Ataliva AMENGUAL
 

 

 

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LA ENFERMERÍA ¿TECNOLOGÍA 1

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

La reflexión sobre la Enfermería es demandada desde situaciones múltiples y diferentes. Quienes se dedican a la Enfermería como profesión experimentan que su eficiencia está relacionada con el status que la sociedad le otorga.

 

Parece evidente que las actividades sociales más respetadas ejercen una mayor influencia social y por lo tanto tienen la posibilidad de ser más eficientes. [2]  Las actividades más reconocidas por la sociedad se constituyen en profesiones.

 

¿Pero todas las profesiones son igualmente reconocidas por la sociedad, gozan de status semejante o por el contrario hay una jerarquía entre ellas? Las personas que se dedican a la Enfermería – creo no exagerar – contestarían de manera igual o muy parecida a la pregunta; sin duda, dirían que es claro que las profesiones ocupan distintos lugares en la jerarquía de status social.

 

Los sociólogos y otros estudiosos han reflexionado sobre las causas de los distintos status de las profesiones.

 

Las enfermeras también. Hace diez años Dorothy Johnson [3] incardinándose en una ya larga tradición, reflexionaba sobre la Enfermería como profesión y señalaba que para que una actividad tuviese el status de profesión la sociedad exigía que fuese una actividad que estuviera fundamentada en un cuerpo de conocimientos teóricos; en buenas cuentas, un servicio no se reconoce como profesional cuando la sociedad considera que no exige un esfuerzo intelectual, más aún cuando no está fundado en el conocimiento que la sociedad considera científico.

 

Nos consta que este tipo de reflexiones no era ajeno a las enfermeras de Chile, pues el artículo de Dorothy Johnson fue traducido y editado por Matilde Pezoa, Edhit Cornejo, Juana Jara, Amanda Moreno, Edith Peña y Teresa Royo, cuando se desempeñaban en el Departamento de Enfermería de la Sede Santiago Norte de la Universidad de Chile en el año 1975.

 

Así como el desempeño profesional de la Enfermería demanda la reflexión sobre la Enfermería, de modo semejante la exigen la docencia y la investigación de las enfermeras. En fin otras muchas situaciones demandan la reflexión sobre la Enfermería.

 

En esta ocasión quiero limitar mi trabajo a reflexionar eminentemente sobre cuál sea el tipo de conocimiento y de prácticas que requiere la Enfermería como profesión. Y, nuevamente, recalco que no pretendo originalidad en la asunción del tema y que no ignoro que sobre él las enfermeras vienen reflexionando desde hace mucho tiempo aquí y en el extranjero.

 

Pienso que aunque hace ya tiempo que se reflexiona sobre el tema es necesario seguir haciéndolo – sin desconocer lo ya trabajado – y ojalá perfeccionando lo ya hecho.

 

Muchas veces, cuando me pregunto sobre la situación de la Enfermería en nuestra sociedad, en las universidades; cuando me interrogo sobre el status de la disciplina, de la profesión y de las profesionales, me brota con énfasis y de manera reiterada el problema de cuál es el reconocimiento de la naturaleza de la Enfermería por parte de la sociedad y de las mismas enfermeras.

 

Dentro de los límites de mi conocimiento – adquirido directamente en los lugares de trabajo de las enfermeras (hospitales, clínicas, universidades, etc.) o del que he adquirido indirectamente de la conversación con otras personas o por la lectura de artículos o libros tengo la impresión de que la Enfermería, si bien se la considera una profesión y se le ha dado cabida  dentro de las universidades, en muchos lugares permanece, sin embargo, como una profesión, y por lo más, de segunda categoría dentro de la jerarquía de status profesionales. Esta posición no es solamente la que la sociedad en general le adjudica a la Enfermería, sino que también se percibe en las relaciones de estas profesionales con otros profesionales ( y de manera evidente con los médicos) y más aún es la autoimagen que de sí mismas al parecer tienen las enfermeras. Tengo  conciencia de que estoy haciendo una generalización que es solamente válida para la clase estadística y no necesariamente para todos  sus individuos.

 

Cuando trato de explicarme esta situación de la Enfermería en la jerarquía de status profesionales muchas son las causas que parecen generar este efecto.

 

Una de esas causas está relacionada precisamente con el fundamento intelectual, más aún teórico, de la Enfermería y de la explicitación racional de su práctica. No es de extrañar que muchas y diferentes sean las opiniones que se puedan emitir al respecto, por parte de la sociedad y de otros profesionales y aún por parte de las propias enfermeras.

 

Como decía al comenzar, es sobre este punto que quiero limitar mi reflexión sin pretender que este aspecto sea el único a tener en cuenta en la explicación del status de la Enfermería.

 

Sin duda, las definiciones que se dan de la Enfermería son una pista posible para indagar la posible respuesta al problema que nos ocupa. Por ello, a título ejemplar, reproduciremos algunas definiciones que con probabilidad son conocidas por las enfermeras chilenas, ya que han sido publicadas en la revista ENFERMERÍA que es órgano oficial del Colegio de Enfermeras de Chile o en documentos de trabajo.

           

He aquí algunos ejemplos:

           

“Enfermería es una tecnología sociobiológica que, instrumentalizando los principios de las ciencias especialmente biológicas, psicológicas, sociales, médicas (y las propias), procura en el hombre como individuo y ser social la satisfacción de sus necesidades humanas, a través de cuidados físicos directos, procesos de interrelación humana, procedimientos terapéuticos y de diagnóstico, que lo colocan en las mejores condiciones para el logro de ese equilibrio inestable  e integral que constituye la salud”. [4]

 

“(...) la enfermería es un proceso terapéutico interpersonal el cual funciona cooperativamente con otros procesos humanos que hacen posible la salud para los individuos y las comunidades”.

 

“Enfermería valora las conductas del paciente y los factores que influencian los niveles de adaptación  e intervienen manejando los factores influenciantes (focal, contextual y residual).

