Ataliva AMENGUAL
 

 

 

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ENSAYO DE FUNDAMENTACIÓN

DEL TRABAJO SOCIAL

 

 

ÍNDICE                                                                                                                    

 

INTRODUCCIÓN

PROBLEMAS

TECNOLOGÍA

EL TRABAJO SOCIAL COMO DISCIPLINA TECNOLÓGICA

IV. OBJETO Y OBJETIVO DEL  TRABAJO SOCIAL  

 

INTRODUCCIÓN

 

Este trabajo es uno de los tantos producidos por la Escuela de trabajo Social en su permanente reflexión sobre la disciplina, la profesión, su enseñanza-aprendizaje,etc.. Sin embargo tiene algunas características especiales por cuanto se ha tratado de estructurarlo en función de la petición que la Escuela de Trabajo Social hace a la Vicerrectoría Académica respecto a la política de títulos y grados que esta Escuela cree oportuno y adecuado concretar.

 

Las condiciones aludidas hacen que el documento tenga ciertas exigencias y límites respecto a la cualidad de tratamiento de los temas, a la elección de los tópicos, a su estructuración, a su extensión, etc.

 

Se han seleccionado ciertos aspectos que parecen los más relevantes para el objetivo, que son de tratamiento habitual pero que no agotan la temática del continuado proceso de reflexión de la Escuela.

 

Por otra por otra parte lo que aquí se dice es expresión de un corte temporal en un proceso que hace tiempo comenzó y que seguirá más allá del presente. Los límites de espacio y tiempo establecen una necesaria y oportuna limitación a lo que sería un proceso un proceso inacabable de dilucidación y fundamentación de nuestra disciplina.

 

Si –como creemos- damos cuenta fundada –aunque siempre perfectible- de los objetivos, objetos y procedimientos de nuestra tarea, pensamos que satisfacemos los lógicos y legítimos requerimientos de fundar las proposiciones que sobre títulos y grados estamos presentando a la Vicerrectoría.

 

 

FUNDAMENTACIÓN DEL TRABAJO SOCIAL

 

I. PROBLEMAS

 

Quien emprende la tarea de fundamentar el Trabajo Social en cuanto a sus objetivos y métodos y a su nivel disciplinario y desea defender su derecho a la existencia como quehacer universitario que se expresa en la docencia, la investigación como funciones esenciales de la universidad se ve frente  a un sinnúmero de adversarios y también de defensores cuyas posiciones surgen de la práctica o de puntos de vista lógicos, epistemológicos, ideológicos, etc.

 

A) 

 

a) Una primera postura, que podríamos denominar “misológica”[1]reclama una autonomía de la práctica y rechaza toda elaboración teórica, científica de la actividad de modificación de la realidad social. Sin duda, este rechazo cubre un amplio rango que va desde el rechazo manifiesto –a veces violento y despreciativo respecto a todo esfuerzo teórico, hasta aquel rechazo que se manifiesta en una sistemática indiferencia o en una permisiva tolerancia no exenta de lástima para los intentos de teorizar.  En buenas cuentas este posición se funda en un cierto optimismo cultural que hace que quien lo experimenta confíe de manera exclusiva en los inventos imprevistos, en las ocurrencias oportunas e inesperadas en la intuición de los que tienen "experiencia práctica".  La disposición y capacidades para la práctica como la capacidad de improvisación son valores apreciados; el tanteo es al modo típico de actuación y por la tanto la alternancia de aciertos y fracasos es algo connatural a dicho modo de enfocar el trabajo social.  Las responsabilidades éticas y morales respecto a las consecuencias que puedan producir este tipo de actuación no suelen considerarse porque, puede pensarse, sería un ejercicio teórico inconsistente con la postura adoptada. No es extraño que dentro del conjunto de personas que así piensan, prospere el dilentatismo y se cultive un orgullo practicista que suele vestirse con nombre que designan  posturas teóricas, como suele suceder con la palabra “pragmatismo”. En resumen se desprecia y hasta se ataca todo lo que aparezca como abstracto, teórico y todo aquello que pretenda una actitud metodológica. Hay otras motivaciones y causas para que esta postura sea sostenida por muchos, entre los cuales, también, se encuentran trabajadores sociales. Por ejemplo en muchos casos este aprecio exclusivo o casi  exclusivo por la prácticas un efecto retardado de ciertas etapas iniciales del Servicio Social que permanecen anacrónicamente presentes en las conductas de algunos trabajadores sociales. Muchas veces este anacronismo no es imputable a los trabajadores sociales que así se comportan, sino, más bien, a las propias Escuelas de Trabajo Social que los formaron y a la falta de posibilidades de perfeccionamiento permanente que acusa el medio en el cual viven.

 

También -algunas veces-  puede observarse que este apego a la práctica es fruto de una reacción -quizá poca reflexiva- frente a ciertas corrientes que llegan a ser enajenantes por abstractas, o por sólo dar lugar a un discurso pseudocientífico que se cierra sobre sí mismo y que no permite derivar consecuencias para la descripción, explicación y predicción y mucho menos para la modificación racionalmente fundada de la realidad social.

 

Quizá también muchos de los trabajadores sociales han sufrido las consecuencias de un desface entre las enseñanzas abstractas y a veces teóricas, recibidas y su práctica profesional lo que los ha invitado a considerar muchos esfuerzos realizados por los trabajadores sociales -,profesores de las Escuelas de Servicio Social- como inútiles, cuando no perjudiciales elucubraciones. Que éstos profesionales fustiguen a dichos profesores y Escuelas, si bien, no puede siempre justificarse si puede comprenderse.

 

En todo caso estas tensiones entre docentes y trabajadores de campo o de terreno son comunes a muchas profesiones que se aplican a la modificación de la realidad social.

 

En nuestra opinión las posiciones que se atacan, algunas veces, quizá muchas veces, merecen el ataque no por teóricas sino precisamente por pretender ser teóricas sin serlo.

 

Lo que sí no merece duda es que si el Trabajo Social es una mera práctica no se ve que pueda tener cabida en la universidad, pues de lo contrario toda práctica humana debería estar en la universidad. Claro está que los universitarios responsables se opondrán a que el Trabajo Social -concebido como mera práctica- se institucionalice en la universidad. Por el otro lado, los propios trabajadores sociales no verán – en la medida que conciban su trabajo como exclusivamente práctico- ninguna necesidad y sí muchos inconvenientes para que el Trabajo Social sea una disciplina universitaria.

 

He aquí, pues, una primera fuente de problemas y objeciones para aceptar la institucionalización del Trabajo Social en la universidad.

 

Hay otra postura que concibe el Trabajo Social como una práctica técnica, es decir, como una práctica racional orientada a modificar la realidad social. La racionalidad de la técnica implica –en este caso- que la acción se ejecuta de acuerdo a un sistema de reglas de operación que aseguren la eficacia, concebida ésta como un procedimiento que permite lograr de manera óptima el objetivo propuesto, en el menor tiempo y con el menor costo.

 

Podrá observarse que para muchos el hecho de que un quehacer alcance el nivel técnico no implica necesariamente una institucionalización muy formal. Hay quienes recuerdan las tradiciones técnicas de muchas culturas, que si bien suponen cierta institucionalización cultural, en ningún caso parecen exigir una organización de la complejidad que manifiesta una universidad. En razón de lo anterior, argumentan –no sin razón- que el Trabajo Social entendido como técnica y su enseñanza no requieren de estar institucionalizados en la universidad.

 

Hay quienes admitiendo que el Trabajo Social es una técnica, piensan, sin embargo, que el trabajador social requiere de una formación que trascienda la exclusiva enseñanza técnica, pues no conciben que un trabajador social pueda “instrumentalizarse” para cualquier proyecto social. La filosofía, valores o ideologías subyacentes a los proyectos sociales y la capacidad de analizarlos, consideran, debe ser materia de trabajo metódico en la formación del trabajador social. Aunque no exclusivamente como lo muestra el desarrollo de la disciplina y la profesión, esta tarea podría cumplirse adecuadamente en una universidad.

 

Otros, por la misma vinculación del Trabajo Social con filosofías, valores e ideologías postulan precisamente que el Trabajo Social no debe estar institucionalizado en la universidad. Algunas maneras difundidas de actuar –en algunas partes y en algunas épocas- de los trabajadores sociales han reforzado la impresión de que más que técnicos son agitadores políticos o agentes ideológicos (que operan a favor o en contra de un determinado sistema sociopolítico imperante).

 

Es obvio que lo anterior no sólo supone una determinada concepción del Trabajo Social sino también de la universidad. Una universidad concebida de manera profesionalizante no suele plantearse explícitamente el problema de las filosofías, valores e ideologías subyacentes a los diversos quehaceres técnico-profesionales.

 

Sin duda, hay aspectos que hacen complejo el problema de las relaciones del Trabajo Social concebido como técnica y la conveniencia de ser institucionalizado en una universidad. Quizá es prudente explicitar los supuestos acerca de los términos de la discusión si no se quiere que la discusión sea estéril. Hay equívocos como el de suponer que hay una sola manera de concebir la universidad, o el de identificar las técnicas del Trabajo Social con las actividades del trabajador social, etc. Como se ve esta segunda vertiente es generosa en problemas y obstáculos.

 

La tercera postura es la que concibe el trabajo Social como ciencia social aplicada. Aquí aparecería más claro que el trabajo Social fuese institucionalizado en la universidad. Sin embargo, para otros,  no es tan claro que todas las aplicaciones posibles de una o varias ciencias deban tener un lugar en la estructura académica de la universidad, entre otras casas porque estas son -en principio- indeterminables o indefinidas, por lo menos a priori.

 

d)  Asimismo hay quienes postulan la no identidad entre la ciencia aplicada y la tecnología aunque acepten cierta analogía entre ambas.

 

Un aspecto distintivo sería la distinta orientación del proceso, pues en el caso de la ciencia aplicada se parte de un conocimiento acumulado y se buscan problemas para los cuales este conocimiento proporcionaría una solución o fundamento para una solución.

 

Desde la perspectiva de la tecnología se partiría de ciertos problemas y va buscaría en el conocimiento teórico acumulado aquel conocimiento necesario y suficiente para la solución del problema o los problemas.

 

En este caso no sólo cuenta el conocimiento expresado en las teorías científicas y sus aplicaciones, sino que también se apela a las teorías tecnológicas.

 

Se podrán aludir a otras diferenciase pero en realidad lo que interesa subrayar es que quienes hacen esta distinción postulan que no sería suficiente institucionalizar en la universidad la ciencia, sino que se requiere de un reconocimiento y lugar institucional en ella para la tecnología como realidad disciplinaria distinta.

 

De lo anterior se sigue como consecuencia que no bastaría con la institucionalización en la universidad de las Ciencias Sociales, sino que se requeriría que también se institucionalizaran las tecnologías sociales tales como el Trabajo Social.

 

e)  Finalmente hay quienes piensan que la institucionalización del Trabajo Social en tan número de universidades en el mundo, supera, un fundado y generalizado consenso que en ningún caso se puede descalificar y que más que intentar argumentar en pro de la institucionalización del Trabajo Social en la Universidad habría que requerir -a quienes se plantean el problema- cuáles son los fundamentos para cuestionar algo que ya forma parte de la tradición universitaria hasta el punto de que en un gran número de universidades, existe no sólo institucionalizado al Trabajo Social, sino que se otorgan los más altos grados académicos además del título profesional.

 

A este propósito puede verse el final de esta parte dedicado a los programas de  postgrado de las Escuelas de Servicio Social en el mundo.

 

Un segundo núcleo de problemas -no pocas veces implícitos- está relacionado con la concepción de la universidad.

 

Sin duda, son muchas las concepciones posibles o históricamente observables respecto a la universidad.

 

Es bastante claro que la pertinencia de institucionalizar el Trabajo social en una universidad depende no sólo de la concepción que se tenga de la universidad.

 

Creemos que no es la oportunidad para entrar en un análisis de las diversas concepciones de la universidad. Creemos oportuno de manera asertiva y no exclusiva limitar nuestros problemas a considerar si la perspectiva del Trabajo Social, tal cual la postula la Escuela de trabajo Social, permite afirmar que posibilita en la Universidad Católica –tal cual es concebida hoy- una institucionalización congruente y equivalente al de otras disciplinas y profesiones ya institucionalizadas en la Universidad Católica.

 

Nos parece, pues, que primero hay que dilucidar –para plantear- como se autodefine la Universidad Católica y para ello creemos adecuado citar lo que nos dice en la página 31 del Catálogo General (1979-1980) de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en primer lugar respecto de los objetivos:

 

“ La Pontificia Universidad Católica de Chile tiene como objetivos primordiales: Preparar jóvenes para la investigación científica; formar profesionales de las Artes, de las Ciencias, y de la Tecnología, mediante una instrucción superior adecuada a su fin y una educación moral basada en los principios del catolicismo; y promover el cultivo de las Letras, las Ciencias y las Artes y su difusión en el país”. [1]

 

Como es lógico inmediatamente se pasa a señalar las funciones a través de cuyo ejercicio se pretende obtener los objetivos mencionados.

 

“En conformidad a esta misión, la acción de la Universidad se encuentra orientada hacia tres funciones.

 

Formar profesionales de máxima capacitación científica, tecnológica y humanística requeridas por el país.

Atender a las necesidades del desarrollo científico y tecnológico del país, creando las condiciones adecuadas para la existencia de la investigación en el nivel más alto posible. La asignación de prioridades en esta área está dada por el por el criterio de conjugar las necesidades de la Universidad, en cuanto a la investigación debe servir de soporte de la docencia, con las necesidades del país.

