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Teoría 1
EL COMUNICADOR PÚBLICO Y EL
ESTUDIO
DE LA COMUNICACIÓN
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Con alguna
frecuencia pensamos que tenemos la solución para los problemas
de otro. Pero también sucede que ese otro puede no ver
que lo que uno propone tiene relación con la solución de los
asuntos que lo aprobleman.
Un apresurado
comunicador social periodista, relacionador público, locutor,
etc.) que abre la revista y encuentra que alguien lo invita,
como solución a sus problemas a profundizar en el estudio de la
comunicación puede sonreír piadosamente o fastidiarse de que lo
hagan perder el tiempo en teorizaciones.
Para quien está
en la actividad diaria de las comunicaciones suele
aparecer claro que el arte y la práctica cuentan más que
cualquier abstracción, aunque se la califique de científica.
También es claro que, como en todo grupo humano, excepciones a
esta regla.
Pensamos, sin
embargo, que todos coincidirán respecto de que un hombre de
éxito es el que posee un concepto operacional de los hechos y
actúa de acuerdo con él.
Es la necesidad
de acción, más aún, de acción exitosa la que motivara
el interés por algo en un comunicador, tiene que
competir en un mercado de trabajo nada fácil.
Cuando se
trata del trabajo, tener éxito es de vida o muerte para
el mundo del mercado, por lo cual pienso que es aceptable
esa manera de razonar en el contexto señalado.
Claro está,
también, que para cualquier comunicador social el objeto sobre
el cual tiene que operar es el mundo de las relaciones públicas,
y que éste es un sector de las relaciones humanas, de las
relaciones sociales. Ahora bien, lo típico de toda
relación entre los hombres, que pueda calificarse de humanas y/o
social es que se establece a través de la
comunicación. Solamente entre hombres aislados, por las razones
que sean, no existen procesos de comunicación. Por eso la
primera tarea de un comunicador público es establecer
relaciones entre hombres, y no cualquier tipo de relaciones,
sino relaciones de comunicación. Y aquí ya nos encontramos
con un primer asunto que tiene que ver con los estudios de la
comunicación: el nivel de la red de comunicación que el
comunicador social tiene que establecer. Dicho nivel puede ser
interpersonal (uno a uno) y grupal (de uno a muchos, de muchos a
uno, de muchos hacia muchos, temporal y/o espacialmente
relacionables).
Cada una de estas
modalidades o niveles de posible relación afectan el modo de
codificar el mensaje, la selección de los canales de
comunicación, etc.
En cualquier
caso, se debe suponer que para ser eficaz en su tarea el
comunicador debe poseer una adecuada comprensión de quienes
quiere poner en relación. Por otra parte, creo que nadie
contrata a un comunicador público no tiene conciencia de que hay
alguna dificultad para establecer una comunicación o una
necesidad de mejorar esa comunicación. Lo dicho nos manifiesta
entonces que el comunicador público también tiene que tener un
adecuado conocimiento del problema existente que impide
la relación comunicativa o de aquello que apunta a la
posibilidad de perfeccionarla. En otras palabras, necesita un
adecuado conocimiento de la fuente y de los destinatarios
implicados en la relación de las intenciones de unos y de las
disposiciones de los otros con respecto a la comunicación.
Al comunicador
público se lo contrata para que logre comunicar adecuadamente lo
que su cliente quiere comunicar u obtener de uno o más
individuos. No obstante, comunicar adecuadamente algo requiere
variadas y complejas operaciones. No basta tener ideis y
propósitos; es necesario expresarlos. Más aún, no cualquier
expresión es adecuada. El (comunicador público deberá, muchas
veces, ayudar a su contratante a dilucidar sus ideas y
propósitos cuando ellos sean ambiguos o confusos, como
así también proporcionar, corregir o perfeccionar la
percepción y conocimiento que su cliente tiene de aquéllos con
los que se quiere comunicar. Existen muchos prejuicios y
estereotipos por parte de los que contratan con respecto
a la persona o grupos con los que se quiere relacionar y la
adecuación de estos prejuicios a la realidad suele ser
equivocada o por lo menos defectuosa.
El comunicador
público tiene la difícil tarea de vencer muchos prejuicios
inadecuados o infundados entre los que hay que, a través
de la comunicación, relacionar. Además, aún en el caso
de que quien contrata exprese claramente su propósito y se
conozca adecuadamente a los destinatarios, el comunicador
público deberá lograr la aprobación de parte de su
cliente de lo que cree es lo mejor manera de
codificar el mensaje y de los canales más eficaces para
transmitirlos, tarea que como lo demuestra la experiencia no es,
siempre fácil. pues costumbres tradicionales del
empleador o cliente, cierta resistencia a la innovación y
muchas veces una concepción reduccionista de la eficacia que
considera exclusivamente el aspecto de bajo costo, conspiran
contra las posibilidades del comunicador público de realizar una
acción eficaz entendida como el logro óptimo de los objetivos,
en el menor tiempo posible y con el menor costo posible.
Sin duda, hay
comunicadores públicos eficaces, aquí y ahora, que nunca se han
preocupado de la reflexión metódica sobre el proceso de
comunicación. La práctica y cualidades personales, a veces
excepcionales, les permiten desempeñar adecuadamente su tarea.
Ellos nos podrán decir que el sentido común o conocimiento
vulgar construidos con generalizaciones que resumen hechos
observados en la vida cotidiana les permiten manipular las
comunicaciones públicas de manera eficaz. No dudamos que esa
afirmación pueda ser cierta en un momento y lugar determinados
especialmente cuando la actividad profesional es,
incipiente en una determinada sociedad, cuando la demanda de
servicios es muy superior a la oferta, cuando no hay competencia
intensa en el mercado de trabajo, donde los
canales que se emplean no requieren de
conocimientos técnicos especiales, etc. Sin embargo esos
supuestos pueden variar con el grado de desarrollo
de la propia sociedad.