           

El objetivo de enfermería es ayudar al hombre a adaptarse a sus cuatro formas (necesidades fisiológicas, concepto de sí mismo, función del rol e interdependencia)”. [5]

 

Podríamos seguir agregando definiciones diferentes y quizá sería de mucha utilidad un trabajo que diese cuenta del mayor número posible de definiciones existentes con las referencias pertinentes. La recurrencia de conceptos y términos podría sugerir generalizaciones que a su vez estimulasen la formulación de hipótesis.

           

Es muy posible también que muchas de las citas que hemos mencionado no sean adoptadas por algunos como definiciones en sentido estricto y quizá yo mismo, en algunos casos, concordaría con ellos.

 

Es también común encontrar expresada una insatisfacción respecto a las definiciones de Enfermería existentes. Así, por ejemplo:

 

“En los programas de formación de personal se advierte la necesidad de un concepto de la naturaleza de la Enfermería...En los servicios de Enfermería tampoco se dispone de un concepto que sirva de orientación al ejercicio de la profesión”. [6]

 

“Tanto la bibliografía consultada, como las opiniones manifestadas por otras profesionales a través del contacto personal, ponen en evidencia una innumerable variedad de criterios para definir Enfermería (...) comprobamos en ellas una increíble vaguedad y unilateralidad”. [7]

 

Sería poco ecuánime, para referirse al trabajo de reflexión sobre la Enfermería, el no mencionar, por lo menos, que junto con los aspectos negativos señalados por la crítica hay siempre sugerencias vigorosamente enunciadas de posibles caminos para trascender la situación y avanzar en la dilucidación del concepto de Enfermería. Los trabajos ya citados (Notas 2, 3, 4, 5 y 6) son un testimonio de esta actitud positiva en el enfrentamiento del asunto que nos ocupa.

           

Se podrían seleccionar de los mismos artículos citados otros párrafos, pero para nuestro objetivo bastan los señalados.

           

Estos esfuerzos de dilucidación manifiestan el dinamismo de una disciplina y la responsabilidad de los profesionales que la ejercitan. Sin duda estos y otros intentos que podrían mencionarse está dando frutos apreciables para la vida social.

 

Teniendo en cuenta todo lo afirmado, es conveniente señalar la necesidad de seguir en esa línea de indagaciones y reflexiones pues a pesar de los aportes lúcidos realizados hasta el presente, aún parecen no estar suficientemente claros cuáles sean los objetos, objetivos y procedimientos de la Enfermería en el presente. [8] Ello no es característica  exclusiva de esta disciplina y de la profesión que de ella se hace. Más aún, es buena señal que ello ocurra pues manifiesta una sensibilidad y dinámica que permite evitar los anacronismos disciplinarios y profesionales y readecuar las actividades humanas a las situaciones aceleradamente cambiantes de nuestra cultura.

 

LA ENFERMERÍA COMO DISCIPLINA TECNOLÓGICA

 

Es claro que es empresa riesgosa reflexionar sobre un objeto sobre el cual se tiene conocimiento imperfecto y que por consecuencia es difícil de problematizar dilucidadamente. Correr ese riesgo es, sin embargo, inevitable si no se quiere abandonar la empresa de pensar. Así, pues, lo que sigue es más bien la búsqueda de caminos, más que un camino.

 

Dentro de esos límites, sin embargo, es posible ir señalando con cierta seguridad algunos aspectos:

 

a)   LA ENFERMERÍA ES UNA DISCIPLINA

 

El primero de ellos es que la enfermería es o por lo menos aspira a ser una disciplina, o en otras palabras, un rigor institucionalizado.

 

En un trabajo anterior [9] intentamos explicar qué entendíamos por disciplina y por qué lo hacíamos sinónimo de rigor institucionalizado, y decíamos que lo considerábamos  rigor por un ejercicio metódico pleno. Asimismo, en la medida que el rigor se transformaba en la norma conductual de un grupo, decíamos que era institucionalizado.

El método lo veíamos como una manera racional de proceder respecto de los fines, los medios y a las relaciones entre medios y fines.

 

En consecuencia de lo dicho se desprende que cuando decimos que la Enfermería es una disciplina, o que intenta serlo, estamos aludiendo a que pretende proceder de manera racional, metódicamente y hacerlo de manera plena, y por otra parte, pretende que esta manera de proceder sea norma de conducta compartida por quienes se dedican a la Enfermería.

 

Una característica más rigurosa de la Enfermería como disciplina requiere dilucidar el objeto sobre el cual se quiere influir y el aspecto bajo el cual se quiere influir sobre él.

 

El intento de elevar el nivel de racionalidad de una actividad no permite cejar en ese intento por difícil que aparezca y aquí, sin duda, hay un problema pertinente y ciertamente complejo para quienes reflexionan sobre la disciplina y la profesión.

 

b)  LA ENFERMERÍA COMO TECNOLOGÍA

 

Las reflexiones que siguen están fundadas en gran parte de nuestro trabajo titulado “Reflexión sobre la Tecnología”, (citado en la nota 8) , por lo tanto, la aclaración o la profundización de muchas de las proposiciones y conceptos que utilizaremos pueden obtenerse con la lectura de dicho trabajo.

 

Cualquiera sea la postura respecto al objeto y objetivo de la Enfermería nadie que conozcamos ha postulado que la Enfermería sea una actividad que no debe influir en la realidad sobre la cual actúa. Más aún, en todas las proposiciones sobre la naturaleza de la Enfermería se supone que debe concebirse como una acción modificatoria y, deliberadamente modificatoria, de la realidad sobre la cual actúa. El objetivo de la actividad es modificar la realidad y, por lo tanto, se puede aplicar a la Enfermería todo lo que decimos respecto a las actividades orientadas al hacer. [10] También es clara – en las reflexiones sobre la Enfermería, que conocemos -  que el objetivo modificatorio que se le adjudica quiere obtenerse de manera eficiente , lo que exige que la acción propia de la Enfermería debe ser racional, más aún, disciplinada. [11] En otras palabras, no basta una práctica modificatoria que se desarrolle por tanteos, por ensayos de acierto y error, sino que se exigen procedimientos no sólo eficaces sino eficientes, es decir, debe ser una actividad técnica. [12]

 

La tendencia a racionalizar las actividades impulsa a que se intente no sólo saber cómo proceder de manera racional, de manera técnica, sino que también a saber por qué ese modo de proceder es eficiente. No nos basta con ser eficientes, necesitamos explicarnos la eficiencia. Los que son eficientes de manera racionalmente inexplicable para ellos, suelen ser incapaces de elevar el nivel de su eficiencia, y más aún suelen dejar de ser eficientes al menor cambio de situación o circunstancia.