 

Difundir los valores y resultados de la ciencia y otros, de modo que la Universidad con su presencia en la sociedad contribuya a un mayor enriquecimiento de la vida nacional.

 

De estas tres funciones, las dos últimas nos preocupan en forma preferente, por cuanto, la función docente se realiza a través de las diferentes carreras y programas académicos que se imparten en la Universidad; cada una de estas carreras está constituida por un conjunto de experiencias caracterizadas por una cierta continuidad, secuencia e integración que permiten al estudiante obtener la formación adecuada tanto para su desempeño profesional como para su desarrollo personal”. (Ibid.)

 

Por lo dicho parecería que la función no preocupa tanto como las otras dos señaladas, al tenor de lo que se acaba de leer.  Esto no es tan claro si se tiene en cuenta el párrafo inmediatamente siguiente que citamos a continuación:

           

“Sin embargo, los estudios y las acciones llevados a cabo por la Vice-Rectoría Académica han detectado, en relación a esta materia, la existencia de carreras profesionales y grados académicos que no se ajustan totalmente a los objetivos de la Universidad”.

 

Parece adecuado que en una institución como la Universidad se plantee metódicamente y prudentemente la pregunta acerca de si las carreras y grados académicas que ofrece se ajustan a loa objetivos que ella se propone obtener.  Creemos que este análisis no debe excluir a priori ninguna de las actividades que se realizan en la Universidad; ninguna de las actividades docentes, ni cualquiera otra que se ejecute en la Universidad.

 

Lo anterior lleva, pues, a preguntarse si la carrera  de Trabajo Social en la Universidad Católica, se  ajusta  a los objetivos de dicha Universidad.

 

Quizá para plantearse más específicamente esta pregunta es oportuno tener en cuenta que en el capítulo dedicado a la política de docencia que estamos citando se señalan algunos aspectos que serían causa de que carreras y grados académicos no se ajusten a los objetivos de la Universidad.  Se indica que:

 

"El análisis curricular de la Universidad, a través del sancionamiento curricular de los últimos tras años, demostró que, por una parte, tenemos currículos muy rígidos que no permiten lograr los objetivos en cuanto a la formación universitaria integral que la Universidad pretende dar al alumno, y por otra parte, currículos que están estructurados en su mayor parte por cursos de currículo complementario, lo que origina una excesiva flexibilidad, perjudicando con ello la formación científica, tecnológica o artística del alumno. En efecto, los cursos ofrecidos  por las distintas unidades académicas corresponden al currículo mínimo u optativo de ellas y no son de interés general para los estudiantes de otras unidades académicas. También de estos estudios se desprende que la falta de objetivos claros y de reglamentación en el currículo complementario (optativo y facultativo) ha sido causal de una excesiva dispersión en la selección de curso por parte del alumno (afectando su formación universitaria) y de una prolongación innecesaria de sus estudios sin lograr proporcionarle una formación integral. Esto ha traído como consecuencia que el régimen curricular flexible se convirtiera en un fin en sí mismo y no en una herramienta docente importante”.

 

Obviamente lo anterior permite preguntarse si el currículo de la escuela de Trabajo Social cae en alguno de los defectos anotados. Por otra parte la propia Universidad “A raíz de esta situación, se ha considerado oportuno esbozar una política académica que seleccione e integre los tres objetivos centrales de la Universidad. Una política de docencia que oriente los programas de estudio de las diversas carreras para el eficaz logro de los objetivos mencionados, y por otra parte, un conjunto de normas curriculares que señalan los requisitos mínimos de estructura curricular de las carreras”:

 

A través de la política de docencia pretende.... "expresar los objetivos de la Universidad en relación a la formación del alumno a través de estudios de nivel universitario o superior, conducentes a un grado o título profesional".

 

Respecto al currículo...

 

"Lo expuesto anteriormente ha llevado a la Vicerrectoría Académica a plantear una redefinición de lo que se entiende por currículo complementario dándole a éste una finalidad determinada y consecuente con los objetivos de la Universidad. Si se considera que el currículo mínimo pretende dar una formación básica pero no suficiente, el currículo complementario, como su nombre lo indica, debiera estar orientado por una parte a complementar el currículo mínimo y por otra, a proporcionar una formación coherente, profunda e integral a los alumnos”.

 

Para que la política de docencia sirva como criterio referencial para analizar la actividad de la Escuela de Trabajo Social, parece oportuno –más aún necesario- dilucidar qué se quiere decir con estudios universitarios o de nivel superior. En el mismo documento, ya citado, tenemos una respuesta a esa interrogante cuando se escribe:

 

“Se entenderá por tales estudios aquellos que consideren un nivel profundo y riguroso y, por otra parte, posean una coherencia tal que permitan proporcionar una formación integral inspirada en los principios católicos que guían la Universidad.

 

Por nivel profundo y riguroso de los estudios se entenderá aquella preparación que proporciona al alumno un dominio tal de determinadas ciencias y disciplinas que le permitan hacer buen uso de los conocimientos adquiridos, analizar y solucionar problemas científicamente, como también hacer aportes en el área de su preparación

 

Por coherencia se entenderá la integración lógica y consistente de los programas de estudio, de modo que le permitan al alumno visualizar la relación existente entre las diversas ciencias o disciplinas que conforman su preparación universitaria.

 

Finalmente se entenderá por formación integral aquellos contenidos históricos, epistemológicos, axiológicos de los programas de estudio que aunque no relacionados directamente con las disciplinas o ciencias que conforman un grado académico o un título profesional, tenderán a proporcionar al alumno una formación cabal e integral de su persona”.

 

Estas características normativas se postulan de manera general para todas las actividades de estudio, como queda claro en el párrafo que citamos a continuación:

 

“Se propone que esta Política Académica, así enunciada, se contemple en los programas de estudio conducentes tanto a un grado académico como a un título profesional”.

 

Lo expresado anteriormente establece una distinción entre grado académico y título profesional que nos permite plantear aspectos problemáticos respecto a la institucionalización del Trabajo Social en la Universidad Católica de Chile.

 

Cabe preguntarse qué se entiende por grado académico. El propio documento nos proporciona la respuesta:

 

“...como aquél que sanciona estudios sistemáticos y metodológicos en ciertas áreas del conocimiento que significan un desarrollo de la capacidad intelectual y creativa del alumno”.

 

Y respecto a título profesional nos dice a continuación:

 

“...por título profesional, aquel que acredita la aprobación de un programa coherente de estudios universitarios en que es combinan armónicamente el conocimiento científico, la destreza artística, el dominio técnico de un área determinada y su aplicación a la solución de problemas prácticos en ella".

 

De los párrafos citados anteriormente surgen ciertas consideraciones que nos parece oportuno expresar, las consecuencias que de ello se sigue para el Trabajo Social como disciplina, profesión y para la Escuela de Trabajo Social.

 

Cuando se habla de “título profesional” se anota que”(...) acredita la aprobación de un programa coherente de estudios universitarios(...)”, etc.

 

Anteriormente se había definido por estudio universitario “(...) aquellos que consideren un nivel profundo y riguroso y por otra parte, posean una coherencia tal que permitan proporcionar una formación integral, inspirada en los principios católicos que guían la Universidad”.

 

Aparece con claridad, pues, que los estudios profesionales implican lo mismo que cualquier otro estudio universitario. La conclusión anterior podría parecer, quizá, como una incapacidad de interpretar analógicamente las proposiciones sobre los títulos universitarios, pero –por si hubiese duda- se nos ha aclarado que “se propone que esta Política Académica, así anunciada, se contemple en los programas de estudio conducente tanto a un grado académico, como a un título profesional”.

 

Nos parece, pues, que podemos afirmar fundadamente que los estudios conducentes a un grado o título no se diferencian –muy por el contrario- se identifican en cuanto a su naturaleza de universitarios, de acuerdo a los criterios expresados por la propia Universidad Católica.

 

En el caso de los grados académicos se deben realizar “(...) estudios sistemáticos y metodológicos en ciertas áreas de conocimiento que signifiquen un desarrollo de la capacidad intelectual y creativa del alumno. Queda claro que el objetivo es el conocimiento y el desarrollo de la capacidad intelectual y creativa del alumno.

 

En el caso del título profesional se trata de “(...) estudios universitarios en que se combinen armónicamente el conocimiento científico, la destreza artística, el dominio técnico de un área determinada y su aplicación a la solución de problemas prácticos en ella.”

 

Queda claro que aquí, además del conocimiento de la realidad –especificado, además, como científico- lo que se busca es la modificación útil de la realidad: la solución de problemas prácticos.

 

Hay ciertos aspectos de la política académica que deben ser reflexionados más detenidamente para poder usarlos como criterio para analizar el Trabajo Social, como disciplina, profesión y para enjuiciar la tarea de la Escuela de Trabajo Social.

 

Si los estudios aseguran su naturaleza sistemática y metódica (procedimiento) y se orientan a ciertas áreas del conocimiento (objeto) dando por resultado el desarrollo de la capacidad intelectual y creativa del alumno (objetivo), dichos estudios satisfacen las exigencias –una vez aprobados- para que se otorgue un grado académico.

 

Si no hay sistematicidad y método, o faltan las áreas de conocimiento (que es lo que diferencia –desde el punto de vista del objeto- a las diversas disciplinas) o, finalmente, no desarrollan la capacidad intelectual y creativa del alumno, no se cumpliría con los requisitos para que la actividad permitiese la obtención de un grado académico.

 

La concepción del Trabajo Social como tecnología –tal cual lo explicitaremos más adelante- satisface los requisitos aludidos y por tanto puede proporcionar un grado académico.

 

Si -por otra parte- se combinan armónicamente el conocimiento científico, las destrezas artísticas, el dominio técnico, es decir, el conocimiento científico y técnico con la capacidad de operar eficazmente (procedimiento) sobre un área determinada (objeto) con el fin de solucionar problemas prácticos (objetivo), la actividad de estudio permitiría acceder a un título profesional.

 

Es de destacarse que la “combinación armónica” que se requiere de esos elementos alude al modelo de conducta tecnológica y a la propia estructura de las proposiciones nomopragmáticas de la tecnología. Si se tiene en cuenta que en nuestro caso se concibe el Trabajo Social como tecnología es obvio, que los estudios de la Escuela de Trabajo Social conducen no sólo a un grado sino a un título profesional de acuerdo a las definiciones propuestas por la Universidad Católica.

 

II. TECNOLOGÍA

 

Lo dicho anteriormente nos conduce a tener que dilucidar los conceptos constitutivos de la tecnología, en cuanto disciplina, de las condiciones para su constitución y para su desarrollo. Ello equivale a realizar una crítica epistemológica de la tecnología y del Trabajo Social como una especie de ella.[2] [3] [4]

 

Sin duda la “tecnología” es una “conducta”, es decir, un caso particular de intercambio entre el mundo exterior y el sujeto, ya sea un intercambio fisiológico (material) o psicológico (funcional) [5], pero es un determinado tipo de conducta es una “acción”, es decir, una conducta que apunta a un objetivo desde el punto de vista del sujeto considerado. Conducta observable exteriormente, inclusive por interrogación clínica[6].

 

En el conjunto de acciones que desarrollaremos los seres humanos podemos distinguir dos clases:

 

La primera está constituida por las actividades dirigidas a conocer. El hombre conoce cuando logra obtener una representación intencional del objeto, es decir, conoce a través de conceptos. Si bien hay posibilidades de otros conocimientos, éste, el conceptual parece ser  el conocimiento típicamente humano. En el intento de conceptualizar el hombre trata de representarse el objeto tal como es; en otras palabras,  intenta que la representación sea adecuada al objeto. En este caso, pues, la relación de adecuación tiene dos términos: el sujeto que conoce y el objeto conocido. El sujeto se adapta al objeto; intenta representarlo adecuadamente y para ello el sujeto es el que se modifica tratando de no introducir cambios en el objeto. La relación eminentemente[7]se orienta del objeto al sujeto.

           

La segunda clase de actividades son orientadas a hacer cosas. El hombre para subsistir y desarrollarse, necesita de los objetos que lo rodean y es por eso  que se relaciona con ellos y trata de adaptarlos a sus necesidades, trata de adecuarlos para que le sean útiles. Como en el primer tipo de actividades, también aquí hay una relación de adecuación entre el sujeto y el objeto, pero en este caso el que se adapta o adecúa es el objeto; la relación se orienta eminentemente del sujeto al objeto. El sujeto tiene una idea de cómo sería útil para él el objeto y actúa, en consecuencia, eficientemente sobre le objeto para modificarlo de acuerdo a esa idea.

 

 

Lo anterior nos muestra que la orientación de la relación de adecuación es inversa cuando se comparan las actividades orientadas al conocer con las orientadas al hacer.

 

La relación de perfecta adecuación en el conocimiento la llamamos verdad y la relación de perfecta adecuación en el hacer la nombramos eficiencia.

 

Por eso es que afirmamos que la eficiencia no es criterio de conocimiento, ni la verdad criterio suficiente de eficiencia. Una afirmación, teórica o no, puede ser eficiente y a la  vez falsa, o ser eficiente y a la vez verdadera, o ser ineficiente aunque verdadera, o ser ineficiente y falsa al mismo tiempo.

 

CONOCIMIENTO COMÚN Y HACER COMÚN

 

En el esfuerzo, común a todos los hombres, por conocer se logra lo que habitualmente se llama conocimiento común o vulgar. Este conocimiento se genera normalmente a partir de generalizaciones empíricas, o inducciones, estas inducciones y sus consecuentes generalizaciones resumen hechos observados o inferidos de la vida cotidiana. Este conocimiento común no implica previamente ningún conocimiento especializado, más aún, en el lenguaje común, conocimiento  común y especializado se suelen oponer de manera excluyente, asimismo, puede observarse que el conocimiento común no suele ser sistemático y sí muy frecuentemente es incoherente. El conocimiento común tiende normalmente a eliminar la problematicidad de la vida cotidiana para dejar expedito el camino al actuar diario.

