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Ensayo
sobre el proceder en la Universidad
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Con motivo de la revolución de la
informática, las comunicaciones y consecuentemente la
multiplicación exponencial de la información y su
disponibilidad, la globalización que se observa en los procesos
económicos y culturales, y la innovación permanente, el proceso
acelerado de cambios y la complexificación del proceso
universal, se ha generado una reflexión sobre las
características que debería tener la persona para enfrentarse a
estas realidades. Es decir, cómo formar a esa persona para que
pueda enfrentarse adecuadamente a esta realidad.
En otras palabras se pregunta sobre la educación
de las personas.
Se trata de formar a la mujer y al hombre con
criterios de comprensión; manejo de métodos y de
capacidades para seleccionar y discernir, y competencias que
permitan crecer y adaptarse a esas realidades de conocimientos y
sociedad cambiantes.
Lo anterior se vincula con la capacidad de
análisis, reflexión, síntesis; con la capacidad de establecer
relaciones, e insertar la información en contextos
significativos mayores, como asimismo de desarrollar capacidades
de juicio para actuar adecuadamente, es decir ética y
eficazmente, lo que implica inculcar valores.
La complejidad exige actualmente un esfuerzo
mayor por capacitar para la abstracción y la síntesis que en
épocas donde la realidad era más simple o se la consideraba
menos compleja. Se trata de tener visiones más amplias y
complejas, buscar y reconocer las relaciones entre los hechos y
procesos, superar el pensamiento parcializado,
compartimentalizado, descubrir totalidades significativas y
preguntarse por el porqué de los problemas y cómo se relaciona
con otros problemas, se trata de replantearse los problemas,
origen de toda investigación.
Lo más relevante es
que, en este nuevo contexto, lo que se necesita aportar es la
capacidad de crear conocimiento. En este contexto lo que se
precisa, y por lo tanto se aprecia, es la creatividad y el
aprendizaje.
Se trata de que cada
sujeto se forme, es decir, que por sí mismo aprenda estas
características que lo capacitarán. El nuevo modelo ha de tener
en cuenta que lo que se valora son las competencias y
capacidades y que éstas deben desarrollarse en cada persona.
La pregunta
fundamental de la hora actual es: ¿cómo se aprenden estas
características requeridas por el mundo de hoy y mañana? y más
definidamente ¿cómo se aprenden en la universidad?
Sin duda, porque se
trata de hábitos prácticos es necesario practicarlos, lo cual
nos remite a la metodología empleada en la universidad para la
enseñanza-aprendizaje.
Diálogo
Un punto
fundamental es reconocer cómo la mujer y el hombre se
constituyen en persona humana y social. Sin duda ello se
consigue a través del diálogo, a través de la palabra, y la
razón. Es en el intercambio de palabras y razones, cómo se
constituye la mujer y el hombre en persona, y al relacionarse se
constituye la sociedad, el hombre se transforma en ser social.
Así pues, el diálogo constituye a la persona y a la sociedad.
De aquí la necesidad de que se supere la
etapa del monólogo, tan difundida en la enseñanza, donde el
profesor habla y el alumno escucha pero sin intervenir,
memorizando lo que se le dice y después repitiéndolo sin haberlo
asimilado durante la prueba o el examen. Si bien se ha insistido
en este punto, aún permanece este procedimiento en buena parte
de los procesos de educación.
No obstante sería insuficiente para
caracterizar la concepción de la universidad que sólo se
afirmase el diálogo, pues tal diálogo es una afirmación genérica
acerca de las relaciones humano-sociales y válida para cualquier
institución social.
Diálogo y
metodicidad
Una de las características que tipifica el
diálogo universitario es el método. No cualquier diálogo
constituye al hombre en universitario, ni a una comunidad en
universitaria. El diálogo constitutivo del universitario y la
universidad es el diálogo metódico. Es a través de
procedimientos racionales que se constituye el diálogo
universitario. El ejercicio del método es requisitos para formar
a una mujer y un hombre metódicos que satisfagan la exigencia de
manejo de métodos Lo que distingue y tipifica al universitario
de otros hombres y a la comunidad universitaria de otras
comunidades humanas es que someten todo al diálogo racional.