 

Por otra parte, la rapidez de los cambios de la realidad psicosociocultural exige, de manera constante variar las técnicas; asimismo la existencia de diversas técnicas requieren de criterios para elegir aquéllas adecuadas a cada situación y propósito. En fin, éstas y otras razones que podrían aducirse manifiestan los motivos que impulsan  a la búsqueda de la explicación de la eficiencia de los procedimientos técnicos. En otras palabras, nos darán razón de porqué la Enfermería se plantea la necesidad de erigirse  en disciplina tecnológica. La necesidad de asegurar la eficiencia nos lleva a considerar la Enfermería como tecnología. [13]

 

Hacer de la Enfermería una actividad no sólo práctica, ni aún sólo técnica, sino tecnológica, plantea el requerimiento de construir un conocimiento tecnológico, este conocimiento será una resultante de aplicar el método científico a los problemas prácticos que se plantean en el “enfrentamiento y modificación” de la realidad.

La aplicación del método de la ciencia a los mencionados problemas generará teorías tecnológicas, reglas fundadas y datos que serán a la vez culminación de una etapa y punto de partida de otra de un proceso que siempre será inacabado, haciendo patente la necesidad permanente de la investigación. Esta necesidad se hace más evidente si se tiene en cuenta que las hipótesis contrastadas y los datos precisos no son suficientes para asegurar el éxito pleno de una acción pues, en toda acción intervienen otras muchas variables que las consideradas.

 

Cabría preguntarse si estas reflexiones no podrían ser calificadas de especulaciones alejadas de la realidad de la Enfermería.

 

Creemos que nuestras reflexiones no son simplemente aplicaciones deductivas, coherentes en el mejor de los casos, pero no atingentes a la realidad de la Enfermería.

 

Nos parece interesante señalar que esfuerzos orientados a representar de manera esquemática el proceso de intervención en Enfermería, nos manifiestan la tendencia a construir un conocimiento tecnológico, puesto que se orienta a la construcción de modelos que son el instrumento articulatorio entre la ciencia y la técnica. [14]

 

Los intentos que mencionamos se ubican en el nivel de la operación y como tal proporcionan acumulaciones para la construcción de teorías tecnológicas operativas. [15]

 

De lo dicho puede verse que las reflexiones responden a la dinámica concreta, aquí y ahora, de la disciplina y la profesión.

 

Así, pues, puede afirmarse la necesidad y existencia de una búsqueda por constituir la Enfermería como tecnología. esta búsqueda está llevando a pensar en modelos que son instrumentos generadores de conocimiento tecnológico al articular la ciencia y la técnica con el propósito de modificar la realidad social. [16]

 

En este trabajo no pretendemos analizar los logros de esta búsqueda, sino hacerla patente y además recalcar la importancia que ella tiene para le futuro disciplinario y profesional de la Enfermería.

 

LA ENFERMERA [17]

           

Cuando hablamos de la enfermera empleamos una categoría profesional que abarca una multiplicidad de individuos que actúan de diversa manera.

 

Una observación, no metódica pero atenta, nos permite ver que diversas personas, todas ellas, enfermeras, actúan de modos muy diversos. En algunos casos podemos observar ciertos comportamientos profesionales que se caracterizan por ser un tanteo, un ensayo por aciertos y errores, y que nos hace ver a la enfermera como un “práctico” eficaz, pero no siempre eficiente.

 

Creemos que éste es un efecto retardado de ciertas etapas del desarrollo de la Enfermería como profesión, y de manera especial, de ciertas etapas de la historia del desarrollo de las Escuelas de Enfermería. Ciertos profesionales por diversas causas han quedado fijados  en pautas de comportamiento típicos de una etapa de dicho desarrollo. Este hecho ha ocasionado la necesidad de cursos de “reciclaje”. [18]

 

Otras enfermeras actúan con una más evidente racionalidad y sus comportamientos tienen las características de las conductas propiamente técnicas. El avance en las técnicas de Enfermería ha hecho también necesarios cursos de perfeccionamiento.

 

En otros casos la enfermera, por diferentes motivos, se comporta de manera semejante al científico social o natural.

 

En muchas ocasiones, tareas administrativas absorben la mayoría sino la totalidad de su tiempo.

 

Sabemos que hemos hecho una esquematización que no es, ni pretende ser, exhaustiva de los diversos modos de comportamiento de las enfermeras. Su intención es mostrar que hay  una pluralidad de estilos de trabajo y que no es fácil encontrar un comportamiento uniforme de la enfermera.

 

Quizá el perfeccionamiento de las disciplina y el desarrollo de las Escuelas de Enfermería harán que decrezca esta dispersión de comportamientos. De todos modos, es necesario tener en cuenta que esta diversidad de comportamientos corresponden a una diversidad de causas y circunstancias.

