada o asociadamente, llevan a cabo
a título personal, como ciudadanos de acuerdo con
(14) Doc 65
nº 12-13-14-15
Por el contrario,
quienes en la Iglesia actuamos "en nombre de Cristo, Cabeza de
su Cuerpo Místico" - los Obispos y nuestros colaboradores, los
sacerdotes- tenemos hacia los laicos el deber pastoral de
conducirlos al encuentro del Señor "que es fuente de toda
santidad", de formarlos en la fe y en la proyección social de
ésta; tarea sobrenatural que nos exige respetar su libertad en
sus propios compromisos temporales, en lo que éstos tengan de
opinables y contingentes. Somos los pastores de una Iglesia que
no se identifica con civilización, cultura, régimen, ideología o
partido alguno en este mundo (cf. Gaudium et Spes, nº
76). Por eso, nos situamos en una perspectiva distinta a las
opciones particulares de los fieles, y sólo las juzgamos a la
luz de los valores evangélicos, es decir, cuidando que se
mantengan dentro de las exigencias de la fe y de la moral
cristiana.
Proceder de otra
manera entraña un peligro para la Iglesia: convertirla en un
elemento más del mundo y no como Jesús quiere que sea: "Padre,
ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo y yo
voy a Ti... Cuida en tu nombre a los que me has dado para que
sean uno como nosotros ... No te pido que los retires del mundo,
sino que los guardes del Maligno". (Juan 17, 11-15). Ella vive
para vincular a los hombres con el Dios vivo, Padre de
Jesucristo, para incorporarlo vital y conscientemente a la
Persona de Jesús, para transformarlos en templos del Espíritu
Santo e instrumento de su acción en el mundo.
Por eso, el
Concilio nos dice: "La misión propia que Cristo confió a su
Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que
le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta
misma misión religiosa derivan funciones, luces y energías que
pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana
según la ley divina. Más aún, donde sea necesario, según las
circunstancias de tiempo y de lugar, la misión de la Iglesia
puede, crear, mejor dicho, debe crear, obras al servicio de
todos, particularmente de los necesitados, como son por ejemplo,
las obras de misericordia u otras semejantes.
La Iglesia
reconoce, además, cuanto de bueno se halla en el actual
dinamismo social: sobre todo la evolución hacia la unidad, el
proceso de una sana socialización civil y económica. La
promoción de la unidad concuerda con la misión íntima de la
Iglesia, ya que ella es "en Cristo como sacramento, o sea signo
e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo
el género humano. Enseña así al mundo que la genuina unión
social exterior procede de la unión de los espíritus y de los
corazones, esto es, de la fe y de la caridad, que constituyen el
fundamento indisoluble de su unidad en el Espíritu Santo. Las
energías que la Iglesia puede comunicar a la actual sociedad
humana radica en esa fe y en esa caridad aplicadas a la vida
práctica". (cf. Gaudium et Spes, n. 42).
Pero así como en
esta última tarea no debe la Iglesia arrogarse una
responsabilidad o dirección que no le corresponde - pues ello
atentarla contra la autonomía del orden temporal - así tampoco
es la ciencia humana o el deseo de los hombres quien determina
la misión propia de la Iglesia, sino el mandato de Cristo, su
Fundador. Y aunque no podemos pedir a los no creyentes que
miren a la Iglesia con otros ojos que los del mundo, sí podemos
rogarles que sepan y aprecien la manera como Ella se ve a sí
misma; y podemos pedir, y, aún más, exigir a los creyentes,
miembros de la Iglesia, que la contemplan con los ojos de la fe;
que la miran no “según la carne” sino "en el Espíritu" (cf. II
Cor. 5,16; 1 Cor. 2,13 - 3,1), no con la sabiduría del Mundo,
sino con la de Dios.
(15) Doc. 6 nº 5
Debo hacerles
presente, ante todo, que esta carta va dirigida a los católicos,
con lenguaje cristiano, y no es ánimo mío ni de ninguno de los
Obispos de Chile, entrar en política de partidos y menos en
nuestra intención favorecer o desprestigiar a ninguno de los
candidatos a la presidencia del país.
(16) Doc. 37
nº 3-4-5
Reprobamos la
actitud político-partidista que ellos públicamente han asumido
en su manifiesto. Contraría abiertamente las orientaciones de
la Iglesia, reiteradas por el Sínodo de Obispos de Roma del año
pasado y por nosotros en recientes ocasiones de la misión del
sacerdote ejerciendo indebida influencia en el campo temporal y
político.
Creemos que esta
situación de ambigüedad hace a la vida de la Iglesia. No
juzgamos la rectitud y las intenciones de los firmantes, ni
queremos opinar sobre la posición política del documento.
En consecuencia,
pedimos a los sacerdotes y a los aspirantes al sacerdocio,
chilenos y extranjeros, que se limiten a sus funciones
propiamente ministeriales para las cuales tanto se necesita del
trabajo de pastores y especialmente de sacerdotes sensibilizados
a los problemas sociales y llenos de amor a los pobres.
(17) Doc. 37
nº. 6 y 7
Pero en caso de
que alguno creyera que su vocación es política, le pedimos
reconsidere su vocación sacerdotal. Si es estudiante al
sacerdocio, que piense bien si debe seguir adelante. Si es
sacerdote, que previo dialogo con su Obispo y superior
religioso, solicite ser relevado de su ministerio sacerdotal por
un período de tiempo. Así se evitarán confusiones y tensiones
perjudiciales para la Iglesia y para ellos mismos.
En cuanto a los
sacerdotes extranjeros les pedimos que consideren que el hecho
de estar en un país que no es el propio debe hacerlos muy
prudentes en la emisión de juicios de carácter político. Mucho
apreciamos la ayuda sacerdotal que nos prestan, pero con mayor
razón que a los chilenos deseamos verlos al margen de los
asuntos políticos.
(18) Doc. 49
nº 11
Dejamos
expresamente constancia de que nuestra intervención en este
debate se funda exclusivamente en deberes inherentes a nuestro
carácter de Obispos y apóstoles de Jesucristo y trasciende toda
posición política partidista. Respetamos a los políticos y a los
partidos, pero no nos identificamos con ninguno de ellos y no
deseamos que se nos presente como partidarios o adversarios en
ese terreno, sino exclusivamente preocupados del presente y
futuro de la Iglesia y de los chilenos. Por el Comité
Permanente del Episcopado.
(19) Doc. 65
nº 6 y 7
No es nuevo este
intento de usar a la Iglesia como apoyo del orden temporal que
se cree mejor o más legítimo, ni el afán de comprometerla
orgánica y jerárquicamente con la propia posición política.
Pero, puesto que hoy el fenómeno rebrota en distintas formas y
con un carácter especialmente conflictivo y desorientador, por
sus consecuencias doctrinales, queremos analizarlo con alguna
detención. Al mismo tiempo queremos formular, al hilo de ese
análisis y con el detalle que el asunto y las circunstancias re
,quieren, ciertos principios generales para la actuación
temporal de los cristianos.
Nuestra voluntad
es salir al paso de cualquier utilización indebida de la Iglesia
en el dominio cívico. Afirmamos que los modos de pensar y
actuar arriba mencionados desfiguran a la Iglesia y al
Evangelio, oscurecen su universalidad - su catolicidad -
disminuyen su credibilidad, deforman su verdad y obstaculizan su
verdadera acción. Detrás de estas tendencias se adivina el
deseo, consciente o inconsciente, de manipular a la Iglesia y al
Evangelio en función de intereses políticos precisos, y de hacer
propaganda a favor de determinadas opciones temporales,
utilizando el nombre del cristianismo en su servicio.