Cuando un grupo de
personas se dedica a tratar acerca de cierto objeto de manera
metódica, constituye la comunidad disciplinaria. La disciplina
es la aceptación de un procedimiento racional para dialogar
acerca de un objeto; en otras palabras, es el tratamiento
metódico de un objeto.
Los universitarios
afirman la necesidad del diálogo metódico no porque sea una
seguridad contra el error sino porque es, en cuanto metódico,
perfeccionable, porque permite la corrección de las
inadecuaciones del conocimiento y hace a éste progresivamente
sistemático. Como consecuencia de ello se establece el rechazo
de la teoría y la praxis de la irracionalidad en el diálogo
universitario, es decir, el rechazo de todo intento de imponer
cualquier tipo de dialéctica que impida el diálogo metódico.
Las unidades
académicas deberán, pues, constituirse sobre un fundamento
disciplinario y ser la expresión institucional del grupo
disciplinario, de la comunidad disciplinaria de trabajo. Así
pues, la universidad es una comunidad de comunidades
disciplinarias, es decir una comunidad interdisciplinaria, tema
que trataremos más adelante cuando hablemos de la complejidad.
Por otra parte, si
el conocimiento se constituye gracias a las disciplinas no se ve
otro modo de enseñarlo y aprenderlo fuera de éstas. Toda la
actividad universitaria se funda en el trabajo por lograr un más
adecuado conocimiento de la realidad a través del ejercicio del
diálogo metódico y, más precisamente, disciplinario.
La investigación
metódica sobre un objeto, que realiza un grupo humano cuya
institucionalización genera una unidad disciplinaria, es el
proceso continuado que permite la acumulación de un
conocimiento cada vez más adecuado, y nunca perfecto, de la
realidad. Todas investigación disciplinaria debe comunicarse
para que sus resultados y los procedimientos a través de los
cuales se lograron puedan ser conocidos y controlados
públicamente.
La publicación del trabajo disciplinario
puede hacerse a través de la escritura o en forma oral, o a
través de lo escrito y lo oral; pero el lenguaje, sea escrito u
oral, a través del cual se comunican los procedimientos y
acumulaciones disciplinarias, no es idéntico al lenguaje común
de una sociedad. Toda disciplina construye un lenguaje
artificial que contiene signos tomados del lenguaje común a las
sociedad que en la cual se investiga, pero al cual agrega otros
signos y combinaciones de signos que se introducen para expresar
ideas peculiares de la disciplina en cuestión. Lo lenguajes
disciplinarios se originan y cambian conjuntamente, con las
ideas disciplinarias; en otras palabras, con las teorías y
métodos disciplinarios.
La participación en
el diálogo disciplinario requiere el conocimiento del lenguaje
disciplinario, pero éste no puede aprenderse al margen de la
teoría y los métodos de las disciplina. Ahora bien, como todo
lenguaje, también el científico es un proceso social dinámico
que requiere participar en experiencias comunes. La
participación en el en diálogo disciplinario es el proceso
fundamental para constituirse en hombre disciplinado dentro de
la comunidad disciplinaria.
Las acumulaciones disciplinarias son
enteramente conceptuales, si bien los procedimientos de
investigación disciplinaria exigen habilidades sólo
parcialmente conceptualizadas. De todos modos, las actividad
universitaria exige que la comunicación de acumulaciones y
procedimientos sea metódica. Lo anterior excluye procedimientos
no racionales en la comunicación de las teorías, métodos y
habilidades y de los respectivos lenguajes. No cualquier tipo de
comunicación es aceptable en la universidad; una docencia
metódica es la única aceptable, porque es la única que permite
un aprendizaje metódico, el solo camino para lograr una
participación en el diálogo metódico, requisito para
constituirse en miembro participante de la comunidad
disciplinaria y en sujeto disciplinado. Cuando alguien ha
adquirido la capacidad de ejercer la disciplina, la universidad
se lo reconoce públicamente por mención del grado.
