Ataliva AMENGUAL
 

 

 

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Teoría 1

EL COMUNICADOR PÚBLICO Y EL ESTUDIO

DE LA COMUNICACIÓN II

 

 

(Implicaciones teóricas de un aspecto de la práctica del comunicador: la elección del medio de comunicación.)

 

Para los efectos de este artículo entenderemos por medios de comunicación los canales artificiales empleados para transmitir los símbolos y signos utilizados por el hombre para expresarse y comunicarse.  El conjunto de símbolos y signos empleados por el hombre dan lugar a diversos lenguajes (acústicos, ópticos, etc.) convencionales por ser productos sociales.  Los medios de comunicación, tal cual los hemos definido, son artificiales, en el sentido de que mediatizan la comunicación humana, natural y primaria tal como se da en la relación cara a cara.  Vehiculan, transportan significantes, el aspecto material del signo que usamos en los lenguajes naturales[1]

 

El problema que queremos plantear se puede expresar del siguiente modo: los medios de comunicación, como soporte material y artificial destinado al transporte de los signos convencionalmente creados por el hombre. ¿Sólo los transportan o, además, los modifican?; dicho de otro modo: ¿Son neutrales los medios de comunicación?

 

El consumidor debe ser eficaz en lograr el objetivo que el cliente se propone obtener y que motiva su demanda al profesional.  El cliente (y aquí hacemos una generalización válida sólo para la clase y no para cualquier individuo) suele suponer que su mensaje puede ser transmitido por cualquier medio, de manera eficaz, con el sólo expediente de transmutarlo adecuadamente al código que utiliza dicho medio.  Acude al comunicador público en el supuesto de que éste posee los conocimientos técnicos para adecuar cualquier mensaje a cualquier medio de comunicación.  Se trata de trasladar un mensaje de un código a otro[2]

 

Sin duda, subyacente a esta actitud del cliente está la creencia de que los medios de comunicación son neutrales.  No es que el cliente ignore que los medios de comunicación se diferencian, entre otras cosas, por la diversidad de conductores físicos, químicos, eléctricos, etc. que los especifican; tampoco ignora que cada medio de comunicación cubre universos de personas distintos (por lo menos en parte), que el costo, el ritmo, etc., también establecen diferencias entre ellos.  No, éstas y otras suelen ser conocidas por los clientes que demandan los servicios del comunicador público.  Creer que los medios de comunicación son neutrales es suponer que las características del proceso de comunicación por el lenguaje natural (oral o escrito) permanecen inmutables aunque se transmitan a través de los actuales medios de comunicación, aunque se usen códigos distintos.

 

En suma, se admiten diferencias en el orden de la extensión y la cantidad, pero se supone que el mensaje y sus efectos permanecen inmutables en sus aspectos cualitativos, lo cual implica admitir que los diversos códigos pertinentes a cada tipo o clase de medio de comunicación, tienen las mismas propiedades intrínsecas, y por lo tanto, que las diferencias son sólo extrínsecas a los códigos mismos.

 

Al parecer, hay comunicadores públicos que participan de esta creencia y que por consiguiente no percibirán el obstáculo ni, menos, el problema de satisfacer las demandas del cliente tal cual las hemos descrito.

 

En contradicción con esta creencia está aquella que sostiene otros comunicadores públicos y, quizá, algunos clientes- de que no es efectivo que cualquier mensaje pueda ser transmitido por cualquier medio de comunicación; que los medios de comunicación no son neutrales que hay diferencias intrínsecas entre los diversos códigos pertenecientes a los distintos medios de comunicación, y que las diferencias entre ellos no son meramente extrínsecas, sino intrínsecas, etc.

 

A veces los planteamientos antinómicos pueden conducir a una caricatura de la realidad, esto es, a concebirla en blanco y negro, lo cual es un simplismo.  Si bien queremos hacer resaltar él problema expresando la realidad en términos contradictorios, nada está más lejos de nuestra intención que hacer una simplificación burda de lo real.  Admitamos, pues, que es posible encontrar entre estos dos extremos posiciones intermedias que matizan, de una u otra manera, los aspectos expresados y, a la vez, señalemos que el contraste de los extremos pone más de manifiesto, la diferencia.

 

Ahora bien, el hecho de que haya creencias encontradas y aún contradictorias. ¿Necesariamente nos ha de inclinar a considerar el hecho como un problema?

 

Podría argumentarse que el ser humano como ser inteligente debería tratar de buscar la verdad, puesta en cuestión por una contradicción, y que ello basta para suponer -normal y necesario- que los comunicadores públicos acepten plantearse el problema y procesarlo intelectualmente.  También es verdad que los inteligentes no pueden pensar si no comen y no comen si no trabajan dando satisfacción a las demandas que se les hacen.  Estas demandas suelen consumir sino todo el tiempo, sí, muchas veces las energías: Primum vivere, deinde philosophare.

