|
|
Teoría 1
EL COMUNICADOR PÚBLICO Y EL
ESTUDIO
DE LA COMUNICACIÓN II
|
(Implicaciones
teóricas de un aspecto de la práctica
del comunicador: la elección del medio de comunicación.)
Para los efectos de este artículo
entenderemos por medios de comunicación los canales artificiales
empleados para transmitir los símbolos y signos
utilizados por el hombre para expresarse y comunicarse. El
conjunto de símbolos y signos empleados por el hombre dan lugar
a diversos lenguajes (acústicos, ópticos, etc.) convencionales
por ser productos sociales. Los medios de comunicación, tal
cual los hemos definido, son artificiales, en el sentido de que
mediatizan la comunicación humana, natural y primaria tal como
se da en la relación cara a cara. Vehiculan, transportan
significantes, el aspecto material del signo que usamos en los
lenguajes naturales
El problema que
queremos plantear se puede expresar del siguiente modo: los
medios de comunicación, como soporte material y artificial
destinado al transporte de los signos convencionalmente creados
por el hombre. ¿Sólo los transportan o, además, los modifican?;
dicho de otro modo: ¿Son neutrales los medios de
comunicación?
El consumidor debe ser eficaz en
lograr el objetivo que el cliente se propone obtener y
que motiva su demanda al profesional. El cliente (y aquí
hacemos una generalización válida sólo para la clase y no
para cualquier individuo) suele suponer que su mensaje puede ser
transmitido por cualquier medio, de manera eficaz, con el sólo
expediente de transmutarlo adecuadamente al código que utiliza
dicho medio. Acude al comunicador público en el supuesto de que
éste posee los conocimientos técnicos para adecuar cualquier
mensaje a cualquier medio de comunicación. Se trata de
trasladar un mensaje de un código a otro
Sin duda,
subyacente a esta actitud del cliente está la creencia de que
los medios de comunicación son neutrales. No es que el
cliente ignore que los medios de comunicación se diferencian,
entre otras cosas, por la diversidad de conductores físicos,
químicos, eléctricos, etc. que los especifican; tampoco ignora
que cada medio de comunicación cubre universos de personas
distintos (por lo menos en parte), que el costo, el ritmo, etc.,
también establecen diferencias entre ellos. No, éstas y
otras suelen ser conocidas por los clientes que demandan los
servicios del comunicador público. Creer que los medios de
comunicación son neutrales es suponer que las
características del proceso de comunicación por el lenguaje
natural (oral o escrito) permanecen inmutables aunque se
transmitan a través de los actuales medios de comunicación,
aunque se usen códigos distintos.
En suma, se
admiten diferencias en el orden de la extensión y la cantidad,
pero se supone que el mensaje y sus efectos permanecen
inmutables en sus aspectos cualitativos, lo cual implica admitir
que los diversos códigos pertinentes a cada tipo o clase de
medio de comunicación, tienen las mismas propiedades
intrínsecas, y por lo tanto, que las diferencias son sólo
extrínsecas a los códigos mismos.
Al parecer, hay
comunicadores públicos que participan de esta creencia y que por
consiguiente no percibirán el obstáculo ni, menos, el problema
de satisfacer las demandas del cliente tal cual las hemos
descrito.
En contradicción
con esta creencia está aquella que sostiene otros comunicadores
públicos y, quizá, algunos clientes- de que no es efectivo que
cualquier mensaje pueda ser transmitido por cualquier medio de
comunicación; que los medios de comunicación no son neutrales
que hay diferencias intrínsecas entre los diversos códigos
pertenecientes a los distintos medios de comunicación, y
que las diferencias entre ellos no son meramente extrínsecas,
sino intrínsecas, etc.
A veces
los planteamientos antinómicos pueden conducir a una caricatura
de la realidad, esto es, a concebirla en blanco y negro,
lo cual es un simplismo. Si bien queremos hacer resaltar él
problema expresando la realidad en términos contradictorios,
nada está más lejos de nuestra intención que hacer una
simplificación burda de lo real. Admitamos, pues, que es
posible encontrar entre estos dos extremos posiciones
intermedias que matizan, de una u otra manera, los aspectos
expresados y, a la vez, señalemos que el contraste de los
extremos pone más de manifiesto, la diferencia.
Ahora bien, el
hecho de que haya creencias encontradas y aún contradictorias.
¿Necesariamente nos ha de inclinar a considerar el hecho como un
problema?
Podría
argumentarse que el ser humano como ser inteligente debería
tratar de buscar la verdad, puesta en cuestión por una
contradicción, y que ello basta para suponer -normal y
necesario- que los comunicadores públicos acepten plantearse
el problema y procesarlo intelectualmente. También es verdad
que los inteligentes no pueden pensar si no comen y no comen si
no trabajan dando satisfacción a las demandas que se les hacen.
Estas demandas suelen consumir sino todo el tiempo, sí, muchas
veces las energías: Primum vivere, deinde philosophare.