(20) Doc. 65
nº 42
No dudamos de que
habrá momentos en que, en medio de las pasiones partidista, la
actuación de la Iglesia aparecerá como una intromisión,
conveniente o desfavorable para los fines políticos de uno u
otro grupo. Jesús mismo, que vino a convertir a todos los
hombres al Reino de Dios, haciéndose servidor de todos, fue
llevado a un juicio político. Pedimos, entonces, a los
cristianos que no se dejen llevar por tales interpretaciones;
que depongan su pasión para comprender la superior verdad de la
Iglesia; que no acepten nunca reducirla a un factor político
más, y que nos ayuden así a conducir al Pueblo de Dios por los
caminos de su verdadera misión.
(21) Doc. 19
nº 70
Así creemos
también capacitar mejor a la Iglesia para prestar un servicio
único y de gran importancia para el momento que vivimos: el
servicio de la unidad, el del diálogo. Los grandes obstáculos
que Chile deberá superar para vencer el subdesarrollo exigen la
colaboración generosa de todos. Pero en nuestro ambiente
politizado se hace enormemente difícil discernir e acceder a lo
que pide el bien común cuando sus exigencias nos son presentadas
por rivales políticos. Si los cristianos lograran hacer
realmente del Evangelio un lazo, una fuerza y una meta común más
poderosa que las diferencias que los separan en otros planos,
entonces deberían ser ellos los que más se esforzaran, desde su
tienda política, por respetar y escuchar a los que militan en
otras, no absolutizando de tal manera la posición propia, que se
vuelvan ciegos ante los signos que pudieran estar manifestando
llamados de Cristo Liberador a través de proposiciones o planes
del grupo contrarío. Sin este respeto al pluralismo político en
base al compromiso común con el Evangelio, como único absoluto,
y a la independencia partidista de sus pastores. La Iglesia no
podrá cumplir en nuestra patria su tarea de Sacramento de la
unidad y el Chile solidario con que soñamos nunca amanecerá
mientras dentro de los cristianos que deberíamos ser su fermento
existan aún grupos que se erijan a si mismos en absolutos y, por
lo tanto, en condenadores y opresores de los demás.
(22) Doc.
22 nº 1
Desearíamos que
en dicha reunión se evitará todo aquello que pudiera darle un
carácter político, o apariencia de ello. Por lo tanto, nos
parecería inoportuna la participación en ella de personemos que
ostenten dicho carácter.
(23) Doc 65
nº 90 y 91
Respeto por la diversidad de opciones políticas
Sucede a veces,
entre creyentes que su legitima disparidad de opiniones
políticas conduce a una vehemente hostilidad recíproca, ya no
legítima, con la consiguiente disputa por la exclusividad del
nombre cristiano, mientras que su fe común no tiene la misma
eficacia para promover entre ellos la caridad fraterna y la
unión superior en Cristo. Creemos que en tales casos la opinión
personal funciona con el carácter absoluto que es propio del
dogma de fe, mientras que el dogma católico funciona con la
relatividad que debería ser propia de toda opinión humana.
Entonces los papeles se invierten, y la fe se utiliza como
instrumento de la opinión; se está más unido a quienes opinan
como uno, aunque no tengan fe, que a quienes tienen la fe común,
si opinan distinto; se es intransigente donde se debería ser
tolerante en las materias opinables, y eso ocurre tal vez en
personas que no vacilan en ser intransigentes donde, en cambio,
no debería caber transacción: en el contenido esencial de la fe.
Rogamos a los
cristianos que nunca se dejen llevar por e esta inversión de
principios. Cuando la fe está en su sitio, como también el amor
y el anhelo de justicia social, hay una disposición mucho más
favorable para tratarse, quererse y entenderse los creyentes que
no comparten una misma opinión política. Los fieles han de
guardar, en sus relaciones recíprocas, este orden que se expresa
en la sentencia clásica: en las cosas necesarias, unidad; en las
opinables, libertad; y en todas, caridad. Así, sin pretender la
reducción de una actitud a otra, antes bien, reconociendo al
hermano la posibilidad de pensar distinto, se fomentará la
superior unidad de todos los creyentes en Cristo, y esa
concordia actuará benéficamente sobre el propio plano de las
relaciones políticas.
(24) Doc. 65
nº 5
Para evitar
malentendidos, conviene repetir aquí lo que ya expresamos en el
Documento de Trabajo Evangelio, política y socialismo: no
negamos la posibilidad y la legitimidad de que católicos asuman
posiciones de izquierda y militen en partidos de izquierda si lo
hacen dentro de las condiciones que rigen el compromiso político
de todo católico, sea cual fuere su posición (cf. 67). Si
dedicamos atención preferente al movimiento señalado, más que a
las desviaciones de signo contrario, es porque éstas últimas
tienen un carácter político y no pretenden formular una nueva
idea de la Iglesia y su relación con el mundo, cota que ocurre
programáticamente con los “Cristianos por el Socialismo” cuyo
error doctrinal exige un esclarecimiento también explícito por
parte de los Pastores.
(25) Doc. 65
nº 9
Comprendemos,
entonces que quienes han hecho ay .yo el anhelo salvador de
Cristo, y por otra parte encarnan ese anhelo en determinada
ideología o posición política, terminen por inferir que esa
opción expresa cabalmente el Evangelio y es como consubstancial
a la manifestación del mismo Cristo en el mundo; de tal modo que
otras opciones distintas o contrarias les parezcan opuestas al
propio Evangelio; y que la universalidad de la misma Iglesia,
que tolera y aun fomenta el pluralismo político en su interior,
se les muestre como indefinición o prescindencia frente a los
graves problemas actuales, o peor aún, como complicidad con
determinados intereses temporales.
(26) Doc. 65
nº 10
Pero en esa
impresión hay una inferencia indebida, cuyo error no podemos
silenciar. Y es que esos católicos, al sentir el imperativo de
determinada acción social o política, le atribuyen un carácter
propio de la Iglesia corporativamente considerada, como si esa
acción no pudiera ser suya, laical, personal, propia de
ciudadanos cristianos, sino que debiera ser una empresa conjunta
del Pueblo de Dios, fieles y sacerdotes y Jerarquía. Tal vez
poco preparados laicalmente para conjugar el “yo” buscan el
amparo del "nosotros", extendiendo ese plural no ya a los
componentes de determinado grupo particular lo que sería
legítimo sino a la íntegra comunidad eclesial. Confunden
entonces la misión temporal de los laicos, que es justamente la
de ordenar según el espíritu evangélico las cosas temporales,
con la misión universal y sobrenatural de la Iglesia misma y de
su Jerarquía, que no consiste en resolver cuestiones económicas,
sociales jurídicas, etc., sino en santificar, enseñar y regir,
suministrando a los fieles aquellas energías renovadoras de la
gracia que ellos proyectarán en su tarea ciudadana por su cuenta
y riesgo, con la libertad y responsabilidad personal que
corresponde a los laicos.
(27) Doc. 12
Los Obispos somos
pastores de los unos y de los otros. Sabemos que hay creyentes
en todos los sectores, Y queremos hablar a todos ellos.