 

Muchas veces la enfermera ha tenido que enfrentarse a la realidad con una formación que consideraba enfáticamente aspectos éticos de la vida social, pero que no proporcionaba instrumental técnico. Otras veces, la enfermera recibió conocimientos técnicos abstractos, pero careció de la posibilidad de desarrollar habilidades técnicas. En otras ocasiones observamos enfermeras que recibieron una formación técnica, también a nivel de habilidades, pero que correspondía a técnicas que quizá ya eran relativamente anacrónicas en el momento de ser enseñadas y por lo tanto de poca utilidad. para cuando tuvo que enfrentarse  con la realidad. [19]

 

Las razones explicativas de estas situaciones son múltiples. Lo que interesa destacar es que en todos estos casos por diversos que sean, la enfermera, a pesar de haber realizado esfuerzos a veces extraordinarios se encuentra en la imposibilidad de enfrentarse técnicamente con la realidad  y por consecuencia no le queda más alternativa que enfrentarse prácticamente, aun que no sea su deseo y aunque comprenda lo inadecuado de un enfrentamiento práctico que la obliga al tanteo. Esta situación es dramática pues en muchas ocasiones – quizá las más de las veces – la enfermera siente la necesidad de capacitarse técnicamente, pero por diversas causas no tiene oportunidades.

 

Me cuido, pues, muy bien de tener una mirada displiscente para quienes así trabajan; por el contrario, creo que son dignas de aprecio por su constante esfuerzo y merecedoras de tener  más oportunidades de perfeccionamiento de las que suelen tener. Hay quizá algunas enfermeras que sí son un verdadero freno para la disciplina y la profesión y son aquellas que postulan implícita o explícitamente una concepción que denominaré “practicista” y que consiste en despreciar la teoría y la técnica y en afirmar que la “práctica” es lo único que vale y sirve. En la mayoría de los casos, esta postura encubre una manifiesta ignorancia respecto a la función de la teoría o, lo que es peor, se trata de una racionalización de personas intelectualmente perezosas.

 

Si a lo anterior se agrega que por una parte es fundado presumir que el proceso de cambios en la sociedad se acelerará  y requerirá de continuas adaptaciones del comportamiento de la enfermera, y por otra parte, se aumentarán y diversificarán las técnicas disponibles, aparece con claridad que aumenta la posibilidad de que la enfermera se vea obligada a enfrentarse de manera “práctica”.

 

Así pues la enfermera, para poder ser eficaz en esta situación, requiere ser capaz de asimilar rápidamente nuevas técnicas, ser capaz de discriminar  entre técnicas de desigual eficacia, estar capacitada para elegir entre diversas técnicas de acuerdo al problema de que se trate, y – lo que es más importante – estar preparada para poder usar las acumulaciones de las diversas ciencias. Lo anterior no parece factible si la enfermera no logra proceder como tecnóloga.

 

Si se quiere  que la enfermera no actúa con un enfrentamiento práctico, de ensayo, si se necesita que actúe técnicamente y, más aún, que pueda tener capacidad de trascender las técnicas para elegir de entre ellas las más eficaces de acuerdo a los requerimientos de la acción en un medio social en cambio a veces acelerado, si se requiere que pueda apropiarse  de las nuevas técnicas que se generan, si todo eso se quiere, es necesario – como decíamos – que trascienda la técnica y proceda como tecnóloga.

 

Pero trascender un determinado tipo de comportamiento requiere de un análisis del comportamiento que debe ser trascendido, de los comportamientos que se postulan trascendentes y de los mecanismos que hacen posible pasar de un tipo de comportamiento a otro.

 

Por economía hablamos de comportamientos técnicos, suponiendo que ello  comunica adecuadamente lo que pensamos. Sin embargo, la polisemia de ciertos términos muy usuales producen equívocos que es necesario evitar. Por eso trataremos de explicitar al referente conceptual al que aludimos cuando usamos la palabra técnico. Además de una dilucidación del lenguaje, obtendremos una descripción que nos proporcionará un referente, al estilo de un “tipo ideal” weberiano, que nos permita tipificar los diversos comportamientos observables en la actividad de las enfermeras.

 

Dejando ya de lado un proceder meramente “práctico”, nos concentraremos en las conductas técnicas de las enfermeras, no desconociendo que en el ejercicio profesional muchas veces y por distintos motivos, se entremezclan  conductas prácticas y técnicas.

 

Cuando calificamos de técnica a una conducta aludimos a cierto tipo de procedimiento regulado, es decir, que obedece a ciertas reglas. Vemos que el individuo realiza “un número finito de actos en un orden dado y con un objetivo también dado” [20]

 

En general a un proceder se lo califica de técnico cuando obedece a un conjunto coherente de reglas de procedimiento que conducen a un fin previamente determinado.

 

Cuando observamos a un técnico, lo vemos utilizar técnicas con dos fines o, si se quiere, con dos objetivos fundamentales: para conocer o para hacer. Pero en general el técnico aplica reglas cuyo fundamento ignora. Manipula la realidad y si sus técnicas son adecuadas, modificará eficientemente la realidad, y fundadamente concluiremos que sabe cómo hacer las cosas. Cuando evaluamos una acción técnica, medimos la adecuada aplicación que el técnico hace de la regla o conjunto de reglas.

 

A menudo observamos que en el ejercicio reiterado de una técnica el profesional logra elevados niveles de eficiencia en su proceder. Pero también, junto a las anteriores observaciones, podemos constatar que el ejercicio reiterado conlleva a una estereotipia en la acción, a una rigidez en el actuar. Por una parte el técnico llega a niveles óptimos de eficiencia en su tarea, pero al precio de restringirse a la técnica que usa.

 

Este fenómeno, sin duda, es común a todos los procesos de especialización. Creo que era Ortega y Gasset quien decía, que por la vía de la especialización el hombre terminaba sabiendo muchísimo de casi nada.

 

El aceleramiento de los cambios sociales y el más rápido aparecimiento  de nuevas técnicas plantea una situación muy crítica para la enfermera.

 

Es así como observamos que la enfermera – y en otras actividades sucede lo mismo – como consecuencia de la especialización de sus conductas en el ejercicio de una técnica, queda cristalizada en procedimientos que, frente a los cambios sociales y técnicos aparecen rápidamente como anacrónicos. Dado que el enfermera en cuanto técnico sabe como manipular eficientemente la realidad, pero ignora los fundamentos que dan razón de esa eficiencia, se encuentra con las alternativas de mantenerse en el mercado del trabajo operando con técnicas anacrónicas, de quedar fuera del mercado, de operar como “práctico”, o finalmente de adquirir nuevas técnicas.