La apelación al
ejercicio gratuito de la inteligencia suele no ser muy bien
acogida en el mundo frío e impersonal del dinero (o) entre
los que enfrían e impersonalizan el mundo con el dinero.
Además -reconozcámoslo como un hecho cultural evidente- la
actividad intelectual gratuita no es valor, por lo menos de
intercambio, en nuestro medio y, sí, frecuentemente, un camino
expedito al mundo de la inopia.
Quizá es más
fácil admitir que es un problema si logramos mostrar que la no
revisión de los supuestos de ambas creencias pueden conducir a
uno de los grupos de contradictores a la ineficacia y ésta a la
cesantía futura, o a una escuálida demanda de clientes incautos.
Si los que
postulan la primera creencia están errados, pronto se hará
manifiesta su ineficacia; si lo están los segundos, igual cosa
se podrá comprobar.
Si los primeros
tienen fundamento, los segundos serán rápidamente motejados de
complicados, teóricos e ineficientes. Si los
segundos tienen fundamento, concentrarán la demanda como
consecuencia de su eficacia en la acción, no sin antes tener la
trabajosa tarea de persuadir a sus clientes de que la
obtención de sus objetivos implica una complejidad mayor que la
que ellos suponen.
Oponer pura y
simplemente una creencia a otra no significa plantearse un
problema. Tampoco cualquier respuesta a los fundamentos de la
creencia tiene igual valor o, por lo menos, credibilidad. ¿Dónde
buscar una respuesta fundada?
Precisamente la ciencia procura darnos este conocimiento
fundado, describiendo, explicando y cuando puede - prediciendo
la realidad. Disciplinas científicas como la semiótica, la
psicología, la psicolingüística, la psicología social, la
sociología, etc., están aportando conocimiento científico que
permite, aunque nunca perfecta ni definitivamente, responder al
problema.
Hay que tener en
cuenta sí, que el tratamiento teórico de un obstáculo práctico o
técnico exige que el obstáculo sea conceptualizado; que el
impedimento para la operación sea expresado en términos
racionales. Y por su puesto un obstáculo no será
conceptualizado sino en la medida que se tenga conciencia de él.
Uno de los
servicios que pueden prestar el teórico y la teoría es,
precisamente, hacer tomar conciencia de lo obstáculos existentes
para la acción u operación, dando cuenta de ellos en términos
racionales. Plantear problemas es una manera de enfrentar
eficazmente los obstáculos y no -como suele pensarse-, una
manera de crea nuevos obstáculos. Más aún, los mayores aportes
que ha hecho la ciencia es transformar los obstáculos que
impiden el conocimiento de la realidad en un problema, lo cual
supone darles una forma que permita su tratamiento racional,
creando, así, la probabilidad de superarlos. No sin razón, se
dice que la importancia de un estudio investigación se mide por
la calidad de los problemas que plantea más que por las
soluciones que ofrece que, en todo caso, siempre pueden ser
perfeccionada.
La gama de medios
de comunicación a disposición del hombre en la actualidad
aumenta, y la complejidad de sus estructuras y funcionamientos
requieren conocimientos no sólo técnicos, sino también
teóricos. Estos conocimientos sólo pueden obtenerse por un
estudio que incluya la teoría, dado que un largo período de
tanteo o aprendizaje práctico no parece compatible con la
exigencias y ritmo crecientes del mercado y del procedimiento de
tecnologización de la comunicación.
En suma, se
admiten diferencias en el orden de la extensión y la cantidad,
pero se supone que el mensaje y sus efectos permanecen
inmutables en sus aspectos cualitativos, lo cual implica admitir
que los diversos códigos pertinentes a cada tipo o clase de
medio de comunicación, tienen las mismas propiedades
intrínsecas, y por lo tanto, que las diferencias son sólo
extrínsecas a los códigos mismos.
Al parecer, hay
comunicadores públicos que participan de esta creencia y que por
consiguiente no percibirán el obstáculo ni, menos, el problema
de satisfacer las demandas de¡ cliente tal cual las hemos
descrito.
En contradicción
con esta creencia está aquella que sostiene otros comunicadores
públicos y, quizá, algunos clientes- de que no es efectivo que
cualquier mensaje pueda ser transmitido por cualquier medio de
comunicación; que los medios de comunicación no son neutrales
que hay diferencias intrínsecas entre los diversos códigos
pertenecientes a los distintos medios de comunicación, y que las
diferencias entre ellos no son meramente extrínsecas, sino
intrínsecas, etc.
A veces los
planteamientos antinómicos pueden conducir a una caricatura de
la realidad, esto es, a concebirla en blanco y negro, lo cual es
un simplismo. Si bien queremos hacer resaltar él problema
expresando la realidad en términos contradictorios, nada está
más lejos de nuestra intención que hacer una simplificación
burda de lo real. Admitamos, pues, que es posible encontrar
entre estos dos extremos posiciones intermedias que matizan, de
una u otra manera, los aspectos expresados y, a la vez,
señalemos que el contraste de los extremos pone más de manif
¡esto, la diferencia.