(28) Doc. 19
nº l7
La respuesta de
la Iglesia en esta materia es, en el fondo, la misma de siempre:
ella opta por Jesucristo resucitado, y por lo tanto invita a los
cristianos a luchar por aquellas estructuras socioeconómicas que
permiten hacer más efectivos todos los valores de liberación
personal y social, de justicia y amor, contenidos en su
Evangelio. Esto es lo único que la Iglesia puede decir en
cuanto Iglesia, porque es lo único que ella puede fundar en la
autoridad del Evangelio. Este no ofrece recetas de
estructuración social, política o económica: no se ha
esclavizado al dinero ni a los bienes materiales. Sin embargo,
esta pobreza interior- en la medida en que es una actitud humana
y libre- no va siempre ni necesariamente unida a una situación
socioeconómica determinada; puede haber gente no necesitada y
que tenga un corazón de pobre, así como también se encuentran
pobres con corazón de ricos, son ansias descontroladas de
posesión, de poder y dominio sobre los demás. Asimismo, la
Iglesia recuerda, con su Señor, que no solamente sufren aquellos
a quienes falta el pan, sino que también son oprimidos todos los
que carecen de respeto, de libertad o de alegría.
(29) Doc. 19
nº 27
Por esto, en una
situación determinada y ante un modelo concreto de socialismo
que se desee aplicar en un país particular, es perfectamente
legítimo que los cristianos adopten posiciones divergentes, por
diferir: 1) en su juicio técnico (de tipo económico, social o
político) sobre las ventajas y desventajas del socialismo en
general o de ese modelo concreto; o 2) respecto de su
oportunidad (dadas las características del país y de su estado
de evolución histórica); o, finalmente, 3) por estar en
desacuerdo sobre las garantías reales que esa forma determinada
de socialismo ofrece en cuanto a su aplicación integralmente
humana, según los principios de un humanismo concorde con el
Evangelio, es decir, de un humanismo que permanezca abierto a
todas las dimensiones y derechos del hombre y del la sociedad
que proclama el Evangelio.
(30) Doc. 19
nº 64
El riesgo
político
El riesgo es algo
inherente a la vida humana. Es un derecho y un deber del
hombre. Sin embargo, debe ser asumido responsablemente bajo
determinadas condiciones. En primer lugar, tiene que haber
proporción entre lo que se arriesga y lo que se pretende
alcanzar a través de dicho riesgo (en este sentido, nadie tiene
derecho, por ejemplo, en atención a la pura expectativa de un
mejoramiento económico, a asumir riesgos tan grandes que
pudieran significar un suicidio moral). En segundo lugar, es
necesario que se conozcan exactamente los peligros objetivos del
camino que se escoge, y, por último, que se cuente con una
capacidad subjetiva real de superarlos. En el plano profesional
es plenamente reconocido este derecho a un “riesgo razonable”,
dentro de las condiciones recién fijadas (pensemos en el caso de
los astronautas). Nada impide reconocer - bajo las mismas
condiciones de prudencia - él derecho al riesgo político. La
tarea de la Iglesia en relación a este punto consiste por un
lado, en mostrar a los cristianos con objetividad los peligros
de deshumanización a los cuales se exponen las diferentes
opciones; y, por otro lado, en tratar de asegurar de la manera
más intensa posible su fidelidad al Evangelio como fuente de
vida y, así, de energía humanizante. La medida en que un
cristiano esté verdaderamente compenetrado del Evangelio y unido
personalmente, en forma vital y no solamente intelectual, a
Jesucristo, como Centro personalizante y liberador del universo,
esta misma será la medida de su capacidad para juzgar el grado
en que puede arriesgarse razonablemente y, al mismo tiempo, la
medida de su inmunidad ante los efectos deshumanizantes de la
mentalidad capitalista o marxista.
(31) Doc. 19
nº 87
Por otro lado, es
evidente que, para alcanzar este efecto, el compromiso político
y social debe nacer del Evangelio y orientarse permanente y
vitalmente por él. A la Iglesia no le interesa el activismo
político y social.- le interesa el compromiso liberador. Y el
de los cristianos va a ser tal en la medida en que estén
vitalmente penetrados del Evangelio y de sus valores de
liberación y solidaridad, en la medida en que su intimidad con
Jesucristo los haya conducido a hacer propia la imagen del
hombre y de la sociedad que Jesucristo anunció y en que día a
día luchen por encarnarlas en sí mismos, para poder, así, más
sincera y eficazmente - ya que nadie puede dar lo que no tiene -
proclamarlas a otros imprimirlas en las estructuras que
condicionan la vida nacional. Por eso, la Iglesia, respetando
la diferente opción política de cada uno, pone a todos los
cristianos esta común y doble exigencia: que conozcan y vivan el
Evangelio y que se comprometan con la vida real del país, para
orientarla, según los valores del hombre y de la sociedad que
resplandecen en el Evangelio. Esa es la tarea en que todos
debemos estar unidos. Si somos fieles a ella, no obstante la
militancia política diferente, la Iglesia cumplirá en Chile su
misión de Sacramento de la Unidad y de Sacramento de Salvación.
(32) Doc. 65
nº 42
A través de sus
enseñanzas sociales, la Iglesia viene impulsando activamente a
los fieles a una acción decidida en favor de la justicia. En
América latina lo ha hecho con particular insistencia, y otro
tanto hemos obrado nosotros en Chile. Al hacerlo, hemos
valorado la eficacia de la acción política en cuanto tal, para
apartar a los laicos de cualquier dañino abstencionismo e
impulsarlos a asumir, en forma libre y responsable, su tarea en
ese ámbito. Pero vemos que, cuanto más imperioso es nuestro
llamado, más necesario se hace evitar que la Iglesia, como
comunidad y oficialmente, emprenda ninguna acción política o
concrete de tal forma este impulso, que no sea respetada la
libre opción de cada ciudadano creyente. Por eso nosotros
mismos, y quienes comparten con nosotros la responsabilidad
pastoral, precisamos una y otra vez nuestros motivos. Queremos
que sean los motivos de Cristo. Tenemos presente la petición
que hizo a los pastores de su grey, en el sentido de que no
actuaran como los príncipes de las naciones, que las dominan
como dueños y les imponen su poder (cf. Mc. 10,42-43), sino que
se dieran con servicio abnegado.
(33) II - 4
(34) II-7
Ref. Nº 368/74.
DECLARACION
Han llegado a
esta Conferencia Episcopal diversas consultas y preocupaciones
en torno al aniversario del cambio de Gobierno en Chile.
El Comité
Permanente del Episcopado quiere reafirmar, con esta ocasión, la
voluntad de la Iglesia de realizar su misión evangelizadora y de
servicio a la comunidad sin implicancia con la política
contingente. Ha resuelto, por lo tanto, comunicar a los párrocos
y rectores de Iglesias de todo Chile las siguientes directivas:
1º. El 11 de
Septiembre no habrá ceremonias oficiales religiosas.
2º. El 18 de
Septiembre se celebrará como siempre el Tedeum de Acción de
gracias por la independencia nacional.
3' El Domingo 29
de Septiembre, Día de la Oración por Chile, pediremos
especialmente los dones de la paz, la prosperidad y la
fraternidad para todos los chilenos.
Por el Comité
Permanente del Episcopado
RAUL CARDENAL
SILVA HENRIQUEZ Arzobispo de Santiago
Presidente de la
Conferencia Episcopal de Chile
CARLOS CAMUS
LARENAS
Obispo Secretario
de la Conferencia Episcopal de Chile
Santiago- Agosto
14 de 1974.
