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LA ENFERMERÍA ¿TECNOLOGÍA
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INTRODUCCIÓN
La reflexión sobre
la Enfermería es demandada desde situaciones múltiples y
diferentes. Quienes se dedican a la Enfermería como profesión
experimentan que su eficiencia está relacionada con el status
que la sociedad le otorga.
Parece evidente que
las actividades sociales más respetadas ejercen una mayor
influencia social y por lo tanto tienen la posibilidad de ser
más eficientes.
Las actividades más reconocidas por la sociedad se constituyen
en profesiones.
¿Pero todas las
profesiones son igualmente reconocidas por la sociedad, gozan de
status semejante o por el contrario hay una jerarquía entre
ellas? Las personas que se dedican a la Enfermería – creo no
exagerar – contestarían de manera igual o muy parecida a la
pregunta; sin duda, dirían que es claro que las profesiones
ocupan distintos lugares en la jerarquía de status social.
Los sociólogos y
otros estudiosos han reflexionado sobre las causas de los
distintos status de las profesiones.
Las enfermeras
también. Hace diez años Dorothy Johnson
incardinándose en una ya larga tradición, reflexionaba sobre la
Enfermería como profesión y señalaba que para que una actividad
tuviese el status de profesión la sociedad exigía que fuese una
actividad que estuviera fundamentada en un cuerpo de
conocimientos teóricos; en buenas cuentas, un servicio no se
reconoce como profesional cuando la sociedad considera que no
exige un esfuerzo intelectual, más aún cuando no está fundado en
el conocimiento que la sociedad considera científico.
Nos consta que este
tipo de reflexiones no era ajeno a las enfermeras de Chile, pues
el artículo de Dorothy Johnson fue traducido y editado por
Matilde Pezoa, Edhit Cornejo, Juana Jara, Amanda Moreno, Edith
Peña y Teresa Royo, cuando se desempeñaban en el Departamento de
Enfermería de la Sede Santiago Norte de la Universidad de Chile
en el año 1975.
Así como el
desempeño profesional de la Enfermería demanda la reflexión
sobre la Enfermería, de modo semejante la exigen la docencia y
la investigación de las enfermeras. En fin otras muchas
situaciones demandan la reflexión sobre la Enfermería.
En esta ocasión
quiero limitar mi trabajo a reflexionar eminentemente sobre cuál
sea el tipo de conocimiento y de prácticas que requiere la
Enfermería como profesión. Y, nuevamente, recalco que no
pretendo originalidad en la asunción del tema y que no ignoro
que sobre él las enfermeras vienen reflexionando desde hace
mucho tiempo aquí y en el extranjero.
Pienso que aunque
hace ya tiempo que se reflexiona sobre el tema es necesario
seguir haciéndolo – sin desconocer lo ya trabajado – y ojalá
perfeccionando lo ya hecho.
Muchas veces,
cuando me pregunto sobre la situación de la Enfermería en
nuestra sociedad, en las universidades; cuando me interrogo
sobre el status de la disciplina, de la profesión y de las
profesionales, me brota con énfasis y de manera reiterada el
problema de cuál es el reconocimiento de la naturaleza de la
Enfermería por parte de la sociedad y de las mismas enfermeras.
Dentro de los
límites de mi conocimiento – adquirido directamente en los
lugares de trabajo de las enfermeras (hospitales, clínicas,
universidades, etc.) o del que he adquirido indirectamente de la
conversación con otras personas o por la lectura de artículos o
libros
tengo la impresión de que la Enfermería, si
bien se la considera una profesión y se le ha dado cabida
dentro de las universidades, en muchos lugares permanece, sin
embargo, como una profesión, y por lo más, de segunda categoría
dentro de la jerarquía de status profesionales. Esta posición no
es solamente la que la sociedad en general le adjudica a la
Enfermería, sino que también se percibe en las relaciones de
estas profesionales con otros profesionales ( y de manera
evidente con los médicos) y más aún es la autoimagen que de sí
mismas al parecer tienen las enfermeras. Tengo conciencia de
que estoy haciendo una generalización que es solamente válida
para la clase estadística y no necesariamente para todos sus
individuos.
Enero de 1984
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