 

Suponiendo que la única alternativa aceptable sea la última, nos encontramos con nuevos problemas.

 

Por una parte, la enfermera tratará de capacitarse para operar con otro conjunto de reglas. Normalmente tendrá que elegir entre diversas alternativas frente a las cuales, por su formación exclusivamente técnica, no tendrá criterios racionales que le permitan elegir entre diversas técnicas. Sin duda la experiencia acumulada y una buena intuición le permitirán, de manera relativamente azarosa, decidir qué nueva técnica aprender.

 

Dado que la mayor parte de las técnicas nuevas que usamos se originan  y desarrollan en culturas ajenas, y a veces, muy distintas a la cultura de la enfermera en cuestión, la “moda técnica” del país donde se origina la técnica tendrá una gran influencia en la decisión, y las técnicas locales existentes en su propia cultura serán descartadas, a veces, sin consideración aunque pudiesen ser las más adecuadas si se las considerase.

 

De este modo la enfermera adquirirá una técnica nueva hoy y aquí pero anacrónica quizá ya hoy en el país donde se originó y sin duda en un mañana no tan lejano aquí también.

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Por otra parte, sucede, a veces – y desgraciadamente no con poca frecuencia en enfermería – que, dada la situación de dependencia – que se ha creado entre la persona y la técnica que usa, el profesional frecuentemente, aunque de modo inconsciente, querrá reducir forzosamente los problemas a dimensiones que sea manipulables con las técnicas de que dispone, y así lo que debería ser un instrumento eficiente se transforma  en una conducta ineficiente por no atender a la realidad sino a una arbitraria reducción de la realidad.

 

Por otra vía podemos comprobar que la enfermera en cuanto técnica, en cuanto sujeto que opera con reglas eficientes, se transforma en profesional ineficiente por ser su conocimiento un conocimiento reducido al “cómo” operar.

 

Frente a diversas técnicas o a nuevas técnicas es necesario compararlas con el criterio de la eficiencia.

 

Habitualmente se confunde le eficacia de una técnica con la eficiencia. [21] En realidad todas las técnicas son eficaces, pero que sean eficientes es otro asunto. Una técnica hoy aquí eficiente puede dejar de serlo allá o mañana. Una técnica es eficiente mientras no haya otro procedimiento regulado para obtener el mismo objetivo, con el menor tiempo, con el menor costo y de manera óptima.

 

A veces, la convicción de la eficiencia de la técnica que se usa es función de la ignorancia de las demás técnicas.

 

Pero aún en el caso ideal de un técnico óptimamente informado de todas las técnicas existentes, el problema de la elección no podría solucionarse con esa mera información. Juzgar de las técnicas es una acción metatécnica, por cuanto trasciende el nivel de la técnica y tiene a la técnica como objeto.

 

Los técnicos y las enfermeras en cuanto tales también suelen diferenciarse del conocimiento que poseen de las técnicas.

 

Un primer grupo es el que sólo conoce las técnicas que usa y por lo tanto no puede afirmar otra cosa que la eficacia de sus técnicas. No puede afirmar la eficiencia, por cuanto ello significa poder hacer un juicio comparativo entre todas las técnicas pertinentes conocidas, analizándolas desde el punto de vista de su capacidad para obtener de manera óptima un objetivo, en el menor tiempo y con el menor costo.

 

Un segundo grupo es el que, conociendo el conjunto de técnicas disponibles adecuadas al objetivo, puede compararlas con el criterio de la eficiencia y jerarquizarlas de acuerdo a él. Este nivel requiere saber cuáles son los tiempos, costos y grado de logro del objetivo.

 

Una técnica está en función de la eficiencia  en obtener un objetivo. El objetivo se da en una situación espacio-temporal; es una modificación a producir  en una situación concreta  y por lo tanto esa situación debe tenerse en cuenta para elegir la técnica.

 

Así, pues, la eficiencia de una técnica sólo puede afirmarse fundadamente teniendo en cuenta la situación concreta. Una manera adecuada de comparar varias técnicas es dejar constante la situación concreta que sirve de referencia y aplicarles el criterio de eficiencia. El juicio que se siga sólo es válido en la medida que permanezca constante la situación.

 

Cuando distintas técnicas son aplicadas a situaciones distintas no son comparables si no se introduce la variable de situación además de las tiempo, costo y logro de objetivo.

 

Uno de los errores que, a veces se comete, consiste en aplicar técnicas eficientes en una situación a otra situación distinta y por supuesto suele observarse que la técnica supuestamente eficiente es ineficiente.

 

Suele suceder también que, habiéndose operado con una técnica eficiente en una situación, se la use en otra situación y no se evalúen los resultados de su aplicación por cuanto se la sabe eficiente. Este pensamiento simplista implica considerar que hay un solo tipo de situación, ignorar que las situaciones son distintas y no darse cuenta que la situación es una variable que incide en un análisis de la eficiencia de la técnica. Es un “fideismo técnico” y es otra forma de reduccionismo arbitrario.

 

El máximo aprovechamiento posible de una técnica equivaldría a saber todas las situaciones posibles en que una técnica puede ser aplicada haciendo eficiente la acción. Pero un técnico no tiene este conocimiento. En el mejor de los casos sabe proceder reguladamente en cierto número de situaciones predefinidas. Si la situación que se le presenta no está dentro de las predefinidas no puede actuar técnicamente. A lo más extrapolará esta nueva situación a técnicas que ha usado en otras situaciones, o procederá de modo “práctico” por ensayos, o, en el caso de ser prudente, se declarará incompetente.

 

Y precisamente el máximo aprovechamiento del conocimiento técnico nos lleva a preguntarnos acerca de cómo saber el universo posible de situaciones en las cuales es posible usar eficientemente los procedimientos técnicos.