(35) II - 8
párrafo 7
Formulamos esta
petición, persuadidos de que nuestro deber de pastores y de
patriotas es hacer llegar hasta nuestros Gobernantes nuestra
voz, serena y respetuosa, en un momento difícil de nuestro vivir
nacional, sin buscar otro fin que la paz y prosperidad de
nuestra gran familia chilena. (cfr. etiam (71))
(36) II - 5
bis nº 4
Recordamos, y lo
dice la Declaración de Principios aludida, que es lícito
disentir de éste o de cualquier gobierno, pero la paz y el bien
del país piden que colaboremos con la autoridad en todo lo que
sea claramente para el bien común.
(37) II - 5
nº 4
Esta declaración
ha sido hecha con absoluta libertad por el Episcopado. Ella
refleja el pensamiento de la mayoría de los Obispos de Chile, y
ninguna influencia extraña ha intervenido en su proposición ni
elaboración. Así como hemos tenido libertad para elaborarla,
tenemos también plena libertad para publicarla.
Nuestros
Gobernantes, informados del contenido de la presente
Declaración, han tenido la noble actitud de respetar en todo
nuestra libertad, lo que constituye la mejor prueba del derecho
a disentir que existe en Chile, y de la vigencia del derecho en
nuestra patria.
(38) II 5
nº 3
Al tocar este
tema, los Obispos no hemos podido menos de dar un vistazo a la
realidad de nuestra Patria y hemos expresado nuestras
preocupaciones y nuestras esperanzas. No quisiéramos que esta
parte de nuestra reflexión fuera considerada como política. El
nuestro es un juicio de Pastores, que con humildad exponen a sus
hijos sus preocupaciones y los exhortan a trabajar por la
reconciliación: no tenemos la pretensión que nuestro juicio sea
el único verdadero. Respetamos a quienes disientan de
nosotros. Con modestia expresamos nuestros temores, nuestras
angustias y nuestros anhelos.
(39) II - 10
nº 4
(40) II -5
bis nº 4 al fin
(41) II - 5
nº 3
(42)
VALLIER Iván. "Las élites religiosa en América Latina.
Catolicismo, liderazgo y cambio sociales en Elites y desarrollo
en América Latina" S.M. Lipset y A.E. Solari (compiladores)
Paidos, BS.
As., 1967 pág. 178.
(43) Doc. nº 11
(44) Doc. nº 10
(45) Doc. nº 17,
pág 56, nº 8
(46)
Doc. 19 nº
88
La Iglesia ante
el Gobierno
“Como pueblo de
Dios la Iglesia siempre ha sido respetuosa y ha estado dispuesta
a colaborar con el gobierno legítimamente constituido a quien la
providencia de Dios, actuante en la Historia, ha entregado por
un período determinado la responsabilidad de dirigir la marcha
del país. El sentido de este respeto y de esta colaboración ha
quedado ya suficientemente expresado. La Iglesia, al no
comprometerse Oficialmente con ningún partido político,
considera como su aporte propio a la construcción del país el
servicio de estimular y apoyar con su Evangelio todo cuanto en
la vida nacional vaya en la línea de una verdadera liberación
humana, de oponerse por otro lado, a lo que, a la luz de ese
mismo Evangelio revele como fuerza de esclavitud. Este apoyo y
esta denuncia los prestara la Iglesia normalmente, a través de
cada cristiano, desde dentro de las distintas opciones e
instituciones sociales y políticas, lo que no significa
renunciar al derecho de hablar también oficialmente cuando la
gravedad de algún hecho - que ponga en peligro el bien común y
los valores humanos esenciales al Evangelio - así lo exija. La
Iglesia prestará, mediante su fidelidad al Evangelio, el
servicio de la unidad, el del diálogo, el de la apertura sincera
a todos, Y por eso ella lo ofrece, en primer lugar, al
gobierno, quien por razón de su cargo, está también llamado a
ser eje de la unidad del país y servidor del progreso de todos.
(47)
Doc. 17 nº 10
(48) Doc. 49,
p. 153 y Doc. 51, p. 155
(49) Doc. 49
nº 1
(50) Doc. 65
nº 31
Derechos
políticos o cívicos esenciales, muchos de los cuales son
anteriores al régimen político concreto, como el derecho a la
vida, al trabajo, a la educación, a la libertad de las
conciencias con sus deberes correspondientes.
(51) Doc. 19
nº 78
Por eso los
cristianos tenemos el grave deber de convertir - a Chile
mediante la transformación de sus hombres y estructuras - en
verdadero hogar de todos. Cada Chileno tiene derecho a
participar efectivamente (40) en los bienes y en todas las
actividades de la gran familia que somos y la obligación de
compartir también con los otros los sacrificios que impone la
construcción de la casa común. Nadie puede acaparar para sí los
bienes que el Padre ha entregado para uso de todos sus hijos,
descargando sobre los otros el peso de los sacrificios. Debemos
ser solidarios, pero recordando que es la casa para los hijos y
no los hijos para la casa. No es legítimo con el fin de
acelerar la edificación del país convertir a ningún hijo en
esclavo. Ninguno puede ser instrumentalizado. A cada uno debe
reconocérsela siempre el derecho inalienable a la libertad de
pensamiento y de crítica, y el respeto necesario para poder
hacer a la comunidad el aporte irreemplazable de su riqueza
subjetiva. Nadie puede ser marginado; nadie puede ser tampoco
injustamente presionado por medios económicos o ideológicos: al
impedir la participación real de todos independientemente de los
derechos teóricos que concedan las leyes o las ideologías (41)
en los diferentes aspectos de la vida nacional, se destruye la
sociedad, la familia, y se aliena al hombre, quien comienza a
sentirse extraño donde - como hijo de Dios - tiene derecho a
sentirse en casa.
Véase también:
Doc. 6 nº
20-21-29
Doc. 11 nº 1 - 4
Doc. 12 nº 2
Doc. 19 nº
21-23-26-52-61-81-83-84-85
Doc. 28 nº 4-8-10
Doc. 31 nº 6
Doc. 38 nº 6 y 9
Doc. 40
Doc. 46 nº 36
Doc. 49 nº 6
Doc. 56
Doc. 58
Doc. 47 nº 3 y 7
Doc. 62 nº 4
52) Doc. 49
nº 7, 8 y 9
Debemos creer en
la sana intención que anima al Sr. Presidente de la República y
al Sr. Ministro de Educación, con quienes hemos conversando
cordialmente y a quienes hemos pedido que se postergue la
aplicación de este plan de la ENU, para permitir un amplio
debate nacional, serio y constructivo, verdaderamente
democrático y pluralista, en que participen plenamente sin
limitaciones y sin apremios los padres de familia y también los
directores y profesores de colegios fiscales y particulares, los
alumnos según edad, y todos los organismos nacionales
preocupados del destino de Chile.
Un plan de
reforma radical del sistema educacional de Chile deberá tener en
cuenta, antes que nada, a los padres de familia, a quienes
asiste el deber irrenunciable de la educación de sus hijos, y a
quienes hay que darles la posibilidad real de ejercer ese
derecho y de cumplir ese deber.
La declaración de
los Derechos Humanos de la ONU, firmada también por Chile, dice
textualmente: "Los padres de familia son los primeros y
principales educadores de sus hijos. Tienen derecho preferente
a escoger el tipo de educación que habrán de recibir".
Este mismo plan
exige tener una gran claridad en sus fundamentos y en sus
objetivos, que 1 deberán corresponder a los puntos de vista y
exigencias de la comunidad nacional entera; no de un grupo
político determinado, por importante y bien intencionado que
sea.