Dado que el conocimiento disciplinario es
parte constitutiva de una cultura y que el derecho de todos los
miembros de una sociedad a participar plenamente en la cultura
debe actualizarse, la universidad deberá solidariamente cooperar
en hacer participar en mayor número posible de personas, de modo
directo
(" extensión universitaria ", " extensión
cultural "," comunicación social ", etcétera) o indirecto (
formación de profesores de todos los niveles, etcétera ) en el
trabajo disciplinario y sus productos. Pero toda actividad que
se oriente a hacer que participe el mayor número de personas en
la actividad universitaria y sus frutos, no deberá olvidar que
la actividad universitaria es diálogo metódico, actividad
disciplinaria. Asimismo, todo tipo de compromiso de la
universidad y del universitario como tal es a través de su
propia especificidad, es a través del ejercicio disciplinario.
Por eso, quienes
atacan a la actividad metódica, al trabajo disciplinario, al
rigor en los procedimientos, atacan a algo intrínsecamente
constitutivo de la universidad y de la actividad del
universitario. Toda iniciativa que, de alguna manera, atente, en
la teoría o en la praxis, contra la disciplinariedad en la
universidad atenta contra la universidad y el universitario, más
aún atenta contra el progreso del conocimiento disciplinario. No
se ve cómo puede producirse acumulación de conocimiento metódico
al margen de la disciplina, y si bien “Hoy en día, las
vertiginosas tendencias que afectan la vida laboral hacen
conveniente integrar los bienes de desarrollo personal a una
vida productiva y hacerlo en nombre de la flexibilidad”
,
no se ve que esa flexibilidad no tenga en cuenta la disciplina,
dado que la flexibilidad supone, frecuente aunque no únicamente,
conocimiento disciplinado de la realidad y, además, este
conocimiento disciplinado es parte de los bienes de desarrollo
personal.
Como lo
señalan Flores y Gray: “La diferencia entre los emprendedores,
los activistas políticos y los trabajadores culturales reside en
las diferentes intuiciones que ellos tienen de las anomalías
sociales que son fuente de las innovaciones. En las anomalías
sociales, los emprendedores ven oportunidades para nuevos
productos y servicios...”.
Dichas intuiciones no se hacen al margen de conocimiento poseído
y serán más apropiadas si tienen por contexto un conocimiento
adecuado. Un conocimiento adecuado de la realidad, normalmente,
aunque no exclusivamente, exige un proceso de conocimiento
disciplinario. Conocimiento que parte por la proposición de un
problema, primera etapa del método.
Además la realización de las nuevas
soluciones o innovaciones requieren también de un proceso
tecnológico que exige la disciplina o la interdisciplina.
Además, la innovación permanente y la aceleración de los
procesos de cambio es resultado de la aplicación cada vez más
amplia, intensa y sistemática, del conocimiento científico y sus
aplicaciones tecnológicas, es decir del conocimiento
disciplinario o interdisciplinario, a todas las esferas de la
vida humana.
Es necesario señalar
que la universidad, cuando se estructura, debe respetar esta
exigencia necesaria del diálogo metódico, de la disciplina.
Las unidades
académicas deberán, pues, constituirse sobre un fundamento
disciplinario y ser la expresión institucional del grupo
disciplinario, de la comunidad disciplinaria de trabajo. Cuando
en la universidad se constituyen unidades académicas al margen
de este criterio disciplinario de institucionalización, o
contrarias a él, se atenta contra la universidad, aunque no se
pretenda o declare ese objetivo. Por otra parte, la universidad
es una comunidad de comunidades disciplinarias, es decir una
comunidad interdisciplinaria.
Diálogo metódico y
criticidad
La crítica es exigida por los procedimientos
de las actividades específicas de las disciplinas del
conocimiento. Es imposible, sin crítica, una dialéctica con
señalamiento de las contradicciones e incoherencias de una
tesis.
Pero se había
señalado un que en la universidad la dialéctica debía hacer
dialógica y el diálogo debía ser metódico. Agréguese ahora que
el método debe ser crítico. Sin duda, no todos los métodos son
igualmente críticos, pero también es verdad que cualquier
diálogo que sea metódico es más pasible de crítica que el que no
lo es. Por otra parte, cualquier crítica que sea metódica es más
eficaz que la que se realiza sin método. Así, pues, la crítica
se favorece con el método y el método es el mejor instrumento
para la perfección de la crítica.
Esta criticidad por ser constitutiva de los
métodos disciplinarios, es exigida para la existencia y
perfeccionamiento de las disciplinas. Por consiguiente, si la
universidad exige el ejercicio disciplinario, deberá posibilitar
la crítica disciplinaria; en decir, la crítica metódica.