 

La apelación al ejercicio gratuito de la inteligencia suele no ser muy bien acogida en el mundo frío e impersonal del dinero (o) entre los que enfrían e impersonalizan el mundo con el dinero.  Además -reconozcámoslo como un hecho cultural evidente- la actividad intelectual gratuita no es valor, por lo menos de intercambio, en nuestro medio y, sí, frecuentemente, un camino expedito al mundo de la inopia.

           

Quizá es más fácil admitir que es un problema si logramos mostrar que la no revisión de los supuestos de ambas creencias pueden conducir a uno de los grupos de contradictores a la ineficacia y ésta a la cesantía futura, o a una escuálida demanda de clientes incautos.

 

Si los que postulan la primera creencia están errados, pronto se hará manifiesta su ineficacia; si lo están los segundos, igual cosa se podrá comprobar.

 

Si los primeros tienen fundamento, los segundos serán rápidamente motejados de complicados, teóricos e ineficientes.  Si los segundos tienen fundamento, concentrarán la demanda como consecuencia de su eficacia en la acción, no sin antes tener la trabajosa tarea de persuadir a sus clientes de que la obtención de sus objetivos implica una complejidad mayor que la que ellos suponen.

 

Oponer pura y simplemente una creencia a otra no significa plantearse un problema.  Tampoco cualquier respuesta a los fundamentos de la creencia tiene igual valor o, por lo menos, credibilidad. ¿Dónde buscar una respuesta fundada?

 

Precisamente la ciencia procura darnos este conocimiento fundado, describiendo, explicando y cuando puede - prediciendo la realidad.  Disciplinas científicas como la semiótica, la psicología, la psicolingüística, la psicología social, la sociología, etc., están aportando conocimiento científico que permite, aunque nunca perfecta ni definitivamente, responder al problema.

 

Hay que tener en cuenta sí, que el tratamiento teórico de un obstáculo práctico o técnico exige que el obstáculo sea conceptualizado; que el impedimento para la operación sea expresado en términos racionales.  Y por su puesto un obstáculo no será conceptualizado sino en la medida que se tenga conciencia de él.

 

Uno de los servicios que pueden prestar el teórico y la teoría es, precisamente, hacer tomar conciencia de lo obstáculos existentes para la acción u operación, dando cuenta de ellos en términos racionales.  Plantear problemas es una manera de enfrentar eficazmente los obstáculos y no -como suele pensarse-, una manera de crea nuevos obstáculos.  Más aún, los mayores aportes que ha hecho la ciencia es transformar los obstáculos que impiden el conocimiento de la realidad en un problema, lo cual supone darles una forma que permita su tratamiento racional, creando, así, la probabilidad de superarlos.  No sin razón, se dice que la importancia de un estudio investigación se mide por la calidad de los problemas que plantea más que por las soluciones que ofrece que, en todo caso, siempre pueden ser perfeccionada.

 

La gama de medios de comunicación a disposición del hombre en la actualidad aumenta, y la complejidad de sus estructuras y funcionamientos requieren conocimientos no sólo técnicos, sino  también teóricos.  Estos conocimientos sólo pueden obtenerse por un estudio que incluya la teoría, dado que un largo período de tanteo o aprendizaje práctico no parece compatible con la exigencias y ritmo crecientes del mercado y del procedimiento de tecnologización de la comunicación.

 

En suma, se admiten diferencias en el orden de la extensión y la cantidad, pero se supone que el mensaje y sus efectos permanecen inmutables en sus aspectos cualitativos, lo cual implica admitir que los diversos códigos pertinentes a cada tipo o clase de medio de comunicación, tienen las mismas propiedades intrínsecas, y por lo tanto, que las diferencias son sólo extrínsecas a los códigos mismos.

 

Al parecer, hay comunicadores públicos que participan de esta creencia y que por consiguiente no percibirán el obstáculo ni, menos, el problema de satisfacer las demandas de¡ cliente tal cual las hemos descrito. En contradicción con esta creencia está aquella que sostiene otros comunicadores públicos y, quizá, algunos clientes- de que no es efectivo que cualquier mensaje pueda ser transmitido por cualquier medio de comunicación; que los medios de comunicación no son neutrales que hay diferencias intrínsecas entre los diversos códigos pertenecientes a los distintos medios de comunicación, y que las diferencias entre ellos no son meramente extrínsecas, sino intrínsecas, etc.

 

A veces los planteamientos antinómicos pueden conducir a una caricatura de la realidad, esto es, a concebirla en blanco y negro, lo cual es un simplismo. Si bien queremos hacer resaltar él problema expresando la realidad en términos contradictorios, nada está más lejos de nuestra intención que hacer una simplificación burda de lo real.  Admitamos, pues, que es posible encontrar entre estos dos extremos posiciones intermedias que matizan, de una u otra manera, los aspectos expresados y, a la vez, señalemos que el contraste de los extremos pone más de manif ¡esto, la diferencia.