Las personas
pasan y los documentos quedan. Siempre hay que pensar en la
posibilidad de que otros los usen o los apliquen con un criterio
diferente de quienes los redactaron, si el texto mismo no tiene
perfecta claridad y precisión.
(53) Doc. 49
nº 6
En cuanto al
procedimiento con que se quiere implantar en Chile la Escuela
Nacional Unificada nos llaman la atención dos hechos. Se invita
por una parte, a una amplia participación de la comunidad en el
debate sobre la educación; y, por otra, se restringe ese mismo
debate en la práctica a un mínimo y en ocasiones se le excluye,
y se insiste en que el proyecto de la ENU se llevará a ejecución
de todos modos y en plazos ya rígidamente fijos.
(54) Doc. 51
nº 2
Declaramos
claramente que nos oponemos al fondo del proyecto por su
contenido que no respeta valores humanos y cristianos
fundamentales, sin perjuicio de sus méritos pedagógicos en
discusión.
(55) II - 4
Al mismo tiempo
creo que hay aquí cosas interesantísimas,, hay documentos que
han tenido tal importancia que han sido traducidos a 5 o
6 lenguas Europeas y que constituyen hoy día elementos de
estudio a Episcopados Latinoamericanos y Europeos porque la
doctrina contenida en ellas es considerada una de las mejores,
de las expuestas con mayor brillo y con mayor ortodoxia en los
documentos de la Iglesia moderna de hoy, en del mundo entero.
Nos honra, pues, a nosotros de que fuera de nuestra patria se
considera a la Iglesia chilena y al Episcopado chileno, como un
Episcopado que va a la vanguardia en defender los derechos del
hombre, las doctrinas humanas y sobre todo la doctrina de Cristo
el Señor.
(56) Doc. 10
nº 1
Es tradicional
que el candidato triunfante en una elección presidencial reciba
la visita de los representantes de la Iglesia, en señal de
reconocimiento de la voluntad del pueblo constitucionalmente
expresada.
(57) Doc. 11
pág. 27
La democracia
representativa consiste en no sólo elegir, sino respetar al
elegido, colaborando sinceramente con 61 en la defensa de los
supremos y permanentes intereses de la nación.
(58) Doc. 12
nº 5
El pueblo chileno
quiere continuar en el régimen y estilo de libertad por el cual
viene luchando desde hace 160 años.
Quiere que se
mantenga y se defienda lo ya conquistado: el derecho a pensar, a
difundir a otros sus ideales, a organizarse, pero al mismo
tiempo que se amplie ys se perfeccione esa libertad. Que llegue
a ser igual y plena para todos, sin discriminaciones, con
iguales oportunidades, adecuada a la dignidad y a la creatividad
del hombre.
(59) Doc. 19
nº 54
Estos elementos
desalentadores, comunes a todas las experiencias históricas del
socialismo marxista, no nos permiten todavía predecir con
certeza la influencia concreta que podrá tener el marxismo en el
desarrollo definitivo del socialismo chileno. El temor de que
termine conduciéndonos a una dictadura es plenamente justificado
tanto a la luz de su doctrina como de la experiencia de otros
pueblos. Sin embargo, el caso chileno ofrece particularidades
propias que podrían favorecer una evolución diferente. Ella
dependerá, en gran parte, tanto del buen sentido y de la madurez
democrática de nuestro pueblo, como del esfuerzo de los
cristianos y de la apertura y espíritu crítico de los mismos
marxistas ante su propio sistema. Quiera Dios que así se pueda
contrapesar los elementos deshumanizantes contenidos en el
ateísmo, en el método materialista y en el estatismo totalitario
a que tiende el marxismo.
(60) Doc. 19
nº 70
Así creemos
también capacitar mejor a la Iglesia para prestar un servicio
único y de gran importancia para el momento que vivimos: el
servicio de la unidad, el del diálogo. Los grandes obstáculos
que Chile deberá superar para vencer el subdesarrollo exigen la
colaboración generosa de todos. Pero en nuestro ambiente
politizado se hace enormemente difícil discernir y acceder a lo
que pide el bien común cuando sus exigencias nos son presentadas
por rivales políticos. Si los cristianos lograran hacer
realmente del Evangelio un lazo, una fuerza y una meta común más
poderosa que las diferencias que los separan en otros planos,
entonces deberían ser ellos los que más se esforzarán, desde su
tienda política, por respetar y escuchar a los que militan en
otras, no absolutizando de tal manera la posición propia, que se
vuelvan ciegos ante los signos que pudieran estar manifestando
llamados de Cristo Liberador a través de proposiciones o planes
del grupo contrario. Sin este respeto al pluralismo político -
en base al compromiso común con el Evangelio, como único
absoluto, y a la independencia partidista de sus pastores - la
Iglesia no podrá cumplir en nuestra patria su tarea de
sacramento de la unidad, y el Chile solidario con que soñamos
nunca amanecerá, mientras dentro de los cristianos que
deberíamos ser su fermento existan aún grupos que se erijan a sí
mismos en absolutos y por lo tanto, en condenadores y opresores
de los demás.
(61) Doc. 65
nº 4
Otros cristianos
al ver cuestionadas o en peligro ciertas instituciones o formas
de vida tradicionales de la sociedad que les parecían
intangibles urgen a la Iglesia a organizar la defensa de esas
instituciones amenazadas, en nombre de la democracia, la
libertad, la familia, la religión, etc., sin distinguir bastante
entre los valores cristianos esenciales del orden social, y
aquellas formas institucionales contingentes que no es misión de
la Iglesia custodiar o defender, por más que los católicos
puedan, en uso de su libertad personal, estimarlas mejores o aun
necesarias dentro de los límites de la fe.
(62) Doc.
17 nº 2
Ante el momento
que vive Chile, los cristianos han de hacer suya, como criterio
primordial de orientación y de acción, la opción global afirmada
por el Episcopado Latinoamericano en Medellín. Según ella, su
fidelidad al Evangelio de Jesucristo les exige hoy comprometerse
en profundas y urgentes renovaciones sociales.
(63) Doc. 6 nº 31
Hay quienes ante
la gravedad de la injusticia y la resistencia ilegítima de los
cambios, ponen su esperanza en la violencia. Reconozco que su
actitud está movida, con frecuencia por impulsos nobles de
justicia y de solidaridad, pero creo que nuestro país tiene los
cauces legales necesarios para hacer justicia. Sólo corresponde
exigir que operen eficientemente y que se apliquen con toda
fidelidad y sin distinción de clases.
(63)
Doc. 10 nº
2
Las peculiares
circunstancias del presente proceso electoral han movido al
Comité Permanente del Episcopado a tomar el siguiente acuerdo:
los representantes de la Conferencia episcopal de Chile harán la
referida visita al candidato que obtenga la mayoría absoluta de
los sufragios. Si esta mayoría absoluta no fue alcanzada, los
representantes de la Conferencia episcopal de Chile esperarán -
para el efecto de dicha visita - la siguiente etapa del proceso
electoral.
Véase: Doc 27 nº 4
(65) Doc. 46 nº 3
Nuestros
contactos con personas de todas las tendencias y con nuestros
propios fieles nos han llevado al convencimiento de que una gran
mayoría del pueblo chileno está de acuerdo:
a) en que se
mantenga la continuidad constitucional, el respeto y la
obediencia a la autoridad legítima y la plena vigencia de la
ley, aplicada a todos por igual;
(66) Doc. 58 - II
La idolatría del
poder
La lucha por el
poder, la estrategia por poseerlo, afianzarlo o recuperarlo,
aparecen como metas de la vida humana, especialmente en la
política.