Para que el
ejercicio del método y las consecuentes acumulaciones del
ejercicio metódico puedan ser objeto de crítica, es necesario y
previo que se conozca el método y las acumulaciones de
determinada disciplina. Así, los que participan en el ejercicio
metódico de una determinada disciplina son los que están
capacitados para criticar ese propio ejercicio y las
acumulaciones que de él se siguen. La universidad deberá, por
tanto, estructurar las relaciones de quienes son capaces de la
crítica disciplinaria, de tal modo que ésta se vea garantizada
en su habitualidad. Lo anterior se consigue haciendo que quienes
se dedican a una misma disciplina se e encuentren organizados en
una unidad de trabajo, en una comunidad disciplinaria, en donde
el ejercicio disciplinario y sus efectos han de ser sometidos
adecuada y oportunamente a crítica.
Si se quiere
garantizar la crítica necesaria al desarrollo disciplinario, se
deberá resguardar que quien profesa una disciplina participe y
tenga por sede el grupo, la comunidad de los que se dedican a
la misma disciplina. Cuando quien se dedica a la actividad de
una disciplina no tiene la crítica de sus colegas, carece del
necesario control social de su actividad y, con ello, su
ejercicio disciplinario pierde la garantía de la progresiva
corrección de los errores y del perfeccionamiento de los
aciertos. Cuando la universidad no garantiza está exigencia de
crítica institucionalizada a través de adecuadas estructuras
universitarias, se pierde el rigor y se destruye el método y con
ello, la disciplina misma.
Lo anterior es claro para la función de
investigación y, también, lo que es para un adecuado ejercicio
de la función docente. La posibilidad de que la docencia sea
eminentemente enseñanza, conocimiento y ejercicio, de cómo
perfeccionar el conocimiento acerca de determinado objeto, y no
sólo aprendizaje de acumulaciones ya realizadas por la
disciplina, exige el que está en el proceso discente aprenda el
proceso mismo de crítica metódica supuesta por el ejercicio
disciplinario. Es en la participación de el diálogo metódico y
crítico, disciplinario, como se aprende a trabajar
disciplinadamente.
Asimismo, esta criticidad a que se hace
referencia tiene sus consecuencias para la relación de la
universidad con los demás grupos y organizaciones sociales y
respecto de la sociedad toda. Se decía, en página anterior,
que todo tipo de compromiso de la universidad con la sociedad
debe actualizarse a través de un diálogo metódico. Ahora se
debe agregar que ese compromiso, además de metódico, debe ser
crítico. La universidad debe ser crítica para comprometerse y no
puede actualizar ningún compromiso que no le permita ser
crítica, pues ello la enajenaría y la haría atentar contra sí
misma. La criticidad como exigencia intrínseca de la actividad
universitaria es lo que funda el derecho de la universidad a la
autonomía. Sin autonomía es imposible, en teoría y más aún en
la praxis, el ejercicio de la crítica. Y, por lo anterior, se ve
claro que la posibilidad de una auténtica universidad no se da
al margen de la posibilidad de una sociedad democrática.
Como lo señala J.
J. Brunner: “la tendencia general es a aumentar la
autorregulación de los sistemas y a disminuir los controles de
carácter burocrático y las regulaciones administrativas que en
muchas partes son todavía excesivas. El concepto de
autorregulación tiene un estrecho vínculo con el valor de la
autonomía institucional y con la libertad de la vida
intelectual. El conocimiento no se desarrolla bajo condiciones
de control externo, ni florece allí donde es sometido a una
rigurosa planificación. La invención, los descubrimientos, la
crítica, la reflexión y la erudición requieren un clima de libre
comunicación y competencia basado en un fuerte componente de
autogestión. Por eso los sistemas de educación superior, y las
universidades en particular, buscan aproximarse más a modelos
organizacionales fundados en la noción de redes autónomas de
profesionales que a modelos regimentados, burocráticos o de
producción en masa.”
Por
otra
parte,
necesario
es
señalar
que
está
crítica
debe
ejercerse
también,
y
fundamentalmente,
como
autocrítica.
Esta
autocrítica
debe
ser
igualmente
metódica
y,
además,
ha de
estar
institucionalmente
garantizada.