El tanteo, el
proceso de ensayo y error, es cada vez más riesgoso
cuando el número de profesionales aumenta, pues el empleador
puede comparar, y en ese caso un par de errores puede ser un
suicidio profesional. Por otra parte, los empleadores se
comunican entre sí, amplían el universo de las ofertas más allá
de las fronteras del lugar o del país. A lo anterior se
suma el proceso de tecnificación y tecnologización de la
cultura, que va progresivamente exigiendo conocimientos más
especializados para construir los mensajes y para usar los
canales de transmisión. No es lo mismo comunicar correctamente
una invitación a un cocktail que convencer sobre las ventajas de
invertir en una determinada empresa especializada. No es lo
mismo entrevistar a un gerente en su oficina que hacerlo delante
de una cámara de TV, como tampoco es lo mismo hacer un afiche
que un documental para el cine. Actualmente ya hay en el
mercado personas técnicamente capacitadas para esas
tareas, especializadas en trasmitir determinados tipos de
mensajes por determinados tipos de canales para
determinados tipos de destinatarios. Por lo demás, los
posibles clientes del comunicador público también lo
saben.
Posiblemente a
esta altura se me conceda que es obvio que no baste
ya ser un práctico, sino que es necesario ser un
técnico, que ya no se puede operar mediante el tanteo, sino que
es necesario operar con reglas que a priori me den una garantía
de eficacia, en el sentido en que ha sido definido más arriba.
Más aún, quizás se me reconozca que esa postura técnica
debe ejercerse para obtener los conocimientos necesarios y para
la realización de ciertas actividades que estén ordenadas
a obtener lo que el empleador espera de acción del comunicador
público.
No sin razón se
me podrá decir que lo anterior sólo justifica aceptar la
necesidad de que el comunicador público se tecnifique
cada vez más, pero que de ello no se desprende la
necesidad de “teorizar” sobre la comunicación.
Sin embargo, he
aquí un punto que creo importante para la reflexión del
especialista. ¿Es suficiente, además, de necesario, que el
comunicador público se tecnifique?
Parecería que no
lo es, y por las siguientes razones:
El
comunicador público no sólo debe operar técnicamente para dar
garantía a su cliente, sino que además debe ser capaz de elegir
la mejor técnica posible en las circunstancias y situaciones en
que le toca operar. Circunstancias y situaciones que se
relacionan con los propósitos, características y recursos, tanto
de su cliente como de aquéllos con los cuales éste se quiere
relacionar para obtener su objetivo con el acopio técnico
existente en el medio en el que le toca competir y con las
nuevas técnicas que se emplean en otros lugares y de cuyo
conocimiento está al tanto el empleador, etc.
Pero elegir
entre técnicas diversas en circunstancias y situaciones
distintas exige tener criterios metatécnicos, que trascienden
los meros criterios técnicos, y estos criterios metatécnicos los
proporciona un adecuado conocimiento del proceso sobre el cual
se quiere operar técnicamente; en nuestro caso, un
adecuado conocimiento del proceso de comunicación.
Pero, además, de
lo dicho, es obvio que cada vez más nuestra cultura pasa de un
estado meramente técnico a uno estrictamente tecnológico,
también en los procesos de comunicación. La selección,
comprensión y adecuada manipulación de una técnica
requiere cada vez más un acervo creciente del
conocimiento científico que fundamente dichas técnicas, que ya
éstas no brotan de una práctica de tanteo, sino de
investigaciones teóricas y experimentales. Quien no posea, esa
formación científica está condenado al corto tiempo de
ser un técnico anacrónico e ineficaz, pues la eficacia de una
técnica dura hasta que aparece otra que consigue en menor
tiempo, con menor costo y de manera óptima el mismo objetivo.
Por eso creemos
que un comunicador público tiene necesidad de conocer
adecuadamente la teoría de la comunicación y sus modelos y
profundizar en cada uno de los elementos y subprocesos del
proceso de comunicación. Entonces el conocimiento y manipulación
de un modelo de comunicación con sus elementos (Fuente, emisor,
código, canal, ruido, mensaje, receptor, destinatario) y
procesos correspondientes deja de ser un objeto de moda y
se transforma en instrumento necesario.
Es un hecho
fácilmente observable que las técnicas evolucionan
rápidamente, por lo cual poseer una técnica no asegura la
eficacia en el futuro, sino sólo en el presente, y a veces en un
presente muy breve. La diferencia entre un técnico y un
tecnólogo radica en que el primero sabe operar con una o varias
técnicas existentes en el momento presente en cambio el segundo,
además, sabe el por qué, de la eficacia de las técnicas
con que opera. Un tecnólogo puede dar razón de la
eficacia de sus técnicas porque posee el conocimiento
científico que explica dicha eficacia.
Un comunicador
social que carece de los conocimientos científicos que dan razón
de la eficacia de las técnicas queda limitado a repetir el
proceso técnico o a imitar el de otros. La técnica será sí por
un breve tiempo un instrumento, pero se transformará en una
cadena esclavizadora si el comunicador no es capaz
de trascenderla a través del conocimiento científico.
Estudiar
metódicamente y analizar a la luz de la ciencia los problemas
que suscitan los elementos y subprocesos del proceso de
comunicación es el intento que otorga sentido a esta sección de
la revista, cuya permanencia está asegurada por la complejidad y
dinámica del fenómeno y por el creciente número de estudios que
se dedican a su esclarecimiento.
Comunicación.
1(1):25-26, noviembre, 1977 |
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