Ya no importa el
precio que se pague: el poder constituye el ídolo y el espejismo
para muchos. Olvidamos lo que dice la fe: la vida de toda
persona es sagrada. Todo hombre es mi hermano.
El poder
fácilmente puede corromper el corazón de quiénes lo tienen. La
Historia lo demuestra. Quien adora el poder termina cazado en
su propia trampa.
Nos preocupa la
tendencia al estatismo absoluto, sin la adecuada participación.
El poder sólo es
un medio para el bien común. Más que poderosos se requieren
servidores. Cristo nunca ambicionó el poder. Insistió siempre
en que El venía a servir: "Quien desee ser el mayor entre
vosotros sea el servidor" (Marcos 10,48).
La idolatría del
poder lleva necesariamente a la quiebra de los valores morales a
la ambigüedad entre lo que es moral, o inmoral. El principio de
Maquiavelo, "el fin justifica los medios", está siempre latente
en el corazón del hombre.
La Iglesia
siempre ha denunciado el totalitarismo. Bajo ese nombre se
esconde cualquier sistema total y absoluto, basado generalmente
en ideologías que pueden ser muy diferentes y a veces
antagónicas y que no tolera ningún contrapeso, ninguna crítica,
ninguna fuerza de equilibrio.
Recordemos las
palabras de Cristo: "No se puede servir a dos señores". Es
imposible servir a Dios y al dinero. No se puede servir a Dios
e idolatrar al poder.
(67) Doc. 50 nº
1y 2
La violencia, en
sus más extremas expresiones, ha ido en progresivo aumento en
los últimos años en Chile, a pesar de que todos los sectores
políticos y ciudadanos repudian esta situación.
El Episcopado
chileno, en repetidas ocasiones y en varios de sus últimos
documentos, ha deplorado esta escalada de la violencia y ha
exhortado a los católicos y a todos los hombres de buena
voluntad a hacer un esfuerzo por lograr un ambiente de
fraternidad, de respeto, de justicia y de esperanza entre todos
los habitantes de Chile. Esta es una grande e ineludible tarea
nacional.
(68) Doc. 58 pág.
165
Hay cambios que
toman una dirección equivocada cuando son inspirados por
concepciones materialistas o no toman en cuenta la complejidad
del hombre, que es fuerza y debilidad, bondad y maldad, mezcla
de gracia y pecado.
En esta
perspectiva queremos decir una palabra sobre nuestra situación
en Chile.
Estamos
preocupados por la marcha del país, por el desarrollo de los
acontecimientos. Nos duele ver las largas colas de chilenos -
los millones de horas que se pierden cada semana- sufriendo la
humillación de vivir en esas condiciones. Parece un país
azotado por la guerra. Nos preocupa el mercado negro, desatado
por la inmoralidad de quienes negocian en forma injusta con los
alimentos y otros productos esenciales.
No aprobamos, por
principio, el éxodo de profesionales. El país debe encontrar
caminos realistas y verdaderos para evitar esta sangría. Es
deber moral de todo chileno permanecer en la tierra que lo vio
nacer y le proporcionó su profesión.
Nos preocupa que
los medios de comunicación no sean veraces y sobre todo que
inciten al odio. Al destruir la verdad y el amor faltan a sus
deberes fundamentales, son inmorales.
Contemplamos, con
angustia la inflación que nos invade en forma creciente de día
en día y la crisis de nuestra economía.
En estos días
presenciamos él problema de los mineros del cobre de El
Teniente, con las implicaciones que tiene en la vida sindical,
en la marcha de la economía. Condenamos la violencia que crece
en este conflicto laboral y pensamos en los sufrimientos que
habrían podido evitarse.
Entendemos que el
mal está más allá de las palabras, y que no bastan consejos de
bondad. Sabemos que el papel de la Iglesia no es dar soluciones
técnicas, pero queremos aportar algunas reflexiones que pueden
iluminar la situación que vivimos, sin pretender decirlo todo.
(69) Doc. 61 nº
1-2 y 3
Hablamos en una
hora dramática para Chile. Lo hacemos por ser fieles a Cristo y
a nuestra patria. Hablamos en nuestra condición de Obispos de
la Iglesia Católica
porque
creemos tener una obligación especial de hacer un llamado
extremo para evitar una lucha armada entre chilenos. No
representamos ninguna posición política, ningún interés de
grupo, sólo nos mueve el bienestar de Chile y tratar de impedir
que se pisotee la sangre de Cristo en una guerra fratricida.
Todos los
chilenos estamos preocupados por insistentes noticias de que se
están armando las poblaciones civiles y que existe el peligro de
una guerra civil. La peor desgracia que puede ocurrir a un país,
y esto todos lo sabemos, es una guerra civil. No sólo por su
secuela de muerte y de miseria. Sino por el envenenamiento del
alma nacional por el odio y el rencor que hace muy difícil la
reconstrucción ulterior. Tenemos que hacer todo lo posible para
evitarlo.
Desde el Gobierno
y la Oposición se levantan voces para pedir cordura y
concordia. Cabe a ellos y a todos los que representan probar
con hechos la seriedad de esas palabras.
(70) Doc. 62.
Consta al país
que los Obispos hicimos cuanto estuvo de nuestra parte por que
se mantuviera Chile dentro de la Constitución y de la Ley y .se
evitara cualquier desenlace violento como el que ha tenido
nuestra crisis institucional. Desenlace que los miembros de la
Junta de Gobierno han sido los primeros en lamentar.-
Nos duele
inmensamente y nos oprime la sangre que ha enrojecido nuestras
calles, nuestras poblaciones y nuestras fábrica - sangre de
civiles y sangre de soldados - y las lágrimas de tantas mujeres
y niños. Pedimos respeto por los caldos en la lucha y, en
primer lugar, por el que fue hasta el martes 11 de septiembre,
Presidente de la República.
Pedimos
moderación frente a los vencidos. Que no haya innecesarias
represalias. Que se tome en cuenta el sincero idealismo que
inspiró a muchos de los que hoy
han sido
derrotados. Que se acabe el odio, que vuelva la hora de la
reconciliación.
Confiamos que los
adelantos logrados en Gobiernos anteriores por la clase obrera y
campesina, no volverán atrás y, por el contrario, se mantendrán
y se acrecentarán hasta llegar a la plena igualdad y
participación de todos en la vida nacional.
Confiando en el
patriotismo y el desinterés que han expresado los que han
asumido la difícil tarea de restaurar el orden institucional y
la vida económica del país, tan gravemente alterados,
pedimos a los chilenos que, dadas las actuales circunstancias,
cooperen a llevar a cabo esta tarea, y sobre todo, con
humildad y con fervor, pedimos A Dios que los ayude.
La cordura y el
patriotismo de los chilenos, unidos a la tradición de
democracia y de humanismo de nuestras Fuerzas Armadas,
permitirán que Chile pueda volver muy luego a la normalidad
institucional, como lo han prometido los mismos integrantes de
la Junta de Gobierno y reiniciar su camino de progreso en la
Paz.
El Comité
Permanente
CARDENAL RAÚL
SILVA HENRIQUEZ,Presidente;
JOSE MANUAL
SANTOS ASCARZA, Obispo de Valdivia;
OROZIMBO
FUENZALIDA, Obispo de Los Angeles;
BERNARDINO PIÑERA
CARVALLO, Obispo de Temuco;
SERGIO CONTRERAS
NAVIA, Secretario ad hoc del C.P.