Instancias
institucionales
como
el
claustro
y
el
consejo
superior
o
senado
académico
son
apropiadas
para
la
autocrítica
de
la
universidad
como
tal;
estructuras
como
el
consejo
de
la
unidad,
o
instancias
análogas,
son
apropiadas
para
la
autocrítica
de
las
comunidades
disciplinarias,
etcétera.
Quizá
sería
necesario
crear
estructuras
en
las cuales
los
universitarios
puedan
tomar,
a la
universidad
y
a las
comunidades
de
trabajo,
como
objeto
de
reflexión
crítica
y
metódica
que
les
permita
transformar
su
vivencia
universitaria
en
experiencia
reflexionada.
En
la
medida
en
que
esta
autocrítica
sea
comprendida
en
su
verdadera
significación,
aparecerá
menos
relevante
hablar
de
proceso
de
reforma
de
la
universidad
como
si
fuese
una
innovación
marginal
al
proceso
mismo
del
quehacer
universitario.
En
realidad,
podría
pensarse
que
hablar
de
un
proceso
de
reforma
de
la
universidad
es
reconocer
que
se
ha
perdido
la
universidad
y,
entonces,
ya
no
se
trata
de
reformar
la
universidad
sino
de
recuperarla,
de
reoriginarla.
Para cerrar esta parte acerca de la crítica
mencionaremos una opinión de Cristián Cox: “Sin pensamiento
crítico no hay innovación, sin capacidad del sujeto de mirar su
comunidad, organización, partido, iglesia, desde fuera y verla
escépticamente no hay innovación. Esa es una razón práctica,
tecnocrática para la formación de personas críticas, con
capacidades de ‘motor propio’ y con una formación mucho más
amplia y abierta que la de ‘instrumentos de la empresa”.
El sistema
escolar tiene que formar personas libres, "con capacidad de
crecimiento y auto-afirmación personal, (....) con capacidades
reflexivas y críticas, que les permitan comprender y participar
activamente, como ciudadanos, en el cuidado y reforzamiento de
la identidad nacional y la integración social, y en la solución
de los múltiples problemas que enfrenta la sociedad moderna".
Se
decía
que
el
diálogo
era
necesario
para
concebir
la
universidad,
pero
que,
a
la
vez,
eran
insuficiente
para
distinguir
de
otra
institución
social.
Asimismo,
debe
decirse
que
el
método
y
la
criticidad
metódica
son
también
necesarios
para
concebir
la
universidad,
pero
insuficientes
para
distinguirla
de
otra
institución
disciplinaria
como,
por
ejemplo,
un
instituto
de
ciencia,
o
de
filosofía,
u
otra
institución
disciplinaria
o
multidisciplinaria.
Hay
una
característica
que
agregar
al
diálogo
metódico
y
crítico,
para
identificar
a
la
universidad;
a
ella
la
nombraremos
complejidad.
De
alguna
manera,
la
complejidad
hace
que
el
diálogo,
metódico
y
crítico,
acceda
a
una
nueva
forma
de
ser.
Este
exigencia
de
complejidad
surge
del
intento
de
aprehender,
de
conocer
la
realidad
en
su
universalidad,
es
decir,
en
la
unidad
de
la
múltiple;
en
otras
palabras,
sintéticamente.
Como señalaba la
Universidad de las Naciones Unidas
“La ciencia emergente de la complejidad busca la forma de
mejorar la comprensión del comportamiento de sistemas complejos
interconectados, tanto en el campo de lo natural como de lo
social, y luego trata de aplicar ese nuevo conocimiento a los
más variados aspectos del comportamiento humano...”
Interdisciplinariedad
De
aquí
que
la
universidad
no
debe
ser simplemente
el
conjunto
de
disciplinas
ni
de
conocimientos
especializados,
ni
el
universitario
meramente
un
especialista.
La
investigación
propiamente
universitaria
es
la
que
surge
de
la
actividad
interdisciplinaria
donde,
a
través
de
un
diálogo
entre
todas
las
disciplinas,
se
obtiene
un
conocimiento
complejo
y
provisioriamente
sintético
de
la
realidad.