Una primera respuesta a esta pregunta suele consistir en señalar que el éxito repetido de aplicación de una regla es le modo de saber cómo puede ser aprovechada. Sin embargo, se hace patente que muchas reglas no funcionan en algunas situaciones aparentemente iguales y ello conduce a una perplejidad frente a su eficiencia. Se requiere poder saber que la regla, o conjunto de reglas, operará eficientemente siempre en determinadas circunstancias; de lo contrario caeríamos en una situación azarosa no aceptable para operaciones concretas que deben ser eficientes.

 

Así pues el mero criterio de éxito no es suficiente para afirmar racionalmente la eficiencia de una regla o de una técnica.

 

La segunda respuesta es la que expresa que la manera racional de afirmar la eficiencia y el universo de eficiencia de un procedimiento técnico es fundar la regla o conjunto de ellas en leyes científicas. La preocupación que origina,  tanto la primera como esta segunda respuesta, es maximizar el aprovechamiento del conocimiento técnico, que lo que se busca es poder afirmar con probabilidad aceptable que – dada una determinada situación – una técnica será eficiente para obtener un objetivo predefinido se comprende el sentido de la segunda respuesta.

 

Por una parte, tenemos una técnica que se expresa en enunciados pragmáticos que indican una operación regulada orientada a modificar eficientemente la realidad. La técnica nos proporciona una constancia expresada por el enunciado pragmático. Por otra parte, tenemos la situación real a la que hay que aplicar la regla o la técnica. ¿Es posible establecer constancias que permitan construir una ecuación entre la realidad y la operación técnica que aseguren que esta última será eficiente?

 

Las leyes, o más precisamente los enunciados nomológicos, son los que nos permiten dar una respuesta a esta pregunta, por cuanto afirman relaciones constantes entre variables; o, en otras palabras, dan cuenta de esquemas objetivos, de estructuras de la realidad. Las leyes nos permiten saber lo que ocurrirá o puede ocurrir y por lo tanto, nos permiten investigar cuál es el tipo de influencia que deberíamos  realizar si quisiésemos obtener un efecto que no ocurrirá según el curso normal de un determinado proceso natural o social.

 

Sabiendo cual es el tipo de influencia requerido, podemos elegir entre los procedimientos técnicos disponibles, seleccionando aquél que sea más eficaz, es decir, que nos permite influir en modificar la realidad a través de una operación que nos exige el menor tiempo, el menor costo, para obtener de manera óptima el objetivo.

 

Así, a través de este procedimiento fundamos las reglas de operación en leyes científicas. De la articulación de los enunciados pragmáticos (enunciados de reglas) y de los enunciados nomológicos (enunciados de leyes) hemos obtenido un enunciado pragmático fundado en conocimiento científico, es decir, un enunciado nomopragmático (enunciado de una regla tecnológica).

 

Así la enfermera, conociendo la constancia entre variables que dan cuenta de propiedades del proceso u objeto (individuo o grupo) sobre el que quiere influir, se hace capaz de usar técnicas distintas, equivalentes o análogas en cuanto a su eficiencia, respecto de una misma situación, y también se hace capaz de poder usar una misma técnica eficiente para situaciones distintas en determinados aspectos pero iguales en cuanto a su estructura, es decir, en cuanto a la relación entre las variables que expresan iguales propiedades.

 

De este modo el técnico, al transformarse en tecnólogo, se libera de la estereotipia obligada y supera los reduccionismos arbitrarios  a los cuales aludíamos en la página 10.

 

LA ENSEÑANZA APRENDIZAJE DE LA ENFERMERA

 

Si es necesario que la enfermera   proceda como tecnólogo, surge inmediatamente la pregunta de cómo obtener este tipo de comportamiento. Esta pregunta nos remite a los procesos de enseñanza-aprendizaje, pues a través de ellos es como se logra que las personas actúen de modo habitual de acuerdo a determinadas pautas de conducta.

 

No se nos oculta que si los objetivos, objetos y procedimientos de la Enfermería no están claros, es difícil describir el rol de la enfermera y ello tiene importancia pues dicho rol es la referencia para elaborar los correspondientes currículos y para evaluarlos. [22] Pero si bien lo que acabamos de decir es cierto, no deja también de ser cierto, que hay algunos aspectos claros que nos permiten iluminar el problema de la enseñanza aprendizaje de las enfermeras.

 

Si nuestras apreciaciones sobre el capítulo titulado “La Enfermera” son adecuados, estaría claro que la enfermera debería ser capaz de comportarse como tecnólogo, de lo cual se sigue, que el proceso de enseñanza-aprendizaje debería orientarse a obtener dicho tipo de comportamiento.

 

El punto se hace evidente si la enfermera se forma en una universidad que sea tal, pues en ese caso, el comportamiento debe ser el de una universitaria que se dedica a la Enfermería, y por lo tanto le es inherente ser capaz no sólo de saber cómo actuar en la realidad, sino también  ser capaz de dar fundamento racional  a su acción.

 

Hay aspectos comunes a todo proceso de enseñanza-aprendizaje tecnológico, de los cuales participa un enfoque tecnológico de la enfermería.

 

Estos aspectos comunes operan como criterios para la elaboración de cualquier currículo que pretenda tener comportamientos tecnológicos.

 

Nos parece de primera importancia el poder dilucidar los criterios que permitan afirmar que un determinado proceso de enseñanza-aprendizaje asegure obtener comportamientos tecnológicos.

 

Sin duda alguna, un proceso de enseñanza-aprendizaje que tiene por objetivo lograr comportamientos tecnológicos del sujeto al que está sometido dicho proceso, exige obtener  del sujeto un comportamiento habitual lo más pleno posible, es decir, un comportamiento riguroso, como es obvio, si el objetivo es el rigor, o si se quiere el ejercicio habitual pleno del método, dicho proceso debe ser él mismo riguroso.

 

Se desprende de lo anterior que la racionalidad y metodicidad son requisitos de la estructura del currículo respecto a sus contenidos y procedimientos.

 

Dentro del conjunto de posibles procedimientos racionales, interesa, cuando deseamos comportamientos tecnológicos, enfatizar aquel procedimiento racional que el método general de la ciencia, puesto que el tecnólogo tiene  que habérselas no sólo con ideas sino también con los hechos.