Ahora bien, el
hecho de que haya creencias encontradas y aún contradictorias.
¿Necesariamente nos ha de inclinar a considerar el hecho como un
problema?
Podría
argumentarse que el ser humano como ser inteligente debería
tratar de buscar la verdad puesta en cuestión por una
contradicción y que ello basta para suponer -normal y necesario-
que los comunicadores públicos acepten plantearse el problema y
procesarlo intelectualmente.
También es verdad
que los inteligentes no pueden pensar si no comen y no comen si
no trabajan dando satisfacción a las demandas que se les hacen.
Estas demandas suelen consumir sino todo el tiempo, sí, muchas
veces las energías: Prímum vivere, deinde philosophare.
La apelación al
ejercicio gratuito de la inteligencia suele no ser muy bien
acogida en el mundo frío e impersonal de/ dinero (o) entre
los que enfrían e impersonal¡zan el mundo con el dinero.
Además
-reconozcámoslo como un hecho cultural evidente- la actividad
intelectual gratuita no es valor, por lo menos de intercambio,
en nuestro medio y, sí, frecuentemente, un camino expedito al
mundo de la inopia. Quizá es más fácil admitir que es un
problema si logramos mostrar que la no revisión de los supuestos
de ambas creencias pueden conducir a uno de los grupos de
contradictores a la ineficacia y ésta a la cesantía futura, o a
una escuálida demanda de clientes incautos.
Si los que
postulan la primera creencia están errados, pronto se hará
manifiesta su ineficacia; si lo están los segundos, igual cosa
se podrá comprobar.
Si los primeros
tienen fundamento, los segundos serán rápidamente motejados de
complicados, teóricos e íneficientes. Si los
segundos tienen fundamento, concentrarán la demanda como
consecuencia de su eficacia en la acción, no sin antes tener la
trabajosa tarea de persuadir a sus clientes de que la
obtención de sus objetivos implica una complejidad mayor que la
que ellos suponen.
Oponer pura y
simplemente una creencia a otra no significa plantearse un
problema. Tampoco cualquier respuesta a los fundamentos de la
creencia tiene igual valor o, por lo menos, credibilidad. ¿Dónde
buscar una respuesta fundada?
Precisamente la
ciencia procura darnos este conocimiento fundado, describiendo,
explicando y -cuando puede - prediciendo la realidad.
Disciplinas científicas como la semiótica, la psicología, la
psicolingüística, la psicología social, la sociología, etc.,
están aportando conocimiento científico que permite, aunque
nunca perfecta ni definitivamente, responder al problema.
Hay que tener en
cuenta sí, que el tratamiento teórico de un obstáculo Oráctíco o
técnico exige que el obstáculo sea conceptualizado; que el
impedimento para la operación sea expresado en términos
racionales. Y por supuesto un obstáculo no será conceptualizado
sino en la medida que se tenga conciencia de él.
Uno de los
servicios que pueden prestar el teórico y la teoría es,
precisamente, hacer tomar conciencia de los obstáculos
existentes para la acción u operación, dando cuenta de ellos en
términos racionales. Plantear problemas es una manera de
enfrentar eficazmente los obstáculos y no -como suele pensarse-,
una manera de crear nuevos obstáculos. Más aún, los mayores
aportes que ha hecho la ciencia es transformar los obstáculos
que impiden el conocimiento de la realidad en problema, lo cual
supone darles una forma que permita su tratamiento racional,
creando, así, la probabilidad de superarlos. No sin razón, se
dice que la importancia de un estudio o investigación se mide
por la calidad de los problemas que plantea más que por las
soluciones que ofrece que, en todo caso, siempre pueden ser
perfeccionadas.
La gama de medios
de comunicación a disposición de¡ hombre en la actualidad
aumenta, y la complejidad de sus estructuras y funcionamientos
requieren conocimientos no sólo técnicos, sino también
teóricos. Estos conocimientos sólo pueden obtenerse por un
estudio que incluya la teoría, dado que un largo período de
tanteo o aprendizaje práctico no parece compatible con las
exigencias y ritmo crecientes de¡ mercado y de¡ procedo de
tecnologización de la comunicación.
Los llamados lenguajes
artificiales, como son los de las ciencias, plantean
complejos problemas que no creemos pertinente incluir
aquí. En todo caso, hay diferencias entre lenguaje
artificial y medio de comunicación tal cual lo hemos
definido en este artículo.
Este traslado es una operaci¿)n de
transducción diferente a la traducción. Quizá, entre
todas, la operación de traducción es la más compleja que
pueda enfrentar un comunicador público. El tema es
apasionante, pero no es posible tratarlo en el presente
artículo.
|
|