 

Comparando ambos grafismos tenemos:

 

 Los problemas se eliminan porque constituyen obstáculos para la acción. Pero eliminar problemas no es solucionarlos. El conocimiento es visto como un instrumento eficaz que permite al hombre actuar eliminando problemas, se trata de eliminar el mayor número de problemas y hacer el máximo de cosas con el mínimo de conocimiento.

 

El conocimiento común arraiga en la experiencia común y cotidiana. Esta vinculación a la percepción inmediata lo encadena al mundo de la percepción y le impide trascenderla. Tal es así, que cuando trata de trascender la experiencia inmediata, se cae normalmente en el mito o la pseudociencia.  Así la trascendencia que consigue es a costa de la razón.

 

Pero sólo hay una actividad cognoscitiva común, también podemos observar una actitud orientada a hacer común a todos los hombres y que vulgarmente llamamos: práctica.  Ya los griegos entendieron la práctica (praxis) como la acción de llevar a cabo algo, un asunto, como lo que era adecuado para una transacción o negocio.  Así como en las actividades cognoscitivas hay un conocimiento común, así en las actividades orientadas a hacer hay una hacer común o práctica. Cuando se actúa de manera práctica se procede solamente sobre la base del conocimiento que proporciona la relación inmediata de manipulación de las cosas o procesos; los criterios que imperan son los del ensayo y error; el tanteo, y en el mejor de los casos se asegura la eficacia pero no la eficiencia[8].

 

Ambas actividades, el conocer y el hacer comunes, producen lo que habitualmente llamamos cultura popular.  Es conveniente subrayar que estas dos relaciones de los hombres con los entes no deben predicarse sólo respecto a las relaciones de los hombres con los entes no deben predicarse sólo respecto a las relaciones de los hombres con los entes no humanos, sino también a las relaciones de los hombres entre sí, relaciones que conforman, aunque no exclusivamente, el universo sociocultural.  Así por ejemplo, las relaciones implicadas en los procesos de enseñanza-aprendizaje en la familia.

LA RACIONALIZACIÓN DE LAS ACTIVIDADES

 

El conocer y el hacer comunes pueden racionalizarse. Llamamos actividades racionales aquellas que han alcanzado un grado máximo de adecuación a una finalidad preestablecida y que persiguen finalidades que han sido escogidas haciendo uso deliberado de conocimiento relevante.  Por consecuencia diremos que una actividad es racional no sólo cuando maximiza la medida en que lleva a lograr una finalidad, sino cuando también la propia finalidad perseguida, lejos de ser aceptable irracionalmente, es justificada por el mejor conocimiento disponible.

Es necesario la afirmación anterior para que no se caiga en la ilusión reduccionista que sólo concibe la racionalidad como una mera adecuación de los medios a los fines.

 

Racionalizar el conocer y el hacer no elimina las diferencias entre ellos, diferencias que hemos señalado anteriormente.

 

Cuando se procede de manera racional decimos que se actúa metódicamente. El método es el conjunto de procedimientos racionales de acción. 

 

Cuando se actúa aplicando plenamente procedimientos racionales y eliminando los que no son, decimos que se es riguroso.

 

Cuando el rigor se transforma en la norma conductual de un grupo que se dedica a actuar respecto a un objeto usando teorías y produciendo como consecuencia una acumulación de conocimientos o efectos vemos que el rigor se ha institucionalizado y es cuando se lo llama: disciplina.

 

Así pues, decimos que la disciplina es el rigor institucionalizado.  La disciplina como perfección de la actividad racional influye en la manera como el mundo se refleja en nuestra conciencia y también influye en nuestro comportamiento respecto al mundo para modificarlo.

LAS DISCIPLINAS DEL CONOCER

 

Las actividades orientadas a conocer, que han logrado un nivel disciplinario se caracterizan por poseer el conocimiento en forma de teorías y los procedimientos en forma de método.

           

La teoría es un conjunto lógicamente coherente de proposiciones.  Dentro del conjunto de proposiciones que incluyen una teoría, las más importantes son los enunciados nomológicos, a los cuales vulgarmente se les llama leyes.  Estos enunciados, valga la redundancia, enuncian las relaciones constantes entre variables relevantes atribuidas a propiedades de un objeto.  La relación de adecuación entre el enunciado nomológico y aquellos aspectos objetivos a los cuales se refiere es el criterio que permite aceptar o rechazar dichos enunciados.

 

Cuando la relación es adecuada decimos que es verdadero y cuando no lo es, decimos que es falso.

 

En las disciplinas que tratan ideas, es decir, las disciplinas formales, la adecuación  requerida es solamente la coherencia lógica.  En cambio en las disciplinas factuales que tratan de hechos, además de la coherencia lógica se  requiere una contrastación empírica.  Entre las primeras tenemos la lógica y la matemática, por ejemplo, y entre las segundas la física, química, etc., esta última diferenciación o clasificación ha introducido un tercer criterio clasificatorio: el objeto.

 

Así pues, teoría, método y objeto nos sirven para clasificar las disciplinas del conocimiento.

 

En sentido estricto llamaremos ciencias a las disciplinas teóricas empíricas o factuales.

 

 

LAS DISCIPLINAS DEL HACER

 

Hemos considerado como se racionaliza el conocer, ahora veremos que el proceso de racionalización también puede aplicarse al hacer.  Al hablar del hacer común o práctica, hemos visto que ella, en el mejor de los casos asegura la eficacia, pero no la eficiencia.  Cuando racionalizamos la práctica logramos asegurar que el hacer no sólo sea, eficaz sino  eficiente.  La eficiencia es la perfección de la eficacia en virtud de la racionalización de la práctica. A la práctica racionalizada la llamamos “técnica ”. Es un modo de hacer metódico y riguroso que una vez institucionalizado lo llamamos disciplina técnica. Es la racionalidad aplicada no a conocer, sino a modificar la realidad y, más aún, a modificarla en el menor tiempo con el menor costo  y de manera óptima. La técnica es pues un sistema de reglas o normas[9]de operación (propuestas por el tecnólogo) que asegura la eficiencia de la acción. Así como el núcleo del sistema de proposiciones en el caso de las disciplinas del conocer eran los enunciados nomológicos que se referían a leyes, en este caso tenemos enunciados pragmáticos  que se refieren a reglas. La relación de adecuación en este caso alude a la capacidad de modificar eficientemente el objeto. En este caso, la relación adecuada es llamada no verdadera, sino eficiente, y la inadecuada, ineficiente. El criterio es la eficiencia no la verdad.

 

 

LA TECNOLOGÍA

 

Hemos tratado de mostrar que eficiencia y verdad son criterios distintos y que dan cuenta de adecuaciones distintas entre el sujeto y el objeto

 

Las distinciones anteriores no nos deben ocultar por otra parte que la ciencia y la técnica si bien son distintas, se encuentran relacionadas de diversos modos. Creemos que es necesario concebir claramente las distinciones y las relaciones antedichas para que la ciencia y la técnica se complementen mutuamente en una dialéctica que posibilite la perfección de ambas.

           

Es necesario, como decían algunos filósofos, "distinguir para unir". Nunca será excesivo quizá, enfatizar la necesidad de distinguir entidades y procesos cuando se quiere integrar. Cuando no se hacen las distinciones, la fusión de las entidades y procesos no acceden a un nivel de complejidad, sino que descienden a un nivel de confusión.

           

Si bien ciencia y técnica, verdad y eficiencia, ley y regla, son entidades distintas, también es cierto que debemos propender a que nuestras actividades satisfagan a la verdad y la eficiencia. Necesitamos que la verdad que poseemos sea eficiente y que la eficiencia se funde en la verdad[10].

           

Sabemos que la verdad puede ser ineficiente y que la eficiencia puede obtenerse limitadamente al margen de la verdad, pero ansiamos que la verdad sea eficiente y que la eficiencia se funde en la verdad.

 

Precisamente el esfuerzo tecnológico es el que trata de efectuar esta síntesis entre la verdad y la eficiencia, entre la ciencia y la técnica, entre los sistemas de reglas y los sistemas de leyes.

 

 

 

 

Para mantener nuestro esquema anterior se ubica como una articulación entre la ciencia y la técnica, su objetivo es modificatorio del objeto y la eficiencia es criterio pertinente a la tecnología, sus enunciados son también pragmáticos. Sin embargo, también sus enunciados son nómicos, es decir, se fundan en leyes y por lo tanto la verdad es también criterio pertinente y por lo tanto, el conocimiento adecuado no le es indiferente.

           

Lo anterior puede parecer ambiguo y quizá confuso, por lo cual es conveniente tratar de dilucidarlo.

 

La ciencia es una actividad orientada a conocer, y como tal produce acumulaciones de conocimientos.

           

La técnica es un sistema de reglas de operación eficaz para modificar la realidad. La tecnología supone la técnica y la usa.

 

La tecnología se funda en esos conocimientos de la ciencia y los usa. La técnica es un sistema de reglas de operación eficiente para modificar la realidad. La tecnología supone la técnica y la usa.

 

La tecnología opera una transformación cualitativa en las reglas técnicas por medio del conocimiento científico. Para que una regla técnica se transforme en tecnológica es necesario que seamos capaces de explicar su eficiencia, es necesario que demos fundamento científico a la eficiencia de la regla. Y explicamos, fundamos científicamente una regla, un enunciado pragmático cuando somos capaces de subsumir la regla en una teoría fenomenológica, o mejor aún, si interpretamos la regla por una teoría representacional. Cuando tenemos un enunciado pragmático (regla), fundado en un enunciado nomológico (ley), hemos accedido a un enunciado nomopragmático (regla tecnológica).

 

Así las leyes dan cuenta de la eficiencia de las reglas.

 

No sólo podemos expresar cómo hay que comportarse  para conseguir e objetivo con eficiencia, sino además sabemos  por qué es eficiente ese modo de comportarse.

           

Desde un punto de vista superficial podría considerarse que el empeño tecnológico es una manera complicada e ineficiente de enfrentar el hacer. La técnica ya nos proporciona reglas, cursos de acción, procedimientos para conseguir un objetivo predeterminado, o si se quiere, de manera más precisa y explícita, una "instrucción para realizar  un número finito de actos en un orden dado y con un objetivo también dado"[11]

 

Además la técnica nos proporciona no sólo reglas, sino reglas que por lo menos  han tenido éxito en una gran cantidad de casos y quizá en un alto porcentaje de ellos.

 

Pero si bien el éxito en la aplicación de la regla es un criterio necesario para juzgar la eficiencia de la regla, no parece que sea suficiente. En muchos casos entre determinadas reglas aplicadas y el evento observado no hay una relación de efectividad, sino de coincidencia. Los eventos son "post hoc", pero no "propter hoc", se dan después de la aplicación de la regla, pero no a causa de la aplicación de la regla.

           

En otros casos la regla funciona a veces y otras veces no.

           

No basta pues una regla, es necesario que sea estable en su eficiencia y además una regla cuya eficiencia pueda ser explicada, de tal modo que excluyamos la mera coincidencia.

           

La eficiencia de la regla no depende de que nosotros podamos explicarla o fundamentarla en leyes. La explicación se requiere para afirmar de manera racional su eficiencia.

           

Además para mejorar su eficacia y hacerla eficiente o para comparar reglas eficientes, pero de diferente eficiencia debemos comprenderlas primero y ello exige fundarlas.

           

Fundar una regla es basarla en un conjunto de fórmulas de leyes capaces de dar razón de su efectividad como lo hemos expresado antes

 

Creemos que las reflexiones anteriores nos permiten suponer relativamente dilucidadas las diferencias de la ciencia, la técnica y la tecnología, pero no sólo las diferencias, sino también algunas relaciones que se dan entre los distintos niveles de acción.

 

Si la tecnología se constituye cuando se fundan en leyes científicas las reglas técnicas, cabe preguntarse cómo proceder para efectuar esa articulación entre ciencia y técnica, entre ley y regla.

 

La ciencia, aún cuando procede en una primera etapa a describir, lo hace teóricamente, y refiriéndose a un modelo conscientemente idealizado de una clase de hechos. Los enunciados de la ciencia se refieren a modelos que son simplificaciones de la realidad. No se refieren a los hechos concretos. Una regla es un modelo prescriptivo para la acción: cuando es una regla técnica, prescribo en función de la eficiencia de la acción; es decir, es un modelo de operación. Se trata entonces de hacer inteligible con leyes científicas el fundamento de la eficiencia del modelo de operación. Es, pues, en el modelo que puedo producir la articulación necesaria y generar la tecnología.

 

Solamente un conjunto de leyes científicas puede dar razón fundada del hecho de que un modelo operatorio funcione y lo haga no sólo, eficazmente, sino eficientemente.

           

La construcción de modelos es, pues, un requisito necesario para la constitución de la tecnología.

 

Quizá, es oportuno señalar que hay algunos modelos que han mostrado especial fecundidad para lograr el objetivo tecnológico.

 

Así por ejemplo, los modelos cibernéticos, los modelos de sistemas y sus variantes, los modelos de comunicación y de aprendizaje son instrumentos de acelerada difusión porque han demostrado su utilidad.

           

Por otra parte, estas idealizaciones de la realidad que son los modelos antes nombrados, son instrumentos usados por personas cuyas dedicaciones son distintas. Así por ejemplo, científicos sociales, periodistas, pedagogos, ingenieros, biólogos, etc., están familiarizados con el uso de los modelos, lo cual permite facilitar la comunicación interdisciplinaria y la necesaria colaboración mutua.