La interdisciplina nos permite, sin abandonar
nuestro trabajo cotidiano, construir un nuevo conocimiento
considerando el aporte de distintas disciplinas. Esa
articulación de disciplinas se requiere tanto para comprender y
compartir nuestros saberes, como de aceptar nuestros límites e
ignorancias y respetar las diferencias.
Se habla de interdisciplinariedad porque
existen las disciplinas que deben ser articuladas; y porque los
problemas, naturales o sociales, que son complejos, la exigen
para su conocimiento y solución.
Inspirados en Piaget podemos definir tres
niveles de interacción, de jerarquización e integración entre
las disciplinas:
1. Multidisciplinariedad.
El nivel inferior de integración; ocurre cuando en la solución
de problemas se busca información de varias disciplinas sin que
dicha interacción contribuya a modificarlas o enriquecerlas.
2. Interdisciplinariedad.
La cooperación entre varias disciplinas lleva a interacciones
reales, hay una forma de intercambio que las enriquece y
favorece el diálogo entre profesiones o disciplinas de un campo.
3.Transdisciplinariedad.
Se trataría de la construcción de un sistema total que no
tuviera fronteras sólidas entre las disciplinas.
Esta
exigencia
de
complejidad
funda
la
necesidad
del
trabajo
teórico
en
la
universidad
con
intensidad
especial,
pues
sólo
un
profundo
y
continuado
trabajo
teórico,
en
el
más
alto
grado
de
abstracción,
posibilita
la
unidad
de
la
diversidad
en
una
síntesis.
En el caso de las
disciplinas teórico-empíricas debemos tener en cuenta que “la
construcción de teorías está siempre dominada por algún
planteamiento. Un planteamiento puede caracterizarse como un
modo amplio y no-específico de considerar un tema. Supone a la
vez un punto de vista y un objetivo. El estudio de uno y el
mismo conjunto de hechos puede plantearse de varias maneras. Así
por ejemplo, una caída espectacular de las cotizaciones de la
Bolsa, puede plantearse por el economista con la intención de
descubrir la situación de los defectos económicos del país,
según el punto de vista de que los acontecimientos financieros
reflejan estados económicos; el psicólogo social puede plantear
el mismo acontecimiento para conseguir datos relevantes para la
opinión de que las fluctuaciones de un mercado son producto de
estimaciones subjetivas, difusión de rumores y contagio del
pánico; y el historiador puede estar interesado en estudiar el
hecho como consecuencia, por ejemplo, de una larga cadena de
inversiones erradas, y como el origen de expedientes de control
gubernamental. Cada uno de los tres especialistas insistirá en
un aspecto particular del mismo hecho, porque cada uno de ellos
tiene un blanco diferente y un punto de vista diferente. Los
diversos planteamientos pueden ser coherentes unos con otros, y
hasta mutuamente complementarios. Si se tienen todos en cuenta
al estudiar un determinado conjunto de hechos, se adopta, según
se dice, un planteamiento interdisciplinario. (Pero no
hay una interciencia, por ejemplo, una ciencia del espacio.)
No se trata de negar el trabajo disciplinario. Como bien dice
Emilio Roger Ciurana en su artículo titulado COMPLEJIDAD.
Elementos para una definición, p. 32 y 33: “La
transdisciplinaridad no niega lo disciplinar, como hemos dicho,
parte de lo disciplinar pero lo RELATIVIZA. Organiza en un saber
de un nuevo tipo los diferentes saberes. Por todo ello lo
transdisciplinar es del orden del saber complejo. La
transdisciplinaridad necesita y propone el encuentro entre el
teórico y el práctico; entre el filósofo y el científico. Más
aún propone que el hombre culto aspire a la polivalencia.
Propone que, sin disolverse el científico en el filósofo ni el
filósofo en el científico, se comuniquen lo más posible.”
Y E. Morin en
Introducción al pensamiento complejo
,
nos dice: p. 23 "¿Qué es la complejidad? A primera vista la
complejidad es un tejido (complexus: lo que esta tejido en
conjunto) de constituyentes heterogéneos inseparablemente
asociados: presenta la paradoja de lo uno y lo múltiple. Al
mirar con mas atención, la complejidad es, efectivamente, el
tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones,
determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo
fenoménico. Así es que la complejidad se presenta con los rasgos
inquietantes de lo enredado, de lo inextricable, del desorden,
la ambigüedad, la incertidumbre... De allí la necesidad, para el
conocimiento, de poner orden en los fenómenos rechazando el
desorden, de descartar lo incierto, es decir, de seleccionar los
elementos de orden y de certidumbre, de quitar ambigüedad,
clarificar, distinguir, jerarquizar... Pero tales operaciones,
necesarias para la inteligibilidad, corren el riesgo de producir
ceguera si eliminan a los otros caracteres de lo complejo; y,
efectivamente, como ya lo he indicado, nos han vuelto ciegos."