Santiago, 13 de
septiembre de 1973
(71) Doc. 63
El Comité
Permanente del Episcopado - en representación de los Obispos de
Chile - ha visitado a la Honorable Junta de Gobierno para
expresarle sus sentimientos de respeto y aprecio por las Fuerzas
Armadas y Carabineros de Chile y agradecerles las deferencias
que han tenido con los obispos las nuevas autoridades a lo largo
de todo el país.
Al mismo tiempo
el Comité Permanente ha ofrecido su colaboración en la obra de
reconstrucción del país y en particular en la tarea de la
pacificación de los espíritus y en todo lo que significa
afianzar y desarrollar las conquistas sociales de los
trabajadores.
Finalmente, los
Obispos expresaron el deseo de la Iglesia en colaborar en el
desarrollo espiritual y material de Chile, dentro de su campo y
con la autonomía que le es propia en la predicación auténtica
del Mensaje evangélico, dándose a todos sin distinción de
grupos.
Cfr. etiam notas 34, 35 y 36
(72) Doc. II
- 1 nº 2
"No hay ni
vencedores ni vencidos", dijo desde un comienzo el Presidente de
la Hon. Junta de Gobierno. Noble frase que más que afirmar un
hecho, expresa un deseo.
(73) Doc. II
-1 nº 3
Queremos que
nuestro mensaje sea para el Chile esperanzado y también dolorido
de 1973 un simple eco del eterno y universal mensaje del
Pesebre. Queremos decir simplemente lo que dirían al pueblo
chileno José, María y Jesús, lo que tal vez nos están diciendo
con su silencio, su sencillez, su, pobreza y su paz.
Nos dirían
ciertamente: “Sean hermanos; no sean vencedores ni vencidos”.
Que los que ganaron no tengan alma de vencedores. Que los que
perdieron no tengan alma de vencidos. Que tengan todos el alma
de María y de José, el alma de los pastores y de los Reyes
Magos, el alma de los discípulos de Jesús, de los seguidores del
Evangelio.
(74) Doc. II
- 1 nº 4
¿Qué significa el
no tener alma de vencedor?
Significa saber
perdonar Y saber pedir perdón. Aplicarse la palabra de Cristo:
"Aquél que esté sin pecado, ése tire la primera piedra".
Significa no
sacar provecho de la victoria en beneficio de los propios
intereses con perjuicio de los demás.
Significa no
asumir la actitud de juez, que sólo corresponde a quienes tienen
la difícil y temible obligación de serlo.
Significa decir
"no" a la represalia, a la delación y al odio.
Significa aceptar
que no todos lo que los vencidos pensaron, dijeron o hicieron
fue siempre errado, siempre falso, siempre malo.
Significa tener
compasión de los que sufren, con o sin culpa, simplemente porque
sufren; y hacer cuanto uno pueda para aliviar ese sufrimiento.
Significa invitar
a los caldos a participar en la obra de la reconstrucción del
país, hacerles sentir que se les necesita, que para todos hay un
lugar en la tarea común, que en Chile no sobra ningún chileno.
(75) Doc.
II 5 bis nº 1
Las
circunstancias particulares de esta parte del Pueblo de Dios
formada por los creyentes de Chile hacen que alcance para
nosotros especial relieve. Los resentimientos mutuos, el deseo
de venganza, hacen cada vez más urgente en Chile este Año de
Reconciliación.
(76) Doc. II 5
bis nº 4
Nos preocupa, en
primer lugar, un clima de inseguridad y de temor, cuya raíz
creemos encontrarla en las delaciones, en los falsos rumores, y
en la falta de participación y de información.
Nos preocupa
también las dimensiones sociales de la situación económica
actual, entre las cuales se podrían señalar el aumento de la
cesantía y los despidos arbitrarios o por razones ideológicas.
Tenemos que, por acelerar el desarrollo económico, se esté
estructurando la economía en forma tal que los asalariados deben
cargar con una cuota excesiva de sacrificio, sin tener el grado
de participación deseable.
Nos preocupa que
se esté estructurando y orientando integralmente el sistema
educacional, sin suficiente participación de los padres de
familia y de la comunidad escolar.
Nos preocupa,
finalmente, en algunos casos, la falta de resguardos jurídicos
eficaces para la seguridad personal que se traducen en
detenciones arbitrarias o excesivamente prolongadas en que ni
los afectados ni sus familiares saben los cargos concretos que
las motivan; en interrogatorios con apremios físicos o morales;
en limitación de las posibilidades de defensa jurídica; en
sentencias desiguales por las mismas causas en distintos
lugares; en restricciones para el uso normal del derecho de
apelación.
(77) Doc. II
5 bis nº 4
La reconciliación
significa darse la mano en señal de paz y de amistad, pero la
mano que se tiende debe ser guiada por una nueva mirada sobre el
hombre y por una actitud que reconoce en él a un hermano. Es lo
que llamamos conversión. En otros términos, reconciliarse
significa, tratar al hermano como Dios mismo lo ha tratado, es
decir, con respeto. Y por eso, en la reconciliación, se
pone en juego el realismo de nuestra conversión a Dios.
(78) Doc. II
5 bis nº 4
Los cristianos no
sólo debemos reconciliarnos cada uno con su enemigo o adversario
de ayer o de hoy. Tenemos que ser también "artesanos de
la paz" (Cf. Mt. 5.9.). Por amor a nuestra Patria
tenemos que contribuir a restablecer en ella un régimen de
convivencia en que todos los chilenos Podamos vivir y sentirnos
como hermanos. Queremos señalar brevemente cuáles son, a
nuestro juicio, las condiciones para lograr esta meta. Pero
antes de entrar a desarrollarlas, creemos esencial que cada cual
se pregunte sinceramente si quiere de veras alcanzar esa meta.
Sin esta voluntad sincera y eficaz, es inútil que se acumulen
declaraciones y medidas.
(79) Doc. 46
letra E.
En manifestar
respeto a las Fuerzas Armadas y Carabineros y reconocimiento por
la forma abnegada con que actúan en la delicada situación
presente; (...).
(80) Doc. II 1
– nº 7
Nuestro recuerdo
lleno de cariño va a todos los hogares chilenos, a nuestros
niños, a nuestras autoridades, a nuestros soldados, marinos,
aviadores y carabineros que tanto trabajaron por Chile en estos
últimos meses, a los ancianos, a los enfermos, a los que están
detenidos o encarcelados, sometidos aún a interrogatorios o ya
condenados, a los que se fueron y a los que vuelven, a los que
lloran a sus seres queridos, a los que trabajan con desinterés y
entusiasmo en la reconstrucción de Chile, a todos desde el
Pesebre les deseamos una Navidad de Paz, de amor, de consuelo,
de alegría y de reconciliación. Anhelamos que pudiéramos todos
unidos elevar la oración de los ángeles y que repetimos cada año
en Navidad: Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los
hombres de buena voluntad.
(81)
Doc. II - 10 nº 4
Sí solo hay un
Absoluto: Dios, y el Hombre en cuanto hijo de Dios. Y la fe
bíblica ha venido surcando toda nuestra historia patria, para
impedir que nos detengamos en un culto degradante a dioses, que
no son Dios. Poder, eficacia, consumo, riqueza y hasta el mismo
desarrollo económico no son valores dignos del hombre cuando su
consecución se logra sacrificando al hombre. Y la gran tarea de
la Iglesia, su misión por excelencia, es reivindicar la
soberanía de Dios y la inviolabilidad del Hombre por ser Hijo de
Dios, como el único, Absoluto de la Historia.