 

Conviene retomar lo que decíamos al fin de la primera parte cuando nos referíamos a que había que destacar que “(...) la “combinación armónica” que se requiere de esos elementos aluda al modelo de conducta tecnológica y a la propia estructura nomopragmática de la tecnología”.

 

Así en cuanto al objetivo apunta a la modificación eficiente de la realidad (en cuanto constituye dicha realidad en objeto de la acción), a una acción con éxito en la práctica[12] pero precisamente por ser ese su objetivo requiere que los actos que se ejecuten sean no sólo racionales en el sentido de que sean máximamente adecuados a un objetivo previamente propuesto, sino también, en cuanto al objetivo y los medios para conseguirlos sean escogidos y realizados mediante el uso consciente del mejor conocimiento relevante disponible[13].

 

Lo anterior es lo que queremos expresar cuando decimos que nos interesa una clase especial de acción racional como lo es la tecnológica, entendida ésta como “la guiada, al menos en parte por la teoría científica y tecnológica”[14]

 

El tecnólogo, por lo tanto, se ve enfrentado  a investigar rigurosamente las teorías que pueden tener relevancia para la acción en cuanto suministran conocimiento sobre los objetos de la acción o en tanto se refieren a la acción misma.

 

Hay, pues, un trabajo teórico que realizar, no sólo en la investigación de teorías propiamente científicas y a como se aplican a situaciones aproximadamente reales constituyendo las teorías tecnológicas substantivas, sino también hay una investigación rigurosa que realizar para constituir teorías que se refieran desde el primer momento a las operaciones de complejos hombres-instrumentos-hombres[15], en situaciones aproximadamente reales.

                       

Es necesario tener conciencia que hay una investigación rigurosa que realizar con el método de la ciencia para lograr que el conocimiento acumulado por un disciplina científica y que se ha constituido en teoría pueda ser aplicado a una práctica. Así, por ejemplo, quien quiera perfeccionar o desarrollar la producción de una industria podrá usar las teorías psicológicas, las cuales no se ocupan directamente de la producción industrial, para aplicar dichas teorías deberá investigar cómo hacerlo y tener criterios para seleccionar de entre el conjunto de teorías psicológicas aquella que mejor se adecúa a su objetivo.

 

Además hay teorías operativas como las teorías del valor, de la decisión, de los juegos, la investigación operacional que tratan directamente de la estimación, la elaboración de decisiones, la planificación y la acción cuyo conocimiento, manejo y aplicación requieren de investigación con el método científico en sus fundamentos, desarrollos y posibilidades de uso.

 

En realidad todas las teorías operativas – que merezcan el nombre de teorías- utilizan el método científico, aunque no utilicen el conocimiento substantivo de la ciencia. Por eso podemos decir de ellas que son teorías de la acción, en cuanto proceden científicamente y son dirigidas al tema de la acción (práctica). El objetivo: la acción (práctica) es  lo que las hace tecnológicas, pero aparte de eso, no difieren grandemente de las teorías de la ciencia[16].

 

Nos parece que lo dicho –aunque incompleto- es suficiente para mostrar que una actividad tecnológica por su propia naturaleza puede conducir no sólo a un título, sino también, a un grado dentro del quehacer universitario.

 

III: EL TRABAJO SOCIAL COMO DISCIPLINA TECNOLÓGICA

 

El trabajo social

 

Pilar Alvariño señalaba que el Trabajo Social pasó "del cumplimiento de una función mas bien asistencial, a una función orientada a capacitar y a organizar a la comunidad para que asuma una posición participativa en la transformación de la sociedad" [17]. Mas adelante señala que la actividad social del trabajador social consistiría en una nueva concepción del Trabajo Social, en "actuar ahora con todos los beneficiarios, adscritos o potenciales del sistema, capacitando y motivando su incorporación a la toma de decisiones que repercuten directamente en el enfoque y calidad de los servicios que se les ofrecen".

 

En el número anterior de la misma Revista[18], en parte del documento básico de la reestructuración de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Católica de Chile, se señala[19] que "el Trabajo Social podría clasificarse como una tecnología".

 

Mas adelante tratando de especificar esta afirmación se dice que "enfrenta y modifica situaciones sociales, enfocándolas como un todo"[20] [21]

 

Se podrían seleccionar de los mismos artículos citados otros párrafos, pero para nuestros objetivos bastan los señalados.

           

Estos esfuerzos de dilucidación manifiestan el dinamismo de una disciplina y la responsabilidad de los profesionales que la ejercitan. Sin duda, estos y otros intentos que podrían mencionarse están dando frutos apreciables para la vida social.

           

Teniendo en cuenta todo lo afirmado, es conveniente señalar la necesidad de seguir en esa línea de indagaciones y reflexiones, pues a pesar de los aportes lúcidos realizados hasta el presente, aun parecen no estar lo suficientemente claros cuales sean los objetos, objetivos y procedimientos del Trabajo Social en el presente. Ello no es característica exclusiva de esta disciplina y de la profesión que de ella se hace. Mas aún, es buena señal que ello ocurra pues manifiesta una sensibilidad y dinámica que permite evitar los anacronismos disciplinarios y profesionales y readecuar las actividades humanas a las situaciones aceleradamente cambiantes de nuestra sociocultura.

 

El Trabajo Social es una disciplina.

 

El trabajo social es o por lo menos aspira a ser una disciplina, o en otras palabras, un rigor institucionalizado.

 

Precedentemente intentamos explicar que entendíamos por disciplina y por que la hacíamos sinónimo de rigor institucionalizado, y decíamos que lo considerábamos rigor por ser un ejercicio metódico pleno. Asimismo en la medida que el rigor se transformaba en la norma conductual de un grupo, decíamos que era institucionalizado.

           

El método lo veíamos como una manera racional de proceder respecto de los fines, los medios y a las relaciones entre medios y fines.

           

Así, de lo dicho se desprende que cuando decimos que el Trabajo Social es una disciplina, o que intenta serlo, estamos aludiendo a que pretende proceder de manera racional, metódicamente y hacerlo de manera plena, y, por otra parte, pretende que esta manera de proceder sea una norma de conducta compartida por quienes se dedican al Trabajo Social.

 

El Trabajo Social es una disciplina social.

 

El segundo aspecto es el que esta disciplina tiene por objeto "lo social". Este término "social" esta insuficientemente dilucidado respecto a su contenido conceptual[22]. Así, por ejemplo, el término, a veces, alude a la "comunidad”[23] o a "todos los beneficiarios, adscritos y potenciales del sistema"[24]; otras veces, el "ámbito de acción" va de la política a la administración y de allí a la comunidad"[25], o es una actividad que "se da fundamentalmente a nivel de las personas y los grupos, si bien es cierto no podrá desentenderse de la acción a nivel de la estructura social"[26]. Se podría aumentar el número de las citas pero probablemente llegaríamos - de todos modos - a decir que "tiene un campo de acción muy amplio al igual que la gama de sus funciones, siendo por lo tanto, difícil lograr una delimitación precisa"[27]

 

Hay nos parece un indicio que permitiría encontrar una vía de mayor especificación cuando se dice que "enfrenta y modifica situaciones sociales enfocándolas como un todo"[28].

 

Las expresiones "situación social" y "como un todo" parecen ofrecer un buen campo para el análisis reflexivo que se orienta a delimitar el objeto de la disciplina, pues por una parte se alude a una categoría abstracta que permite clasificar a los grupos y personas en cuanto miembros de grupo y por otro se enfatiza un modo de enfocar esas entidades como totalidades, lo que por consecuencia exige una comprensión compleja.

 

Lo que sí queda claro es la necesidad de dilucidar el objeto sobre el cual se quiere influir y el aspecto bajo el cual se quiere influir sobre él. El intento de elevar el nivel de racionalidad de una actividad no permite cejar en ese intento por difícil que aparezca y aquí, sin duda, hay un problema relevante y ciertamente complejo para quienes reflexionan sobre la disciplina y la profesión.

 

El Trabajo Social como disciplina tecnológica.

 

Las reflexiones que aquí haremos están están vinculadas con aquéllas que precedentemente hicimos en relación con la tecnología en general.

 

El primer punto a subrayar es que el Trabajo Social "enfrenta y modifica situaciones sociales"[29]. El objetivo de la actividad es modificar la realidad social y por lo tanto, se le puede aplicar todo lo que decimos respecto a las actividades orientadas al hacer. Pero ese objetivo modificatorio quiere obtenerse de manera eficiente, lo que exige que la acción sea racional, mas aún, disciplinada. En otras palabras, no basta una práctica modificatoria que se desarrolle por tanteos, por ensayos de acierto y error, sino que se exige procedimientos no sólo eficaces sino eficientes, es decir, debe ser una actividad técnica. Pero la tendencia por racionalizar las actividades hace que se intente no sólo saber cómo proceder de manera racional, de manera técnica, sino que seamos impulsados a saber por qué ese modo de proceder es eficiente. No nos basta ser eficientes, requerimos explicarnos la eficiencia.

           

Por otra parte, la rapidez de los cambios de la realidad social hacen necesario de manera constante variar las técnicas; asimismo la acumulación progresiva de distintas técnicas requiere de criterios para elegir aquellas adecuadas a cada situación y propósito. En fin, estas y otras razones que podrían aducirse nos manifiestan los motivos subyacentes a esa búsqueda, que permita explicarse la eficiencia de los procedimientos técnicos que se requieren para la modificación de la realidad social. En otras palabras, nos darán razón de por qué el Trabajo Social se plantea la necesidad de erigirse en disciplina tecnológica. La necesidad de asegurar la eficiencia nos lleva a considerar el Trabajo Social como tecnología.

 

Hacer del Trabajo Social una actividad no sólo práctica, ni aun sólo técnica, sino tecnológica, plantea el requerimiento de construir un conocimiento tecnológico. Este conocimiento será una resultante de aplicar el método científico a los problemas prácticos que se plantean en el "enfrentamiento y modificación" de la realidad social.

           

La aplicación del método de la ciencia a los mencionados problemas generará teorías tecnológica reglas fundadas y datos que serán a la vez culminación de una etapa y punto de partida de otra en un proceso que siempre será inacabado, haciendo patente la necesidad permanente de la investigación. Esta necesidad se hace más evidente si se tiene en cuenta que las hipótesis contrastadas y los datos precisos no son suficientes para asegurar el éxito pleno de una acción, pues, en toda acción intervienen otras muchas variables.

 

Cabría preguntarse si estas reflexiones no podrían ser calificadas de especulaciones alejadas de la realidad del Trabajo Social.

 

Creemos que nuestras reflexiones no son simplemente aplicaciones deductivas, coherentes en el mejor de los casos, pero no atingentes a la realidad del Trabajo Social.

 

Nos parece interesante señalar que esfuerzos como los planteados, por ejemplo, en el trabajo de Pilar Alvariño, ya citado sobre "El proyecto como modelo de acción social", nos manifiestan la tendencia a construir un conocimiento tecnológico, puesto que se orienta a la construcción de modelos que son el instrumento articulatorio entre la ciencia y la técnica.

 

El intento que mencionamos se ubica en el nivel de la operación en un complejo caracterizado por la política socialel sistema burocrático, la comunidad; y como tal proporciona acumulaciones para la construcción de teorías tecnológicas operativas[30].

 

Asimismo, la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Católica de Chile, en su documento de reestructuración, clasifica su quehacer como tecnología, explicitando cuál es la referencia conceptual del término[31].

 

De lo dicho puede verse que las reflexiones también responden a la dinámica concreta, aquí y ahora, de la disciplina y la profesión.

 

Así, pues, puede afirmarse la necesidad y la existencia de una búsqueda por constituir el Trabajo Social como tecnología. Esta búsqueda está llevando a pensar en modelos, que son los instrumentos generadores de conocimiento tecnológico al articular la ciencia y la técnica con propósito de modificar la realidad social.

En este trabajo no pretendemos analizar los logros de esta búsqueda sino hacerla patente y además recalcar la importancia que ella tiene para el futuro disciplinario y profesional del Trabajo Social, así como las consecuencias que de ello se siguen para las decisiones con respecto a grados y títulos.

 

OBJETO Y OBJETIVO DEL TRABAJO SOCIAL

 

Definido el trabajo Social como una disciplina tecnológica, nos parece oportuno intentar precisar un poco su objeto y objetivo. En general ambos términos son polisémicos, y su sentido sólo puede ser manifiesto en la medida que se expresa el contexto en el cual se emplean. basta tomar un diccionario de filosofía para constatar que nuestra afirmación precedente es fundada[32], si bien cuando se trata del habla común esa polisemia es aún mayor.

 

El empeño por precisar el término y el concepto de objeto y objetivo no es sólo consecuencia de un aprecio al rigor en el pensar y el hablar, sino una exigencia para que nuestra concepción del Trabajo Social sea inteligible, por lo menos en grado aceptable, para los fines de este documento.

 

Nos parece que un primer punto que cabe señalar respecto a “objeto” (e igual vale para “objetivo”), es que es una noción, un concepto, y que como tal –salvo que se postule un innatismo de la ideas o conceptos- es efecto de un proceso de construcción común a todo proceso de conceptualización.

 

Como lo hace notar Piaget: “ la noción misma de objeto está lejos de ser innata y necesita una construcción a la vez asimiladora y esquematizadora”[33]. “ El objeto es un 'abstracto esquematizado' antes de ser 'esquematizante', y por lo tanto lo que hay que invocar en primer lugar es la coordinación misma de las acciones que han esquematizado lo real en objetos...”[34].

 

Si bien lo anterior es cierto, no lo es menos que la mayor parte de los objetos que compartimos socialmente nos son ofrecidos por la cultura de nuestra sociedad especialmente expresada en su idioma.