Página 59: "¿Qué es
la complejidad ? a primera vista es un fenómeno cuantitativo,
una cantidad extrema de interacciones e interferencias entre un
número muy grande de unidades. (Dice que hasta el más simple
sistema organizado combina un número muy grande de unidades)
p. 60. Pero la complejidad no comprende solamente cantidades
de unidades e interacciones que desafían nuestras posibilidades
de cálculo; comprende también incertidumbres, indeterminaciones,
fenómenos aleatorios. En un sentido, la complejidad siempre esta
relacionada con el azar. De este modo, la complejidad coincide
con un aspecto de incertidumbre, ya sea en los límites de
nuestro entendimiento, ya sea inscrita en los fenómenos. Pero la
complejidad no se reduce a la incertidumbre, es la incertidumbre
en el seno de los sistemas ricamente organizados. Tiene que ver
con los sistemas semi-aleatorios cuyo orden es inseparable de
los azares que incluyen. La complejidad está así ligada a una
cierta mezcla de orden y de desorden; mezcla íntima, a
diferencia del orden/desorden estadístico, donde el orden (pobre
y estático) reina a nivel de las grandes poblaciones, y el
desorden (pobre, por pura indeterminación) reina a nivel de las
unidades elementales."
Una
especial
mención habría que hacer
acerca
de
la
gran
importancia
que
tiene
el
enfrentar
de
manera
rigurosa
y
permanente
los
problemas
que
plantea
el
diálogo
interdisciplinario;
pues
sólo
a
través
de
la
creación
y
perfeccionamiento
de
procedimientos
racionales
de
comunicación
entre
las
disciplinas
se
puede
asegurar
el
diálogo
interdisciplinario.
La
universidad
debería
institucionalizar
una
instancia
en
que
los
problemas
de
la
comunicación
interdisciplinaria
fuesen
objeto
de
estudio
metódico
y
permanente,
instancia
instrumental,
pero
sine qua non
para
la
actividad
interdisciplinaria.
Aquí
habría
que
mencionar
ciertos
problemas
y ciertas
soluciones
que
se
han
planteado
con
motivo
del
ejercicio
interdisciplinario
en
la
universidad.
Dada
la
complejidad
que
implica
el
diálogo
interdisciplinario
y
de
todas
las
disciplinas
presentes
en
la
universidad,
se
le
han
buscado
soluciones
intermedias,
hay
dos
que
cabe
señalar:
los
centros
interdisciplinarios
y
los
institutos
o
escuelas
interdisciplinarias.
El
centro
se
caracteriza
por
efectuar
un
dialogo
interdisciplinario
sobre
un
objeto
determinado,
entre
personas
dedicadas
a
diversas
disciplinas.
Es
el
objeto
del
estudio
el
que
funda
la
unidad
del
centro,
a
diferencia
de
las
unidades
disciplinarias
en
donde
la
disciplina
es
lo
que
las
identifica.
Para
resguardar
el
necesario
control
social
que
exige
el
ejercicio
disciplinario,
la
persona
que
constituyen
el
centro,
no
dejan
de
pertenecer
a
su
unidad
disciplinaria.
El
que
se
estudie
interdisciplinariamente
un
determinado
objeto
es
una
decisión
dependiente
de
una
política
de
investigaciones
que,
como
toda
política,
tiene
sus
limitaciones
en
el
tiempo
y
de
acuerdo
con
las
circunstancias.
De
lo
anterior
se
sigue
que
o
un
centro,
de
por
sí,
no
es
permanente,
aunque
es
obvio
que
tiene
necesidad
de
la
estabilidad
que
la
eficacia
del
estudio
requiere.
Distinto
es
el
caso
de
los
institutos o escuelas interdisciplinarios.