Esta misión
coloca frecuentemente a la Iglesia en una cierta tensión o
polaridad con respecto a quienes detentan el poder. No se
trata, por cierto, de una oposición, sino de una independencia
crítica que le permite a la Iglesia, ejercitando su rol de
conciencia, discernir en que grado se respetan la dignidad del
hombre y los derechos que le son consustanciales. De ahí
también que por una espontánea gravitación, y conservando su
condición de Madre de todos, tenga y deba tener la Iglesia una
positiva predilección por quien circunstancialmente aparece como
el más pobre y menos defendido. No solo prueba así su fidelidad
a Cristo, si no entrega a los gobernantes su más leal y original
aporte.
(82) Doc. II - V -
bis nº 4
No dudamos de la
recta intención ni de la buena voluntad de nuestros
gobernantes. Pero, como pastores, vemos obstáculos objetivos
para la reconciliación entre chilenos. Tales situaciones sólo
se podrán superar por el respeto irrestricto de los derechos
humanos formulados por las Naciones Unidas y por el Concilio
Vaticano II, y que la Declaración de Principios ha calificado
justamente como “naturales y anteriores y superiores al
Estado”. El respeto por la dignidad del hombre no es real sin
el respeto de estos derechos.
(83) Doc. II - V -
bis nº 4
Comprendemos que
circunstancias particulares pueden justificar la suspensión
transitoria del ejercicio de algunos derechos civiles. Pero hay
derechos que tocan la dignidad misma de la persona humana, y
ellos son absolutos e inviolables. La Iglesia debe ser la voz
de todos y especialmente de los que no tienen voz.
(84) Doc. II - V
bis nº 4
La condición
básica para una convivencia pacífica es la plena vigencia del
estado de derecho, en el que la Constitución y la Ley sean una
garantía para todos. Por eso nos interesa que se esté
elaborando rápidamente un nuevo texto constitucional. Y por eso
estimamos oportuno que entre tanto el Gobierno haya publicado
una Declaración de Principios. Su inspiración explícitamente
cristiana es valiosa, y estimamos que, no obstante ciertas
insuficiencias en la formulación del ideal cristiano para la
vida social y política, ella constituye una base para orientar
la acción cívica y social en esta situación de emergencia.
(85) Doc. II - V
bis nº 4
Ojalá que todos,
gobernantes y gobernados, se atengan fielmente a su espíritu en
la búsqueda del bien común. Pero somos los primeros en desear
que los principios cristianos sean incorporados a la
Constitución de nuestra Patria en virtud de la libre aceptación
de nuestro pueblo y después de una discusión en que todos los
ciudadanos puedan participar activa y conscientemente.
(86) Doc. II
- V bis - conclusión
Nos asiste la
esperanza de que nuestras palabras van a ser bien acogidas, no
sólo por los católicos sino también por todos nuestros hermanos
cristianos y asimismo por los que no lo son. Y le pedimos a
Dios que ellas contribuyan al bien de Chile, que es lo único que
nos ha movido al escribirlas.
(87) Doc II -
V nº 6
Quiera Dios, que
dejando a un lado las pasiones que nos perturban esta
Declaración sea recibida por todos los hombres de buena voluntad
como una exhortación a alcanzar un ideal de justicia, equilibrio
y sano entendimiento en nuestra convivencia social.
(88) Doc. II
- V nº 5
Finalmente,
queremos hacer presente, a quienes lean esta Declaración en el
extranjero, que ella refleja una situación que atañe sólo a los
chilenos, quienes estamos ciertos, que, a pesar de nuestras
diferencias, sabremos resolver nuestros propios problemas y no
deseamos por ningún motivo que personas extrañas a nuestra
Patria no respeten nuestra Independencia, mezclándose
indebidamente en nuestros asuntos y les pedimos encarecidamente
hagan confianza en los chilenos, que como lo demuestra su
historia, también esta vez sabrán construir una sociedad libre y
respetuosa de los derechos de todos.
(89) Doc. II
- V nº 5
Porque hemos
debido tocar temas delicados, queremos advertir, sobre todo a
los extranjeros que la situación chilena es incomprensible si no
se tiene en cuenta el estado caótico y de enorme exacerbación
pasional que existió durante el Gobierno anterior. Tampoco se
puede entender la situación actual, sino se tiene en cuenta la
resistencia armada que aún ahora subsiste de parte de algunos
políticos contrarios al actual gobierno; resistencia que nos
parece del todo inútil e inmensamente dañina para nuestra Patria
y para muchas personas que vienen a ser las víctimas de las
pasiones políticas descontroladas.
(90) Doc. II - V
bis nº 4
Existen dos
actitudes fundamentales que no pueden estar ausentes en quienes
creen en el Evangelio; dos actitudes que al restaurar la
confianza perdida hacen posible un futuro de paz; dos actitudes
que vuelven a conferir toda su estatura al hombre que las
encarna.
a) Es necesario
pedir perdón, actitud ineludible en quien es consciente de haber
defraudado al hermano, no sólo a través de una ofensa positiva,
sino también a través del amor que no supo ofrecer en el momento
requerido.
b) Es necesario
saber perdonar a quien nos ha ofendido. Perdonar al enemigo,
orar por quien nos persigue y bendecir a quien nos maldice (cf.
Luc. 6.27-28), no son palabras hermosas escritas para conmover a
quien las lee, sino la única manera posible de fundar una
convivencia estable.
(91) Doc. II
-1 nº 5
¿Qué significa no
tener alma de vencido?
Significa también
y en primer lugar perdonar y pedir perdón. Uno solo no tuvo
necesidad de pedir perdón. El que dijo: “¿Quién de Uds. puede
acusarme de algún pecado?”
Significa
reconocer que no todo lo que uno pensó, dijo o hizo fue siempre
justo o siempre bueno.
Significa
reconocer que tal vez en otro tiempo uno hizo sufrir,
queriéndolo o no queriéndolo.
Significa pensar
que los grandes ideales por los que muchos lucharon , la
promoción de los pobres, la igualdad entre todos, la justicia
para todos, la participación de todos, la felicidad al alcance
de todos, son metas imperecederas que se pueden lograr por
diversos caminos, que no son exclusivos de unos pocos, que son
el patrimonio del pueblo chileno, la fuerza invencible que anima
su historia.
Significa aceptar
que más allá de algunas ideologías a veces equivocadas, a veces
incompletas, a veces ilusorias, esté la verdad - plenamente
alcanzada - pero siempre ardientemente buscada, con apertura con
humildad y con caridad, en el respeto y con la ayuda de los
demás.
Significa por fin
creer, que la verdad no se sirve solamente con el poder, sino
también con el estudio, la reflexión, la palabra
persuasiva, el testimonio convincente.
Octubre de 1974.
PONTIFICIA
UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE
INSTITUTO DE
CIENCIA POLÍTICA.
Un lector atento encontrará
una discrepancia entre la presentación del Cardenal en
la cual afirma "la vigencia del derecho en nuestra
Patria" (37) y en lo que acabamos de analizar del texto
que se presenta. Ello se explica porque la presentación
fue hecha después del texto y como consecuencia de poner
en conocimiento al Sr. General Augusto Pinochet antes
de ser publicado. Al parecerle Cardenal quiso evitar un
mal uso del documento en el extranjero.
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