 

El método llamado científico es el procedimiento racional tanto de la ciencia como de la tecnología. El método científico es la estrategia de acción común a científicos y tecnólogos.

 

El método de la ciencia presupone los principios de la lógica que usa como instrumento.

 

De lo anterior se siguen criterios que ha de aplicarse para la toma de decisiones respecto al currículo del tecnólogo y queda de manifiesto que un currículo orientado a lograr conductas tecnológicas requiere contemplar en sus contenidos y procedimientos el método científico y, su instrumento, la lógica.

 

La necesidad de acrecentar la precisión exigirá, también, tener igual consideración respecto a los procedimientos matemáticos. Como la mayoría de las decisiones prácticas que tiene que tomar una enfermera se deberán formular a partir de evidencias o conocimientos incompletos o limitados requiere a su vez de conocimientos y capacidades de operar con estadísticas, concebidas como una rama especial de las matemáticas, que procura un análisis lógico del problema de inferir conclusiones a partir de evidencias incompletas.

 

Así, pues,  de las exigencias de racionalidad y rigor implicadas en el objetivo tecnológico de un proceso de enseñanza-aprendizaje se desprende la necesidad del método de la ciencia y de sus instrumentos lógicos y matemáticos como elementos constitutivos de cualquier currículo que quiere ser funcional a dicho proceso.

 

Pero afirmar esta necesidad no significa suponer que la enfermera deba ser una científica. Una cosa es proceder  con el método de la ciencia y otra ser un científico. El científico trata de acumular conocimientos teórico-empíricos sobre la realidad, objetivo que no es el que se propone el tecnólogo, quien busca modificar eficientemente la realidad.

 

El científico busca acumular el máximo posible de conocimiento de la realidad, sin tener necesariamente una preocupación inmediata por las modificaciones de la realidad que podrían lograrse con ese conocimiento; mientras que el tecnólogo tiene como objetivo necesario e inmediato modificar la realidad eficientemente, lo que le induce  a buscar el mínimo de conocimiento requerido por un máximo de eficiencia.

 

Las conductas tecnológicas son el objetivo del proceso de enseñanza-aprendizaje sobre el que nos interesa reflexionar. Se trata en otras palabras de lograr un conocimiento y un comportamiento que actualice de manera adecuada las normas establecidas de comportamiento humano con eficiencia y en cualquier situación que la persona actúe en cuanto enfermera; precisamente ese logro como hemos visto en la página 11, requiere fundar las reglas técnicas  en leyes científicas.

 

Pero fundar las reglas técnicas en leyes científicas implica conocer las leyes científicas. Primer requisito para conocer estas ideas de la ciencia que son sus leyes es comprender el lenguaje en que se expresan. Así, pues, el conocimiento y la capacidad de uso del lenguaje de las ciencias – en las cuales podemos fundar reglas técnicas que usa para su acción la enfermera aparece como un elemento que debe ser contemplado necesariamente en un currículo que pretende ser funcional para un proceso de enseñanza-aprendizaje con objetivo tecnológico. Téngase en cuenta que los lenguajes científicos son polisistemas linguales y que muchas veces  una buena comunicación científica exige el aprendizaje de idiomas extranjeros implicados  en el polisistema lingual de la ciencia, así por ejemplo, actualmente, la capacidad de lectura en inglés aparece como conveniente, y más aún, como necesaria para quien quiere estar adecuada y oportunamente informado sobre las acumulaciones de la ciencia, la tecnología y la técnica.

 

Así, los idiomas junto a la lógica y las matemáticas aparecen como instrumentos indispensables que la enfermera tiene que conocer uy manejar adecuadamente si quiere lograr un buen nivel tecnológico en su acción.

 

Es conveniente, sin embargo, enfatizar que hemos dicho que la enfermera en cuanto tecnóloga debe conocer los enunciados nomológicos (leyes) que las disciplinas científicas - pertinentes en su quehacer - han acumulado. En ningún momento hemos afirmado que debe formular los enunciados nomológicos (leyes). Esta formulación es propia del científico. Sin embargo, esta afirmación no debe obscurecer la necesidad de conocer la teoría en que se articulan las leyes de que se trate.

 

Si se quiere entender un enunciado nomológico (una ley), hay que entender el lenguaje en el cual se enuncia. Ahora bien, sabemos por la lingüística que el signo y la significación (significante + significado) de los términos usados no son entendidos  fuera de contexto. En nuestro caso la teoría es el contexto que permite entender la significación de los términos usados para construir los enunciados nomológicos.

 

Lo anterior manifiesta  claramente que quien quiera proceder tecnológicamente, aunque no se dedique a la elaboración de enunciados nomológicos, ni a la construcción de teorías, debe conocerlas y estudiarlas. Pero el interés por las teorías y enunciados nomológicos en el caso del tecnólogo es en función de fundar la eficiencia de las técnicas que usa para modificar la realidad.

 

Las técnicas pretenden ser modelos operacionales de un proceso de acción eficiente orientado a modificar la realidad. Frente a un modelo de proceso operativo se puede intentar un primer esfuerzo explicativo implicando dicho modelo en una teoría fenomenológica. Un ejemplo de esta actitud es la implicación de las técnicas de enseñanza-aprendizaje en la teoría de Skinner. Pero una fundamentación más estricta requiere implicar el modelo de proceso de operación en una teoría interpretativa o representacional, entendida como aquella que no sólo nos proporciona un conocimiento de cómo desarrollar un proceso, sino de por qué se desarrolla, es decir, un modelo teorético que nos aclara el “mecanismo” del proceso. Un ejemplo, tomado nuevamente de las técnicas de enseñanza-aprendizaje, sería el de implicar dicho modelo de proceso de operación en la teoría psicogenética de Piaget.

 

Lo anterior nos manifiesta la necesidad de que el proceso de enseñanza-aprendizaje de la enfermera le permita acumular conocimiento respecto a las técnicas en cuanto procesos estructurados de operación. Este conocimiento debe ser suficiente pero simplificado, en otras palabras, debe acceder a los modelos de las técnicas pertinentes.