 

Granger nos señala certeramente que: “Por otra parte los acontecimientos en los cuales participa el hombre se encuentran ya espontáneamante modelados sobre el lenguaje de cada sociedad”. (...) “ El paso de los acontecimientos a los hechos tiene lugar por medio del uso espontáneo del lenguaje que es él mismo resultante muy elaborada de la vida social”.

           

Así nos parece que el “ 'hecho originario' está sometido a las determinaciones extrínsecas de una cultura concretamente vivida, de una práctica cuya objetividad es completamente exterior y nada intencional”[35].

 

Nos parece que queda claro en las citas de Granger, que a través de la cultura y especialmente del habla podemos comunicar los acontecimientos en forma de “hechos” y compartirlos. Pero entre el acontecimiento vivido y el habla ha mediado el proceso de conceptualización[36].

 

Asimismo, queda claro que la práctica cotidiana es “una práctica cuya objetividad es completamente exterior y nada intencional. Nos parece que estas características de la práctica social cotidiana deben ser reflexionadas para considerar la función que podría tener dentro de la enseñanza –más ún dentro de una política de investigación-  la acentuación del estudio de lo que se denomina la práctica cotidiana y común a través de procedimientos que no sobrepasan la sistematización precientífica de la experiencia directamente vivida.

 

Lo anterior se hace patente si se tiene en cuenta que cuando pasamos del acontecimiento vivido al concepto, “la objetividad no se funda ya en la inmediatez del acontecimiento vivido, sino en un proceso cada vez más consciente y más fino, en el que el lenguaje y la práctica se encuentran controlados y dominados”[37].

 

Dicha reflexión quizá es necesaria pues creemos que muchas veces cuando algunos trabajadores sociales hablan de la “práctica”, aluden a una experiencia directamente vivida y no pocas veces, cuando en la metodología de la enseñanza-aprendizaje del futuro trabajador social se incluye la “práctica”, esta no sobrepasa –como lo acabamos de mencionar- la sistematización precientífica de la experiencia directamente vivida.

 

No debe concluirse de lo anterior que menospreciamos la sistematización precientífica de la experiencia directamente vivida y mucho menos la experiencia misma. Sin ellas no podría desarrollarse el ser humano, ni el grupo social. Pero lo que es bueno para la vida cotidiana, común y vulgar no lo es necesariamente para una actividad que pretende proceder con el método de la ciencia, como es el caso del Trabajo Social.

 

Creemos que uno de los peligros más visibles en eldiscurso interno del Trabajo Social es su regresión ideológica a una mera práctica precientífica, pues se pierde la práctica teórica, esto es la práctica tecnológica que se funda aunque no exclusivamente en un conocimiento, un procedimiento y una práctica científicos.

 

Hay, pues, una práctica social de hecho, una práctica vivencial que es necesaria, pero también es necesario conceptualizar esa práctica y sistematizar teóricamente el producto de esa conceptualización; pues, si ya en las ciencias sociales existe la tentación de confundir un conocimiento científico con la sistematización precientífica de la experiencia directamente vivida, con más razón esa tentación existirá en el Treabajo Social.

 

De lo anterior se sigue la necesidad imperiosa de contar con una práctica social del Trabajo Social que evite el continuo riesgo de ideologización de los datos de las ciencias aplicadas del hombre, sobre la que han insistido numerosos autores de primera categoría como Piaget, Granger, Chomsky Goldman, Mandelbrot, Apostel, Popper, Bunge, etc.

 

Se trata, pues, no de negar la importancia de la práctica para la ciencia aplicada y la tecnología, sino de explicitar la necesaria “descentración”[38]de dicha práctica si no se quiere que ella sea una práctica ideológica y subjetiva (sea el sujeto un individuo o un grupo).

 

Creemos, sin duda fundadas, que el esfuerzo por constituir una práctica social descentrada permita construir un objeto proporcionado al intento de hacer y desarrollar el Trabajo Social como tecnología o, si sequiere, como ciencia humana aplicada.

 

Creemos que lo anterior se resume en las frases de Granger cuando nos dice: “El problema constitutivo de las ciencias del hombre puede describirse como transmutación de las significaciones vividas, las cuales deben pasar a un universo de significaciones objetivas”[39].

 

Por eso es necesario pasar de la significación vivida de “lo social”[40] a una significación objetiva, que pueda legítimamente constituirse en objeto del Trabajo Social.

 

En nuestra Escuela (E.T. S.) se ha trabajado acerca del objeto del trabajo Social, así –por ejemplo- consta en la Revista de trabajo Social (R.T.S.), Año V, Nº. 13, p. 10, donde se dice: “Definido el Trabajo Social como tecnología, es preciso señalar que se trata de una tecnología social, porque su objeto de acción se ubica en el ámbito de la realidad social, la cual se constituye también en objeto de otras tecnologías sociales, si bien cada una de ellas se plantea objetivos diferentes y utiliza elementos teóricos y metodológicos específicos que le aportan tanto las distintas disciplinas del conocimiento como sus propios hallazgos teórico-empíricos”.

 

La “realidad social” que tiene una significación vivida para cada ser humano, tratándose del trabajador social tiene que constituirse en una significación objetiva. Nos parece que esa significación objetiva está aludida cuando se dice que el Trabajo Social “enfrenta y modifica situaciones sociales enfocándolas como un todo”[41].

 

La vida social e histórica es un conjunto estructurado de comportamientos de individuos que actúan de manera consciente en ciertas condiciones del medio natural y social. Dichos comportamientos son causa y efecto

-es decir, proceso dialéctico- en un proceso estructurante de una determonada estructura personal y social.

 

“ La estructuración resulta del hecho de que los individuos y los grupos sociales que éstos constituyen (grupos formados por individuos que se encuentran en relación mutua y, en ciertos aspectos más o menos importantes, en situación análoga), procuran dar respuesta unitaria y coherente a la totalidad de los problemas que plantean sus relaciones con el medio circundante, o para decirlo de otro modo, tienden a establecer mediante su praxis un equilibrio entre ellos y el medio”[42].

 

El mismo Goldman en el lugar recién citado (cita 41) ahonda que lo anterior implica:

 

que la praxis y las estructuras de conciencia están mediata o inmediatamente ligadas;

 

que concebimos la vida psíquica del individuo como un esfuerzo complejo hacia un equilibrio unitario muy difícil de establecer entre el sujeto y su medio,

 

que concebimos el grupo social com un esfuerzo para encontrar una respuesta unitaria y coherente a los problemas comunes a todos los miembros del grupo con respecto a su medio natural y social.

 

En resumen: el objeto del Trabajo Social es el recorte a cualquier -nivel de la realidad en que se concibe a un sujeto que requiere o procura dar una respuesta  unitaria y coherente a la totalidad de los problemas que plantean sus relaciones con el medio natural y  social para poder subsistir y perfeccionarse humanamente.

 

Cuando el sujeto no es un individuo, sino varios, se constituye en grupo (o clase, entendida como grupo de grupos) en razón de que los individuos se encuentran en relación mutua, y ciertos aspectos –más o menos-, importantes, en situación análoga (necesidades y proyectos análogos).  En otras palabras, se concibe que los sujetos (individuos, grupos y clases) tiendan a establecer mediante su praxis un equilibrio  entre ellos y su medio que les permita subsistir

  y perfeccionarse, lo cual supone adaptación al medio y modificación de él.

 

Al admitir posibilidades de distintos niveles de complejidad en los enfoques de la realidad social y, por

consecuencia, la posibilidad de distintos objetos, no hay que perder de vista la pregunta acerca de si hay alguna identidad estructural entre dichos objetos.  No olvidemos que el individuo  se identifica por el modo de estructurar la multiplicidad de sus comportamientos conscientes en ciertas condiciones propias de su medio natural y social; el individuo es un conjunte estructurado y a la vez, en la medida que es dinámico, estructurante.

 

Por otra parte, los grupos sociales se estructuran o son formados por individuos que se encuentran en relación mutua (o en mutua interacción), y, en ciertos aspectos más o menos importantes en situación análoga.

 

Nos parece, pues, que  la legitimidad de los diversos objetos que asume para sí el Trabajo Social surge de su identidad estructural: conjuntos estructurados y estructurantes, con comportamientos conscientes, en relación mutua, en ciertas condiciones propias de su medio natural  y social, compartidos de manera análoga. Por otra parte, estos conjuntos estructurados y estructurantes (o, si se quiere, totalidades), pretenden dar una respuesta unitaria y coherente a la totalidad de los problemas que plantean sus -relaciones con el medio natural  y social que los circunda con al fin de establecer, mediante su praxis, un equilibrio entre sí y entre ellos y su medio.

 

Los problemas comunes del grupo son parte de la toma de conciencia del individuo, pues éste participa en otros grupos cuyos problemas también forman parte de su conciencia.  Precisamente en esa diversidad de participación en un múltiples grupos, se efectúa "una mezcla y un esfuerzo de estructuración diferente respecto a los otros miembros del grupo, que permite al hombre individualizarse frente a los otros hombres. Las redundancias en ese esfuerzo de estructuración será la que nos permitirá acceder a las características que individualizan a un sujeto[43]. Por otra parte, la prescindencia de estos aspectos diferentes en los esfuerzos do estructuración, proporcionan la posibilidad de hablar de un proceso común (de una tendencia más o menos contrarrestada en cada conciencia individual) a todos los individuos del grupo en cuanto esfuerzo compartido por todos los individuos que tiende a la solución de un conjunto de problemas.


Individuo, grupo, clase, sociedad son efecto de un proceso de equilibración y estructuración entre un sujeto y su medio social y natural. Todos son totalidades relativas que implican o están implicadas en otra totalidad relativa, en otra estructura.

 

Por lo tanto, el nivel de complejidad del enfoque hará que se constituya en cada caso un objeto distinto, que sin embargo, siempre será un sujeto implicante o implicado mientras no se establezca un límite para el análisis y la síntesis.

 

Nos parece que lo que hemos dicho anteriormente respecto de enfrentar la realidad social como totalidades relativas implicadas o implicantes y mutuamente vinculadas por una compleja dialéctica causal[44]

permite iluminar el pensamiento subyacente a proposiciones por nuestra E.T.S. como las siguientes:

 

“Aún cuando uno de los desafíos que plantean las reflexiones vertidas en este artículo es el estudio más acuciosos de los criterios a base de los cuales se definiría lo micro y macro social como planos de acción profesional, en términos generales entendemos que cuando la acción profesional se orienta al individuo y su grupo de relación más inmediata, impacta en un radio de acción más restringido y se inserta en los niveles inferiores del aparato burocrático, estamos ubicados en el nivel micro social. En tanto que, cuando la acción profesional se orienta preferentemente hacia la estructura social, su radio de acción trasciende el del individuo y su grupo y se inserta en niveles más altos del aparato burocrático, nos referimos al nivel macro social.

 

“Consideremos que el trabajo social debe tener siempre una perspectiva macro social, que es la que le permite lograr un enfoque global aunque está situado en el nivel micro social.

 

"El nivel macro social, además de constituir una perspectiva para toda acción profesional, es alcanzado por los trabajadores sociales que colaboran en la planificación de políticas sociales.

 

El nivel micro social comprende el ámbito donde se desempeñan mayoritariamente los profesionales en la actualidad”[45].

 

Hay en esas proposiciones un claro espíritu de admitir la pluralidad de totalidades relativas implicadas o implicantes que constituyen el objeto del Trabajo Social.

 

Esa aserción no pretende ser suficiente, aunque si necesaria para constituir el objeto del trabajo social.  Es el producto del trabajo teórico de la ciencia social, es el "constructo” sociológico, que es científico por el procedimiento y el objetivo con que se efectuó, es por lo tanto un objeto ideal en cuanto está constituido por teorías que implican fórmulas, las cuales, a su vez, implican conceptos, El trabajo social se apoya en esas construcciones que son científicas por cuanto permiten describir explicar y predecir los hechos que ocurren en la realidad, es decir, los objetos concretos, los sistemas concretos[46], los acaecimiento procesos y fenómenos de la vida real de los hombres en sociedad. Se apoya -decimos- pero no afirmamos que se límite a las reproducciones conceptuales de la estructura de los hechos que construye la ciencia (teorías factuales). En la medida que es una disciplina tecnológica, tratará obviamente de fundar sus reglas de operación y su búsqueda de eficiencia en leyes científicas; apreciará los objetos ideales construidos por la ciencias en cuanto le permiten una más rigurosa descripción, explicación y predicción de los hechos reales, de la vida de los hombres en sociedad. Sin embargo, como profesión se le exige que modifique objetos reales, en un aquí y en un ahora, y más aún, que lo haga con eficiencia.

 

Es necesario reflexionar acerca de la distinción entre la disciplina  y el ejercicio profesional para no caer en un discurso vago y confuso. La disciplina es un sistema de conceptos (leyes, reglas, etc.). El ejercicio profesional es un sistema de comportamientos. La disciplina es un sistema ideal, el ejercicio profesional, por el contrario es un ejercicio real (aunque se orienta de acuerdo con el sistema ideal que es la disciplina).

 

Es un hecho fácilmente comprobable que el conocimiento científico existente acerca de los sistemas sociales reales (individuo concreto en grupo, grupos sociales históricos, etc.) es muchas veces reducido y parcial y no pocas veces inexistente. Aún, en el mejor de los casos, suele ser casi siempre insuficiente. De lo anterior se sigue que el profesional cuando tiene que actuar en cualquiera de los niveles del sistema social concreto, ve la necesidad de completar el conocimiento que le aporta la ciencia –cuando ésta existe- con conocimiento no científico respecto al objeto, pues para actuar no puede esperar un conocimiento pleno y riguroso o si se quiere totalmente científico de los sistemas sociales.