Estos
se
fundan
no
en
el
objeto
de
estudio
si
no
en
la
analogía
de
las
disciplinas
que
unifica.
Así,
por
ejemplo,
puede
concebirse
un
instituto
de
ciencias
sociales,
en
que
disciplinas
como
la
sociología,
la
ciencia
política,
la
antropología,
y
otras,
pueden
constituirse
en
una
unidad
para
complementarse
mutuamente
en
el
estudio
de
la
realidad
social.
En
este
caso,
la
unidad
puede
ser
permanente
en
la
medida
que
se
funda
en
un
proceso
de
creciente
convergencia
entre
las
disciplinas
y
en
el
conocimiento
metódico,
crítico y complejo
de
la
realidad
social.
Estas
instancias
intermedias
en la
tendencia
al
conocimiento
interdisciplinario
complejo
no
son,
sin
embargo,
alternativas
respecto
de
la
exigencia
de
complejidad
intrínseca
y
propia
de
la
universidad.
Más
que
como
alternativas,
deben
ser
consideradas
metas
respecto
de
un
objetivo.
La
característica
de
complejidad
de
la
universidad
no
sólo
tiene
relación
con
la
investigación;
también,
la
docencia
se
ve
tipificada
por
la
complejidad,
si
es
auténtica
docencia
universitaria.
Este
problema
ha
dado
origen
al
experiencia
del
llamado
"
currículo
flexible".
El
currículo
flexible
quizás
pueda
tener
ventajas
respecto
del
tradicional
currículo
disciplinario
relativamente
fijo
y
especializado.
Sin
embargo,
pienso
que
la
flexibilidad
no
satisface
la
exigencia
de
complejidad,
aunque
en
cierto
grado
puede
ser
una
condición
para
obtenerla.
Habría que hablar de un “currículo flexible y complejo”
El
problema
no
es
sólo
que
el
alumno
pueda
ejercitar
su
libertad
en
la
elección
de
los
cursos
que
toma;
lo
anterior
es
necesario,
pero
no
es
suficiente.
La
capacidad
de
ejercer
metódicamente
la
crítica
al
interior
de
una
disciplina
o
de
varias,
no
satisface
los
requerimientos
de
una
formación
compleja.
Es
necesario
que
el
estudiante
sea
capaz
de
someter
a
crisis
los
supuestos
de
la
o las
disciplinas
que
ha
elegido
estudiar.
Esta
capacidad
de
someter
a
crisis
los
supuestos
teóricos
y
metódicos
debe
ir
acompañada
de
la
capacidad
de
criticar
las
aplicaciones
de
las
disciplinas
y
sus
consecuencias
sociales.
Esto
parece
ser
el
mínimo
para
que
un
hombre
que
profesa
una
o
varias
disciplinas,
se
distinga de
un
universitario.
Lo
anterior
hace
patente
que
un
currículo
que
pretende
satisfacer
esa
exigencia
de
complejidad
debe
requerir
que
el
alumno
estudie
ciertas
disciplinas
que
no
se
encuentran
incluidas
en
el
área
a
la
cual
piensa
dedicarse
con
énfasis
y quizá su proceso de aprendizaje deba hacerse en un centro,
instituto o escuela interdisciplinarios
Así,
pues,
la
flexibilidad
está
limitada
por
la
exigencia
de
complejidad.
Es
dentro
de
esos
límites
que
cabe
afirmar
la
flexibilidad
como
un
requisito
de
que
el
alumno
ejercite
su
libertad
de
elección
que
le
permita
desarrollarse
de
acuerdo
con
las
peculiaridades
de
su
personalidad.
Lo
anterior
es
un
requisito para
que
la
universidad
pueda
cumplir
con
su
obligación
de
forma
personalidades
críticas
y
capaces
de
enfrentamientos
complejos.
Así pues en el
cómo enseñar y no sólo en el qué enseñar está la
clave de la formación del hombre que requiere el siglo XXI.
Para una profundización del diálogo, metódico, crítico y
complejo como característico de la universidad véase:
Ataliva Amengual. Pensamiento personalista-comunitario y
universidad, Santiago, Chile, CPU, 1972.
MORIN, Edgar.
" Introducción al pensamiento complejo".
Gedisa, Barcelona/94a.
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