           

Anteriormente enfatizamos la necesidad de no hacer reduccionismo respecto a la acción tecnológica olvidando que la situación es una variable que debe considerarse. Dado que sería empresa imposible tratar de dar conocimiento pleno de todas y cada una de las situaciones en las cuales tendrá que actuar la enfermera, el proceso de enseñanza-aprendizaje, más que intentar ese conocimiento deberá, al parecer, proporcionar los instrumentos que permitan a la enfermera representarse en forma simplificada la complejidad de lo real, en otros términos que le permitan construir un modelo de la realidad en la cual quiere influir. [23]

 

Esta importancia de los modelos se hace más patente si se tiene en cuenta que las teorías, tanto científicas como tecnológicas, se refieren inmediatamente a modelos de la realidad y no a la realidad misma; es el conjunto de propiedades que se supone responde a entidades reales de individuos de una clase - que son los que poseen determinadas  propiedades – a lo que responde el enunciado nomológico o nomopragmático.

 

No es nuestro objetivo discutir los problemas  de designación y referencia de los enunciados científicos, sino simplemente mostrar cómo es indispensable el conocimiento y uso de ese instrumento que denominamos, con consciente polisemia, modelo.

           

Así, pues, una enfermera deberá conocer y construir modelos y, por consecuencia, el proceso de enseñanza-aprendizaje al cual se la someta  deberá implicar procesos que la hagan capaz de conocer, construir y usar modelos.

Al construir modelos de objeto y/o procesos de la situación y de los procesos técnicos que influyen en ella, y al implicar estos modelos en teorías, el tecnólogo logra fundar la eficiencia de su operación.

 

No se nos oculta que deberíamos explicitar y elaborar mucho más éste y otros aspectos de la formación del currículo de la enfermera. Pero nuestro interés es solamente dar cuenta de una reflexión en proceso y ofrecerle simplemente como apuntes pata una reflexión sistémica. Al hacerlo queremos dar público reconocimiento de nuestra admiración y agradecimiento por las tareas que desarrollan las enfermeras y por la dedicación con que las ejecutan.

 

Enero de 1984


 


[1] El autor reproduce en este trabajo algunas ideas ya expresadas en una publicación anterior en relación al Trabajo Social. Cfr. AMENGUAL, Ataliva El Trabajo Social ¿Tecnología?, Revista “Estudios Sociales”, Ed. Corporación de Promoción Universitaria (CPU), Nº 5, Mayo de 1975, Santiago de Chile, pp. 249 a 267

[2] Hablamos de “eficacia” cuando se logra un objetivo, y de “eficiencia” cuando dicho logro se hace con el menor costo, el menor tiempo y de manera óptima

[3] JOHNSON, Dorothy E. “Development of Theory: A Requisite for Nursing as a Primary Healt Profession”,

Nursing Research, Vol. 23, Nº 5, (September – October, 1974) p. 372

[4] FIGUEROA, María, “Definiendo Enfermería de acuerdo a su ubicación en la cultura”, Revista Enfermería, Año VI, Nº 32 (Abril, Mayo, Junio de 1972), Santiago de Chile, p. 37

[5] BOCAZ, Irene, “Desarrollo de teoría de Enfermería”, Revista Enfermería, Año XIII, Nº 59 (Enero, Febrero, Marzo de 1979), pp.4 y ss.

[6] MODERMIT, María Teresa, “Análisis conceptual de la Enfermería”, Revista Enfermería, Año IX, Nº 45, (Julio, Agosto y Septiembre de 1975), Santiago de Chile,  pp. 11 y ss.

[7] MIGUEL, Teresa, ALEGRÍA, Pilar, “Visión actual de la Enfermería”, Revista Enfermería, Año XII, Nº 53, (Julio, Agosto y Septiembre de 1977), Santiago de Chile, pp. 18 y ss.

[8] Al referirnos a la Enfermería, sin hacer otra precisión denotamos aquellas actividades que las universidades denominan con tal nombre. En caso contrario precisaremos el significado.

[9] AMENGUAL, Ataliva, “Reflexión sobre la Tecnología”, Revista de Trabajo Social (RTS), Nº 12, Pontificia Universidad Católica de Chile (La racionalización de las actividades). El mismo artículo fue publicado en Revista “Estudios Sociales”, Corporación de Promoción Universitaria (CPU), Nº 4, pp. 205 y ss. (En adelante ES nº 4)

[10] ES. Nº 4, p. 208

[11] Ibid., p. 209

[12] Ibid., p. 211

[13] Ibid., p. 216

[14] A título de ejemplo véase el trabajo citado en nota 4

[15] Véase al respecto: BUNGE, Mario, La investigación científica, Ed. Ariel, Barcelona, 1969 p. 684.

[16] Al respecto puede verse el artículo citado en nota 2, en el subtítulo  “Modelos conceptuales” y la parte final del presente artículo, así como otras muchas publicaciones.

[17] Utilizamos la denominación profesional en femenino en razón de que la mayoría de las personas dedicadas a la Enfermería son mujeres.

[18] Quizá este estadio, en Chile, ya no es fácilmente observable.

[19] Los avances en electrónica, computación, comunicación, etc. acentuarán progresivamente este fenómeno.

[20] BUNGE, Mario, op. cit. p. 694

[21] Cfr. nota 2

[22] Véase al respecto, por ejemplo, FIGUEROA, María, “Marco conceptual para el desarrollo de un curriculum de Enfermería”, Revista Enfermería, Año XVII, Nº 73 (Julio, Agosto y Septiembre, 1982), Santiago de Chile, pp.26 y ss.

[23] Véase al respecto, por ejemplo, ROYO, Teresa, “Por qué investigamos y tipos de investigación científica”, Revista Enfermería, Año XIV, Nº 62 (Octubre, Noviembre y Diciembre de 1979) Santiago de Chile, pp. 28 y ss.