 

Ana Otenberger ya abordaba estas cuestiones hace ya diez años, un trabajo presentado al IV Seminario Latinoamericano de Servicio Social, realizado en Concepción, Chile del 27 al 31 de enero da 1969, en el cual decía:

 

“Con respecto a la naturaleza del Servicio Social, se ha logrado un acuerdo cercano el consenso de que esta profesión es claramente una tecnología social”.

 

Y más adelante señalaba que:

 

"Las ciencias son la fuente de donde emanan los conocimientos o las teorías que orientan la acción; las tecnologías se nutren de ellas, pero también disponen de un cuerpo de conocimientos que surgen del contacto diario con los hechos, experiencia extraordinariamente rica y variada ... [47].

 

No obstante esa complementación del conocimiento nunca agotará la realidad misma del sistema social real (objeto real) sobre el cual quiera operar el trabajador social, siempre será un modelo es decir, una representación esquemática de la realidad.  Por otra parte, si quiere perfeccionar la eficiencia de su comportamiento modificatorio  de la realidad, el trabajador social -se verá necesitado de conocer cada vez mejor el sistema social real sobre el cual actúa, lo cual lo hará esperar y apoyar al desarrollo de la disciplina sobre la cual -aunque no exclusivamente- fundamenta su comportamiento profesional.  En ese sentido, estimulará a las ciencias correspondientes a que estudien los sistemas sociales reales sobre los cuales tiene que operar y la manera de generar instrumentos, procedimientos que aseguren la eficiencia de la acción dando cuenta de los fundamentos de la eficiencia de las reglas de operación (reglas técnicas).  Alentará también a los técnicos a una labor de creación de técnicas múltiples, complementarias y alternativas para poder disponer de diversas manera de actuar con eficacia teniendo en cuanta la variedad de niveles de acción (objetos reales), circunstancias situaciones, disponibilidad de recursos, etc. En buenas cuentas, buscará tener modelos de objetos y modelos de procesos (objetos ideales) de los sistemas sociales reales (objetos reales) sobre los cuales quiere actuar y modelos de procedimientos eficaces para su acción.

 

Lo anterior manifiesta con claridad que el habla del trabajador social designa una concepción o modelo, y ambos -habla y concepción- refieren a  un sistema social real. Pero habla y concepción o modelo nunca agotan el sistema social al cual refieren. De lo anterior se -sigue la posibilidad de diversos y múltiples modos posibles de hablar, concebir o modelar la realidad social.  Ya hemos aludido a diversos niveles (individuo en grupo, grupos, grupos de grupos, etc.); hemos señalado también la identidad estructural y funcional que permite identificarlos como objetos sociales (ideales o reales).

 

En lo que acabamos de decir ya se insinúa otra aspecto importante que tiene que -ver con el objeto (y objetivo) del Trabajo Social.  Nos parece importante reconocer que en todo proceso de -conceptualización y/o modelización  de la realidad hay un proceso do selectividad en el cuál influyen los valores de quien concibe (sean éstos datos idénticos, semejantes o excluyente con los  de la cultura de la sociedad en la cual actúa al individuo).

 

Así, a nuestro parecer, el objeto del Trabajo Social se construye a partir de un conocimiento, es decir, de un modelo conceptual ideal, de objetos y procesos sociales reales que representa de manera parcialmente adecuada la realidad social.  Una manera de perfeccionar ese modelo es lograr construirlo con el procedimiento y el objetivo de la ciencia, lo cual permite controlar la influencia de los valores sustentados por el investigador en su representación del mundo.

 

En nuestro caso -como E.T.S. de la U.C. nuestro proceso de conceptualización y modelización de la realidad social está deliberada y reconocidamente influido por los valores del humanismo cristiano y, por lo tanto, como en cualquier otro esfuerzo por representarse la realidad de manera conceptual , los valores harán que se privilegien algunos aspectos de la realidad respecto de otros.

 

Concebir es estructurar un objeto ideal (concepto, modelo, etc.) que representa algo real pero nunca toda la realidad.  Construir un modelo ideal ya significa optar, elegir, decidir por una do las tantas posibles representaciones de la realidad, parcialmente adecuadas y no necesariamente excluyentes y todo ello como efecto de juicios de valor que operan en la selectividad ya desde el momento de la observación[48]

 

En el caso de la E.T.S. de la U.C., los procesos de conocimiento que exigen la constitución del objeto ideal o modelo del objeto real muy probablemente seleccionarán los aspectos que tienen que ver con la autonomía y la libertad, con la subordinación y la opresión, con los procesos de desarrollo de la conciencia crítica y la enajenación, con la personalización y la socialización como procesos de liberación solidaria, donde conjuntamente se involuciona o evoluciona a grados distintos do libertad para la persona y la comunidad, etc.  Acentuar el pluralismo como efecto del respeto a las diferencias personales y culturales que prohibe matar personas, grupos, sociedades y culturas y que a la vez obliga a buscar con paciencia y tolerancia la integración de todas ellas, en una unidad superior cuya plenitud será en Cristo resucitado y cósmico que recapitulará todas las cosas en una unidad escatológica. Universalidad y pluralismo en la concepción de la unidad que abre el camino a la convergencia con todos los modelos humanistas que afirman el valor de la persona humana como fin superior al cual se ordena toda organización social.

           

Dentro del pensamiento humanista cristiano y específicamente  en la doctrina social de la Iglesia Católica, se acentúa de manera inequívoca una predilección por aquellas personas y grupos que están de alguna manera especialmente limitados para solucionar los problemas que surgen de sus relaciones con al medio natural y social en el cual viven.

 

Dicha valoración -nos parece- influye en la construcción del objeto del Trabajo Social tal cual lo concibe la E.T.S. de nuestra Universidad, cuando se afirma que él esta constituido por:

 

"Los sectores sociales que tienen limitaciones para la satisfacción de sus necesidades básicas y que necesitan de un agente externo para enfrentar y superar su situación se constituyen en objeto propio del Trabajo Social.

 

Existen determinados sectores do la población que tienen mayores limitaciones para satisfacer sus necesidades básicas. Es en aquellos sectores de menores ingresos donde es agudizan los problemas[49] de vivienda, salud, educación, etc. En nuestra sociedad están formados  mayoritariamente por campesinos, obreros, pequeños propietarios, habitantes de poblaciones marginales, trabajadores ocasionales o por cuenta propia, cesantes y otros[50].

 

Muchos han juzgado que limitarse  a “los sectores más necesitados” es un resabio -por lo menos en muchos casos- de alguna de las doctrinas o valores que inspiraron a los asistentes sociales en los comienzos de su aparición en el escenario social.

 

Más  precisamente, otros señalan que ello es efecto de aplicar el mensaje cristiano. Los pobres, desvalidos, enfermos, etc... dicen, como lo afirmamos nosotros han sido siempre señalados como seres a quienes la Iglesia quiere servir privilegiadamente aunque no de modo excluyente. Otro párrafo que parecería confirmar lo anterior agrega:

 

"El hecho de que este sector sea prioritario para la acción no excluye a personas y grupos de otros sectores socio-económicos que es ven afectados por la enfermedad, incapacidad física, trastornos psicológicos, etcétera y que por la tanto también presentan limitaciones en la satisfacción de sus necesidades[51].

 

Creemos que es muy probable que este recorte del objeto puede ser consecuencia de influencias doctrinales, cuyo estudio riguroso es muy necesario para una mejor comprensión de la evolución de la profesión. No desconocemos que hay quienes ven en este privilegio un cercenamiento injustificado negativo para el desarrollo de la profesión. Comprendemos a quienes privilegiar a los pobres y no podríamos negarnos a las razones de quienes afirman que esa limitación interpretada de cierta manera es perniciosa para la disciplina y la profesión[52].

Por otra parte como ya lo señalamos nuestra Escuela como unidad académica de una Universidad Católica es deliberadamente influenciada por el espíritu del Evangelio y la Doctrina social de la Iglesia lo que hace que quienes analizan los párrafos anteriores tengan motivos fundados para entenderlos en el sentido aludido.

 

Nos parece oportuno sin embargo reiterar un punto ya señalado en este trabajo que permite precisar mejor el sentido de los párrafo aludidos.  Si el objetivo es lograr que los sistemas sociales se  autorregulen cada vez más perfectamente y que se desarrollen aumentando la posibilidad de interacciones humanas más amplias, complejas y equilibradas –para todos y cada uno de los individuos (personas y grupos)- es obvio que allí donde están los conflictos más agudos, los desequilibrios más peligrosos para los sistemas (concebidos como totalidades relativas implicantes e implicadas) o los mayores obstáculos para el perfeccionamiento de dichos sistemas, es obvio, decíamos que esos aspectos del objeto adquieren, fundadamente, más importancia que aquellos otros que en ese momento significan menos peligros u obstáculos para el sistema.

 

No es de extrañar, entonces que esos aspectos sean especialmente coleccionados para la construcción  del objeto de acción del Trabajo Social (aunque los presupuestos doctrinarios a ideológicos puedan no ser idénticos si bien estén incluidos dentro de visiones humanistas que se fundan en el respeto a la persona humana).

 

Teniendo en cuenta que la E.T.S., sostiene que:

 

"El concepto de necesidad humana básica abarca necesidades biológicas y psicosociales, las que se interrelacionan mutuamente”, y que dichas necesidades –más apremiantes- en la medida que no son satisfechas son las que más amenazan a un sistema, no se ve que sea necesariamente incoherente afirmar que deben tener prioridades los sectores que tienen mayores limitaciones, sin que ello implique que la afirmación es excluyente.

 

Lo anterior no impide preguntarse acerca del modo más apropiado y eficaz de actuar sobre esos sectores del sistema social y de alcanzar el objetivo de satisfacer sus necesidades. Es posible que aquí pueda aplicarse que “lo que es primero en la intención es lo último en la ejecución” y que no necesariamente es más eficaz una acción por el hecho de ser inmediata y/o directa.

 

Pero no es sólo en la representación ideal o conceptual de la realidad donde a través de una observación selectiva influyen los valores. Podemos darnos cuenta que el trabajador social frente a la realidad que conoce realiza un diagnóstico, es decir, un juicio en el cual se pronuncia sobre la relación entre la realidad conocida y el modelo utópico que le sirve de referencia valorativa.  Dicho diagnóstico es un requisito racional para obtener el objetivo de la disciplina y el objetivo de la profesión, pues ambos dicen relación con la mantención o modificación de la realidad conocida.

 

A nivel proposicional, las estructuras de un enunciado nomológico, (ley) -propio de las disciplinas científicas- y de un enunciado nomopragmático (regla tecnológica) son idénticas, a saber, si A entonces B. Sin embargo, en el caso de un enunciado nomológico (científico), A como antecedente es un hecho objetivo (independiente en su existencia del sujeto que lo piensa y expresa), mientras que en un enunciado nomopragmático (tecnológico) A se refiere también a una operación humana.  Precisamente en cuanto operación humana B ya no es meramente una consecuencia o efecto de A sino también un propósito, un objetivo. La ciencia nos permite conocer la relación consecuencial de A con respecto a B. La tecnología, en su estructura racional, al proponer que si es quiere B se ponga la causa A, está implicando un sujeto que produce el hecho A para obtener B. En otras palabras B no es simplemente un efecto sino un objetivo, es decir, un efecto valorado, deliberadamente buscado y por lo tanto objeto de un juicio axiológico, ético y moral[53] Asimismo, es un objetivo que se pretende obtener con eficiencia, es decir con un comportamiento que supone una acción máximamente racional y deliberada en la articulación de los medios con los fines. Es con fundamento racional -y cuando es posible fundado en leyes científicas- que el sujeto humano utiliza la relación que existe entre A y B; en otras palabras, el sujeto humano sabe que para obtener B eficazmente debe usar como instrumento a A de acuerdo el conocimiento científico que posee. Como lo anota Bunge[54]  hay otro aspecto en que la deliberación de quien quiera producir un efecto, se hace presente en razón do que el antecedente de un anunciado legaliforme es suficiente para que ocurra el hecho al que se refiere el “consecuente” de la regla puede ser sólo necesario y no suficiente para alcanzar el objetivo expresado por el “antecedente”. Precisamente pues por ser el “consecuente” de la regla solamente necesario, pero no necesariamente suficiente, el tecnólogo necesita completar la acción más allá de la regla y por lo tanto, optar entre aquellos recursos de que dispone para que la acción obtenga el objetivo que trasciende al consecuente producido por la aplicación de la regla. Y como es obvio aquí de nuevo intervienen evaluaciones y valoraciones.