 

Ahora bien, el hecho de que haya creencias encontradas y aún contradictorias. ¿Necesariamente nos ha de inclinar a considerar el hecho como un problema?

 

Podría argumentarse que el ser humano como ser inteligente debería tratar de buscar la verdad puesta en cuestión por una contradicción y que ello basta para suponer -normal y necesario- que los comunicadores públicos acepten plantearse el problema y procesarlo intelectualmente. 

 

También es verdad que los inteligentes no pueden pensar si no comen y no comen si no trabajan dando satisfacción a las demandas que se les hacen.  Estas demandas suelen consumir sino todo el tiempo, sí, muchas veces las energías: Prímum vivere, deinde philosophare.

 

La apelación al ejercicio gratuito de la inteligencia suele no ser muy bien acogida en el mundo frío e impersonal de/ dinero (o) entre los que enfrían e impersonal¡zan el mundo con el dinero. 

 

Además -reconozcámoslo como un hecho cultural evidente- la actividad intelectual gratuita no es valor, por lo menos de intercambio, en nuestro medio y, sí, frecuentemente, un camino expedito al mundo de la inopia. Quizá es más fácil admitir que es un problema si logramos mostrar que la no revisión de los supuestos de ambas creencias pueden conducir a uno de los grupos de contradictores a la ineficacia y ésta a la cesantía futura, o a una escuálida demanda de clientes incautos.

 

Si los que postulan la primera creencia están errados, pronto se hará manifiesta su ineficacia; si lo están los segundos, igual cosa se podrá comprobar.

 

Si los primeros tienen fundamento, los segundos serán rápidamente motejados de complicados, teóricos e íneficientes.  Si los segundos tienen fundamento, concentrarán la demanda como consecuencia de su eficacia en la acción, no sin antes tener la trabajosa tarea de persuadir a sus clientes de que la obtención de sus objetivos implica una complejidad mayor que la que ellos suponen.

 

Oponer pura y simplemente una creencia a otra no significa plantearse un problema.  Tampoco cualquier respuesta a los fundamentos de la creencia tiene igual valor o, por lo menos, credibilidad. ¿Dónde buscar una respuesta fundada?

 

Precisamente la ciencia procura darnos este conocimiento fundado, describiendo, explicando y -cuando puede - prediciendo la realidad.  Disciplinas científicas como la semiótica, la psicología, la psicolingüística, la psicología social, la sociología, etc., están aportando conocimiento científico que permite, aunque nunca perfecta ni definitivamente, responder al problema.

 

Hay que tener en cuenta sí, que el tratamiento teórico de un obstáculo Oráctíco o técnico exige que el obstáculo sea conceptualizado; que el impedimento para la operación sea expresado en términos racionales.  Y por supuesto un obstáculo no será conceptualizado sino en la medida que se tenga conciencia de él.

 

Uno de los servicios que pueden prestar el teórico y la teoría es, precisamente, hacer tomar conciencia de los obstáculos existentes para la acción u operación, dando cuenta de ellos en términos racionales.  Plantear problemas es una manera de enfrentar eficazmente los obstáculos y no -como suele pensarse-, una manera de crear nuevos obstáculos.  Más aún, los mayores aportes que ha hecho la ciencia es transformar los obstáculos que impiden el conocimiento de la realidad en problema, lo cual supone darles una forma que permita su tratamiento racional, creando, así, la probabilidad de superarlos.  No sin razón, se dice que la importancia de un estudio o investigación se mide por la calidad de los problemas que plantea más que por las soluciones que ofrece que, en todo caso, siempre pueden ser perfeccionadas.

 

La gama de medios de comunicación a disposición de¡ hombre en la actualidad aumenta, y la complejidad de sus estructuras y funcionamientos requieren conocimientos no sólo técnicos, sino también teóricos.  Estos conocimientos sólo pueden obtenerse por un estudio que incluya la teoría, dado que un largo período de tanteo o aprendizaje práctico no parece compatible con las exigencias y ritmo crecientes de¡ mercado y de¡ procedo de tecnologización de la comunicación.

 

 

COMUNICACIÓN Año I,  Nº 2, Diciembre de 1977,  pgs. 29 y 30

 


 

[1] Los llamados lenguajes artificiales, como son los de las ciencias, plantean complejos problemas que no creemos pertinente incluir aquí.  En todo caso, hay diferencias entre lenguaje artificial y medio de comunicación tal cual lo hemos definido en este artículo.

 

[2] Este traslado es una operaci¿)n de transducción diferente a la traducción.  Quizá, entre todas, la operación de traducción es la más compleja que pueda enfrentar un comunicador público.  El tema es apasionante, pero no es posible tratarlo en el presente artículo.