 

Por otra parte, es oportuno señalar que no hay equivalencia entre enunciados que tienen valores veritativos (vgr. los enunciados científicos) y los que tienen valores de efectividad (vgr. reglas)

 

Lo dicho es indicativo de las profundas diferencias entre la formulas legaliformes nomológicas y las reglas, diferencias que surgen entre otras cosas y principalmente de los distintos objetivo entre la ciencia y la tecnología (aunque su objeto y procedimiento sean análogos o idénticos). Y precisamente porque los objetivos son distintos, los problemas que se plantean ante la misma realidad son también distintos.  La ciencia ve la realidad en cuanto cognoscible y por consecuencia sus problemas tienen que ver con la descripción, explicación y predicción de la realidad, la tecnología ve la realidad en cuanto influenciable (mantención o cambio de una realidad que por sí misma no se mantendría o se cambiaría).  Los problemas, por lo tanto tienen que ver con los procedimientos eficaces para influir en la realidad. De lo dicho se sigue, que la realidad  es constituida en objeto para la ciencia en cuanto cognoscible, mientras que para la tecnología lo es en cuanto influenciable o modificable.  Ese diferencia en la manera de objetivar la realidad responde a una distinta manera de valorizar las relaciones con la realidad (y lo distinto no tiene porque ser excluyente necesariamente).  Tanto en al caso de la ciencia como de la tecnología hay valoraciones[55], en al caso do la ciencia ea valora la realidad tal cual es porque el objetivo es conocer mientras que en la tecnología se valora la realidad en cuanto puede ser distinta de lo que es, por cuanto al objetivo es modificarla. En el primer caso partimos de la aceptación de la realidad tal cual y nos sometemos a ella para conocerla (el máximo esfuerzo lo hace el científico cuando experimenta y trata de controlar aún aquellas influencias que contra su voluntad modifican la realidad). En el caso a la tecnología partimos del supuesto de que la realidad no es, o puede no ser, aceptable y de la decisión de adaptarla de acuerdo a nuestra voluntad.  En un cosa se trata de adecuarse a la realidad, en el otro a adecuarla. Y precisamente cuando se trata de adecuar la realidad de acuerdo a nuestra voluntad nos vemos en la necesidad de hacer juicios de valor acerca de lo deseable o indeseable respecto, no sólo a los fines a obtener con la acción, sino también a la acción misma en cuanto debe haber una proporcionalidad entre medios y fines (aspectos que nos conducen a la ética y la moral).

 

El tecnólogo social conoce de muy diversos modos: científicamente, vulgarmente, etc., la realidad social tal cual es y en cuanto es o no es aceptable para él, los miembros de una sociedad o parte de ellos de acuerdo a la concepción que tienen de lo que es el hombre y la sociedad deben ser.

 

Hay consenso, por lo menos verbal, con respecto a que todos los hombres tiene derecho por lo menos a satisfacer sus necesidades básicas[56]. El trabajador social (salvo posibles excepciones que no conocemos) participa de ese consenso. Por otra parte hay personas y grupos que no pueden satisfacer sus necesidades exclusivamente por sí mismos y necesitan de un agente externo que los ayude a superar dichas limitaciones y a satisfacer sus necesidades básicas. Hay pues un conocimiento de una situación de hecho y un criterio valorativo que permite efectuar un diagnóstico cuyo núcleo es la dificultad de satisfacer las necesidades, la cual no puede resolverse automáticamente, sino que requiere una investigación conceptual o empírica; en otras palabras es un problema.

 

El problema social es la expresión de un desequilibrio –a cualquier nivel en que se objetive la realidad social- entre las necesidades que no se pueden satisfacer y que se reclama que sean satisfechas. Esta exigencia puede provenir del sentido de justicia de los individuos afectados por las necesidades insatisfechas, o de aquellos que perciban la injusticia aunque no estén afectados por ella.  Precisamente de las reflexiones anteriores nace también la posibilidad de encontrar la identidad estructura de los objetivos específicos y la estructura del objetivo general del Trabajo Social, que no es otro que colaborar son los necesitados en la obtención de equilibrios a través de un proceso estructurante o de desarrollo que tenga por efecto una respuesta unitaria y coherente a la totalidad de los problemas que les plantea al medio, proceso éste que es constante, inacabado e inacabable[57].

 

Esa colaboración del trabajador social ha sido muchas veces caricaturizada -nos parece- por ciertas concepciones reduccionistas, de las cuales queremos mencionar algunas por la difusión que han tenido.

 

Aunque de manera esquemática podríamos decir que un tipo de enfoque se sitúa en el nivel de la función del trabajador social en relación con los conflictos sociales. En ese nivel los reduccionismos extremos llegan a establecer una distancia que va desde la concepción del trabajador social como un "disolvente apaciguador" de conflictos hasta un "exclusivo generador de conflictos".  Estas posiciones extremas pueden denominarse tradicionales o revolucionarias, respectivamente. Lo que realmente importa es que implican la reducción conceptual de la disciplina y la profesión.

 

Nuestra proposición anterior respecto al objetivo apunta a que el trabajador social debe apoyar los procesos de autorregulación y progreso de los individuos y grupos, o si se quiere traducir en términos distintos: hacer que los individuos y grupos sean cada día más autónomos y solidarios; que los sistemas de interacción social se autorregulen cada vez más perfectamente, y que dichos sistemas progresen aumentando las posibilidades de universos más amplios y complejos de interacciones entre el individuo y la sociedad que permitan a los hombres vivir en un proceso dinámico de reequilibraciones compartidas en función del desarrollo de su ser, acomodándose a su medio para perfeccionarlo y asimilando de su medio lo que necesitan para ser más.

 

Ello implica conocer el campo de variabilidad de las respuestas posibles de los sujetos interactuantes (individuales o grupales), para poder proyectar cambios que perfeccionen y no destruyan el sistema en cuestión, modificando esencialmente las estructuras y procesos existentes. (¡ Aún ese conocimiento es necesario cuando se quiere destruir un sistema!)[58]

 

Lo anterior exige un enfrentamiento tecnológico, si se quiere que sea eficiente, esto es, una acción fundada nomopragmáticamente, que modifique la realidad para el logro de dichos objetivos[59].

 

En este caso, y para ser consistentes con lo que anteriormente dijimos debemos expresar ahora específicamente que el objetivo del Trabajo Social es colaborar a la praxis de su “objeto” aportando las ventajas de la tecnología para obtener la satisfacción adecuada de las necesidades.

 

Es en ese sentido –creemos- se interpreta adecuadamente la concepción de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Católica cuando nos dice:

 

“Entendemos por disciplina el conjunto de conocimientos y métodos que han alcanzado un cierto nivel de rigurosidad al enfrentar un determinado objeto”.

 

Entender el Trabajo Social como disciplina académica, implica aproximarse al pensamiento racional, lo que evita permanecer en el conocer y hacer comunes impropios de una disciplina que pretende realizar una acción eficiente de transformación de la realidad.

 

Realizar esta acción transformadora de manera racional significa no sólo alcanzar un grado máximo de adecuación de medios a fines, sino también seleccionar los fines por medio de la utilización del conocimiento relevante disponible. Desde el momento que el Trabajo Social se preocupa de racionalizar su acción y de institucionalizar la rigurosidad, la profesión se transforma en disciplina.

 

En el campo de las disciplinas, ubicamos al Trabajo Social como una tecnología. Entendemos por tecnología la articulación entre la ciencia y la técnica que aplica el método científico, el conocimiento teórico empírico y los recursos de la técnica al objetivo de transformación de la realidad, y que a través de la sistematización de sus experiencias contribuye a la reformulación y enriquecimiento de la ciencia y de la técnica[60].

 

Del mismo modo que lo precedente, lo que sigue se interpreta adecuadamente en el contexto de lo dicho sobre el objeto y objetivo del Trabajo Social: “El concepto de necesidad humana básica abarca necesidades biológicas y psicosociales, las que se interrelacionan mutuamente.

 

“La satisfacción de ambos tipos de necesidades, que es el objetivo del bienestar social, se constituyen en la procuración fundamental del trabajo social (...)”

 

“(...) El objetivo general del Trabajo Social es el bienestar social, a través del cual se alcanza el desarrollo de la persona humana en sociedad. Este objetivo supone el esfuerzo permanente por conseguir la justicia social y la igualdad de oportunidades para todos los hombres. El bienestar social se entiende así no sólo en la perspectiva de “tener más” sino en la de “ser más”.

 

Existe consenso, además, respecto de que el objetivo del bienestar debe insertarse en una perspectiva de desarrollo social. Se trata de que el bienestar social no se conciba como una meta en sí, sino en cuanto es instrumento necesarios, entre otros, para alcanzar el desarrollo económico-social de los diferentes países.

 

En esta perspectiva, el Trabajo Social tiene cuatro objetivos específicos:

 

Promover y fortalecer la organización de los grupos, ya que a través de ellos los individuos pueden coordinar los esfuerzos para solucionar sus problemas comunes.

 

Promover la participación de los individuos y grupos mediante su incorporación organizada y consciente en el plano de las decisiones y de la acción.

 

Contribuir al desarrollo de una conciencia crítica y solidaria que permita a las personas y grupos modificar constructivamente la sociedad.

 

Promover la capacitación de individuos y grupos, proporcionándoles los elementos teóricos y técnicos necesarios para que aumenten su eficacia y autonomía en el futuro, sin necesidad de ayude externa o con la menor dependencia de ella.

 

La distinción entre estos objetivos se hace para fines de análisis, pero en la realidad se dan interrelacionados y la acción del trabajador social intenta abordarlas en forma simultánea (...)[61].

 

Específicamente respecto al objetivo u objetivos del Trabajo Social es importante señalar que su expresión incluye palabras como “pleno desarrollo”, “bienestar”, “participación”', "incorporación organizada, "conciencia crítica".  Si bien estas palabras son definidas en el propio texto que citamos, se podrá comprobar que dichas definiciones son aún abstractas -o si se quiere- requieren de un proceso de concreción que las haga operacionales para una acción aquí y ahora. Para que dicha concreción sea posible, es necesario contar con un modelo de la realidad que incluya, por lo menos, necesidades, valores y conocimientos y una praxeología[62] que sustente las operaciones de intervención o modificación de la realidad.

 

Lo anterior fundamenta la necesidad de construir modelos y de la reflexión sobre la modelística como procedimiento de construcción de modelos.  Dicho trabajo es permanente y complejo, pues se requieren modelos de los objetos y procesos de la acción profesional, modelos de objetos y procesos de la acción disciplinaria, modelos de objetos y procesos de la enseñanza-aprendizaje de los futuros trabajadores sociales. Los modelos deben satisfacer los requisitos de una acción racional e informada y por lo tanto,  conocimiento, valores, necesidades, objetivos y una praxeología cibernética que permita el perfeccionamiento continuado. Lo dicho deja en claro que la práctica habitual común.

 

Además, cuando alguien se propone como objetivo el "bienestar" de un grupo o comunidad sin haber sometido a una crítica epistemológica y axiológica dicha objetivo de bienestar, realiza una práctica vivencial caracterizada por la ley del tanteo, pero en ningún caso una práctica tecnológica.

 

Por otra parte, no basta estudiar y definir críticamente en abstracto lo que se entiende -según el ejemplo-, por “bienestar”, para orientar una práctica técnica o tecnológica.

 

Las definiciones abstractas pueden ser útiles y necesarias pero es imprescindible que haya "decisiones" para orientar efectivamente la acción práctica. Una definición abstracta no es suficiente para tomar una decisión[63]

 

Es necesario tener en cuanto que el conocimiento descriptivo, explicativo y predictivo de la realidad sobre lo que quisiéramos actuar, así como los juicios de valor que nos permitan diagnosticar y proyectar, son necesarios para tomar una “decisión” que oriente la acción, decisión que además  debe ser máximamente racional si se quiere que sea tecnológica, Cuando la crítica del concepto y la racionalidad en el procedimiento están ausentes, la práctica se vuelve -aunque el proceso sea inconsciente- una práctica ideológica.

 

Cuando se propone un objetivo (el "bienestar" u otro) y no se somete -dicho concepto a la crítica, entonces el concepto que implica el objetivo y que orienta la práctica estará directamente ligado a determinadas relaciones sociales no suficientemente conscientes para el trabajador social, lo que conducirá , casi. inevitablemente a una inconsciente inscripción ideológica de la práctica[64].

 

Téngase en cuenta que los párrafos anteriores señalan el "bienestar social" como objetivo general  y la “organización”, “participación”, “conciencia crítica y solidaria” y la “capacitación” como objetivos específicos. Todos ellos están subsumidos y relacionados estructuralmente en nuestra definición del objeto y objetivo del Trabajo Social.

 

No se podría concebir un “bienestar” social al margen de una praxis que establezca un equilibrio (siempre dinámico e inestable) entre los individuos y grupos y su medio natural y social en función de su subsistencia y perfección[65].

 

Tampoco es posible obtener una respuesta unitaria y coherente sin organización; ni hay problemas comunes que enfrentar ni respuestas compartidas sin participación en ellos.

 

Por otro lado, los problemas comunes son parte de la toma de conciencia de quien participa en un grupo y al actuar concomitantemente en otros grupos distintos.

 

Finalmente el intento de colaborar a perfeccionar la praxis aludida es entre otras cosas un esfuerzo de capacitación.

 

 

N 0 T A   F 1 N A L

 

Creemos que lo dicho anteriormente – en las páginas precedentes- dejan en claro la naturaleza tecnológica del Trabajo Social.

 

Es necesario reconocer que como tecnología requiere para su desarrollo  de los aportes de múltiples disciplinas. ¿Dónde mejor encontrar esos aportes para su desarrollo que en la universidad?

 

Por otra parte ¿puede desentenderse una Universidad Católica de una tecnología que tiene como objeto aquél que es preferencial para la Iglesia Católica? ¿puede desentenderse como universidad de darle un tratamiento riguroso? ¿puede desentenderse de aportar conocimientos y profesionales que se dediquen a construir una sociedad inspirada en el humanismo cristiano? ¿puede negarse al reclamo legítimo de la sociedad de la cual forma parte?

 

A N E X 0

 

Sobre pretendidos defectos inherentes a las tecnologías

 

Creemos oportuno reflexionar, aquí, sobre posibles defectos de la tecnología. Se ha dicho que si bien la actividad tecnológica se fundamenta en conocimiento científico no lo hace de manera exclusiva, ya que utiliza también conocimiento no científico y el trabajador social muchas veces tiene que operar sobre la base de intuiciones. Alguien podría decir: “A confesión de parte, relevo de prueba” y por consiguiente, concluir que la tecnología carece del rigor científico que se le atribuye.

 

Pensamos que una actitud tal presupone que el saber científico, o más precisamente, que la investigación científica sólo procede de manera inductiva o deductiva, o exclusivamente racional, excluyendo para ello todo otro tipo de conocimiento que no sea estrictamente racional. Frente a este modo de discurrir basta preguntarse: ¿ Cuál es el método para obtener las premisas? ¿Acaso –aún en el ideal matemático baconiano- no se trata de “deducir conclusiones necesarias de premisas claras”? ¿Pero de dónde proviene las premisas? ¿Por qué el físico efectúa las observaciones que realiza, cómo las diseña y las interpreta? 

 

Al igual que el tecnólogo, el científico emplea múltiples procesos psíquicos y no puede controlarlos todos. ¿Acaso no hay presupuestos, es decir, supuestos que no se someten a discusión en el proceso de investigación de las disciplinas llamados impropiamente “exactas” y "puras?

 

¿En cuál ciencia no interviene la percepción, la imaginación, la representación visual conceptos de diversos grados do abstracción ?

 

¿En cuál ciencia no se compara, se analogiza, se conjetura, se inducen generalizaciones  y se deducen consecuencias? ¿Quién podría pretender que todos estos proceso mencionados sean controlados para saber cuándo y cómo intervienen en el proceso total de investigación científica[66]  

 

Lo anterior no invalida la importancia de la investigación científica, sino que la constituye en una admirable y compleja acción humana, ¿por qué las mismas características deberían ser negativas cuando se trata de la investigación tecnológica?                   

 

Lo curioso con la tecnología es que se la ataca por no ser tan “exacta”, “precisa” y “pura” como la ciencia, y a la vez por no ser tan “poética”, “intuitiva” y “creadora” como las artes. Pensamos, como muy bien lo expresa Bunge[67] -que “quienes alaban las artes por ser imaginativas y desprecian las ciencias por su supuesta “aridez” no pueden haber ido más allá de la tabla de logaritmos. Es posible sostener que la investigación científica es mucho más imaginativa que el trabajo artístico, aunque ese ingenio puede no ponerse de relieve en el producto final (...) La imaginación creadora es más rica en las ciencias que en las artes, puesto que debe trascender la experiencia sensible y más exigente porque debe trascender al yo y procurar ser verídica (...) En particular las grandes teorías que modifican nuestra visión del mundo son tan poéticas como puede serlo la misma poesía”.

 

Se podría argüir que se puede, quizá compartir la posición de Bunge por cuánto éste habla de la investigación científica. Si así se pensase no hay que el mismo autor nos dice: “ Si los requisitos de utilidad, confiabilidad y bajo costo se superponen a la verdad, obtenemos la tecnología moderna. Quien quiera que no comparta un prejuicio aristocrático por el trabajo y los artefactos, que debe admitir que la invención tecnológica no es en sentido alguno inferior a la creación científica y que implica un empleo equivalente de fantasía y también una inversión equivalente de conocimientos” [68]

 

En la universidad pueden existir los mitos, aunque no se quiera; lo que no puede suceder es que no se sometan a la crítica racional y compleja. Esperamos que la tecnología social no muera a manos de los mitos que no se critican.


 

[1] Misología: aversión a la ciencia


 

 

NOTAS

 

[1] Catálogo General 1979/1980

[2] De manera genérica entenderemos por epistemología –siguiendo a Piager- como “El estudio de la constitución de los conocimientos válidos”

[3] Una fundamentación de esta concepción se encuentra en el lugar señalado en la cita 4

[4] PIAGET, Jean. Naturaleza y métodos de la epistemología. Lógica y conocimiento científico. Ed. Proteo, Bs. As., 1970, p. 17

[5] PIAGET, Jean. La psychologie de l´intelligence, ern adelante P. I. ) . A. Colin, Paris, 1947, p. 8 (Hay traducción castellana: La psicología de la inteligencia. Ed. Psique, Bs. As. , 1960)

[6] PIAGET, Jean. Etudes d´epistemologie genétique. (en el futuro E.E.G.) IV,  Ed. Presses Universitaires de France, Paris, 1957, p. 43

[7] El uso deliberado del adverbio “eminentemente”, alude al reconocimiento que en las relaciones  entre sujeto y objeto siempre hay una relación biunívoca, pero también de que esa biunivocidad no es equivalente en el conocer y el hacer.

[8] Definimos la eficacia como la capacidad de producir un efecto y la eficiencia como la capacidad de producir un efecto en el menor tiempo, con el menor costo y de manera óptima.

[9] Es necesario distinguir el uso del término "norma" aplicado a la regla en cuanto norma de operar con criterio de eficacia de aquellos otros sentidos como el de norma moral en el cual el criterio es la bondad, o norma estética, en la cual el criterio es la belleza o en el caso del derecho donde el criterio es la justicia, etc...

[10] Aquí cabría una reflexión de los fundamentos sicológicos y éticos de esta necesidad que evitamos para no distraernos del objetivo principal del trabajo.

[11] BUNGE, Mario. La investigación científica. (En el futuro : Bunge I.C.) Ed. Ariel, Barcelona, 1969, p. 694

[12] BUNGE, Mario. (I.C.) ,  p. 702

[13] BUNGE, Mario. (I.C.) ,  p. 684

[14] Ibid.

[15] Utilizamos la palabra “instrumento” en el sentido más amplio del término (incluye, por ejemplo, el habla, los mensajes semióticos de otro tipo, etc.)

[16] BUNGE, Mario. (I.C.),  p. 685

[17] ALVARIÑO, Pilar. El proyecto como modelo de acción social. RTS No 11, página 11

[18] RTS No 9-10

[19] Página 11

[20] Loc. cit

[21] Véase anexo

[22] Un ensayo de perfeccionar la precisión del objeto se puede ver en la parte siguiente (IV), de este trabajo.

[23] ALVARIÑO, Pilar, RTS No 11, pág. 12 (Un nuevo enfoque de la profesión)

[24] Ibid. pág. 13

[25] Ibid. pág. 14 (La comunidad)

[26] Parte del documento básico de la reestructuración de la Escuela de Trabajo Social de la U. Católica. RTS Nº 9-10 pág. 12 (El objeto de acción del Trabajo Social).

[27] Ibid. pág. 11.

[28] Ver referencia 6.

[29] Ibid.

[30] Véase al respecto BUNGE, Mario, La investigación científica, Edit. Ariel, Barcelona 1969, pág. 634.

[31] Véase referencia 5

[32] A título de ejemplo, véase el artículo “objeto” y “objetivo” en: FERRATER MORA, José. Diccionario de Filosofía. Ed. Sudamericana, Bs. As.,  1965, tomo II, p. 130

[33] PIAGET, Jean. La naissance de l´intelligence chez l´enfant, 3ª ed. Delachaux y Niestlé, Neuchatel, 1949, p. 13 (Existe traducción española en Ed. Aguilar, Madrid, 1969.

[34] PIAGET, Jean. Intoduction a l´epistemoligie génétique I. La pensée mathematique, P.U.F., Paris, 1949, p.253.  Respecto a “conciencia colectiva”, p. 66. Relación  entre pesnsamiento y praxis, p.69 y 82-83.

Aquí es pertinente una reflexión más profunda sobre las relaciones entre sujeto y objeto.

[35] GRANGER, Giles-Gaston. Formalismo y ciencias humanas. Ed. Ariel, Barcelona, 1965, p. 72

[36] Aquí podrá introducirse una interesante reflexión sobre estructuras y visiones del mundo y sobre lenguaje y pensamiento. PIAGET, Jean. Intoduction a l´epistemologie génétique I. La pensée mathematique, P.U.F., Paris, 1949, p. 71

[37] Ibid., p73

[38] Entendemos la “descentración” en el sentido de Piaget quien nos dice: “El sujeto es tanto más activo cuanto más logra descentrarse, o para decirlo mejor, su cescentración es la medida misma de su actividad eficaz sobre el objeto...”  “...en nivel alguno es posible separa el objeto del sujeto. Sólo existen relaciones entre ellos dos, pero esas relaciones pueden ser más o menos centradas o descentradas, y esa inversión de sentido es el paso de la subjetividad a la objetividad” . Introduction a l´epistemologie génétique. II, P.U.F., Paris, 1950, p. 15-16

[39] Ibid., p. 77

[40] Concepto de conciencia colectiva y de “lo social”:  PIAGET, Jean. Intoduction a l´epistemologie génétique I. La pensée mathematique, P.U.F., Paris, 1949, p. 66-67

[41] R.T.S.,  Nº 9-10,  p. 11

[42] PIAGET, Jean et alii. Epistemología de las ciencias humanas, Ed. Proteo, Bs. As., 1972,  p. 67

[43] Lo dicho permite intentar la recuperación de “lo individual” sin renunciar a hacerlo a través de un proceso racional y a la vez evitando caer en intuicionismos, sentimentalismos o irracionalismos incompatibles con el rigor.

[44] Una reflexión sobre la comprensión y explicación como procesos cognoscitivos y su vinculación en las relaciones de implicación y causalidad, permitirán profundizar más sobre el objeto y el objetivo del Trabajo Social. PIAGET, Jean. Intoduction a l´epistemologie génétique I. La pensée mathematique, P.U.F., Paris, 1949, p. 79-80.

[45] R.T.S., Nº 13, p. 13

[46] Relaciónese con los llamados “Niveles de intervención del Trabajo Social”, entre los que se suelen,  mecionar individuos, familias, grupos pequeños, organizaciones formales, comunidades, regiones, sociedades.

[47] OTTENBERGER,  Ana. “Perspectiva de la investigación en Servicio Social”. Trabajo presentado al IV Seminario Latioamericano de Servicio Social. Comcepción, Chile, 27 al 31 de enero de 1969 (Mimeo)

[48] Con respecto a la influencia de los valores en el proceso de investigación , véase Ataliva Amengual S. "Reflexiones para un estudio de los valores y su influencia sobre el proceso da investigación científica en las ciencias sociales" en Estudios Sociales Nº 8, Corporación de Promoción Universitaria (CPU), Santiago de Chile, Junio de 1976.

[49] Aquí corresponde recordar que con frecuencia de se señalan como problemas sociales que debe atender el trabajador social: la drogadicción, el alcoholismo, la delincuencia, la enfermedad mental, la situación irregular de los menores, el retardo mental, la discriminación racial o en términos más comunes y generales: la pobreza, la carencia de vivienda adecuada, los problemas de salud, de educación, etc.

Cada problema social exprese la diferencia entre los valores sociales o utopías sociales y la realidad social concreta, lo cual genera, tensiones, desequilibrios o conflictos.

[50] R.T.S., Nº 13, p. 13

[51] R.T.S., Nº 13, p. 10

[52] Considérese la importancia que tiene el que el Trabajo Social –en cuanto disciplina- esté dentro de la Universidad Católica y cómo la investigación y docencia que ella implica requiere de un aporte multidisciplinario del cual no pueden estar ausente la Filosofía y la Teología.

[53] Recuérdse la reflexión expresada en la nota 51. PIAGET, Jean. Intoduction a l´epistemologie génétique I. La pensée mathematique, P.U.F., Paris, 1949, p. 85 al final.

[54] BUNGE, Mario, La investigación científica, Edit. Ariel, Barcelona 1969, pág. 634.

[55] Veáse lo mencionado en la cita 47.

[56] La "Declaración Universal da los Derechos Humanos" es una exposición de dichos derechos.

[57] También aquí se podría profundizar en el concepto de desarrollo, reflexionando sobre las relaciones entre autorregulación y progreso, y sobre los subprocesos de acomodación  y asimilación constitutivos del proceso de adaptación, así como de las actividades modificatorias del entorno. PIAGET, Jean. Intoduction a l´epistemologie génétique I. La pensée mathematique, P.U.F., Paris, 1949, p. 72-73

[58] Aquí sería oportuno profundizar en los conceptos de “conciencia real” y conciencia posible”, PIAGET, Jean et alii. Epistemología de las ciencias humanas, Ed. Proteo, Bs. As., 1972, p. 75-76

[59] Como manifestaciones habituales de dicha actividad tecnológica se suelen señalar: el trabajo social indiovidualizado, la terapia familiar, el trabajo social de grupo, la administración ,consulta supervisión, investigación, el desarrollo de la comunidad, la planificación social, etc. (en el supuesto que se proceda con los objetivos del Trabajo Social)

[60] R.T.S., Nº 13, p. 10

[61] Ibid.

[62] Entendemos por PRAXEOLOGÍA una teoría esencialmente interdisciplinaria de los comportamientos, en tanto que relaciones entra los medios y loa fines (u objetivos) desde el punto de vista tanto del rendimiento como de las elecciones.

[63] Aquí es pertinente una reflexión sobre la comprobación y la valoración.

[64] TIZÓN, Jorge L. Introducción a la epsitemología de la psicopatología y la psiquiatría. Ed. Ariel, Bracelona, 1978,  p. 10

[65] Proceso de estructuraci y tendencia a incorporar un espacio más vasto del universo (complexificación) (extensión de elementos y de relaciones) y obstáculos para ello. PIAGET, Jean. Intoduction a l´epistemologie génétique I. La pensée mathematique, P.U.F., Paris, 1949, p. 72

[66] Véase al respecto las consideraciones de Karl Popper sobre la distinción entre aspectos lógicos y psicológicos de la investigación, esencialmente en su obra La lógica de la investigación científica, Ed.  Tecnos, Madrid, 1962.

[67] BUNGE, Mario. Intuición y ciencia. Ed. Eudeba, Bs. As., 1965, pp. 122-125.

[68] BUNGE, Mario. loc. cit.

 

Santiago, Septiembre de 1979